jueves, 3 de enero de 2008

Reseñas de la cartelera semanal / Lo primero que ví en 2008

La Leyenda del Tesoro Perdido 2: El Libro de los Secretos *1/2
(National Treasure 2: Book of Secrets, EUA 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Para no perder la costumbre de los churros, lo primero que fui a ver al cine en 2008 es esta secuela a la otra película de título igualmente largo en la que Nicolas Cage y compañía nos hacen creer que no hay actividad más emocionante, lucrativa y demandante físicamente que trabajar en un museo o en una biblioteca (créame, yo he trabajado en dos y por ningún lado encontré la oportunidad de ser émulo de Indiana Jones o Kalimán). No he visto la primera y como supe que básicamente la nueva es el mismo rollo con los mismos pelafustanes que aquella, pensé en matar dos pájaros de un tiro. El director Jon Turteltaub hasta ahora no merece que pague dos veces por la misma película.

Qué manera de pedirnos suspender la credibilidad, de plano: una milenaria ciudad de oro construida por ¿Olmecas de Dakota del Sur? mantenida en secreto a través de los siglos, por, anote usted, indios, conquistadores, esclavos, presidentes, la Reina Victoria, confederados separatistas, etc. Si le digo en dónde está escondida, va usted a pensar que estoy inventando con tal de que me lea. El hecho es que Benjamín Franklin Gates (Nicolas Cage) es arrastrado en la búsqueda de la mentada ciudad por medio mundo (París, Londres, Washington y un par de monumentos nacionales como, me cuentan, ocurrió en la primera), con el único fin de limpiar el nombre de su tatarabuelo, que ahora resulta fue conspirador en el asesinato de Lincoln.

Y la suerte que tiene este pelao: si necesita descifrar una contraseña, la primera palabra que se le ocurre es esa contraseña. Si busca un pasadizo secreto hecho por George Washington, no se preocupe, del bolsillo saca el mapa ¡original! del puño y letra de Washington. Si tiene que secuestrar al presidente de los EUA, éste coopera y hasta ayuda pidiendo raite en la carretera. Y así por el estilo.

Detrás de Cage (que, a diferencia de Indiana Jones, cambia el sombrero por un notorio peluquín), y dejando cabos sueltos por todos lados, van, en este orden: sus famosos tics nerviosos, su ayudante nerd, su buenona novia museógrafa (con un sueldazo, a juzgar por su mansión), sus papás, Jon Voight y Helen Mirren (que todavía se las arregla para acelerarnos el pulso en un par de escenas), Harvey Keitel como un benévolo agente del FBI y Ed Harris como el malo menos malo en la historia del cine de aventuras; digo, al menos hubiera negociado un peluquín tan bueno como el de Cage. La verdad, muy pronto se da uno cuenta que todo el asunto es para soltarse en la butaca, tomarse una soda grande con cafeína y zamparse un bote jumbo de palomitas de maíz, cuidando de no atragantarse ante las cada vez más inverosímiles, si no cómicas, situaciones.

Me hubiera gustado reírme más, pero no da para tanto. Eso sí, me mantuvo de buen humor todo lo que duró, ya entrados en gastos. A decir verdad, la única carcajada que solté fue en un momento de humor involuntario, cuando alguien del grupo de Cage dice, examinando una pieza arqueológica: "Es precolombino" y alguien más agrega, muy pensativo, al resto del grupo (todos universitarios graduados y profesionales de la Historia): "Tiene al menos 500 años..." Tal vez sin actores de esta talla, el reparto no aguantaría la risa de decir tales tarugadas una tras otra.

Creo que lo mejor de todo, además de ver a tanto buen actor junto, son las escenas de efectos especiales, que culminan en el cliché que muestra una de esas construcciones milenarias con mecanismos imposibles que aún funcionan cuando los modernos exploradores los activan. Olvídese usted del contenido del libro presidencial de los secretos; qué buenos arquitectos e ingenieros tenían esos Olmecas de Dakota del Sur.

2 comentarios:

Rafael Ibarra Mojica dijo...

Mmm, si sale Nicolas Cague, perdón Cage, nomás no la veo, la quito de mi lista de inmediato. Para mi es un actor super-sobrevaluado, que nunca cambia su cara de menso en todas las películas que hace, ya sea para expresar odio, enojo, ternura, amor, asombro, siempre lo hace con la misma jeta. ¿Ganador de un Oscar? Por Dios!!!

Joel Meza dijo...

Sí, Rafa, Nicolas Cage parece tener un registro muy limitado como actor. Sin embargo, en más de una ocasión sus ticks nerviosos y voces extrañas han sido puestos a buen uso y entonces es cuando uno tiene aprecio por su trabajo: la propia Leaving Las Vegas y la más reciente Matchstick Men, por ejemplo. Pero como émulo de Indiana Jones, creo que sólo Brendan Fraser en la serie de La Momia es aceptable.