sábado, 21 de mayo de 2016

Las elegidas ***1/2

(México/Francia, 2015) Clasificación México ‘C’ / EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Una cruda historia sobre ilusiones y desilusiones, con el difícil tema de la trata de blancas como marco, es la segunda película escrita y dirigida por David Pablos, que sitúa a sus personajes en Tijuana y al mismo tiempo rompe el molde del cine nacional, tan dado a usar esta ciudad para exponer la visión centralista de “tan lejos de México y tan cerca de Estados Unidos”. Los hechos presentados en Las elegidas ocurren en Tijuana sólo porque sus personajes son de Tijuana, pero esta historia bien podría haber sido contada en Tapachula, en Iguala o en el DF; Pablos no fuerza (ni culpa) a la frontera en la mente del espectador.

Sofía es una niña de 14 años y Ulises un chamaco de 17. Son novios. Sus encuentros amorosos y paseos en bicicleta por las calles y playas de Tijuana, mezclados con una vida pobre junto a su mamá y su hermanito, llenan a Sofía de ilusiones acerca de Ulises, quien la invita a una carne asada en su casa clasemediera, con el papá como amable anfitrión. Corte directo a Ulises siendo aleccionado por el hermano mayor, para hablarle bonito a la novia, de modo que eventualmente caiga víctima del negocio familiar y se convierta en prostituta, junto con varias jovencitas cautivas en alguna casa de Tijuana.

Si bien Las elegidas exhibe los detalles de la operación de la familia de Ulises, el director Pablos no cae en el cine de denuncia sistemática: esto es lo que hace esta familia de delincuentes y estas son sus víctimas. Las elegidas más bien muestra, por un lado, cómo se destruye a una niña, a una persona, a base de engaños y sin ningún remordimiento por parte de los victimarios. Y por el otro lado, con la historia de Ulises, justamente muestra el génesis de un nuevo criminal que, no hay duda, seguirá los pasos de padre y hermano.

La selección y dirección de actores hace completamente creíbles a estos personajes tijuanenses, empezando por los adolescentes Nancy Talamantes y Óscar Torres como la pareja protagónica. La encarnación que hace Edward Coward del criminal papá de Ulises me dejó helado; en contraste, en una historia periférica a la de Sofía aparece el camarada Felipe Tututi como un descorazonado padre en busca de su hija perdida, mientras que tuve la sorpresa de ver a mi amigo Chuy Padilla en un breve pero significativo cameo, en la que creo fue su actuación final en cine, después de su éxito en Workers.

La narración es reforzada por una contrastante fotografía artística de la vida urbana; si no supiéramos lo que en realidad hace Ulises, podríamos estar ante un realista romance juvenil. Igualmente, las escenas en el prostíbulo son crudas por lo que sugieren, no por lo que muestran. Las imágenes son fáciles de ver; lo que nos dicen es difícil de superar.

¿Qué culpa tiene el niño? *1/2

(México, 2016) Clasificación México ‘B-15’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Se ríe uno con esta comedia? A ratos. ¿Sale uno satisfecho? Lo dudo. El planteamiento de ¿Qué culpa tiene el niño? es sencillo y trillado: Un par de desconocidos, después de una-noche-de-copas-una-noche-loca, se enteran de que ella está embarazada y en el intento por resolver la situación terminan descubriendo que son el uno para el otro. El problema con ¿Qué culpa tiene el niño? es que nunca sale del mero planteamiento.

Maru, una joven chilanga profesionista de clase acomodada (Karla Souza, básicamente repitiendo el personaje que hizo en Nosotros los Nobles) se emborracha hasta la inconciencia en la boda de una amiga. Un mes después descubre que está embarazada y rastrea al “responsable”, Renato (el debutante Ricardo Abarca), un pobre (pero honrado, faltaba más) nini de veinte años. Maru confronta furibunda a Renato, quien no tiene ni sabe cómo responder, excepto por sus buenas intenciones.

Y de buenas intenciones está plagado el camino a las malas películas como ésta, escrita y dirigida por Gustavo Loza, quien nunca desarrolla las situaciones ni a los personajes que presenta: Renato nunca muestra responsabilidad, más allá de ocasionalmente repartir pizzas y andar el resto del tiempo con una arcaica camarita Súper 8, dizque construyendo una historia falsa para el bebé por venir. Maru realmente no tiene razones para querer formar una familia con él y sí muchas para mandarlo a volar. Y, sin embargo, sigue con él sólo porque la película lo requiere.

Loza puebla el resto de la película con las apariciones chistosonas de los personajes que complementan el reparto. Destacan (es un decir, ya que nunca se pasa del mismo chiste para cada uno) Jesús Ochoa reciclando su gustado papel de Jesús Ochoa; la debutante Mara Escalante en el estereotipo de la mamá barriobajera y varios actores jóvenes, más o menos efectivos comediantes, como los amigos y amigas de la joven pareja embarazada. Deje usted el niño, ¿qué culpa tiene el espectador?

jueves, 5 de mayo de 2016

Capitán América: Civil War *1/2

(Captain America: Civil War, EUA 2016) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Quiere usted disfrutar de lo lindo con Capitán América: Civil War? Mi consejo: llegue hora y media tarde y se la va a pasar re-bien.

Justamente 90 minutos de reiterativas pláticas aburridas y peleas mal filmadas con una cámara temblorosa que no permite ver quién le pica los ojos a quién, es lo que le toma a los hermanos Joe y Anthony Russo, que dirigieron este culebrón de 2 horas y media, llegar a la parte buena de la película: la escena donde los Vengadores se enfrascan en una dinámica y graciosa batalla campal, unos contra otros, divididos en dos grupos. En esta esquina, Iron Man y sus aliados; en esta otra, el Capitán América y sus seguidores. ¿El motivo? No importa: Mientras la pelea sea divertida y permita lucirse a los distintos personajes, como de hecho ocurre, el boleto se paga.

Destacan por unos minutos, además de los líderes Iron Man (el siempre chistoso Robert Downey Jr.) y el Capitán América (el siempre serio Chris Evans), dos nuevos Vengadores: el adolescente Hombre-Araña (el joven y gracioso Tom Holland) y el Hombre-Hormiga (Paul Rudd, repitiendo el divertido personaje en que lo vimos el año pasado). Sin embargo, como el resto del cine de Disney/Marvel, todo el asunto sigue siendo un larguísimo anuncio de las películas por venir.

jueves, 28 de abril de 2016

Enemigo invisible ***

(Eye in the sky, Reino Unido 2015) Clasificación México ´B-15´/ EUA ´R´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Nada como una buena película de suspenso para mantener al espectador al borde del asiento por la hora y media reglamentaria que, por cierto, deberían observar más seguido los cineastas. Enemigo invisible, del director sudafricano Gavin Hood, es un muy buen ejemplo de cómo hacerlo.

La historia es relativamente sencilla: Una coronel del ejército británico debe bombardear una casa “de seguridad” en Nairobi (Kenia), donde está reunido un grupo de terroristas. El problema para los superiores de la coronel es que la mentada casa se encuentra en medio de un barrio popular, rodeada de familias inocentes, junto a un mercado sobre ruedas y, pa’cabarla, a un lado de la casa hay una niña jugando al hula hula. Entonces las grandes preguntas que nos mantienen en expectativa a lo largo de la película son: En qué momento va a ocurrir la explosión y si, cuando suceda, la niña se salvará.

Ahora, ¿cómo saben la coronel y sus superiores todos estos detalles? Y, más importante aún, ¿cómo lo sabemos nosotros? Aquí está la gracia de la narración del director Gavin. Resulta que ninguno está en Nairobi; ni siquiera en Kenia o en África. La coronel y su equipo de analistas se encuentran en una base militar en Londres; el general al que reporta está al otro lado de la ciudad, en reunión con miembros del gabinete de seguridad del Primer Ministro. Y el piloto del avión norteamericano de reconocimiento y ataque que sobrevuela Nairobi, dirige su aparato desde una base en Las Vegas.

Así, gran parte de lo que vemos no es a la niña jugando junto a la casa a punto de ser bombardeada, sino a estos militares y políticos al otro lado del mundo, discutiendo la legalidad y moralidad de lo que están a punto de hacer, mientras ven (y vemos) en pantallas de video las imágenes que les envía el avión manejado a distancia.

Enemigo invisible funciona no sólo por la simpleza del suspenso manejado, sino por la honestidad con que utiliza a sus personajes: ninguno tiene una agenda escondida y todos están convencidos de que tienen un trabajo y un deber que cumplir. En corcondancia, el reparto a su vez nos convence de ello, a través de las conocidas y veteranas caras británicas de Helen Mirren, en el papel de la coronel al mando, y Alan Rickman (recién fallecido y a quien está dedicada esta, que fue su última cinta) como el seco y preciso general; el joven Aaron Paul (“Jesse” en Breaking Bad) es el piloto y artillero a distancia y, en el papel del único operativo de espionaje en el sitio en Nairobi, el joven Barkhad Abdi, a quien recordamos como el infame líder pirata que secuestra a Tom Hanks en Capitán Phillips. Todos ellos y nosotros, cada quien literalmente en su silla, sudando la gota gorda.

sábado, 23 de abril de 2016

Avenida Cloverfield 10 ***

(10 Cloverfield Lane, EUA 2016)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Ah, qué bonito ejercicio de intriga y suspenso nos da en su ópera prima el director Dan Trachtenberg. Desde el principio solamente sabemos lo que sabe la protagonista, la citadina veinteañera Michelle: despierta encerrada en un búnker bajo tierra, habiéndose volcado en un accidente carretero, justo después de abandonar a su novio. Comparte su encierro con Emmett, un joven pueblerino, aparentemente bueno para nada que confía ciegamente en Howard, el viejo y gordo granjero dueño del búnker en que los tres deben sobrevivir un supuesto ataque masivo que, a decir de Howard, ha destruido todo en la superficie.

Es fácil para Michelle (Mary Elizabeth Winstead) y para nosotros dudar de todo lo que dice el viejo Howard (John Goodman) y pensar, más bien, que no se trata de otra cosa que de un enfermizo secuestro, donde el granjero eventualmente aprovechará su dominio de la muchacha para satisfacer quién sabe qué bajos instintos. Sin embargo, la presencia voluntaria del inocentón Emmett (John Gallagher Jr.) nos hace dudar, si no a Michelle, sí a los espectadores (Emmett asegura que ha sido testigo de los primeros bombardeos).

El director Trachtenberg rápidamente nos enrola en la cercana convivencia del trío, que eventualmente parece acostumbrarse al claustro: comen, cantan, juegan Monopoly y ven películas juntos. Sin embargo, Michelle nunca termina de aceptar la situación y eso basta para que busque la forma de escapar. El que todo el tiempo estemos del lado de la muchacha y no del lado del granjero es natural, dado lo disparatada que suena su historia y dadas algunas situaciones nuevas que poco a poco va descubriendo ella.

Y aunque todo se acomoda para que nuestros deseos sean los mismos de la protagonista, hay algunas cosas que no encajan… o que tal vez encajan demasiado bien. Sí: Howard parece estar tumbado del burro y sí: parece tener encerrada a la fuerza a Michelle. Pero han pasado y se han escuchado algunas cosas, tanto en la superficie como en el búnker, que a ratos nos hacen dudar. ¿Quién tiene la razón? ¿Howard y Emmett, o Michelle y Emmett? No hay un momento de la película en que no queramos saber la verdad. Claro, hasta que el director nos revela la verdad. Ah, pero queríamos saber…

Desierto **1/2

(Desierto, México, 2015)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Una efectiva historia de suspenso al estilo “el gato y el ratón”, donde el escenario es el desierto fronterizo entre México y los Estados Unidos; el gato es un gringo fundamentalista, de esos que se toman por su cuenta la “protección” de su frontera; y el ratón, o ratones, mejor dicho, son un grupo de migrantes de los que cruzan todos los días ilegalmente, buscando el sueño americano.

El director Jonás Cuarón escribe (junto con Mateo García) y dirige Desierto de una forma muy compacta, usando con economía su corta duración (poco más de hora y veinte), mostrando sólo los elementos necesarios para iniciar y mantener el suspenso: en los primeros minutos de película, el grupo de migrantes, encabezado por un asoleado Gael García, se ve forzado a cruzar a pie por una extensa zona desértica, desconocida para los dos ineptos polleros que los llevan al otro lado (Marco Pérez, a quien vimos en 2015 como Sergio Andrade, en Gloria, y Diego Cataño, que en 2004 fue uno de los dos niños en Temporada de Patos). Por otra parte, el gringo fundamentalista se prepara para el día: carga en un pick up su rifle de alto poder, su perro cazador y su botella de whisky.

Unos minutos después, el gringo (Jeffrey Dean Morgan) se cruza en su camino con un agente de la border patrol, que a todas luces está harto de su trabajo y de lidiar con gente como estos autoproclamados protectores de la frontera. No hay más advertencia del agente al cazador que “mantente en el camino estatal”, seguido de gestos que implican que ambos saben que eso no va a suceder.

En contraste, para los polleros y los migrantes no hay ningún tipo de encuentro ni advertencia. Solamente el desierto que se extiende hasta donde el sol alcanza a quemar. Y en ese gran territorio desolado, mostrado sin adornos por la cámara de Damián García (El Infierno, 2010), eventualmente coincidirán cazador y migrantes. Apenas ocurra el primer disparo, la película se convertirá en una continua y frenética persecución, donde los cazados tratarán de escabullirse de las balas del gringo y de su temible e incansable perro.

El joven Cuarón sabe su negocio de contar historias cortas con una premisa que nos atrapa desde el principio. Recordará usted Gravedad, escrita por él para su director (y papá) Alfonso, donde el cuento también era sencillo: una astronauta abandonada en el espacio, tratando de regresar a la Tierra. En Desierto, los migrantes atrapados en esa vastedad ya no buscan vivir el sueño americano. Más bien, solamente vivir.

viernes, 15 de abril de 2016

Las aventuras de Mowgli ***

(Mowgli, Rusia, 1967)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Al parecer, la competencia entre la Unión Soviética y los Estados Unidos no se limitó a la carrera armamentista y a la espacial: En 1967, el mismo año en que Disney presentó el exitoso y ahora legendario musical animado El Libro de la Selva, también se estrenó esta valiosa adaptación rusa de cinco cuentos sobre Mowgli, el niño criado por lobos en la selva de la India y que fueron publicados en 1894 y 1895, en las colecciones de El Libro de la Selva, del escritor británico Rudyard Kipling, nacido y criado en la India a mediados del siglo XIX y luego avecindado en los Estados Unidos, que es donde escribió estos libros.

Presentada como largometraje, en realidad se trata de cinco cortos de alrededor de 20 minutos cada uno, donde conocemos cómo llegó el cachorro humano a la selva y, rescatado por lobos, se libró de una muerte segura en las garras del malvado tigre Shere Khan. Los lobos son quienes bautizan al saltarín cachorro humano como Mowgli (“ranita” en Hindi) y convencen al resto de los animales de aceptar a este pequeño niño como uno de los suyos. Así, Mowgli se une a los lobos cachorros para aprender sobre la Ley de la Selva, bajo la tutela del paciente oso Baloo (“oso” en Hindi), cuidado por la noble pantera Bagheera (“pantera” en Hindi) y Kaa, una anciana y enorme serpiente pitón.

Cada cortometraje funciona como un cuento individual, a manera de fábulas sobre la amistad, la nobleza, la lealtad; en general, el balance de la vida en la selva ("buena caza", se desean unos a otros como saludo habitual). El tema recurrente es la insistencia de Shere Khan en tener el derecho a matar a Mowgli, dado que no pertenece a la selva y él lo vio primero, cuando era un bebé perdido. Mientras tanto, Mowgli crece en destreza y sabiduría, siempre ayudado por Baloo, Bagheera y Kaa. Otros personajes importantes son la familia de lobos con quienes crece Mowgli y los molestos Bandar-log, una tribu de monos que admiran a Mowgli y quieren convertirlo en su rey.

El estilo de dibujo y animación escogido por el director ruso Roman Davydov es muy distinto al de Disney, con imágenes más expresionistas que naturalistas, tanto en los personajes como en los fondos. La escasa fluidez de los movimientos, igualmente, contrasta con la naturalidad general de Disney, aunque me gustó cómo los personajes están animados de maneras distintas, que van de acuerdo a su personalidad, destacando los estilizados movimientos felinos de Bagheera y los del propio Mowgli al correr y nadar.

Finalmente, esta versión de El Libro de la Selva resulta más contemplativa, menos cómica y más violenta que la de Disney. Aquí, los animales no cantan pero sus reflexiones sobre la vida no dejan de ser poéticas y necesarias.

(Disponible en youtube, en Ruso con subtítulos en Inglés.)