jueves, 22 de agosto de 2013

El Conjuro ***

(The Conjuring, EUA 2013) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Durante una escena clave en El Conjuro, una persona siendo exorcisada empieza a levitar de una forma bastante siniestra. En la función a la que asistí, en un cine repleto, el espectador sentado junto a mí murmuró “Clásico…” Justamente es el adjetivo que se puede aplicar a esta película de terror de James Wan: clásico.


La historia lo es: una familia se muda a su nueva casa (aquí, una propiedad centenaria en un terreno campestre junto a un lago solitario, para acabarla). De la nada, la familia empieza a ser aterrorizada por fenómenos que no pueden ser explicados lógicamente: puertas que se azotan solas sin que haya viento, voces y ruidos de palmadas donde no hay nadie, repentinas apariciones (y desapariciones) fantasmagóricas en las habitaciones, moretones que aparecen de la noche a la mañana, relojes que se detienen a la mitad de la noche, mascotas que ladran asustadas al vacío. Cuando las cosas empiezan a ser insoportables, la familia busca la ayuda de expertos (dos investigadores de fenómenos paranormales, en este caso), que les informan que un ente demoniaco habita la casa y busca apoderarse de ellos.


Es seguro decir que he perdido la cuenta de las películas que he visto con la misma historia en los últimos cuarenta años. Desde El Exorcista (Friedkin, 1973) que, por cierto, sigue siendo la que más me aterra, innumerables víctimas del chamuco han desfilado en la pantalla grande, sufriendo la lista de sustos mencionada arriba, para culminar en una escena donde los afectados, junto con los expertos, se enfrentan al mal y, por supuesto, alguien flota “inesperadamente” por los aires.


Así que el chiste de hacer oootra película con la misma historia debe estar en lo bien que se toquen las bases reglamentarias, lo interesantes que resulten los personajes y lo bien ejecutadas que estén las escenas que nos hagan brincar del asiento. Afortunadamente para nosotros, el director James Wan conoce su negocio y El Conjuro libra bastante bien la comparación con, bueno, pues, con El Exorcista, que, como decía líneas arriba, se ha convertido en el estándar del cine de terror por posesiones demoniacas.


Para empezar, Wan nos presenta no a la familia víctima, sino a los expertos en el demonio y sus maldades. En este caso, Ed y Lorraine Warren, un joven matrimonio católico dedicado a perseguir, investigar y deshacerse de presencias malignas por todos los Estados Unidos durante los 1960s. Ed Warren es el actor Patrick Wilson, que habla fríamente con las víctimas, los reporteros y los estudiantes universitarios que acuden en masa a sus conferencias, describiendo el comportamiento de los seres malignos como si fuera un exterminador de insectos hablando de una plaga de cucarachas. Su esposa, Lorraine, interpretada por la magnífica Vera Farmiga es una clarividente con los sentimientos a flor de piel. El complemento en pantalla es creíble y logra nuestra simpatía inmediatamente.


A continuación, conocemos a la familia Perron, mamá, papá, cinco hijas de entre 5 y 15 años y una perrita de mascota. Quiénes son ellos, qué hacen y cómo llegaron a la casa, no es lo importante. Nunca lo es. Lo que realmente da vida a estas películas son los motivos que tiene el experto en demonios para dar la cara por la víctima. En El Conjuro, Ed y Lorraine no son cazafantasmas mercenarios haciendo fortuna exorcizando demonios. Son creyentes genuinos que trabajan de cerca con la iglesia Católica para enfrentarse al mal y, por si eso fuera poco para hacerlos interesantes a nuestros ojos, las insinuaciones de cierto roce personal que tuvieron alguna vez con espíritus inhumanos, resulta tan intrigante o más que el propio caso de posesión de la familia Perron.


James Wan, entonces, le apuesta a los clásicos en esta cinta de exorcismos. Confieso que no he visto nada de la filmografía de Wan, así que, habiendo atestiguado cómo hace levitar a los poseídos, con permiso de usted, amable lector, me sentaré en mi sala para un maratón de Wan, empezando con la célebre Saw El Juego del Miedo. Con todas las luces prendidas.