jueves, 24 de marzo de 2011

¡Me Muero Bichi!/III: Los borrachos y los niños...

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, EUA 1966).

Elizabeth Taylor era una mujer hermosísima. Richard Burton era un hombre guapísimo. Nadie los culparía por haberse casado el uno con el otro. Dos veces. Y haber trabajado juntos en varias películas. Ambos eran excelentes actores que, además, se veían muy bien, juntos, en pantalla. Yo sólo los había visto una vez, hace unos veinticinco años, en La Fierecilla Domada (Zefirelli, 1967), adaptación de la comedia de Shakespeare. Me divertí mucho y descubrí esa relación especial entre ellos. Para entonces ya sabía yo de las excentricidades y excesos de ambos y de lo atormentado de su relación. Elizabeth Taylor ya casi no hacía películas, aunque apenas tenía alrededor de cincuenta años y Richard Burton acababa de morir.

Tal vez la forma como vivieron su romance, sus encuentros y desencuentros fue la manera correcta de hacerlo para no caer en la rutina del matrimonio estable que, eventualmente, termina tolerándose, más que otra cosa. Esto es, hasta que alguno de los dos truena. O mejor aún, los dos. Agregue usted un mucho de alcohol y tendrá a dos borrachos diciéndose sus verdades, hasta que de veras truenen ambos. ¿Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad? Dejemos a los niños en paz. Los borrachos dicen lo que su aturdido entendimiento les permite, sin medir las consecuencias. Justo lo que vemos en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

¿Quiere usted ver lo seductora que podía ser Elizabeth Taylor? ¿Lo degenerada que podía ser? ¿Lo perversamente molesta? ¿Lo increíblemente vulnerable? Repita las mismas preguntas sobre Richard Burton. Agregue los nombres de George Segal y Sandy Dennis como un joven matrimonio que los acompaña en la parranda, dándose cuenta, demasiado tarde, que no sólo sirven de sparring a la madura pareja sino también son como municiones vivientes, carne de cañón para los esposos hartos uno del otro.

¿Quién se anima a decir lo que se dicen unos a otros aquí? ¿Quién no ha bebido hasta la estupidez en la compañía equivocada? ¿Quién no quisiera reparar las últimas horas de borrachera para recuperar la sobriedad y la decencia? ¿O los últimos veinte años para recuperar una vida? ¿Quién no quisiera solamente hacer el amor con su hermosa pareja, sin tener que dar explicaciones por actos pasados, presentes ni futuros? ¿Quién no quisiera simplemente matarla, sin ninguna consecuencia? ¿Quién no le teme al lobo feroz?

3 comentarios:

Negrito dijo...

que elocuente homenaje a los ojos mas bellos del cine.
Compadre andaba inspirado o encabronado con la Mary.

Joel Meza dijo...

Compadre, juro que mi tardanza en contestar tu comentario no fue un ejercicio de "interpreta mi silencio"... Inspirado es la respuesta correcta, agregando lo que siempre he dicho (bueno, cuando lo digo, en todo caso): uno no entra realmente desnudo (a propósito de esta serie mía) y sin equipaje a ver una película. Y cuando la película es buena, ciertamente sale uno con un poco más de ropaje, un poco más de equipaje.
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Hermosa mujer, Elizabeth Taylor.

miguel dijo...

Muy buen post, ahora me dieron más ganas de ver la película.
Y coincido con Negrito...andabas inspirado.

Saludos,
Miguel Fimbres