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martes, 23 de enero de 2018

¡Me Muero Bichi! / XI: Guillermo vs. Los Monstruos.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Guillermo del Toro ha llegado a su décima película, feliz y justamente aclamado por la industria cinematográfica, crítica y, sobre todo, público alrededor del mundo.
Cómo no celebrar las fantásticas películas de este muchacho tapatío y su fascinación por los monstruos. Dejaría yo de ser... Joel vs. Los Monstruos.
De esas 10, van mis 10 favoritas (pos sí... pero podrían ser menos) en orden de preferencia.

El Laberinto del Fauno (2006). Un regreso a temas antibélicos y a la guerra civil española, que antes sirvió de marco para El Espinazo del Diablo. Y nuevamente la fantasía y lo sobrenatural sirven de escape a la niña protagonista, que descubre que en todos lados hay monstruos (el militar de Sergi López, el peor de todos) y sólo la determinación de enfrentarlos nos lleva a la victoria. La riqueza visual del mundo de fantasía contrasta con los horrores de la realidad, por lo que entendemos perfectamente la decisión de la niña.

El Espinazo del Diablo (2001).
 Guillermo del Toro emigra a España e inicia sus propias producciones, de la mano de los Almodóvar, con esta historia de fantasmas, lealtades y traiciones, nuevamente visto todo a través de los ojos de los niños. Es su primera película antibélica y lo sobrenatural funciona como una metáfora escapista al absurdo horror de la guerra.

Cronos (1993). Su triunfal debut en cine, después de su exitoso paso por la serie televisiva de terror, Hora Marcada (1986-1989). Cronos cuenta la historia de un hombre que se vuelve inmortal, a costa de convertirse, además, en vampiro. Desde esta primera cinta Del Toro muestra su fascinación por un estilo visual rebuscado para crear un terror atmosférico, así como mostrar en detalle mecanismos en movimiento e insectos que sorpresivamente atacan a los personajes. El humor negro está presente a todo lo largo, sin dejar de lado la visión a través de los ojos de un niño.

La Forma del Agua (2017). El mundo fantástico de Guillermo del Toro vuelve a servir como escape, ahora, de personajes solitarios que sólo se entienden entre ellos. Una hermosa película que sintetiza la verde visión de un mundo que suena a romance francés.

Hellboy II: El Ejército Dorado (2008). Guillermo del Toro se suelta en el escapismo por el escapismo puro (con un subtexto ecologista, eso sí), de la mano de Ron Perlman y su extraordinario Hellboy, en un mundo tan lleno de fantásticas imágenes y personajes, que una sola visita resulta insuficiente para captar todo lo que hay en la pantalla.

La Cumbre Escarlata (2015). “Los fantasmas son reales, porque los he visto”, nos avisa al inicio la protagonista de la novena cinta de Guillermo del Toro. Y con esta paráfrasis del inicio (y final) de otra película suya (El Espinazo del Diablo), que planteaba la pregunta “¿qué es un fantasma?”, el director tapatío nos lleva una vez más a su mundo de oscura fantasía, donde los fantasmas cohabitan con los vivos y, aunque asustan, también dan mensajes a los justos y los previenen de los males que los acechan.

Hellboy (2004). El amor de del Toro por las revistas de historietas (o cómics), adivinado en sus películas anteriores, pasa a primer plano con esta adaptación de Hellboy, escrita y dibujada en EUA por Mike Mignola. El perdido hijo del diablo, adoptado y criado por un sacerdote para, ya adulto, luchar contra el mal y lo sobrenatural, a las órdenes del gobierno gringo, es el pretexto perfecto para mostrar toda clase de criaturas fantásticas en una historia donde la consigna es divertirse y el humor negro es la constante. Ron Perlman, que diez años antes había trabajado con del Toro en Cronos, parece haber nacido para encarnar a Hellboy.

Titanes del Pacífico (2013). Los enfrentamientos de los gigantescos tanques de guerra con forma “humana”, y los kaijus, inmensos monstruos salidos del mar, están despojados de toda lógica, en la mejor tradición del cine japonés de monstruos, como Godzilla y anexas. Aunque cada pelea inicia a “puño” limpio de una manera salvaje, rápidamente escala a duelos con balas, rayos mortíferos y, ya entrados en gastos, hasta chicas espadotas. Pero los monos en pantalla son tan impresionantes y las escenas de pelea, a pesar de tanto trancazo, están tan salpicadas de detalles curiosos y emocionantes, que, definitivamente, la película provoca emociones cinematográficas genuinas en toda la chiquillada presente. Y en uno que otro cincuentón.

Blade II (2002). Un regreso al tema de los vampiros, tocado en Cronos, pero esta vez como parte de la franquicia del cazador de vampiros interpretado por el actor de acción hollywoodense Wesley Snipes. En esta ocasión y a diferencia de Mimic, del Toro se avienta de cabeza a la acción desbordada y da rienda suelta a la presentación de monstruo tras monstruo en la pantalla, todo salpicado de la moronga de rigor.


Mimic (1997). Si de por sí mucha gente le teme a las cucarachas, imagine usted cucarachas gigantes que imitan la figura humana para conseguir a sus víctimas… Mimic, la primera película hollywoodense de del Toro es en parte una reelaboración de Cronos, su ópera prima. Muchos elementos se repiten: los personajes del niño y el viejo, los insectos que pican inesperadamente, las imágenes religiosas empacadas en papel plástico, los espacios cerrados para una atmósfera sobrenatural, los niños como testigos y parte de la trama. Hacia el último tercio Mimic se convierte en una película de acción y se adivina la mano de los productores haciendo a un lado a del Toro para entregar un producto más adecuado a los estándares de Hollywood.

sábado, 31 de octubre de 2015

¡Me Muero Bichi! / X: El tiempo de los monstruos.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Cronos
(México, 1993)

Hace unos 15 años oí en la radio una entrevista con Guillermo del Toro, donde decía que tenía ganas de hacer una película de luchadores, más específicamente del Santo, el Enmascarado de Plata, enfrentando a alguno de sus enemigos en las famosas películas de los 1960s/1970s: algún científico loco, algunas momias, algunos extraterrestres, alguna mujer vampiro o tal vez todos juntos. Y la idea de del Toro no era hacer una película más del Santo, sino explorar al personaje: ¿qué tipo de hombre se pondría una máscara de luchador, una capa plateada y saldría, además de pelear los domingos en la Arena Coliseo, a luchar por la justicia, a bordo de su infaltable convertible deportivo? Por ese camino va Cronos, la primera película de del Toro. Excepto que en lugar de un luchador, se trata de un humano que se convierte en un monstruo inmortal (la película revela qué tipo de monstruo hasta después de casi una hora, así que no lo diré en esta reseña). ¿Qué hay detrás de ese monstruo?

Cronos nos presenta en realidad dos monstruos: uno, Dieter de la Guardia, un ser lleno de maldad, que sólo ve por sí mismo y pasa por encima de quien se le ponga enfrente. Dieter es un viejo y maltrecho magnate (el mexicano Claudio Brook en una de sus últimas actuaciones) que ha buscado por años, a toda costa, ser inmortal. El segundo, Jesús Gris, por el contrario, no siempre fue un monstruo y tal vez nunca lo será: Jesús es un buen hombre, un maduro comprador y vendedor de antigüedades (el actor argentino Federico Luppi), que para su mala, o tal vez buena suerte, se cruza con el objeto del deseo de Dieter: la fuente de la inmortalidad.

Y no diré más sobre la trama, ya que uno de los placeres de Cronos es la forma en que del Toro va presentando a sus personajes y sus historias, cómo enreda las vidas de protagonista y antagonista y, sobre todo, cómo coloca al hombre común en medio de situaciones extraordinarias, llenas de imágenes que a la vez aterran y fascinan o, de plano, nos provocan repulsión y/o carcajadas.

Mención aparte, la fascinación de del Toro por misteriosos mecanismos e insectos asquerosos, que parecieran gratuitos pero son parte integral de la historia. Igualmente, el uso de un personaje infantil, de alguna manera inocente, que se vuelve clave en ciertas vueltas de la historia.

Al lado de Luppi y Brook, en Cronos tenemos la primera colaboración de del Toro y Ron Perlman (después él mismo inmortalizado en el personaje titular de Hellboy, también por del Toro), en el papel del sobrino y ayudante del magnate, que de una manera mucho más mundana busca su beneficio propio en todo el asunto.

En Cronos, Guillermo del Toro sentaría las bases temáticas y visuales para su obra futura, particularmente Mimic (aún con todo lo hollywoodizada que resultó), El Espinazo del Diablo y El laberinto del Fauno. Una carrera fascinante, la del tapatío.

jueves, 16 de julio de 2015

¡Me Muero Bichi! / IX: Experimenta mi teoría.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Locos por las partículas
(Particle Fever, EUA 2013)

Quién hubiera imaginado que la vida de los físicos es tan emocionante, como nos muestra el director Mark Levinson en el documental “Locos por las partículas”, filmado a lo largo de 7 años de seguir el trabajo de varios físicos teóricos y experimentales.

Con testimonios de los propios científicos, mezclados con bellas animaciones y editado por el veterano Walter Murch (de quien recientemente vimos su trabajo en “Tomorrowland”), “Locos por las partículas” se centra en el proceso que llevó, en 2012, al descubrimiento del bosón de Higgs, una partícula subatómica calculada hace casi 50 años por el físico teórico Peter Higgs, que básicamente explica el origen de la masa en toda la materia existente (el lector lo recordará tal vez por el apodo “partícula de Dios”, usado insistentemente por los noticieros en 2012).

El director Levinson, él mismo un científico convertido en cineasta, nos presenta a dos grupos de físicos: en esta esquina, los teóricos, que formulan en pizarrón, papel y computadoras de sus universidades, los modelos que explican el universo. En la otra esquina, los prácticos, trabajando en el CERN (la legendaria Organización Europea de Investigación Nuclear, donde, entre otras cosas, se inventó hace más de 20 años la ahora indispensable web mundial), al pie de los Alpes suizos, con el Gran Colisionador de Hadrones, un gigantesco anillo de metal superconductor de 27 km de diámetro, en el que se hacen chocar rayos de protones a velocidades cercanas a la luz, para medir las partículas resultantes. En otras palabras, los físicos prácticos se dedican a demostrar o destruir, literalmente, el trabajo de los teóricos.

Esto queda claro cuando vemos el desenlace, el 4 de julio de 2012: emociones desbordadas de todos los científicos involucrados que aplauden, se abrazan, se secan las lágrimas y están listos para continuar explicando de qué estamos hechos.

viernes, 13 de febrero de 2015

¡Me Muero Bichi! / VIII: Ay... el amor.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

-o-
A PROPÓSITO DE SAN VALENTÍN (Y EL ESTRENO DE “50 SOMBRAS DE GREY”), VAN TRES DE MIS PELÍCULAS ROMÁNTICAS FAVORITAS de los últimos 30 años.
Secretaria
(Secretary, EUA 2002)

Antes de ver “50 Sombras de Grey” hay que conocer al Grey original. En esta historia de romance erótico, Lee Holloway es una veinteañera (Maggie Gyllenhaal) que se emplea como secretaria del abogado E. Edward Grey (James Spader) y ambos inician una relación laboral sadomasoquista que va más allá de lo que hubieran imaginado.

Lee está sobrecalificada para el puesto, si bien no tiene experiencia como secretaria, pero una situación personal la lleva a pedir el trabajo. Algunos errores menores con la máquina de escribir molestan a Grey, que descubre que su enojo ante la actitud sumisa de Lee le produce emociones eróticas. Como se dice, una cosa lleva a la otra y pronto Grey y Lee tienen encuentros sexuales sadomasoquistas.

El gran acierto de la película, escrita y dirigida por Steven Shainberg, está en su tratamiento del difícil tema central en las escenas eróticas: un poquito más allá y serían grotescas. Un poquito más acá y serían blandas y faltas de interés. Claro que sin los actores correctos, nada funcionaría y tanto Gyllenhaal como Spader encarnan perfectamente a sus personajes y nos convencen de que, pues sí, tumbados del burro y todo, son el uno para el otro.

Harry y Sally
(When Harry Met Sally…, EUA 1989)

Cuando Harry conoce a Sally por primera vez, le suelta esta idea: un hombre y una mujer no pueden ser amigos, porque la atracción física siempre se interpone. “Entonces, ¿los hombres sólo pueden tener amigas feas?” pregunta la incrédula Sally. “No, con esas también nos queremos acostar…” es la rápida y sincera respuesta de Harry.

El director Rob Reiner lleva a Billy Crystal y Meg Ryan en los papeles titulares, a partir de un guión de Nora Ephron, mostrándonos distintos encuentros entre Harry y Sally, desde que se conocen al salir de la universidad, hasta que ya son, cada uno por su cuenta, profesionistas establecidos en Nueva York. Recién separados de sus respectivas parejas, inician una relación netamente amistosa donde intercambian divertidas pero profundas ideas acerca, principalmente, de las relaciones amorosas en la sociedad norteamericana actual, a partir de sus propias experiencias (de antología, la legendaria escena del sándwich de Sally). Eventualmente, por supuesto, Harry y Sally se darán cuenta de lo que nosotros ya adivinamos: los dos buenos amigos están sentando las bases de una relación más fuerte y duradera.

Y UNA PARA TODA LA FAMILIA, PORQUE LOS NIÑOS TAMBIÉN FESTEJAN SAN VALENTÍN.
El pirata y la princesa
(The princess bride, EUA 1987)

“Como gustes”. Con esa breve frase, el joven Westley sella su devoción por la bella granjera Buttercup e inicia una fantástica aventura llena de romance, piratas, príncipes y princesas, espadachines, gigantes, monstruos y brujos. Como pidiera Cri-Crí, “a los niños, en estos tiempos, los mismos cuentos nos gusta oír…” y el director Rob Reiner cumple.

La bella Buttercup (Robin Wright) descubre el amor de su empleado Westley (Cary Elwes), que siempre responde “como gustes” a todas sus órdenes. Como Westley es pobre, se va en busca de fortuna para poder casarse con Buttercup. Cinco años pasan y las noticias de que Westley ha muerto a manos del Temible Pirata Roberts rompen el corazón de Buttercup. Entonces un trío de forajidos la secuestra, antes de su boda con el Príncipe Humperdinck (Chris Sarandon). Los forajidos son un enredista italiano (Wallace Shawn), un espadachín español (Mandy Patinkin) que busca al asesino de su padre y un gigante de verdad (el luchador André el Gigante, por cierto). Humperdinck y su ejército salen tras ellos, mientras que un misterioso hombre enmascarado también los persigue.

Siempre en tono de comedia, la película nunca pierde su aire de cuento de hadas, gracias a que la historia está narrada por un abuelo (Peter Falk, el Columbo de la tele setentera) que, en el tiempo presente, le lee el libro del título a su nieto (Fred Savage, el niño de Los Años Maravillosos ochenteros). Una vez enganchados, ni el nieto, ni nosotros, queremos que el abuelo deje de contar el cuento. “Como gusten…”

jueves, 2 de octubre de 2014

¡Me Muero Bichi! / VII: ¡Chúpale Pichón!

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
Nosferatu (Alemania, 1922) - Dirigida por el maestro del expresionismo fílmico alemán, F. W. Murnau, Nosferatu es muy probablemente la primera película adaptada de la novela de Bram Stoker, pero... sin el permiso de sus herederos, por lo que el Conde Drácula se convirtió en el Conde Orlok y la acción ocurre en Alemania, no en Inglaterra. La familia Stoker ganó la demanda legal y todas las copias en Europa fueron destruidas. Eventualmente aparecieron algunas copias "piratas" y el afortunado resultado es que hoy en día podemos disfrutar esta joya del cine silente.

Aunque la historia horroriza por sí misma, nadie va a brincar del susto con esta película. Más bien, las ideas presentadas, al seguir de cerca la novela de Stoker, son muy inquietantes (la misma palabra "nosferatu" es introducida en la novela Drácula como sinónimo de "vampiro"); una diferencia importante es que el repugnante Conde Orlok (el excéntrico y feo actor Max Schrek) no convierte a sus víctimas en vampiros, solamente chupa su sangre y los lleva a la muerte. Sobre todo, muchas de las imágenes se quedan en la cabeza del espectador, para alimentar más de una pesadilla. En YouTube y otros sitios.

Drácula (EUA, 1931) - La primera película de los Estudios Universal sobre el monstruo, encarnado por el legendario actor Bela Lugosi, que sentaría las bases para la imagen de Drácula durante el resto del siglo XX. Al igual que Nosferatu, la historia está adaptada de la novela de Bram Stoker e incluso varias de las secuencias parecen inspiradas, por no decir copiadas, de esa cinta alemana.

El toque ganador es el personaje creado por Lugosi, elegante, encantador y repugnante a la vez (hay que verlo alegrarse con los aullidos de “los niños de la noche”, por ejemplo). Con efectos especiales austeros pero efectivos, la atmósfera de miedo a lo sobrenatural sigue funcionando, especialmente en la versión musicalizada en 1999 por el maestro Phillip Glass y su cuarteto Kronos. En YouTube se encuentra una buena copia de esta edición y la recomiendo muy por encima de la original de 1931, carente de música.

Drácula (EUA, 1992) - Cuando Francis Ford Coppola era buen cineasta, dirigió esta adaptación de la novela, que aunque en Inglés se titula “Drácula de Bram Stoker”, en realidad se aleja del libro al incorporar el elemento del origen de Drácula y de paso cambia radicalmente al personaje central, que ahora es un mártir del amor, renegando de Dios al morir su amada. Así, el miedo y la repugnancia que podamos sentir por Drácula son atenuados por nuestra lástima, en una especie de “yo… soy rebelde porquelmundomehahechoasí…” de las películas de terror.

El diseño de producción, con todas sus maquetas, es una delicia; la música, una maravilla, así como la interpretación de Gary Oldman como el Conde, que aquí, al igual que en la novela, cambia gradualmente de un anciano a un seductor joven que, en todo caso, es una pantalla para su depravación. Anthony Hopkins se luce como Van Helsing, pero Winona Ryder como una aguada Mina y especialmente Keanu Reeves como su enamorado salvador se vuelven un lastre que hay que sobrellevar.
Se encuentra en YouTube y otros sitios.

La Sombra del Vampiro (RU/EUA/Luxemburgo, 2000) - Para reírse de lo lindo con la historia (inventada, por supuesto) detrás de la filmación de Nosferatu, la adaptación alemana de Drácula, de 1922. Aquí, la propuesta es que el director F. W. Murnau (John Malkovich, desatado como de costumbre) contrata a un verdadero vampiro para interpretar al chupasangre Conde Orlok. Así, el físicamente grotesco actor Max Schrek (Willem Dafoe aún más feo de lo que es) en realidad no es un excéntrico artesano que siempre está en su papel, aunque no estén filmando, sino un vampiro que sólo trabaja de noche y poco a poco se va merendando, literalmente, a los miembros del equipo de producción.

Conforme van desapareciendo los trabajadores, el choque entre Murnau y su estrella Schrek va creciendo a niveles igualmente alarmantes e hilarantes: “¡Eres un monstruo! ¿Por qué te quieres comer al escritor? ¡Mejor cómete a la ayudante del escritor!”.
Disponible en YouTube y otros sitios.

jueves, 21 de agosto de 2014

¡Me Muero Bichi! / VI: ¿Moderna o desnaturalizada?

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
(Aunque en este caso, estas letras obedecen a la celebración del centésimo aniversario del debut de Chaplin en el cine, por parte de la cadena mexicana Cinépolis, durante Agosto de 2014. Así que, previamente vestido, a disfrutar en la pantalla grande.)
Tiempos Modernos
(Modern Times, EUA 1936)
A diferencia de los largometrajes anteriores escritos, dirigidos y protagonizados por Charlie Chaplin, en Tiempos Modernos la historia consiste de una serie de viñetas prácticamente sin hilación. Su personaje central pasa de ser un estresado obrero (en las escenas más famosas de la película, donde es literalmente tragado por los engranajes del capitalismo o cuando es alimentado por una máquina automática, para continuar trabajando a la hora del lonche), a un preso modelo cuando es encarcelado por infundadas acusaciones de “comunismo”. Al quedar libre se topa con la realidad del desempleo generalizado (es la Gran Depresión) e intenta infructuosamente regresar a la cárcel para ser, literalmente, mantenido por el gobierno.
En sus correrías se topa con una bella joven que, eventualmente, se convertirá en su compañera de aventuras. En este personaje es donde están mis objeciones. Chaplin, el escritor y director, muestra la trágica historia de la muchacha: su padre ha sido asesinado y sus pequeñas hermanas enviadas a un orfanato. Ella logra escapar de las autoridades y, al toparse con el vago, automáticamente toda esa historia previa queda borrada y no se vuelve a mencionar, excepto hacia el final, únicamente por el asunto de ser fugitiva del orfanato y como pretexto para que Chaplin  termine (esta vez, sí con la bella, si bien olvidadiza de sus hermanitas y por lo tanto desnaturalizada novia) caminando hacia el proverbial horizonte, sin rumbo fijo, como lo vimos antes en El Circo.
Por mucho que me reí con todas las rutinas físicas, de las cuales Chaplin sin duda es El Maestro, ni siquiera la sorpresa de oír por primera vez la voz del vago (que por cierto sería la última, ya que Chaplin decidió jubilarlo en esta cinta) pudo hacerme olvidar este que, para mí, es un gran descuido argumental.

sábado, 9 de agosto de 2014

¡Me Muero Bichi! / V: Padre, sólo hay uno.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
(Aunque en este caso, estas letras obedecen a la celebración del centésimo aniversario del debut de Chaplin en el cine, por parte de la cadena mexicana Cinépolis, durante Agosto de 2014. Así que, previamente vestido, a disfrutar en la pantalla grande.) 
El Chico
(The Kid, EUA 1921) Clasificación ‘A’

He aquí la película original del bueno para nada que, sin deberla ni temerla, se ve obligado a cuidar de un bebé, para terminar convertido en un excelente padre que no dejará que nada ni nadie lo separe de su adoptado crío.

El Chico, primer largometraje de Charlie Chaplin (una hora de duración) también fue el punto crucial en el que su personaje del vagabundo, para entonces ya muy famoso por los cortometrajes en que aparecía desde 1914, cambió de ser un insolente e irresponsable vago, al héroe adorable como sigue siendo recordado hasta hoy.

Con todo y la discordante escena del sueño en que todos se van al cielo (muy chistosa pero metida con calzador para alargar el metraje), hay que darse el gusto de reír de lo lindo con las travesuras de padre e hijo; así también, prepárese para llorar un poco cuando el niño (el pequeño actor Jack Coogan, que eventualmente se convertiría en el Tío Lucas de la televisiva Los Locos Addams) implora a las autoridades que no lo dejen sin su querido papá.

Ernesto Diezmartínez, crítico de cine en varios periódicos mexicanos (y, de paso, excelente camarada), también se puso pantalones y esto es lo que dice de El Chico, en su sitio en la red.

viernes, 8 de febrero de 2013

¡Me Muero Bichi! / IV: Una oferta que no puedo rechazar...


Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

El Padrino
(The Godfather, EUA 1972) Clasificación México ´B-15´/´R´

Un hombre maduro, con fuerte acento italiano, se confiesa frente a nosotros, dicendo contundentemente: “Creo en los Estados Unidos. Los Estados Unidos me dieron mi fortuna y he criado a mi hija al estilo americano…“ El hombre, visiblemente perturbado, procede a contarnos cómo dos pelafustanes “no italianos”  golpearon a la muchacha. “Acudí a la policía, como buen estadounidense…” Los muchachos recibieron una sentencia suspendida por un juez y salieron libres: “Me quedé parado ahí, en la corte, como un tonto. Entonces le dije a mi esposa, para tener justicia, iremos con Don Corleone.” Así se nos presenta el dilema central de El Padrino: creemos en las leyes mientras nos convenga y la verdadera justicia no tiene nada que ver con ellas, sino con la del más fuerte.
 
El Padrino es la historia de dos hombres estadounidenses a mediados del siglo XX: Don Vito Corleone (Marlon Brando, en el papel que lo volvió legendario), un veterano jefe mafioso italo-americano que es empujado a dejar el poder ante los negocios cada vez más cambiantes; el otro, Michael Corleone (Al Pacino, prácticamente en su debut), joven hijo de Don Vito, criado “al estilo americano”, incluso héroe de la Segunda Guerra Mundial, que toma la decisión de caminar por la senda de su padre, al reconocer dos cosas, de acuerdo a su percepción. Primero, la justicia se la busca uno mismo y segundo, nada debe ser personal. Todo es estrictamente por negocio.
 
El absorbente relato presentado en 1972 por el entonces joven director Francis Ford Coppola, a partir de una novela de Mario Puzo, muestra desde adentro, como no se había hecho antes, la vida de los mafiosos italianos en los Estados Unidos, con sus negocios ilícitos, manipulando oficiales del gobierno, jueces y jefes de policía, mientras mantienen a toda costa la unidad de la familia, siempre y cuando los negocios no se vean afectados. En ese sentido, quienes ayuden a continuar el negocio, son considerados parte de la familia y así queda claro en las primeras escenas, en que Don Vito atiende asuntos no personales en medio de un suntuoso festín de bodas de su hija.
 
Para Michael, su hijo, la realidad es contundente: el país en el que cree, al que ha defendido en la guerra, está plagado de autoridades corruptas que permiten y hasta propician la fortuna de gente como los Corleone. Si todo es negocio, tal vez no haya diferencia entre estar de un lado o del otro de la ley, mientras se esté con la familia.
Las narraciones paralelas de la caída de Vito y el surgimiento de Michael son puestas en pantalla  por el director Coppola, usando como fondo y subtexto el periodo de la posguerra en los Estados Unidos, en que la economía nacional empezaba a crecer y los negocios ilícitos “tradicionales”, como el juego, ya no daban tantos dividendos. El mercado de las drogas se vislumbraba en el horizonte. La lealtad a la familia, las tradiciones italianas y “el estilo americano” cada vez significan menos cuando el dinero toma precedencia y el mensaje de la película resuena más fuerte ahora, cuarenta años después, a la luz de las realidades de los Estados Unidos y México. Michael descubre, pues, que cree en los Estados Unidos, mientras los Estados Unidos sirvan a su familia… a sus negocios.
 
El Padrino se reestrena en cines mexicanos, durante una semana, por su 40 aniversario, cargando la pesada etiqueta de "la mejor película de la historia", otorgada unánimemente por la crítica internacional a través de los años. Finalmente el público es quien decide y hasta el día de hoy no he conocido a nadie que no sea cautivado por la historia de los Corleone, una absorbente metáfora del capitalismo en los Estados Unidos, que sigue haciéndonos esa oferta que, pues sí, no podemos rechazar.

jueves, 24 de marzo de 2011

¡Me Muero Bichi!/III: Los borrachos y los niños...

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, EUA 1966).

Elizabeth Taylor era una mujer hermosísima. Richard Burton era un hombre guapísimo. Nadie los culparía por haberse casado el uno con el otro. Dos veces. Y haber trabajado juntos en varias películas. Ambos eran excelentes actores que, además, se veían muy bien, juntos, en pantalla. Yo sólo los había visto una vez, hace unos veinticinco años, en La Fierecilla Domada (Zefirelli, 1967), adaptación de la comedia de Shakespeare. Me divertí mucho y descubrí esa relación especial entre ellos. Para entonces ya sabía yo de las excentricidades y excesos de ambos y de lo atormentado de su relación. Elizabeth Taylor ya casi no hacía películas, aunque apenas tenía alrededor de cincuenta años y Richard Burton acababa de morir.

Tal vez la forma como vivieron su romance, sus encuentros y desencuentros fue la manera correcta de hacerlo para no caer en la rutina del matrimonio estable que, eventualmente, termina tolerándose, más que otra cosa. Esto es, hasta que alguno de los dos truena. O mejor aún, los dos. Agregue usted un mucho de alcohol y tendrá a dos borrachos diciéndose sus verdades, hasta que de veras truenen ambos. ¿Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad? Dejemos a los niños en paz. Los borrachos dicen lo que su aturdido entendimiento les permite, sin medir las consecuencias. Justo lo que vemos en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

¿Quiere usted ver lo seductora que podía ser Elizabeth Taylor? ¿Lo degenerada que podía ser? ¿Lo perversamente molesta? ¿Lo increíblemente vulnerable? Repita las mismas preguntas sobre Richard Burton. Agregue los nombres de George Segal y Sandy Dennis como un joven matrimonio que los acompaña en la parranda, dándose cuenta, demasiado tarde, que no sólo sirven de sparring a la madura pareja sino también son como municiones vivientes, carne de cañón para los esposos hartos uno del otro.

¿Quién se anima a decir lo que se dicen unos a otros aquí? ¿Quién no ha bebido hasta la estupidez en la compañía equivocada? ¿Quién no quisiera reparar las últimas horas de borrachera para recuperar la sobriedad y la decencia? ¿O los últimos veinte años para recuperar una vida? ¿Quién no quisiera solamente hacer el amor con su hermosa pareja, sin tener que dar explicaciones por actos pasados, presentes ni futuros? ¿Quién no quisiera simplemente matarla, sin ninguna consecuencia? ¿Quién no le teme al lobo feroz?

jueves, 5 de agosto de 2010

¡Me Muero Bichi!/II: Bájate los pantalones, Herzog

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
-O-
The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans (Werner Herzog, EUA 2009)

Cuenta la leyenda que cuando el presidente Ronald Reagan visitó al presidente Miguel de la Madrid en 1985 (en Mexicali, Baja California, por cierto), el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, llegó con los zapatos sucios. Mientras esperaban a Reagan, Silva Herzog aprovechó que pasaba un bolero con su cajón y fue a lustrarse los zapatos. En eso aterrizó el helicóptero de Reagan. Herzog dejó al bolero en medio de la faena y se acercó corriendo a De la Madrid, quien, viéndolo de reojo y notando que todavía traía los pantalones doblados por la boleada, le dijo en voz baja: "¡Herzog, bájate los pantalones!" a lo que Silva Herzog, mortificado, replicó "Ah canijo, ¿pos qué tanto le debemos???"

¿La moralidad -o, para el caso, la inmoralidad- tiene explicación? Terence McDonagh es un policía de Nueva Orleans. Impulsivo, recibe una condecoración. Se vuelve adicto a los tranquilizantes por una dolencia de la espalda. Corrupto, se involucra en una serie de situaciones que van de la inmoralidad al peligro de muerte inminente, pero nunca se detiene. Suertudo, habla sin parar mientras busca frenéticamente una salida para él y su novia, una prostituta cara que mantiene a Terence, lo aguanta, lo busca, lo ama. Humano, se acerca a su padre. Se aleja de su padre. Se acerca a su padre. Un alcohólico que sabe lo suficiente de su condición para su propio bien. Y para el bien de Terence. Terence, impulsivo, drogadicto, corrupto, suertudo, humano, inmoral, moral, podría morirse en una de esas y sin embargo no se muere. Así que sigue. Y sigue. Lo interpreta Nicolas Cage. Lo dirige Werner Herzog. ¿Su nuevo Klaus Kinski?. Nicolas, bájate los pantalones. Ah canijos, pos cuánto le debemos, Herzog...

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡Me Muero Bichi!/I: El Festín de Joel.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, felizmente reporto los resultados de mi primer ciclo ¡Me Muero Bichi!, mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

El Festín de Babette (Babettes gæstebud, Gabriel Axel, Dinamarca 1987). Hay un cuento en el que un hombre está en su casa en medio de una inundación. Pasa un vecino en un auto todo terreno, ofreciendo auxilio. "Dios me salvará", declina el hombre. Con las aguas más arriba, el hombre sube a la azotea y pasa otro en una lancha. "Dios me salvará". Las aguas crecen y aparece un helicóptero. Usted entiende: el hombre se niega, se ahoga y al llegar al Cielo, frente al Creador, le reclama su suerte. "Hijo mío, te envié un todo terreno, una lancha y un helicóptero..."
Con una estructura parecida, en El Festín de Babette dos ancianas danesas dedicadas al Señor y al servicio a los miembros de una pequeña y apartada comunidad luterana de mediados del siglo 19, simplemente sonríen discretamente cada vez que sus vidas han estado a punto de cambiar, sea por los avances de temerosos pretendientes de juventud, por la visita de algún bohemio artista forastero o la eventual llegada de Babette, una refugiada francesa a quien adoptan como sirvienta. Los años pasan, las arrugas y las canas se asientan y las dos hermanas viven entregadas al servicio y a la oración.
Pero dice un dicho que la tercera es la vencida. Babette, por un hecho completamente circunstancial, ofrece a sus patronas un maravilloso festín digno del mejor restaurante parisino. La preaparación de los exóticos manjares colma de color no sólo la, hasta ese momento, casi monocromática pantalla y por ende nuestros sentidos como espectadores; también afecta la vida de las ancianas hermanas y sus devotos vecinos en formas insospechadas (un sólo y delicioso ejemplo: note usted la dicha en los rostros de los accidentales ayudantes de Babette). Claro, dice otro dicho: misteriosos son los caminos del Señor.

Los pilones de la semana:
Anything Else (Woody Allen, EUA 2003). Woody Allen se desdobla genialmente en sus dos jóvenes protagonistas, Cristina Ricci y Jason Biggs, demostrando que sus diatribas no son un asunto generacional.

Hollywood Ending (Woody Allen, EUA 2002). ¿Allen no se ríe de Hollywood: se ríe con Hollywood? Con Tea Leoni como bono. Para Allen y para uno como espectador.

Then She Found Me (Helen Hunt, EUA 2007). Helen Hunt muestra en su debut como directora y guionista para la pantalla grande por qué tantos episodios de la serie noventera de tele, Mad About You (del comediante Paul Reiser y poco a poco y cada vez más, de ambos y a veces completamente de Hunt), estaban casi siempre a un paso de ser muy buenos chick flicks (pa'l viejerío, pues). Diga usted si no: Colin Firth, en su gustado papel de galán renuente. [ ] <- Espacio para suspiros de las lectoras.

Land of the Lost (Brad Silberling, EUA 2009). Inspirada en la serie de tele setentera homónima, sobre las aventuras de una familia de la época, perdida en una dimensión paralela donde conviven dinosaurios, cavernícolas y lagartijas paradas que, amenazantes, caminan leeeento. Claro que hay que entender el "inspirada en" como un vehículo del casi siempre genial (aquí, sí) Will Ferrel, quien además no teme pasarle el volante por largos ratos a sus compañeros de reparto. En otras palabras, la película no tiene absolutamente nada qué ver con la serie, excepto por las lagartijas paradas y el sonido de un banjo ocasional. En la sintonía correcta, me reí por dos horas continuas. Y canté A Chorus Line.

Cassandra's Dream (Woody Allen, EUA/RU/Francia 2007). Empezando con la ominosa música de Philip Glass, continuando con los puntuales y transparentemente escogidos diálogos de los personajes (Colin Farrell y Ewan McGregor como improbables pero finalmente convincentes hermanos), siguiendo con el uso de silencios en ciertas escenas clave, la tragedia está cantada desde el principio. Creo que Allen es mucho menos evidente y predecible cuando hace sus habituales comedias. No por ello dejan de calar las consecuencias a las acciones de los personajes. El destino, como dije, cantado, pues. Y no, no se trata de un segundo musical de Woody Allen.

Zach and Miri Make a Porno (Kevin Smith, EUA 2008). No estuve equivocado en mi apreciación cuando ví las caras de buenazos de Seth Rogen y Elizabeth Banks en los distintos posters de esta comedia de Smith, a quien generalmente le saco la vuelta (¿se repondrá alguna vez del éxito de Clerks?). Carcajadas varias, sonrisas a todo lo largo y ancho y sí, un romance digno de cualquier chick flick que se respete. Con humor escatológico como arroz y palabrejas en cada %$^#$!! diálogo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¡Me Muero Bichi! / 0: Por qué me quité del vicio.

"El gran arte no requiere de calificaciones ni estrellitas", me dijo Anthony Hopkins recientemente.
No se emocione, estimado lector; no he tenido (aún) el gusto de platicar con Anthony Hopkins o ya de perdida saludarlo de lejecitos. Hopkins me dijo lo anterior en un extrañísimo sueño que tuve hace unos días, después de haber visto El Hombre Lobo (Johnston, 2010), donde el venerable inglés actúa. Las razones por las que mi subconciente me habló a través de la figura de Hopkins de manera tan clara, las ignoro, pero la frase me gustó para presentar esta nueva colección de reseñas, en que intentaré dar cuenta de las películas que iré viendo, no de estreno y definitivamente no en una sala de cine, sino en la comodidad de mi sala, básicamente empujado por la estupidez de los destruibuidores de cine en México.

Viviendo en uno de los tantos ranchotes que tiene este país, donde unas 60 salas de cine apenas alcanzan para el millón de habitantes que me rodea, soy víctima de la oferta de las carteleras locales, que generalmente consiste de un par de películas hollywoodenses que tapizan, por semanas y hasta meses, la mayoría de las 60 pantallas, junto con unos tres o cuatro títulos más, hollywoodenses también, pero más bien "de relleno" y que duran a lo mucho un par de semanas. Eso no deja espacio para todo ese cine no hollywoodense que los cinéfilos quisiéramos ver pero que nunca llega a nuestros ranchos. Hombre, a veces ni siquiera buenos títulos producidos en Hollywood se ven por acá, aunque sí se hayan estrenado en el país (léase, en el D.F.).

Para no hacer el cuento más largo, he decidido saciar mi necesidad de buen cine, consiguiendo cada vez más, como y cuando vaya pudiendo, películas en DVD para disfrutar en solitario, instalado frente a mi tele, en mi sofá, tan a gusto como se puede estar en ese santuario personal: en calzones o, por qué no y para decir la verdad, en cueros. Bichi, como decimos en el noroeste de México.

Así, feliz, me podrá encontrar cualquiera de estos días o, si lo prefiere y el pudor no da para más, podrá leer aquí, en Joel vs. Los Monstruos, mis reportes de este ciclo personal. ¡Me Muero Bichi!