viernes, 13 de febrero de 2015

¡Me Muero Bichi! / VIII: Ay... el amor.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

-o-
A PROPÓSITO DE SAN VALENTÍN (Y EL ESTRENO DE “50 SOMBRAS DE GREY”), VAN TRES DE MIS PELÍCULAS ROMÁNTICAS FAVORITAS de los últimos 30 años.
Secretaria
(Secretary, EUA 2002)

Antes de ver “50 Sombras de Grey” hay que conocer al Grey original. En esta historia de romance erótico, Lee Holloway es una veinteañera (Maggie Gyllenhaal) que se emplea como secretaria del abogado E. Edward Grey (James Spader) y ambos inician una relación laboral sadomasoquista que va más allá de lo que hubieran imaginado.

Lee está sobrecalificada para el puesto, si bien no tiene experiencia como secretaria, pero una situación personal la lleva a pedir el trabajo. Algunos errores menores con la máquina de escribir molestan a Grey, que descubre que su enojo ante la actitud sumisa de Lee le produce emociones eróticas. Como se dice, una cosa lleva a la otra y pronto Grey y Lee tienen encuentros sexuales sadomasoquistas.

El gran acierto de la película, escrita y dirigida por Steven Shainberg, está en su tratamiento del difícil tema central en las escenas eróticas: un poquito más allá y serían grotescas. Un poquito más acá y serían blandas y faltas de interés. Claro que sin los actores correctos, nada funcionaría y tanto Gyllenhaal como Spader encarnan perfectamente a sus personajes y nos convencen de que, pues sí, tumbados del burro y todo, son el uno para el otro.

Harry y Sally
(When Harry Met Sally…, EUA 1989)

Cuando Harry conoce a Sally por primera vez, le suelta esta idea: un hombre y una mujer no pueden ser amigos, porque la atracción física siempre se interpone. “Entonces, ¿los hombres sólo pueden tener amigas feas?” pregunta la incrédula Sally. “No, con esas también nos queremos acostar…” es la rápida y sincera respuesta de Harry.

El director Rob Reiner lleva a Billy Crystal y Meg Ryan en los papeles titulares, a partir de un guión de Nora Ephron, mostrándonos distintos encuentros entre Harry y Sally, desde que se conocen al salir de la universidad, hasta que ya son, cada uno por su cuenta, profesionistas establecidos en Nueva York. Recién separados de sus respectivas parejas, inician una relación netamente amistosa donde intercambian divertidas pero profundas ideas acerca, principalmente, de las relaciones amorosas en la sociedad norteamericana actual, a partir de sus propias experiencias (de antología, la legendaria escena del sándwich de Sally). Eventualmente, por supuesto, Harry y Sally se darán cuenta de lo que nosotros ya adivinamos: los dos buenos amigos están sentando las bases de una relación más fuerte y duradera.

Y UNA PARA TODA LA FAMILIA, PORQUE LOS NIÑOS TAMBIÉN FESTEJAN SAN VALENTÍN.
El pirata y la princesa
(The princess bride, EUA 1987)

“Como gustes”. Con esa breve frase, el joven Westley sella su devoción por la bella granjera Buttercup e inicia una fantástica aventura llena de romance, piratas, príncipes y princesas, espadachines, gigantes, monstruos y brujos. Como pidiera Cri-Crí, “a los niños, en estos tiempos, los mismos cuentos nos gusta oír…” y el director Rob Reiner cumple.

La bella Buttercup (Robin Wright) descubre el amor de su empleado Westley (Cary Elwes), que siempre responde “como gustes” a todas sus órdenes. Como Westley es pobre, se va en busca de fortuna para poder casarse con Buttercup. Cinco años pasan y las noticias de que Westley ha muerto a manos del Temible Pirata Roberts rompen el corazón de Buttercup. Entonces un trío de forajidos la secuestra, antes de su boda con el Príncipe Humperdinck (Chris Sarandon). Los forajidos son un enredista italiano (Wallace Shawn), un espadachín español (Mandy Patinkin) que busca al asesino de su padre y un gigante de verdad (el luchador André el Gigante, por cierto). Humperdinck y su ejército salen tras ellos, mientras que un misterioso hombre enmascarado también los persigue.

Siempre en tono de comedia, la película nunca pierde su aire de cuento de hadas, gracias a que la historia está narrada por un abuelo (Peter Falk, el Columbo de la tele setentera) que, en el tiempo presente, le lee el libro del título a su nieto (Fred Savage, el niño de Los Años Maravillosos ochenteros). Una vez enganchados, ni el nieto, ni nosotros, queremos que el abuelo deje de contar el cuento. “Como gusten…”

viernes, 6 de febrero de 2015

Whiplash Música y Obsesión ****

(Whiplash, EUA 2014) Clasificación México ´B´/ EUA ´R´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, la arrogancia… ese convencimiento de que somos superiores a los demás. Y, qué curioso, el arrogante también se siente superior por ser capaz de reconocerse, precisamente, como superior. Ese es uno de los temas de Whiplash, primer largometraje del joven director Damien Chazelle, que explora la relación entre dos arrogantes genios musicales.

Andrew Neyman es un estudiante de batería de jazz, en una prestigiada escuela de música de Nueva York. Su mayor aspiración es formar parte de la orquesta del profesor Terrence Fletcher, al mismo tiempo admirado y temido por sus alumnos. Para lograr su fin, Andrew practica los tambores diariamente, durante horas. Por fin, un día el profesor Fletcher lo escucha y lo invita a asistir a una de sus clases. Desde el primer minuto son notorios el miedo y el respeto que Fletcher infunde en sus estudiantes. Pero Neyman se siente confiado en que sus dones le asegurarán su lugar en la orquesta. Y así parece en la primera sesión, donde Fletcher platica amablemente con él y le pide que simplemente se divierta mientras toca. De pronto, lo aborda violentamente, frente a todo el grupo, cuestionándole en forma por demás humillante por sus errores al tocar la pieza que ensayan.

Comienza entonces el martirio de Neyman, bajo el estilo de enseñanza de Fletcher que, prácticamente con látigo en mano, lleva a sus estudiantes al límite de sus capacidades físicas y sicológicas, para conseguir la perfección en su orquesta. La historia, escrita por el propio Chazelle, es sencilla: la relación maestro-alumno donde los dos dependen (o creen que dependen) uno del otro, para demostrar su genialidad artística, en el caso del alumno, y en el caso del maestro, el genio para descubrir y formar grandes músicos.

El director Chazelle decide montar las escenas de los ensayos y actuaciones de los músicos de la forma más directa posible: vemos al actor Miles Teller, que interpreta a Andrew, tocar la batería frente a nosotros, sin cortes frecuentes a las manos, lo que delataría que hubo un doble para esas escenas. El trabajo de Teller en los tambores es tan real como las emociones que le imprime a su personaje, dedicado en cuerpo y alma a las órdenes de su profesor. Por el lado del maestro Fletcher, tenemos a J.K. Simmons (tal vez mejor recordado por su papel J.J. Jameson, editor del periódico donde trabaja Peter Parker en la primera trilogía del Hombre-Araña), creando una monstruosa combinación de bondad y genuino interés en sus alumnos, con la tiranía propia de quien se sabe único e indispensable creador de prodigios.

El título original en Inglés, “Whiplash” (“Latigazo”), se refiere a la pieza clásica de jazz que ensaya Andrew una y otra vez soportando, pues sí, los latigazos sicológicos de Fletcher. La música que escuchamos a lo largo de la cinta, que intercala “Whiplash” y el también clásico “Caravan”, sirven al director Cazelle y a su editor Tom Cross para imprimir un ritmo visual que nos transmite esa genialidad musical que sus protagonistas sienten en sí mismos. Todo el sufrimiento de Andrew nos provoca escalofríos, pero al mismo tiempo no podemos dejar de ver al monstruo de Fletcher y recibimos nuestra recompensa: el éxtasis de atestiguar el choque de dos grandes.

jueves, 29 de enero de 2015

Búsqueda Implacable ***

(Taken, Francia 2008) Clasificación ‘B-15’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
"Escúchenme bien: no sé por qué secuestraron a mi hija. No tengo dinero. Pero lo que sí tengo son habilidades muy particulares. Si dejan libre a mi hija en este momento, se acaba todo el asunto. Si no, les aseguro que los buscaré, los encontraré y los mataré." Palabras más, palabras menos, ésto dice por teléfono Liam Neeson a los secuestradores de su hija en una escena que se muestra en los anuncios de Búsqueda Implacable. Esa sola línea de diálogo es lo que me llevó a ver esta película. Y obtuve justamente lo que promete.

No sé usted, amable lector, pero yo necesitaba un escape al cansancio de saber que crímenes como el secuestro continúan en nuestro país, muchas veces sin castigo. La contundente promesa hecha por Liam Neeson a quienes tomaron a su hija me hizo querer verla hecha realidad, aunque sólo fuera en una película de acción en una pantalla de cine. Un escape, pues.

La premisa es sencilla. Le haces daño a mi familia, ¡a mi hija! Te busco, te encuentro y te mato. Y por el tono en que te lo digo, puedes estar seguro de que esa muerte será la más dolorosa posible. Entonces, todo queda en la ejecución, por usar el término apropiado, de la película. El ejecutor tiene que ser encarnado por un actor que haga creíble no sólo la amenaza, sino la forma en que la cumple. Hace treinta y tantos años, Charles Bronson se ajustó perfectamente a este papel en la popular serie fílmica de El Vengador Anónimo. Liam Neeson, ahora en 2008, me convenció al grado de que, lo confieso (recuerde usted que iba por un escape), aplaudí la ejecución de cada uno de los criminales.

Averiguando un poco sobre esta película al momento de su estreno y de la que no había oído antes de ver el anuncio, me dí cuenta de la razón: se exhibió en México semanas antes que en los Estados Unidos. Ví que, si bien el personaje que se presenta, encarnado por Neeson es un norteamericano, la película es completamente francesa, escrita y producida por Luc Besson y dirigida por Pierre Morel, cinefotógrafo de cintas de acción producidas también por Besson. La cosa prometía más.

Me explico. Sólo así, siendo una película francesa y de Luc Besson, el asunto cobra sentido y resulta atractivo. Después de todo, el cliché del estadounidense todopoderoso que se pasa por las polainas las leyes de los demás países es archiconocido, empezando por como son las cosas en la vida real. Luc Besson ha demostrado una y otra vez que si Hollywood no le abrió los brazos, su respuesta es hacer películas comparables pero con el sello francés (entre otras cosas, la visión/aversión francesa a los Estados Unidos). Así, la corrección política de los primos del norte desaparece en Búsqueda Implacable y un ex-espía gringo puede admitir que por sistema su país usa la tortura.

Pero la crítica de Besson no se limita a "poner a los gringos en su lugar". Como tan terriblemente hemos aprendido en los últimos años en México, secuestros y tráfico de personas, drogas y armas, no ocurren sin la complicidad de algunos que cobran como autoridades. El ex-espía norteamericano en Búsqueda Implacable lo sabe y también va contra estos criminales de escritorio del propio gobierno francés, soltando líneas antifranchutes que suenan bastante sinceras. Claro que el asunto está por demás simplificado (es una película de entretenimiento, pues) pero ya es de agradecer, a los cineastas franceses, que las pedradas también sean para sus compatriotas.

Las corretizas, balaceras, golpizas y patadas voladoras son realizadas con la seguridad de hacer fluir la adrenalina del espectador. Las bajas de guerra, una tras otra, sólo me hicieron sentir mal cuando era alguien de "los buenos". Y para presentar toda esa "acción", un poco menos de temblorina en la cámara y menos edición a machetazos me hubiera satisfecho más.

Liam Neeson me hizo aplaudir su venganza. Su hija es interpretada por la agradable veinteañera Maggie Grace, de quien uno no duda que tenga sólo diecisiete años, con toda su ingenuidad y tontería adolescentes. Y puesto ya en modo de entretenimiento escapista, la ex-esposa y madre de su hija, una fría Famke Janssen, realmente me hizo murmurar "maldita arpía" en cada escena en que aparece.

Mire, soy un hombre que cree firmemente en que las leyes son el medio correcto para asegurar la convivencia y supervivencia humana. Y he visto a lo largo de mi vida que una ley es sólo tan buena como la capacidad y voluntad de las autoridades para hacerla cumplir. Sin estas dos condiciones estamos en una tierra sin ley. ¿No podría Monsieur Besson hacer una secuela en que la hija de Neeson se eche unas vacacioncitas por México?

jueves, 22 de enero de 2015

Gente de bien * / Tumba al ras de la tierra ****

(Good People, EUA 2014) Clasificación México ´B-15´/EUA ´R´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
¿Qué haría usted si se encuentra dinero ajeno? ¿Y si el dueño ya está muerto? Esta debería ser la premisa de Gente de Bien, del director danés Henrik Ruben Genz, protagonizada por James Franco y Kate Hudson. Y digo debería, porque la película da bandazos al agregarle a sus personajes motivos inútiles: que si quieren remodelar una casota, que si están en bancarrota, que si quieren tener un hijo, que si quieren cenar sushi… No, no, no: si uno se encuentra lana ajena y tiene principios, la regresa. Si no tiene principios (o los traiciona), entonces debe afrontar las consecuencias y de eso se debería tratar la película, no de si van a salir de deudas o si van a quedar embarazados.

Lamentablemente el guión de Kelly Masterson (que en 2007 escribió la excelente “Antes que el diablo sepa que has muerto”, dirigida por el maestro Sidney Lumet) llena de detalles motivacionales no sólo a la pareja protagónica, sino también a los malos y hasta al policía que investiga el caso. El narco dueño de la lana, interpretado por Omar Sy (ese actor francés que vimos hace dos años como el cuidador de un cuadraplégico millonario en la comedia francesa “Amigos”), aquí no quiere tanto su dinero de regreso, sino asegurarse que quien lo tomó le puede ser leal. Y el veterano policía, actuado en piloto automático por Tom Wilkinson, no quiere resolver el caso, sino vengar a su hija muerta por culpa de los mismos narcos que perdieron el dinero.

Se pierde tanto la película, que eventualmente deja completamente de lado el asunto de la lana y los motivos de todos, para convertirse en un refrito de “Mi Pobre Angelito”, aquella en que el pequeño Macauley Caulkin llenaba su casa de trampas para darle su merecido a los malos. Estará usted de acuerdo: James Franco no es Macauley Caulkin y, pues ya está grandecito como para que le andemos festejando sus imprudencias.

>>>UNA MEJOR VERSIÓN PARA VER EN CASA<<<

Tumba al ras de la tierra ****
(Shallow grave, Reino Unido 1994)
Hace veinte años, el director inglés Danny Boyle hizo su primera película con la misma premisa: ¿qué harías si te encuentras lana ajena? Ya quedamos en que si tienes principios, la regresas y no hay película. Si no los tienes, te la apropias y afrontas las consecuencias. Danny Boyle, junto con su guionista de cabecera, John Hodge, crearon una excelente película al respecto. En “Tumba al ras de la tierra”, tres veinteañeros compañeros de departamento en Edinburgo, descubren que su nuevo inquilino ha muerto y dejado en su cuarto una maleta retacada de libras esterlinas. Los tres amigos demuestran no tener escrúpulos ni empatía, así que deciden esconder el cadáver, apropiarse del dinero e iniciar un triángulo de sospechas y traiciones que va escalando de lo lindo. Y todo por el cochino dinero.

Esta primera cinta de Boyle también fue el primer gran escaparate de Ewan McGregor (posteriormente el joven Obi Wan Kenobi en la segunda trilogía de La Guerra de las Galaxias y muchos otros excelentes papeles), Christopher Eccleston (el primer Dr. Who pelón en el relanzamiento de 2005, de esa longeva serie de la BBC) y Kerry Fox, menos conocida, por estos lares, que sus dos compañeros hombres pero también ya con una sólida carrera en las pantallas británicas.

El director Boyle va al grano: la codicia saca lo peor de sus personajes, que empiezan con un crimen aparentemente inocente y sin consecuencias y terminan aceptando los peores pecados. ¿Hay consecuencias? Claro que las hay, siempre. Y “Tumba al ras de la tierra” no nos suelta hasta que nos ha mostrado todo lo que hay que mostrar. Hasta el último cuadro, literalmente.

domingo, 18 de enero de 2015

Lo Mejor de 2014: Cinéphiles Cine-Files Volumen 8

A fines de 2014, recibí la amabilísima invitación de Dan Campos para ser parte del compendio "Cinéphiles Cine-Files", que se ha publicado anualmente desde hace siete y que cada año reúne las listas de lo mejor en cine exhibido en México durante ese año, según la opinión de críticos y cinéfilos mexicanos, camaradas todos de Dan.

Dan se da a la tarea cada año de girar estas invitaciones, recopilar las listas escritas por cada participante y editar el entretenido dossier que ustedes pueden descargar aquí.

Como cada uno de los que enviamos nuestras listas propusimos diez películas (9 en mi caso, porque aún no me decidía por la décima y no había visto Workers... recordará usted que mi lista de diez quedó acá), al final se pudo hacer una lista de las diez preferidas por todo el grupo:

22 votos: Birdman (or the Unexpected Virtue of Ignorance)
17 votos: The Grand Budapest Hotel
15 votos: Gone Girl
12 votos: Boyhood
09 votos: The Wolf of Wall Street
08 votos: Relatos Salvajes
07 votos: Whiplash
07 votos: Only Lovers Left Alive
07 votos: Nightcrawler
06 votos: Interstellar

Dan es crítico de cine, postproductor de profesión y regentea desde 2004 el blog de cine "Churros y Palomitas", donde se pueden leer sus opiniones y ver videos donde habla de cine con sus amigos y colegas.

jueves, 8 de enero de 2015

Backyard/El Traspatio ****

(Backyard/El Traspatio, México 2009)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Carlos Carrera es tal vez el mejor director mexicano, en activo, dedicado a los temas nacionales. Pero dejemos de lado la etiqueta de 'cine mexicano': El Traspatio es una excelente película policiaca de suspenso, que usa como fondo el caso (o casos) de las muertas de Juárez, justo cuando empezaba a sonar en los medios nacionales e internacionales, hace casi 20 años.

El guión de Sabina Berman toca todas las aristas de este terrible asunto: la sociedad fronteriza que crece con la migración nacional (trabajadores de maquiladoras) e internacional (empresarios extranjeros, principalmente); la corrupción de autoridades; asesinos seriales e imitadores de estos asesinos; violencia intrafamiliar y, lo peor, la indiferencia de todos, en todo el país: uno de los datos que incluyen Carrera y Berman es el número de mujeres asesinadas en otras ciudades mexicanas; en varios casos, ese número es muy superior a lo que ha ocurrido en Juárez pero pareciera que para los mexicanos es más cómodo creer que este es problema de una sola ciudad.

La película nunca es moralista ni morbosa, siempre fiel a su premisa de suspenso policiaco, la primera de este género para Carrera, por cierto. Ana de la Reguera encabeza un excelente reparto de conocidos (Joaquín Cosío, Jimmy Smits, Marco Pérez) y desconocidos, donde ninguno da una sola nota falsa; otra de las firmas de Carlos Carrera, a diferencia de otras producciones mexicanas, que pecan de actuaciones generalmente disparejas.

Gloria ***

(Gloria, México 2014)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
“Gloria”, la película, resume en sus primeros minutos lo que veremos durante dos horas: en 1984, Gloria Treviño, de dieciséis años, conoció en el D.F. al productor musical Sergio Andrade, para iniciar su exitosa carrera y quince años después fue arrestada junto a Andrade en Brasil, por cargos relacionados con la corrupción de menores. Contar algo tan conocido no es empresa fácil y la escritora Sabina Berman se echó el trompo a la uña de crear un guión que fija sus límites temporales (1984 a 1999) en esos primeros minutos y va moviendo, hasta juntarlas, ambas historias: la de la Trevi adolescente que va cosechando éxito tras éxito de la mano de Andrade, y la de la Trevi adulta, siempre junto a Andrade y metida hasta el cuello en los delitos que la llevaron a prisión.

El guión de Berman es llevado a la pantalla por el debutante suizo Christian Keller, con mano segura a la hora de intercalar los tiempos y, de forma sorpresiva, convertir partes de la historia, al menos en tres momentos, en cine musical, sin que la película realmente pertenezca al género (es decir, los personajes no se cantan sus líneas unos a otros). En retrospectiva, es curioso cómo algunas de las canciones más famosas de Gloria Trevi sirven para contar su historia: la inexperta adolescente audicionando para Sergio Andrade y, aunque seductora, le reclama “ya no me mire más las piernas”; luego, atestiguando cómo Andrade crea a la ficticia Gloria Trevi para asegurar el éxito mediático, ella declara que “con los ojos cerrados yo le creo”. Gloria crece y su apego a Andrade se mantiene, aunque la deje “como papa sin cátsup”.

El planteamiento de la fidelidad de Gloria a Andrade se hace creíble, en gran medida, debido a la actuación de Marco Pérez (el hermano de Gael en Amores Perros) como Sergio Andrade y, sobre todo, la de Sofía Espinosa como Gloria Trevi. No es sólo que Sofía Espinosa se parece, habla, se mueve y canta como la Trevi: vemos en pantalla en todo momento a una jovencita ilusionada en que su talento la llevará al estrellato y que, por esa misma ilusión, no pone en duda las formas ni los métodos de Andrade. Espinosa logra también, con su buen oficio de actriz (hace unos años la ví como una niña traviesa despuntando a la adolescencia en “El Brassier de Emma”), que creamos que esa jovencita sumisa es la misma que, sobre los escenarios, domina al público y parece dueña de una libertad y un libertinaje desenfrenados.

Hablando de actuaciones, la mayor debilidad de “Gloria” está en dos personajes secundarios: una fugaz aparición de Raúl Velasco, representado ridículamente por un actor sin gracia, igual que la actriz que hace a una telenovelesca Paty Chapoy. En estos dos lamentables puntos es donde se rompe la ilusión de verosimilitud creada por el director Keller durante toda de la película. En cuanto al resto del reparto, cumplen bien su función, destacando Tatiana del Real como “Mary Boquitas”, compañera de escenarios de Gloria Trevi.

Ignoro si lo narrado en “Gloria” es cierto o no. La película es congruente de principio a fin; no maltrata a su protagonista y tampoco, para jugar con el nombre, la glorifica. Pero sí complementa muy bien, ahora en cine, esa “verdad” mediática que todos conocimos, para bien o para mal, los últimos veinticinco años.