jueves, 16 de octubre de 2014

Perdida ***1/2

(Gone Girl, EUA 2014) Clasificación México 'B-15' / EUA 'R'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
"Una moneda por tus pensamientos, querida / Estoy en deuda por tu amor / Estoy en deuda por tu amor..."
- Fish (cantante de Marillion)

¿Qué tiene nuestra pareja en la cabeza? ¿Qué tanto de lo que somos se debe a nuestra idea de lo que nuestra pareja piensa de nosotros? Visto así, el matrimonio puede ser un campo de batalla constante, donde los esposos van cambiando su estrategia y sus acciones, dependiendo de lo que creen que el otro está pensando.

El director David Fincher nos cuenta la historia de un matrimonio perfecto: Nick y Amy, encarnados respectivamente por los actores Ben Affleck y Rosamund Pike. Pike y Affleck hacen un excelente trabajo de representar el deseo de complacer lo que cada uno piensa que el otro tiene en la cabeza, al punto de que su romance nos parece y suena casi irreal. Y un buen día, Amy desaparece. ¿Es Nick culpable?

La estrategia narrativa de Fincher, a partir del guión escrito por Gillian Flynn, autora también de la exitosa novela Gone Girl en la que está basada (y que no he leído aún), es manejar la historia como una intriga. Como espectadores, no sabemos más que los personajes, a quienes vamos conociendo y entendiendo (o eso creemos) a medida que seguimos a Nick, desde el momento en que desaparece su esposa, al inicio de la cinta. De hecho, algo similar pasa con la misma película: por un buen trecho de la primera mitad, pareciera que estamos ante una historia más de intriga y eventual suspenso, en la que finalmente el culpable (quien quiera que sea) se echará solito de cabeza ante la eficiencia de los detectives asignados al caso.

Justamente el éxito de “Perdida” está en jugar con nuestra idea de quiénes son esta pareja perfecta, moviéndonos el tapete varias veces a lo largo de la trama. Es un hecho que uno no puede evitar identificarse con ciertos personajes en una película y ésta no es la excepción. Pero esas sacudidas de tapete sirven para que nuestra empatía cambie tan repentinamente como cambiarle de canal a la tele, para ver ya sea un noticiero respetable o un programa de escándalos tipo “reality”, omnipresentes en este siglo y que, por lo mismo, forman parte de la narración de “Perdida”.

Y, justamente como estar cambiando de canal por mero entretenimiento, así pasa con “Perdida”. Fincher hace su absorbente historia tan entretenida, hombre, tan divertida, que cada vez, incluso ya cuando aparentemente el juego ha sido destapado, queremos saber más de Nick y de Amy. Entre lo pasado y lo presente, ¿qué tienen en la cabeza? ¿Qué se deben el uno al otro?

jueves, 9 de octubre de 2014

El Bolero de Raquel **

No me quise quedar con las ganas de revisar la primera película mexicana en color de Cantinflas, estrenada justo un año después del exitazo “La Vuelta al Mundo en 80 Días”. Ambas están disponibles en tiendas de video y en internet.

El Bolero de Raquel **
(México, 1957)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Los mexicanos que crecimos viendo cine de Cantinflas (en mi caso, en la tele y algunas en el cine, durante los 1970s y ´80s) estamos de acuerdo en una cosa: sus películas en blanco y negro son mucho más chistosas que sus cintas a colores. ¿Es con “El Bolero de Raquel” donde empezó el declive?

En un excelente inicio, Cantinflas en plena forma del enredista por excelencia, bolea los zapatos y se cuentea de lo lindo a un turista gringo en el Castillo de Chapultepec. Luego, en el velorio de su compadre (que, razona Cantinflas para su pequeño ahijado, se habrá ido al Cielo, pero de rebote al caer de un edificio en construcción), hace honor a su fama de pelado gandalla, gozando la arrimada mientras consuela a la comadre recién enviudada (guapota Flor Silvestre) y de paso, ya entrado en gastos, con las mujeres de buen ver en la tumba vecina. Ese es el Cantinflas que nos hace reír a carcajadas, igual que en sus exitosas películas blanquinegras de las dos décadas anteriores, como “Ahí está el detalle”, “A volar, joven” o “El gendarme desconocido”, por mencionar tres emblemáticas.

La comedia, una vez que Cantinflas se hace cargo de su ahijado Chavita, va de bajada, con anécdotas rutinarias y poco graciosas, que reciclan ideas de “El Chico”, aquel primer largometraje de Chaplin, donde el vagabundo también cría un chamaco ajeno. “El Bolero de Raquel” regresa a un punto alto, con diálogos enredistas y comedia física, en el episodio del baile que ejecuta Cantinflas sobre el Bolero de Ravel, para volverse a caer y nuevamente volver por sus fueros a una escena de comedia visual, cuando Chavita sube a la Quebrada de Acapulco, sin que el padrino se dé cuenta, rematando con el famoso grito de "¡Padrinooooo!" que convierte a Cantinflas en un intrépido clavadista accidental.

En otras palabras, después de ese fabuloso inicio donde Cantinflas da rienda suelta a lo que mejor hacía, hablar sin parar, sacando ventaja de la confusión en que deja a su interlocutor, la comedia se mueve hacia un terreno menos arriesgado, con rutinas de pastelazo o excesivamente melosas. Y el saqueo/homenaje a Chaplin continúa en el final, lacrimógeno a fuerzas pero efectivo para cerrar el asunto, con todo y epílogo de beso obligado con la profesora Raquelito (guapa maniquí Manola Saavedra).

Cantinflas y su director, Miguel M. Delgado, con “El Bolero de Raquel” se encontraban más allá de la mitad de un largo camino (hicieron juntos una treintena de películas) y algo en el trabajo de ambos ya estaba dando de sí, definitivamente. “El Bolero de Raquel” se siente fracturada en dos partes desiguales: la del peladito de antaño, que se ganó a todo tipo de público con sus cantinfleadas, y la del Cantinflas que eventualmente trataría de ser el redentor de los pobres, ganando en estatus de exponente popular de las bondades del sistema político mexicano, pero perdiendo toda su gracia en el afán.

Para rematar, la fotografía en color de Gabriel Figueroa resultó completamente innecesaria, sin diseño de arte que diera lucimiento ni propósito aparente al uso del color, acentuando, como decía al principio, la idea de que una vez que conocimos Cantinflas en brillantes colores, las risas se opacaron.

jueves, 2 de octubre de 2014

¡Me Muero Bichi! / VII: ¡Chúpale Pichón!

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
Nosferatu (Alemania, 1922) - Dirigida por el maestro del expresionismo fílmico alemán, F. W. Murnau, Nosferatu es muy probablemente la primera película adaptada de la novela de Bram Stoker, pero... sin el permiso de sus herederos, por lo que el Conde Drácula se convirtió en el Conde Orlok y la acción ocurre en Alemania, no en Inglaterra. La familia Stoker ganó la demanda legal y todas las copias en Europa fueron destruidas. Eventualmente aparecieron algunas copias "piratas" y el afortunado resultado es que hoy en día podemos disfrutar esta joya del cine silente.

Aunque la historia horroriza por sí misma, nadie va a brincar del susto con esta película. Más bien, las ideas presentadas, al seguir de cerca la novela de Stoker, son muy inquietantes (la misma palabra "nosferatu" es introducida en la novela Drácula como sinónimo de "vampiro"); una diferencia importante es que el repugnante Conde Orlok (el excéntrico y feo actor Max Schrek) no convierte a sus víctimas en vampiros, solamente chupa su sangre y los lleva a la muerte. Sobre todo, muchas de las imágenes se quedan en la cabeza del espectador, para alimentar más de una pesadilla. En YouTube y otros sitios.

Drácula (EUA, 1931) - La primera película de los Estudios Universal sobre el monstruo, encarnado por el legendario actor Bela Lugosi, que sentaría las bases para la imagen de Drácula durante el resto del siglo XX. Al igual que Nosferatu, la historia está adaptada de la novela de Bram Stoker e incluso varias de las secuencias parecen inspiradas, por no decir copiadas, de esa cinta alemana.

El toque ganador es el personaje creado por Lugosi, elegante, encantador y repugnante a la vez (hay que verlo alegrarse con los aullidos de “los niños de la noche”, por ejemplo). Con efectos especiales austeros pero efectivos, la atmósfera de miedo a lo sobrenatural sigue funcionando, especialmente en la versión musicalizada en 1999 por el maestro Phillip Glass y su cuarteto Kronos. En YouTube se encuentra una buena copia de esta edición y la recomiendo muy por encima de la original de 1931, carente de música.

Drácula (EUA, 1992) - Cuando Francis Ford Coppola era buen cineasta, dirigió esta adaptación de la novela, que aunque en Inglés se titula “Drácula de Bram Stoker”, en realidad se aleja del libro al incorporar el elemento del origen de Drácula y de paso cambia radicalmente al personaje central, que ahora es un mártir del amor, renegando de Dios al morir su amada. Así, el miedo y la repugnancia que podamos sentir por Drácula son atenuados por nuestra lástima, en una especie de “yo… soy rebelde porquelmundomehahechoasí…” de las películas de terror.

El diseño de producción, con todas sus maquetas, es una delicia; la música, una maravilla, así como la interpretación de Gary Oldman como el Conde, que aquí, al igual que en la novela, cambia gradualmente de un anciano a un seductor joven que, en todo caso, es una pantalla para su depravación. Anthony Hopkins se luce como Van Helsing, pero Winona Ryder como una aguada Mina y especialmente Keanu Reeves como su enamorado salvador se vuelven un lastre que hay que sobrellevar.
Se encuentra en YouTube y otros sitios.

La Sombra del Vampiro (RU/EUA/Luxemburgo, 2000) - Para reírse de lo lindo con la historia (inventada, por supuesto) detrás de la filmación de Nosferatu, la adaptación alemana de Drácula, de 1922. Aquí, la propuesta es que el director F. W. Murnau (John Malkovich, desatado como de costumbre) contrata a un verdadero vampiro para interpretar al chupasangre Conde Orlok. Así, el físicamente grotesco actor Max Schrek (Willem Dafoe aún más feo de lo que es) en realidad no es un excéntrico artesano que siempre está en su papel, aunque no estén filmando, sino un vampiro que sólo trabaja de noche y poco a poco se va merendando, literalmente, a los miembros del equipo de producción.

Conforme van desapareciendo los trabajadores, el choque entre Murnau y su estrella Schrek va creciendo a niveles igualmente alarmantes e hilarantes: “¡Eres un monstruo! ¿Por qué te quieres comer al escritor? ¡Mejor cómete a la ayudante del escritor!”.
Disponible en YouTube y otros sitios.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Los Boxtrolls ***

Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
(The Boxtrolls, EUA 2014) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
He aquí la tercera gran aventura fílmica de la casa de cine animado Laika, que sigue llamando la atención con películas animadas usando muñequitos y escenarios reales, fotografiados cuadro por cuadro para lograr el efecto de movimiento. Antes de Los Boxtrolls, Laika nos ha ofrecido las excelentes Coraline (2009) y ParaNorman (2012). Además de la animación de objetos reales, las tres películas se distinguen por presentar protagonistas humanos que descubren su fortaleza interna, al enfrentarse a personajes sobrenaturales, en historias atípicas de crecimiento personal.

Dirigida a cuatro manos por Anthony Stacchi y Graham Annable, en Los Boxtrolls conocemos a Huevo, un niño que, de bebé, fue secuestrado por los terribles monstruos que aterrorizan a una villa de otro modo apacible, dedicada al culto del queso. Aparece el Sr. Hurtado, un siniestro personaje que ofrece sus servicios para exterminar a los temidos Boxtrolls y rescatar al bebé. El pueblo accede, el Sr. Hurtado decreta un toque de queda y él y sus secuaces, junto con los monstruos, son los amos y señores de las calles nocturnas. Los años pasan y Hurtado mantiene su negocio de exterminio, ya que los Boxtrolls son particularmente difíciles de atrapar.


Siguiendo lo que ya parece una tradición en las producciones de Laika, en Los Boxtrolls las cosas no son lo que parecen y los personajes tampoco. Ni los Boxtrolls son malos, ni el Sr. Hurtado es el benefactor que dice ser y, en un giro inesperado de hechos, la mitad del tiempo ni siquiera es el Sr. Hurtado, engañando en más de un nivel a los habitantes del pueblo. Igualmente, los dirigentes de la villa presentan una fachada de integridad y moralidad que descansa en dudosas motivaciones y a todo esto es a lo que se deben enfrentar Huevo y su nueva amiga humana, Winnie, hija nada menos que de la máxima autoridad del pueblo.


Los mejores puntos de la película, además del imaginativo diseño visual de escenarios y personajes, están precisamente en que la historia no se echa para atrás en sus planteamientos. Algunas de las ideas son arriesgadas, siendo una película para niños, aunque creo que en Coraline y en ParaNorman se arriesgó más todavía. Aún así, el humor es inteligente y complejo, si bien las cosas se resuelven de una forma relativamente sencilla y satisfactoria para niños y adultos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Cantinflas *1/2

(Cantinflas, México 2014) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Al grano: Cantinflas es una película mala con una actuación fantástica en el papel principal. Óscar Jaenada encarna a Cantinflas con tal perfección, que es imposible no rendirse ante la emoción de ver al Mimo de México nuevamente en la pantalla grande. Pero hasta ahí llega el gusto.

El director Sebastián Del Amo (divertida y meritoria ópera prima El Fantástico Mundo de Juan Orol, 2012) intenta, fallidamente, proponer que la producción hollywoodense “La Vuelta al Mundo en 80 Días” consolidó la carrera y al mismo tiempo salvó la vida personal de Mario Moreno.

Usando una narración paralela de dos historias y hasta cierto punto en tiempos fragmentados, tenemos primero las peripecias del exitoso productor de Broadway, Mike Todd (Michael Imperioli, el sobrino televisivo de Tony Soprano), en 1955, a unos días de anunciar en Hollywood su primera cinta, la épica historia del lord inglés que le da la vuelta al mundo, acompañado de su fiel mayordomo francés, Passepartout. El proyecto de Todd descansa en conseguir a 50 estrellas de Hollywood e internacionales para los papeles menores, algo nunca antes intentado (de hecho, prácticamente fue Todd quien inventó el concepto de la “aparición especial”, también conocida como “cameo”).

Por otro lado, se condensan veinticinco años de la vida de Mario Moreno, con un muy buen inicio, desde su llegada a los espectáculos de carpas, literalmente de la mano del actor Estanislao Schillinsky (el mismo de “Manolín y…”, encarnado por un excelente Luis Gerardo Méndez), para luego darnos una embarradita de su paso al teatro de comedia, ya casado con la bailarina Valentina Ivanova (Ilse Salas); su salto al cine y su meteórico ascenso al estrellato, a partir de “Ahí Está El Detalle”, dirigida por Juan Bustillo Oro en 1940.

Las aventuras de Mike Todd nunca pasan de la anécdota inicial, en que se discute la improbabilidad de que las estrellas de cine acepten su propuesta. Y la historia de Cantinflas tampoco pasa de platicar con su familia el sueño de seguir creciendo en fama y popularidad. Si acaso, se muestran muy brevemente hechos importantes en la historia del cine mexicano (el choque entre sindicatos, tanto de actores como cinematográficos) y en la vida personal de Mario Moreno (su imposibilidad de tener hijos junto a su esposa o sus infidelidades), pero sin mayor consecuencia, nuevamente, que la anecdótica (Cantinflas y Jorge Negrete, junto con el Indio Fernández son mostrados, brevemente, armados con rifles a las puertas de los Estudios Churubusco; Mario discutiendo con Valentina como si fueran adolescentes enojados).

Cuando las tramas se unen, es de manera injustificada. No hay forma decente de convencernos de que trabajar en La Vuelta Al Mundo En 80 Días es lo que salvó el matrimonio de Mario y Valentina. Tampoco se entiende cómo es que un supuesto consejo de Charlie Chaplin convenció a Cantinflas de que este era el paso correcto para regresar a ser el personaje querido por el pueblo (supuesto alejamiento también planteado de manera anecdótica en la película).

Es una lástima, sobre todo, que el trabajo del actor Óscar Jaenada haya sido deperdiciado en este desastre. Debo reconocer que el director Del Amo me ganó en los primeros minutos, cuando el futuro Cantinflas se presenta por primera vez y dice su nombre con una gracia en la que adivinamos las semillas del popular personaje. La complicidad palpable del público en esos primeros minutos, en el cine en que la ví, no es recompensada con una historia que nos emocione más allá de estar viendo al Cantinflas de Jaenada hablar y moverse en la pantalla grande.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Guten Tag, Ramón ***

(Guten Tag/Buen Día, Ramón. México/Alemania 2014) Clasificación ‘B’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Cualquiera que alguna vez se haya encontrado solo en una ciudad desconocida, podrá de alguna manera identificarse con Ramón, el héroe de “Guten Tag, Ramón”, un pueblerino duranguense de unos veinte años que, después de ser regresado cinco veces por “la migra” en su intento de brincarse al otro lado, decide brincar el charco y probar fortuna en Alemania, porque allá “no hay migra”.

El director Jorge Ramírez Suárez (Conejo en la Luna, 2004) plantea cómo los humanos siempre encontraremos puntos de coincidencia, independientemente de dónde vengamos y qué idioma hablemos. Ramón es un chamaco cansado de tratar de brincar a los Estados Unidos, ya que se niega a aceptar la única opción a la vista, es decir, trabajar para el narco local en su pueblo de Durango. Aconsejado por un amigo, encuentra la manera de llegar a una ciudad mediana en Alemania, pensando que el trabajo lloverá del cielo. Sin embargo, Ramón no parece tener ninguna habilidad discernible que le asegure un trabajo, así que termina viviendo en la calle, de la caridad de los transeúntes alemanes. Eventualmente, una madura señora jubilada le da posada en el sótano de su edificio y le paga por mandados menores: sacar la basura, cargar las compras. Ramón siente que el cielo teutón se le abre, pero hay un pequeño inconveniente: él no habla Alemán y nadie habla Español.

Lo que sigue son una serie de breves episodios en que vemos cómo Ramón, al principio, lidia con el hecho de no ser más que un pordiosero extranjero, para después pasar a las viñetas en que el muchacho se va ganando la confianza y el cariño de los viejos habitantes del edificio, todos hombres y mujeres jubilados que viven solos en sus departamentos. Por ese lado, digamos que “Guten Tag, Ramón” es una especie de Footloose a la mexicana y con diferencias de edades, ya que Ramón termina recordándole a los ancianos alemanes lo divertido que es juntarse todos a bailar, así sea con pasito duranguense.

Donde el director Ramírez Suárez centra las coincidencias humanas, es en la relación entre el muchacho y Ruth, la señora que originalmente se compadece de él. Resulta conmovedor cómo, sin entender lo que se dicen el uno al otro, Ruth hace suposiciones acerca de lo que Ramón necesita y al mismo tiempo, ella va llenando sus propias necesidades de acercarse a alguien en un plano más allá de ser simples vecinos. Ruth y Ramón son evidentemente muy distintos. Ello no es obstáculo para que cada uno a su modo abran su corazón, más que para el otro, para sí mismos.


Guten Tag, Ramón es, sobre todo, un triunfo de selección y dirección de actores. Note usted, por ejemplo, el simpático trabajo de narración fuera de cuadro que hace El Güero, interpretado por Héctor Kotsifakis, dándole instrucciones a Ramón para llegar hasta Alemania. O bien, Adriana Barraza como la abusiva pero bien intencionada abuela duranguense, o cualquiera de los alemanes jubilados en sus pequeñas y significativas escenas.


Pero, bueno, a lo que iba: Ramón es interpretado por el joven Kristyan Ferrer, como un chamaco con una ingenuidad y alegría contagiosas, a quien no podemos sino aplaudirle cada paso afortunado que da y disculparle los pocos desaciertos que la historia le permite. En otras palabras, Ramón es un buenazo casi irreal pero se lo creemos gracias al trabajo de Ferrer. Su pareja en la trama, la madura Ruth, interpretada por la actriz alemana Ingeborg Schöner, es igualmente genuina para los fines de la película, si bien ambos llegan a un punto en que la historia parece estancarse y los episodios se empiezan a repetir. Tal vez los hechos que llevan al final de la película pudieron ocurrir varios minutos antes pero, en todo caso, son tan entrañables los personajes, que no tiene caso protestar por algo que se ha disfrutado tanto.