jueves, 2 de julio de 2015

Hombres de acero ***

(Pumping iron, EUA 1977)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Con el estreno de “Terminator: Génesis” y el regreso de Arnold Schwarzenegger a la franquicia de las máquinas genocidas, vale la pena revisar sus inicios en el cine, hace cuarenta años, con un documental sobre fisioculturismo, disponible en disco y en internet.

Cuando fui al cine a ver Terminator, hace treinta años, lo primero que me llamó la atención fue una palabra en la parte superior del póster, en letras mayúsculas: SCHWARZENEGGER. Esta extraña palabra, desconocida para mí, aparecía más grande que el título de la película anunciada. Como tampoco sabía nada acerca de la cinta que iba a ver (recordarán los fieles lectores de esta columna que odio ver trailers, o cortos, como les decíamos en ese tiempo), no estaba seguro de si la película se llamaba SCHWARZENEGGER o TERMINATOR, o las dos palabras juntas. En pocas palabras, no tenía la menor idea de quién era Arnold Schwarzenegger.

Y aquí la omisión era completamente mía: Los cinéfilos de México y el mundo ya conocían al musculoso actor austriaco avecindado en Hollywood, a raíz de su papel estelar en el díptico Conan El Bárbaro (1982) y Conan el Destructor (1984), que por alguna ya olvidada necedad adolescente mía, no ví en su momento. Pero resulta que Arnold no sólo era conocido por sus películas de fantasía; también era famoso por su exitosa carrera en el físico culturismo, que en la década de los 1970s lo llevó a ganar seis años consecutivos y una vez más en 1980, el título Mr. Olympia, a la sazón, el máximo galardón del deporte de esculpir los músculos a base de ejercicios extremos. Claro que a su servidor, un flacucho adolescente apenas interesado, como espectador, en el beisbol y el futbol americano, esta fama de Arnold tampoco me sonaba.

Afortunadamente los documentalistas Robert Fiore y George Butler tuvieron la buena idea de filmar el proceso que llevó a Arnold a ganar su sexto Mr. Olympia en 1975 y el resultado, estrenado en 1977, es el documental “Hombres de acero”. La película sigue durante varias semanas a Arnold, mientras entrena y confiadamente bromea, junto con algunos de sus colegas en el mítico y soleado Gold’s Gym de Los Ángeles, para el campeonato Mr. Olympia a celebrarse en Sudáfrica. Por otro lado, el documental nos muestra, en un oscuro y reducido gimnasio de Brooklyn, el duro entrenamiento de un alto muchacho neoyorkino de 24 años, que sueña con arrebatarle el título a Arnold. Este joven de Brooklyn, de nombre Louis y de apellido Ferrigno, sería mejor conocido algunos años después como el gigantesco hombre verde en que se convertía Bill Bixby, en el célebre programa de televisión, basado en la historieta de Hulk el Increíble.

“Hombres de acero” tiene una premisa muy sencilla: a los 28 años, Arnold es la superestrella del físico culturismo, a quien los demás competidores admiran y desean abiertamente desbancar. Lou Ferrigno, por su parte, a los 24 años es entrenado por su padre, que no cesa de decirle que tiene todo lo que se necesita para ganarle a Arnold. Tanto se remacha el punto, que incluso en las extenuantes sesiones de levantamiento de pesas, Ferrigno no cuenta las repeticiones sino que grita una y otra vez: “¡Arnold! ¡Arnold! ¡Arnold!”

En graciosa contraposición, los cineastas entrevistan a Arnold, que cándidamente describe sus técnicas sicológicas no solamente para enfocarse en su propio entrenamiento, sino para destantear a los contrincantes. Y por lo que se ve en “Hombres de acero”, no es muy difícil hacer desatinar a estos atletas: el documental los presenta como jóvenes que crecieron en ambientes más o menos hostiles, objeto de burlas y con algún tipo de limitación física. Arnold era el enclenque hijo de un estricto policía austriaco; Ferrigno creció parcialmente sordo y sobreprotegido por sus padres; por ahí aparece un fornido italiano chaparrito a quien, de chamaco, su italiana mamá no bajaba de flojonazo (hasta que empezó a llevar al pueblo el dinero que ganaba en las competencias); otro más dedicó sus años de secundaria a desarrollarse como futbolista para evadir a los abusones de la escuela y así por el estilo.

Al final, ya en el concurso de Mr. Olympia, queda claro que la estrella es Arnold Schwarzenegger. Incluso, el maestro de ceremonias no puede evitar anteponer “el único e inigualable” a cada mención que hace de Schwarzenegger. El propio Arnold está convencido de su estatus de leyenda imbatible y casi casi por inercia usa su guerra sicológica sobre el nervioso Lou Ferrigno, aún minutos antes de la competencia. Eso sí, una vez repartidos los premios, las cosas cambian totalmente: Arnold, cigarro y copa de vino en mano, dirige a todos los atletas para cantar el “Happy Birthday” a Ferrigno, le hace ver que todo es parte del ambiente de competencia pero no lo deja ir sin un trancacito sicológico más, cuando se da el gusto de soltarle el típico: “me saludas a tu hermana…” ¿Cómo la ve usted, apreciado lector, tener al Terminator de cuñado?

jueves, 18 de junio de 2015

Mundo Jurásico ***

(Jurassic World, EUA 2015) Clasificación México ´B´/EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

En los primeros minutos de Mundo Jurásico, segundo largometraje del director Colin Trevorrow, un personaje sentencia: "El público ya no se impresiona nomás con dinosaurios. Ahora los quiere más grandes, más dientones y más violentos". Y lo que sigue son dos horas de un refrito de Parque Jurásico, justamente más grande, más violento y con muchos más dientes. Peeero… la historia sigue siendo la misma de hace 22 años.

Resulta que el antiguo Parque Jurásico finalmente ha sido abierto al público, ahora con el nombre Mundo Jurásico. Entre los visitantes, dos chamacos, parientes de la directora del parque (entaconada Bryce Dallas Howard), se pierden en medio de la selva, justo cuando se suelta el dinosaurio más fiero. Afortunadamente, un especialista en las terribles cachoras (Chris Pratt) se lanza a salvarlos y… bueno, puede ver usted, estimado lector, que todo suena bastante conocido. También afortunadamente, todo el asunto sigue siendo divertido y emocionante y los dinosaurios siguen siendo muy impresionantes.

Sólo tuve un problema con esta nueva versión: en Mundo Jurásico, entre el gentío que llena el parque y a diferencia de la original, nunca queda claro a cuántos cristianos se escabechan los dinosaurios, así que, lo confieso: esta vez no sentí ni tantita pena.

miércoles, 3 de junio de 2015

El gran pequeño *1/2

(Little boy, México/EUA 2015) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones  ****Excelente ***Buena **Regular *Mala



El camino al infierno cinematográfico está pavimentado de buenas intenciones y para muestra, un gran pequeño botón. El director tamaulipeco Alejandro Gómez Monteverde intenta presentar en “El gran pequeño” una historia sobre la fuerza de la fe, que se desarrolla y termina como un simple cuento al estilo hollywoodense.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el chaparrito Pepper (excelente Jakob Salvati, llevando toda la película), güerito de 7 años en un idílico pueblito californiano junto al mar (los estudios en Rosarito haciendo los honores), sufre porque su papá (un cacheteadón pero buenazo Michael Rapaport) es enviado a pelear contra los japoneses. En clase de catecismo, Pepper aprende que sólo basta una fe del tamaño de un grano de mostaza para mover una montaña, por lo que desea con fe que termine la guerra y su padre regrese a casa. El pueblo entero se burla, tanto por su tamaño (despectivamente lo llaman “pequeñín”, “Little boy” en Inglés)  como por sus deseos. Entonces el sacerdote (Tom Wilkinson, en una breve actuación con su usual corazón en la mano) lo encamina en la manera cristiana de acrecentar la fe: le da una lista de tareas (alimentar al hambriento, visitar enfermos, etc., en resumen: amar al prójimo) y desaparece rápidamente de escena, no sin antes presentarlo con Hashimoto, un viejo inmigrante japonés que es visto con odio por todos en el pueblo, a causa de la guerra. Es claro que la tarea más importante de Pepper será amar al “enemigo”, encarnado, sin deberla ni temerla, en Hashimoto.


Hashimoto (Cary-Hiroyuki Tagawa) ayuda a Pepper a cumplir con las tareas de la lista (en el estilo del Sr. Miyagi de Karate Kid), aunque advierte al cura, y con razón, que no está bien decirle al niño que la fe es como un acto de magia que por sí sola regresará al papá sano y salvo. ¿Qué pasará, pregunta Hashimoto, si el papá muere en la guerra? ¿Se sentirá Pepper defraudado por Dios?


El planteamiento del guión, escrito por el propio Gómez Monteverde junto con Pepe Portillo, da para una buena lección de fe y crecimiento personal, pero lamentablemente es desarrollado a base de fórmulas para un predecible final, sin importar realmente lo que le ha pasado a los personajes. Por ejemplo, ¿qué consecuencias tiene para su relación con Hashimoto el que el apodo de Pepper sea igual al nombre de la bomba que destruyó Hiroshima? ¿Este hecho (el bombardeo que pone fin a la guerra) sirve para aumentar o disminuir la fe de Pepper? “El gran pequeño” no nos deja ver nada de esto, porque se interesa más en recurrir a fórmulas tramposas que lleven a un final feliz, independientemente de la historia que nos está contando. El peor Hollywood, pues. Pero hecho en México.

viernes, 22 de mayo de 2015

Mad Max: Furia en el camino ****

(Mad Max: Fury road, Australia/EUA 2015) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

En el futuro cercano de Mad Max: Furia en el camino, la escasez de gasolina y agua potable han revertido a la humanidad a tribus enfrentadas unas con otras, generalmente dominadas por algún cacique que se vale, sobre todo, de la fuerza bruta para tener súbditos azorrillados. Naturalmente hay excepciones y ahí es donde conocemos al enojado Max. Mad Max.

En realidad, quienes ya andábamos metiéndonos a los cines hace más de treinta años, conocimos a Mad Max, primero, en la cinta homónima de 1979, luego en la continuación de 1981, “El guerrero de la carretera” y finalmente en 1985, con “Más allá de la cúpula del trueno”. Las tres películas fueron escritas y dirigidas por el médico australiano convertido en cineasta, George Miller. En ellas, Miller nos cuenta cómo el policía de caminos Max Rockatansky, después de perder a su familia a manos de pandilleros motorizados, también pierde todo sentido de la decencia, al margen de una civilización que desaparece ante el control de los escasos recursos energéticos: gasolina en la segunda película y estiércol de cerdo en la tercera. En su trágico camino, Max no busca pero empieza a recuperar su humanidad.

Por supuesto, nadie esperaría que una película de 2015 continuara la historia donde nos quedamos, treinta años después del estreno de la tercera. Para empezar, el público que acude a las salas de cine, adolescentes y veinteañeros en su mayoría, poco a nada saben de Mad Max. Me atrevo a decir que nada. Y el director George Miller lo toma en cuenta en su regreso al personaje e historia, después de una muy interesante carrera con filmes brillantes (Las Brujas de Eastwick, las dos películas de Babe el puerquito valiente y las dos de Happy Feet).

Después de una breve introducción de menos de un par de minutos, donde se da a entender que la crisis energética dejó al mundo en condiciones poco menos que apocalípticas, entramos de lleno, junto con el personaje solitario que eventualmente sabremos que es Max (el actor británico Tom Hardy, haciendo el papel que hace treinta y tantos años hiciera Mel Gibson), en una larguísima persecución, primero a pie y después en delirantes carros, camiones y motocicletas.

Los personajes y las situaciones son presentados literalmente sobre la marcha y en poco tiempo nos enteramos, junto con Max, de todo lo que necesitamos para disfrutar la historia: Immortan Joe (el actor australiano Hugh Keays-Byrne, que en la primera película hiciera el papel del Cortadedos) es un ventajoso, estrafalario y decrépito viejo que controla el agua necesaria para sus miles de amolados súbditos. Joe lanza su ejército motorizado de pálidos guerreros (los alocados War Boys, entre ellos un desatado Nicholas Hoult, el joven actor británico a quien vimos hace no mucho como el muerto viviente enamorado de “Mi novio es un zombi”) detrás de un camión-pipa de gasolina, en el que han escapado cinco de sus jóvenes concubinas, auxiliadas por Furiosa (la sudafricana Charlize Theron), una ruda chofer que resulta más correosa que el propio Max y que, resulta claro muy pronto, es la verdadera protagonista, dejando a Max casi casi como espectador.

La trama y las motivaciones de los personajes son sencillas, ya que lo importante, para fines de la película, es la violenta persecución en medio del desierto, repleta de colisiones, atropellamientos y explosiones. Muchas explosiones. Todo aderezado por música en vivo, ya que Immortan Joe agrega a su regimiento, supongo que para animar a los War Boys y amedrentar a sus enemigos, un camión con escandalosos percusionistas, gigantescas bocinas y un guitarrista de heavy metal cuyo instrumento dobla como lanzallamas.

El resultado es un agresivo y divertido espectáculo donde las acrobacias abundan, tanto por parte de los conductores de vehículos como por las decenas de guerreros colgados de arneses y varillas de equilibrio instaladas en los carros, balanceándose a altas velocidades al ritmo de los tambores. No hay nada parecido actualmente en cartelera y todo ello hace de Mad Max: Furia en el camino, lo mejor que se ha estrenado en 2015.

jueves, 14 de mayo de 2015

De Mad Max a pingüinos danzarines: El cine de George Miller

Mad Max (1979)
Un jovencísimo Mel Gibson, en su debut internacional, es el policía australiano Max Rockatansky quien, al perder lo que más quería, persigue, juzga y ejecuta a pandilleros y criminales de la carretera. Al igual que ellos, Max también ha terminado por dejar atrás todo signo de civilidad y decencia en un mundo obsesionado por la escasez de combustible. La básica historia (inspirada en las de vaqueros solitarios) y la crudeza de la violenta puesta en imágenes, aún 35 años después, siguen siendo referentes de las películas con temas post apocalípticos.

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981)
Max Rockatansky sigue vivo, años después perderlo todo, incluyendo su humanidad, por causa de los criminales de la carretera. Ahora vaga por un mundo destruido por las crisis energéticas, donde los sobrevivientes se han revertido a una humanidad dividida en tribus enfrentadas violentamente unas con otras por el dominio del combustible. Max (Mel Gibson) terminará, aunque no lo quiera, del lado de los más débiles en un camino a la redención que él mismo no busca.

Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (1985)
Los años pasan, las cosas se ponen peor para la Tierra y Max (Mel Gibson nuevamente) continúa su solitaria vagancia, evitando involucrarse con los problemas de otros humanos. Inevitablemente termina en medio de una comunidad de salvajes comerciantes que han creado sus propias reglas de dominio y sobrevivencia, dirigidos por una codiciosa y tramposa mujer (la cantante Tina Turner) amante de las artes y la violencia.

El grupo de niños que se une a Max y la violencia muy bajada de tono respecto a las dos películas anteriores hacen de Mad Max 3, lo que la película de los ositos fue a La Guerra de las Galaxias.

La dimensión desconocida (segmento "Pesadilla a 20,000 pies") (1983)
Un aterrado hombre enfrenta, literalmente, su miedo a volar, cuando descubre por la ventanilla del avión a un gremlin que parece empeñado en hacer estrellar la nave repleta de pasajeros, en esta versión para la pantalla grande del clásico de la tele de los ‘60s, con John Lithgow en el papel del horrorizado pasajero.

Las brujas de Eastwick (1987)
El mismísimo demonio se aparece con forma humana, la de Jack Nicholson, para ser precisos, en un apacible y religioso pueblo norteamericano, haciendo caer en tentación a tres hermosas mujeres solteras y escandalizando a todos los vecinos con sus excentricidades y sus pecados. El trío de bellezas tentadas son Cher, Susan Sarandon y Michelle Pfeifer.

Babe el puerquito valiente (1995)
George Miller escribió pero no dirigió esta película sobre el triunfo ante la adversidad y el desafío a lo establecido, con un granjero australiano (el siempre amable James Cromwell) y su decente y obstinado puerquito, que llegan juntos a la máxima competencia nacional de perros pastores ovejeros.

Babe el puerquito va a la ciudad (1998)
Miller sí dirigió la segunda aventura del puerquito Babe y se nota. Es inevitable relacionar la comunidad de animales a la que llega Babe, con el mundo de Mad Max, regido por los más fuertes y los más tramposos. Hay que ver la escena culminante, con la esposa del granjero haciendo elásticos ecos de la pelea en la Cúpula del Trueno, de Mad Max 3.

Happy feet: El pingüino (2006)
Un emocionante musical animado sobre la vida de los pingüinos en la Antártida y, nuevamente como tema principal en la obra de Miller, el valor de enfrentar la adversidad de ser diferente a los demás. La historia va de lo desgarrador a lo alegre, para volver a lo desgarrador. La intervención humana hacia el final resulta completamente innecesaria para la historia pero funciona como mensaje ecológico, otro interés en las películas de Miller.

sábado, 9 de mayo de 2015

Avengers: Era de Ultrón *1/2

(The Avengers: Age of Ultron, EUA 2015) Clasificación México 'B' / EUA 'PG-13'

Le estoy perdiendo el gusto a la casa Marvel, con su ya larga lista de fallidas adaptaciones cinematográficas a las historietas de superhéroes. Para muestra, actualmente en cartelera, Avengers: Era de Ultrón.

El guionista y director Joss Whedon literalmente da al traste al buen trabajo que él mismo presentó hace tres años con Los Vengadores, la primera aventura fílmica del grupo encabezado por Iron Man (Robert Downey Jr.) y el Capitán América (Chris Evans). He comentado antes en esta columna que un error común de este tipo de películas es la rutina de mostrar peleas de acción escandalosa y confusa, intercaladas con pláticas aburridas. Esa es la descripción de Era de Ultrón.

En cuanto a historia, tampoco hay mucho. Era de Ultrón vuelve a reunir a los Vengadores de la primera película, sin explicación en cuanto a los hechos que se nos mostraron antes en Iron Man 3, Thor 2 y Capitán América 2 (cuánto relajo de números). Después de verlos en una secuencia inicial de pelea contra unos soldados anónimos, se van de fiesta a su edificio en Nueva York, donde se les aparece Ultrón, un robot antropomorfo con inteligencia artificial, creación del propio Iron Man. Y antes de que usted pueda decir Skynet, Ultrón (voz y movimientos capturados de James Spader) decide destruir a la humanidad.

Era de Ultrón, lamentablemente, no se puede disfrutar plenamente si uno no recuerda o no conoce los hechos mostrados en las películas ya vistas de cada superhéroe individual. Y en lo que hace a conclusión, no hay tal: todo lo que ocurre parece no servir más que para llevarnos a las siguientes películas de los mismos monos, que ya ha anunciado Marvel.

Lo rescatable, en todo caso, es la creciente relación entre la Viuda Negra (Scarlett Johansson) y Hulk (Mark Ruffalo cuando no es un dibujo verde). Pero no estoy seguro de querer ver los demás capítulos, nomás para ver si terminan teniendo un bilioso chamaco verdinegro.

sábado, 18 de abril de 2015

Héroe de centro comercial **

(Paul Blart: Mall cop, EUA 2009) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
"Si Bruce Willis cupo, que no quepa yo..."

Ante el estreno de “Héroe de centro comercial 2” este fin de semana, me dí a la tarea de ver la original de hace 6 años.

“Héroe de centro comercial”, del director Steve Carr (“La guardería de papá”, 2003) es dos películas en una: la primera media hora es una mala y aburrida historia sobre un cuarentón fracasado, con un mal trabajo, que vive con su mamá y su hija (es padre soltero) y pa’ acabarla de amolar, está enamorado de una bella chamaca aparentemente inalcanzable. Como decía mi abuela, a llorar al panteón; estuve a punto de picarle al “STOP”.

Afortunadamente, a la marca de la media hora, “Héroe de centro comercial” hace honor a su título en Español y se convierte en una entretenida parodia de “Duro de matar”, aquella película donde Bruce Willis era un policía que acababa con el grupo de terroristas que secuestraban a todo un edificio durante una fiesta de Navidad. Aquí, el protagonista (el comediante Kevin James) es un obeso guardia de seguridad, que aguanta esa mal pagada rutina porque su condición física le impide tener el trabajo de sus sueños: ser policía estatal. Las cosas se ponen buenas, decía, cuando un grupo de asaltantes decide robar las ganancias de todo el centro comercial, justamente el día de mayores ventas en el año y tomando a los empleados como rehenes. Nuestro guardia de seguridad, que conoce todos los rincones del centro, se las ingenia para poner fuera de la jugada, uno a uno, a los maleantes. Ahí tiene usted, de principio a fin, “Duro de matar”, sin la sangre ni los muertos (esta comedia es para niños mayores), sin las palabrotas y sin Bruce Willis.

Por qué ameritaba una segunda parte, seis años después, habrá que averiguarlo. Después de todo, “Duro de matar” ya va en ¿la sexta? ¿la séptima? Veremos hasta dónde llegan con el guardia del centro comercial.