martes, 6 de febrero de 2018

Cartas a van Gogh **1/2

(Loving Vincent, Polonia/Reino Unido/EUA 2017)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Vincent van Gogh se suicidó o fue asesinado? Aunque la duda es sembrada en el protagonista (el joven hijo de un empleado postal amigo de van Gogh) en Cartas a van Gogh, por sus pláticas con cerca de una decena de franceses que conocieron al sufrido pintor, la película en realidad no se trata de una oscura teoría de conspiración. Incluso, hacia el último tercio, la creciente intriga es dejada de lado y el verdadero tema es abiertamente expresado: lo importante no es saber cómo murió Vincent, sino cómo veía (y vivía) la vida y el arte. Por supuesto, a través de mostrarnos su obra en esta excepcional cinta de animación, dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
Así, las entrevistas con los conocidos de van Gogh son solamente el pretexto para hilar la impresionante recreación animada de varios de los cuadros más famosos del artista holandés. Cada entrevistado es un personaje animado salido de sus pinturas, desde un cartero hasta el doctor que lo trató por su depresión, hacia el final de sus días. Y los paisajes donde ocurren las escenas, urbanas, campiranas y hasta celestes, son igualmente una animación de pinturas al óleo que imitan a las originales de Vincent.
La película pone sus reglas narrativas desde el inicio y las sigue hasta el final de la hora y media que dura: el mundo (la Francia de 1891, un año después de la muerte del pintor) y sus habitantes se nos muestran como si van Gogh los estuviera viendo, pintados en coloridos óleos con su tosco estilo posimpresionista. En cambio, los recuerdos evocados por cada entrevista son presentados en blanco y negro, pintados también, pero de una forma más realista y dramática.
Si bien la historia es entretenida y el periplo del entrevistador es a ratos cómico y a ratos conmovedor, pronto queda claro que no hay más que eso: una hilación de personajes y escenas pintadas por van Gogh, mostrados en virtuosa animación que deslumbra pero termina por reemplazar al relato.

martes, 23 de enero de 2018

¡Me Muero Bichi! / XI: Guillermo vs. Los Monstruos.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Guillermo del Toro ha llegado a su décima película, feliz y justamente aclamado por la industria cinematográfica, crítica y, sobre todo, público alrededor del mundo.
Cómo no celebrar las fantásticas películas de este muchacho tapatío y su fascinación por los monstruos. Dejaría yo de ser... Joel vs. Los Monstruos.
De esas 10, van mis 10 favoritas (pos sí... pero podrían ser menos) en orden de preferencia.

El Laberinto del Fauno (2006). Un regreso a temas antibélicos y a la guerra civil española, que antes sirvió de marco para El Espinazo del Diablo. Y nuevamente la fantasía y lo sobrenatural sirven de escape a la niña protagonista, que descubre que en todos lados hay monstruos (el militar de Sergi López, el peor de todos) y sólo la determinación de enfrentarlos nos lleva a la victoria. La riqueza visual del mundo de fantasía contrasta con los horrores de la realidad, por lo que entendemos perfectamente la decisión de la niña.

El Espinazo del Diablo (2001).
 Guillermo del Toro emigra a España e inicia sus propias producciones, de la mano de los Almodóvar, con esta historia de fantasmas, lealtades y traiciones, nuevamente visto todo a través de los ojos de los niños. Es su primera película antibélica y lo sobrenatural funciona como una metáfora escapista al absurdo horror de la guerra.

Cronos (1993). Su triunfal debut en cine, después de su exitoso paso por la serie televisiva de terror, Hora Marcada (1986-1989). Cronos cuenta la historia de un hombre que se vuelve inmortal, a costa de convertirse, además, en vampiro. Desde esta primera cinta Del Toro muestra su fascinación por un estilo visual rebuscado para crear un terror atmosférico, así como mostrar en detalle mecanismos en movimiento e insectos que sorpresivamente atacan a los personajes. El humor negro está presente a todo lo largo, sin dejar de lado la visión a través de los ojos de un niño.

La Forma del Agua (2017). El mundo fantástico de Guillermo del Toro vuelve a servir como escape, ahora, de personajes solitarios que sólo se entienden entre ellos. Una hermosa película que sintetiza la verde visión de un mundo que suena a romance francés.

Hellboy II: El Ejército Dorado (2008). Guillermo del Toro se suelta en el escapismo por el escapismo puro (con un subtexto ecologista, eso sí), de la mano de Ron Perlman y su extraordinario Hellboy, en un mundo tan lleno de fantásticas imágenes y personajes, que una sola visita resulta insuficiente para captar todo lo que hay en la pantalla.

La Cumbre Escarlata (2015). “Los fantasmas son reales, porque los he visto”, nos avisa al inicio la protagonista de la novena cinta de Guillermo del Toro. Y con esta paráfrasis del inicio (y final) de otra película suya (El Espinazo del Diablo), que planteaba la pregunta “¿qué es un fantasma?”, el director tapatío nos lleva una vez más a su mundo de oscura fantasía, donde los fantasmas cohabitan con los vivos y, aunque asustan, también dan mensajes a los justos y los previenen de los males que los acechan.

Hellboy (2004). El amor de del Toro por las revistas de historietas (o cómics), adivinado en sus películas anteriores, pasa a primer plano con esta adaptación de Hellboy, escrita y dibujada en EUA por Mike Mignola. El perdido hijo del diablo, adoptado y criado por un sacerdote para, ya adulto, luchar contra el mal y lo sobrenatural, a las órdenes del gobierno gringo, es el pretexto perfecto para mostrar toda clase de criaturas fantásticas en una historia donde la consigna es divertirse y el humor negro es la constante. Ron Perlman, que diez años antes había trabajado con del Toro en Cronos, parece haber nacido para encarnar a Hellboy.

Titanes del Pacífico (2013). Los enfrentamientos de los gigantescos tanques de guerra con forma “humana”, y los kaijus, inmensos monstruos salidos del mar, están despojados de toda lógica, en la mejor tradición del cine japonés de monstruos, como Godzilla y anexas. Aunque cada pelea inicia a “puño” limpio de una manera salvaje, rápidamente escala a duelos con balas, rayos mortíferos y, ya entrados en gastos, hasta chicas espadotas. Pero los monos en pantalla son tan impresionantes y las escenas de pelea, a pesar de tanto trancazo, están tan salpicadas de detalles curiosos y emocionantes, que, definitivamente, la película provoca emociones cinematográficas genuinas en toda la chiquillada presente. Y en uno que otro cincuentón.

Blade II (2002). Un regreso al tema de los vampiros, tocado en Cronos, pero esta vez como parte de la franquicia del cazador de vampiros interpretado por el actor de acción hollywoodense Wesley Snipes. En esta ocasión y a diferencia de Mimic, del Toro se avienta de cabeza a la acción desbordada y da rienda suelta a la presentación de monstruo tras monstruo en la pantalla, todo salpicado de la moronga de rigor.


Mimic (1997). Si de por sí mucha gente le teme a las cucarachas, imagine usted cucarachas gigantes que imitan la figura humana para conseguir a sus víctimas… Mimic, la primera película hollywoodense de del Toro es en parte una reelaboración de Cronos, su ópera prima. Muchos elementos se repiten: los personajes del niño y el viejo, los insectos que pican inesperadamente, las imágenes religiosas empacadas en papel plástico, los espacios cerrados para una atmósfera sobrenatural, los niños como testigos y parte de la trama. Hacia el último tercio Mimic se convierte en una película de acción y se adivina la mano de los productores haciendo a un lado a del Toro para entregar un producto más adecuado a los estándares de Hollywood.

jueves, 18 de enero de 2018

La forma del agua ***1/2

(The shape of water, EUA/Canadá 2017)

Cualquier cosa que pudiera yo decir de La Forma del Agua, la nueva película en que Guillermo del Toro nos cuenta sobre el amor en los tiempos de la gente solitaria, ya lo dijo antes y de manera insuperable, al menos por mí, Roy Orbison. Tampoco sé cómo poner esto en verde, por cierto. Digo, turquesa. Con ustedes, Mr. Roy Orbison.

Only the lonely
Know the way I feel tonight
Only the lonely
Know this feeling ain't right.

There goes my baby
There goes my heart
They're gone forever
So far apart.

But only the lonely
Know why
I cry
Only the lonely.

Only the lonely
Know the heartaches I've been through
Only the lonely
Know I cry and cry for you.

Maybe tomorrow
A new romance
No more sorrow
But that's the chance

You gotta take
If your lonely heart breaks
Only the lonely.

lunes, 1 de enero de 2018

LO MEJOR DE 2017

Lo mejor que ví en la cartelera comercial de la típica ciudad mexicana (y Netflix México), durante 2017.
Van en orden de preferencia:

1. Animales Nocturnos **** (Nocturnal Animals, EUA 2016) - Un hipnótico relato de venganza y rompimiento con el pasado, por ese prodigio que es Tom Ford. La doble lectura de una absorbente novela dedicada por un escritor (Ethan Hawke), a su ex esposa, por cuyos ojos (ojazos de Amy Adams) conocemos su historia personal, tanto o más terrible que la novela.

2. Hasta el último hombre **** (Hacksaw Ridge, Australia/EUA 2016) - Mel Gibson, como director, no es tímido a la hora de presentar la violencia en pantalla, con todo el salvajismo y la carnicería de una guerra cuerpo a cuerpo. Tampoco es tímido con sus convicciones de patriotismo y de fé, canalizadas en las creencias del personaje central, encarnado con profunda simpleza por el actor Andrew Garfield, como un joven de la Virginia rural que, aún seguro de su deber con su país, pone por delante a Dios y sus Mandamientos.

3. La La Land: Una historia de amor **** (La La Land, EUA/Hong Kong, 2016) - Ah, qué reconfortante película es La La Land. Juzgue usted: romance, canciones, baile y las zonas bonitas de Los Ángeles, con esa simpática pareja cinematográfica formada por Emma Stone y Ryan Gosling, ya en su tercer filme juntos. Todo, cortesía del joven director Damien Chazelle que, en su segunda cinta, después de Whiplash reafirma su principal interés: un amor incondicional por el jazz.

4. Elle **** (Francia/Alemania/Bélgica, 2016) - ¿Quién es “ella” y por qué es así? El director Paul Verhoeven nos va develando la vida de Michèle, poco a poco, a través de episodios oscuramente cómicos que nos perturban, algunos por su violencia explícita, otros por su violencia implícita y todos por la tensión que va aumentando en el día a día de esta, aparentemente, fría y calculadora mujer. “Ella”, finalmente, es la absorbente creación de la veterana actriz francesa Isabelle Huppert.

5. ¡Huye! ***1/2 (Get Out!, Japón/EUA 2017) - En esta excelente cinta de intriga y suspenso, escrita y dirigida por el primerizo Jordan Peele, el planteamiento parece no ser más que una nueva versión de “Adivina quién viene a cenar”, con reflexiones actualizadas de la confrontación entre blancos y negros, entre liberales y conservadores, en los Estados Unidos post Obama y post triunfo de Trump. Nada de eso: “¡Huye!”, más bien, se convierte en “Adivina con quién te estoy llevando a cenar…” Ay nanita.

6. Moonlight ***1/2 (EUA 2016) - ¿Somos lo que somos o es el entorno lo que nos forma? La infancia, adolescencia y juventud de un hombre en Miami, efectivamente enlazadas a través de tres anécdotas extendidas, que nos pintan poco a poco al atormentado personaje central. Nada menos que la (verdadera) ganadora al Óscar 2017 a Mejor Película, del director Barry Jenkins.

7. Melanie: Apocalipsis Zombi ***1/2 (The girl with all the gifts, Reino Unido/EUA 2016) – Como en toda buena ciencia ficción, el director Colm McCarthy explora la inmemorial pregunta: ¿qué nos hace humanos? Y, como en toda buena película de terror, el monstruo es sólo la pantalla en la que proyectamos nuestros miedos. En esta historia contada desde el punto de vista de Melanie, la niña con todos los dones, ella es la clave de ambas ideas.

8. Dunkerque ***1/2 (Dunkirk, Reino Unido/Países Bajos/Francia/EUA 2017) – Con sus letreros aclaratorios, el director Christopher Nolan parece desconfiar de, o la capacidad del público para seguir su narrativa fragmentada o bien, de su propia habilidad para contar historias convergentes. Aún así, Dunkirk es un triunfo audiovisual que nos barre con sus pequeños grandes relatos de heroísmo.

9. Five Came Back ***1/2 (Netflix) – El frente ideológico de la 2a Guerra Mundial tuvo en el cine su principal arma. He aquí cómo 5 legendarios cineastas sirvieron a Estados Unidos, por la causa aliada. Y he aquí cómo ese servicio afectó sus vidas y a su obra posterior. El contexto actual nos lo dan las observaciones de 5 directores de nuestro tiempo, encabezados por Spielberg y agrupados por el documentalista Laurent Bouzereau.

10. Los Meyerowitz: La familia no se elige ***1/2 (The Meyerowitz Stories (new and selected), EUA 2017) (Netflix) – Tratar de ser tan talentoso y exitoso como papá es un lastre muy pesado en la vida. Especialmente si no estamos seguros de que papá en realidad sea tan talentoso y exitoso como siempre lo creímos. Dustin Hoffman es la difícil referencia para sus hijos, Ben Stiller y Adam Sandler, que ponen sus típicos personajes neuróticos al servicio de una causa seria, la del director Noah Baumbach.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Star Wars: Los Últimos Jedi **

(Star Wars: The Last Jedi, EUA 2017)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Como a todo mundo nos gustó El Despertar de la Fuerza, que básicamente es un refrito bien hechecito de La Guerra de las Galaxias, ya me imagino la junta de arranque en LucasFilms/Disney: pues de una vez, por qué no, que Los Últimos Jedi sea un refrito de la idolatrada trilogía original: La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi. Y entonces, el director Rian Johnson se lanza con su mandato.

Veamos. De entrada, el primer enfrentamiento espacial entre la Resistencia y el Primer Orden involucra un ataque furtivo de naves caza de la Resistencia al Dreadnought, una gigantesca nave/arma de destrucción masiva, la cual deben hacer explotar disparando directamente en el punto débil de su “carrocería”, que, por supuesto, está… expuesto. Será el sereno; de todos modos Rebeldes, Imperio y Estrella de la Muerte se llaman, pues.

Mientras tanto, la jovencita Rey, que puede mover cosas con la mente y es aspirante a Jedi, deja todo tirado para recibir entrenamiento de un renuente viejo Jedi ermitaño, en un planeta húmedo e inhóspito, donde, por qué no, además se enfrentará con su propia atracción por el lado oscuro de la Fuerza, producto de su misteriosa ascendencia. Yoda y Luke estarían orgullosos de ver la historia repetirse… esperen, ellos mismos la repiten.

Por lo pronto, como en esta nueva trilogía hay más personajes que deben mantenerse entretenidos, Finn, el storm trooper desertor de la película anterior, conoce a una conserje rebelde y ambos fingen ir de luna de miel a Las Vegas, para (agarre aire para leer lo que sigue) reclutar a un hacker que les ayude a infiltrarse en una nave Imperial para desabilitar el rayo tractor (o algo así), y que los Resistentes Rebeldes puedan escapar. Ooootra vez... Si las cosas no le salen a Finn como esperaba es porque, como dice el dicho: nunca mandes a un storm trooper desertor a hacer el trabajo de un Obi Wan Kenobi. Al menos en esta parte de la película aparece el único personaje realmente interesante, un tartamudo Benicio del Toro, que se roba cada una de sus escenas y a quien, tartamudo y todo, le tocan los pocos diálogos que no son reiterativos a la acción.

Por su parte, la princesa Leia, como ya no tiene a Han Solo para pelear, mata el tiempo usando la Fuerza de forma egoísta, en lugar de buscar evitar que los Imperiales, en una trama que no sale de lo mismo, le den en la torre a su nave y sus subordinados, de los cuales sólo parece conocer a Poe, un soldado rebelde y regañado, que parece que sí pero que tampoco hace gran cosa y que es una cruza entre Han Solo y Han Solo, excepto que su Chewbacca es un Bebocho. ¿Chewbacca, dijo usted? Ah, no, yo lo dije. Bueno, ya que lo invoqué: pues Chewbacca aparece unos 2 minutos, junto a unos como Ewoks (más) chaparritos con alas, y yo creo que los demás rebeldes no le tienen mucha confianza, porque siempre sale amarrado al Halcón Milenario. Por cierto, las apariciones de esta nave son los únicos momentos en que toda la sala aplaude al unísono.

Los Rebeldes que siguen vivos en este punto, como son muy... Resistentes, eventualmente terminan repeliendo ooootro ataque de los Imperiales, desde una fortaleza enclavada en un planeta con vastas planicies blancas sobre las que caminan, a paso de elefante, esos armatostes Imperiales que parecen… elefantes. Por ahí anda el regañado Poe otra vez, básicamente recitando más de los superfluos diálogos, mientras la aprendiz de Jedi se une al grupo, sin que sepamos cómo, por cierto. Al menos esta vez sí le echaron sal a la planicie, para que no se les fueran a resbalar otra vez los paquidermos imperiales, como en El Imperio Contraataca.

¿Y el refrito prometido de El Regreso del Jedi, dice usted? Ah, pues Leia vuelve a ahorcar a Jabba the Hutt. OK, OK, no. Pero... además de los mentados Ewoks con alas, pues para que no le pongamos tache a esa película, la recién entrenada Jedi se enfrenta al nieto de Darth Vader, que le extiende su enguantada mano, y aunque es evidente que no es su padre, de todos modos le ofrece mandar juntos en la Galaxia, nada menos que con el nuevo Emperador como testigo, quien se regocija ante el despliegue de miedo y odio que tiene ante sí, justo como el Emperador anterior. Pobre güey. Es más, estoy seguro que en la siguiente película, en lugar de "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...", al inicio aparecerá la frase "Los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla..." Y mal.

viernes, 13 de octubre de 2017

Blade Runner 2049 **1/2

(Blade Runner 2049, EUA, Reino Unido, Canadá 2017) 
Clasificación México 'B-15'/EUA 'R'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Es el año 2049. K es un policía de Los Ángeles (Ryan Gosling), que se dedica a rastrear y retirar viejos replicantes que viven clandestinamente en la Tierra. Los replicantes son robots orgánicos superfuertes, con apariencia completamente humana, usados por más de 30 años en operaciones mineras y militares en el espacio exterior. Originalmente prohibidos en el planeta, los que escaparon del espacio deben ser eliminados por los Blade Runners, la policía dedicada, precisamente, a encontrarlos y retirarlos. Por supuesto, “retirarlos” es eufemismo de matarlos. En esas anda el Blade Runner K, cuando su investigación sobre una cadena de viejos replicantes aún fugitivos, lo lleva a un hallazgo conectado a hechos ocurridos en 2019, cuando el trabajo de los Blade Runners era bastante directo: encontrabas un replicante en la Tierra, lo matabas. Ahora, en 2049, han sido perfeccionados y son legales en el planeta, al grado de que, aparentemente, medio mundo en Los Ángeles es un replicante, trabajando en servicios de todo tipo, desde asistentes ejecutivos hasta prostitutas… incluso Blade Runners, como K. Eso no obsta para que la mayoría de los humanos los vean con desprecio, recelo y hasta odio (la queja de ”nos roban nuestros trabajos” nunca se acaba, supongo).

En Blade Runner 2049, el director Denis Villeneuve cuenta su historia siguiendo el formato estándar de las películas de detectives y criminales conocidas como film noir (el nombre viene, para mis lectores no iniciados, de las películas donde casi todo ocurre de noche o en lugares tan oscuros como la trama, cocinada en bajas pasiones, por cierto): conforme K va siguiendo las pistas, se da (y nos damos) cuenta de que no sólo es el investigador, sino también pieza clave en el crimen perseguido. Esto es inevitable: Blade Runner 2049 es la continuación (no segunda parte) de Blade Runner, el film noir de 1982, donde el director Ridley Scott nos presentó a Harrison Ford como un policía cazador de replicantes en una historia muy parecida.

Blade Runner 2049 visualmente propone un mundo futuro altamente poblado y contaminado, con una extendida ciudad de Los Ángeles donde siempre hay lluvia o nieve y la gente, cuando no está volando en sus carros futuristas, se mueve en sucias calles repletas de vendedores callejeros y neón, ambos altamente influenciados por el lejano oriente. Sus imágenes (en otro bellísimo trabajo del cinefotógrafo Roger Deakins) son una serie de monumentales tomas aéreas, intercaladas con acción en calles o interiores (completísimo diseño de producción de Dennis Gassner), que se dan el tiempo de mostrarnos todo esto lentamente y de una forma tan impresionante que no podemos despegar los ojos de la pantalla, mientras el Blade Runner va de una escena del crimen a otra, haciendo escalas en la funcional oficina de su jefa humana o en las estilizadas guaridas corporativas de la compañía que fabrica los replicantes; y de ahí, a su departamento, mientras reflexiona en silencio sobre lo que ha visto y sobre lo que vendrá, con la ayuda vocal (K no habla mucho) de Joi, su compañía computarizada, una especie de Siri autoconsciente (de hecho, esta parte remite inevitablemente a la excelente "Ella", del director Spike Jonze), que toma la forma holográfica de una simpática, sensible y hermosa joven veinteañera (la actriz cubana Ana de Armas). Todo esto sumergido en atmosférica música electrónica, con Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch emulando a Vangelis.

Igualmente inevitable es que el estilo visual y auditivo usado por Villeneuve sea idéntico al de Scott en la cinta de 1982. Blade Runner 2049 no sólo es la continuación de aquella: también es la más reciente de una larga cadena de películas futuristas que en los últimos 35 años se han inspirado en su estética visual o de plano la han copiado vilmente y que el cinéfilo promedio puede reconocer al primer vistazo, incluso si nunca ha visto Blade Runner. Supongo que, llevando la firma de Ridley Scott como productor, sólo Blade Runner 2049 puede reclamar legítimamente este derecho artístico.

Con todo lo satisfactorio que resulta el largo espectáculo visual que nos dan Villeneuve y Deakins, las 2 horas 40 minutos de duración no son llenados por una historia ni unos personajes que justifiquen tenernos sentados tanto tiempo. La trama no es tan importante y los personajes principales no cambian mucho que digamos. El conflicto entre “buenos” y “malos” se reduce, lamentablemente, al del héroe que debe detener al megalómano del día que, por cierto, hasta tiene al típico ayudante siniestro para hacerle la vida de cuadritos al protagonista.

No está usted para saberlo pero yo sí para contarlo: en contraste, la película de 1982, que duraba abajito de las 2 horas, además de una historia parecida, se servía del conflicto de sus personajes para plantear ideas sobre la naturaleza humana, la arrogancia creadora y la necesidad de vivir libre. Blade Runner 2049, si acaso, hace algo parecido con el personaje de Joi, que sirve como pantalla a las emociones del Blade Runner K, en sus necesidades que replican a las humanas, pero no hay tanto de la espléndida señorita de Armas para llenar esas casi 3 horas. Y aquí me pregunto: si no conociera yo la película de 1982 y Blade Runner 2049 fuera mi único acercamiento a los replicantes, ¿saldría, además de con las nalgas planas, pensando sobre la vida, sobre el instinto creador, sobre la libertad? Seguramente no.

martes, 12 de septiembre de 2017

Mamá ***

(España/Canadá 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Concedido: uno va a ver películas de terror para sudar frío, pegar brincos en el asiento, soltar uno que otro grito y, como después de todo es sólo una película, uno termina riéndose nerviosamente del susto recién pasado, hasta que viene la siguiente escena en que volvemos a sudar frío, brincar y gritar. Casi casi como subirse a una montaña rusa, donde nos asustamos al ver venir la caída frente a nosotros, luego nos reímos apenas el tiempo suficiente para tomar la siguiente curva o caída a toda velocidad. Mamá es justo esa clase de película, en que la historia de fantasmas apenas interesa lo suficiente como para que aguantemos entre susto y susto, que es a lo que vamos. Y cuando uno piensa que el paseo está por terminar sin mayor consecuencia, Mamá sorprende con un excelente final que construye sobre la historia contada hasta el momento y supera o compensa, trasciende, más bien, todos los espantos y espantajos anteriores.

Escrita y dirigida por el argentino Andrés Muschietti en su primer largometraje, Mamá claramente se beneficia de ser producida por Guillermo Del Toro, al presentar varios de los elementos comunes en el cine del director tapatío, principalmente los niños en peligro al entrar (o salir, según sea el caso) en un mundo de fantasía y los fantasmas que buscan algo más que jalarle las patas a sus víctimas y al público.

En este caso, Victoria y Lilly son dos hermanitas que, tras una tragedia familiar, se ven abandonadas en una cabaña en lo profundo del bosque. Ahí las niñitas sobreviven de una forma bastante silvestre, aparentemente cuidadas por un ser sobrenatural a quien ellas terminan llamando “mamá”. Cinco años después son encontradas por un tío, quien las rescata y lleva a vivir con él y su novia, ambos un par de ninis. Todo va aparentemente bien, hasta que la mamá del bosque se aparece, literalmente, para reclamar a sus hijas postizas, usando contra los acomedidos ninis, todos los recursos que se acostumbran en este tipo de películas: ruidos extraños, insectos que salen de la nada, paredes sangrantes, sorpresivas imágenes fantasmagóricas, etc.

Naturalmente, las víctimas del ser sobrenatural harán todo lo que no debe hacerse en estas situaciones, para nuestro horror o susto, según sea el gusto de cada quién. Usted sabe: meterse en lugares oscuros nomás para ver quién anda ahí; quedarse solo en una casa donde las paredes sangran; dejar abiertas las ventanas para ver si se mete el monstruo; ir al bosque a media noche cuando se pudo haber ido de día; como dije antes: etc.

Pero no es que me queje. Todo lo contrario. La puesta en imágenes del director Muschietti no defrauda al ligar esas típicas escenas de sustos, una tras otra, colgadas de una historia trillada pero contada de una forma en que la tensión se va acumulando, para ser liberada con cada susto de los personajes y de nosotros. La fotografía del mexicano Antonio Riestra crea un pesado ambiente en el que abundan las sombras y claroscuros, usualmente propicios para un mayor efecto de las terribles apariciones. El complemento sonoro es la música del español Fernando Velázquez, que, al igual que en El Orfanato (también producida por Guillermo Del Toro, en 2007), nos envuelve en un mundo en el que no hay salida sino hasta el final.

Y el final es lo que sorprende más en Mamá, que hasta ese momento ha sido un buen ejercicio de cine de terror tradicional, pisando correctamente todas las bases reglamentarias y hasta resbalándose en algunas otras cuando no se necesitaban, como ciertos sueños de algunos personajes. Y es que todo se compensa en la secuencia final que, más que atar todos los cabos sueltos, como normalmente ocurre en el cine hollywoodense, desamarra varios de los elementos presentados y nos da un último jalón de extremidades inferiores, pero de una manera en que dejamos de lado los brincos, los gritos y la risa nerviosa, para sumergirnos en una, si me permite la expresión, tensa serenidad y en las imágenes e ideas más bellas de toda la película.

Mejor dicho y considerando que todo el rato estuvimos apretados en el asiento, el desenlace/enlace nos deja soltarnos, ver la historia y sus personajes con calma y darnos cuenta que, en efecto, no podía ser de otra forma. Bueno, sí pudo ser de otra forma, pero entonces Mamá se habría quedado en el montón.