Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Disney. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de junio de 2018

Los Increíbles ***1/2












(The Incredibles, EUA 2004) Clasificación ‘A’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Nunca se me hubiera ocurrido, mientras veía cada una de las películas de Bond, James Bond, con toda su exagerada acción, sus melodramáticos enfrentamientos entre el héroe y el megalómano del día, sus exóticas y bellas mujeres en deslumbrantes y fantásticos escenarios, que en medio podría haber una historia rescatable y un mensaje valioso para el público. No me malinterprete, he disfrutado de las veinte películas de Bond como el que más, pero nunca he visto ni buscado en ellas más que lo que son: caricaturas de acción viva para adolescentes y adultos. Aparentemente a Brad Bird, guionista y director, sí se le ocurrió y el resultado es, en parte, Los Increíbles, la nueva película de Pixar.

Qué manera la de Pixar de hilar un éxito tras otro en películas animadas. Considere usted sus producciones para la casa Disney: el díptico Toy Story 1 y 2, donde se explora el valor de la amistad y los conflictos del crecimiento personal; Bichos, una especie de Los Siete Magníficos del mundo entomológico; Monsters, Inc. y su ingeniosa industrialización del Coco y anexas y Buscando a Nemo, el emotivo cuento que retrata la continua angustia de ser padre. La lista no tiene desperdicio y ahora, con Los Increíbles y a punto de dejar el consorcio Disney, Pixar se reafirma como el mejor estudio cinematográfico de animación y muy probablemente en general, con sólo buenas películas y ningún churro en su haber.

Brad Bird toma de dos fuentes más o menos conocidas para montar una historia de valores familiares y de defensa de la individualidad. La primera es la serie de Bond y la segunda es el mundo de los superhéroes, específicamente los Hombres X de Marvel Comics, con su premisa de que el sobresalir es algo indeseable y hasta condenable. Mr. Increíble es el más famoso superhéroe del país y su lucha contra el mal es legendaria y seguida con admiración por el ciudadano común. Junto a él, otros superhéroes combaten el crimen, colaborando con las autoridades. La Chica Elástica es una de ellas y tiene un lugar especial en el corazón de Mr. Increíble. Pero las envidias y los malos entendidos llevan al gobierno a prohibir la actividad de estos superdotados. Así, Mr. Increíble y la Chica Elástica se convierten en Bob y Helen Parr y ahora se dedican, él, a un trabajo de escritorio en una compañía de seguros y ella, a cuidar de su casa y los tres hijos de ambos, la adolescente Violet, el hiperactivo niño Dash y el bebé Jack. Los dos mayores también han desarrollado superpoderes pero sus padres, obedeciendo, deben remachar en sus hijos el esconder sus propias habilidades especiales y comportarse como la gente normal. Una vida muy difícil para Bob Parr: su necesidad de ser congruente con su verdadera identidad es mucha y el ser un hombre promedio es tan desalentador como la reflexión de que promedio es sinónimo de mediocre.

En este punto, Brad Bird hace que Mr. Increíble y la Chica Elástica vuelvan a las andadas, sirviéndose del elemento Bond, en que un villano trata de apoderarse del mundo y “alguien” debe detenerlo. El formato Bond se sigue al pie de la letra, incluyendo al entrañable Q, el maduro agente dedicado a diseñar los excéntricos artefactos para Bond en cada una de sus aventuras. En Los Increíbles, Q tiene la forma de Edna Moda, una modista enana y de mal carácter, que se las sabe de todas todas en lo que a trajes de superhéroes se refiere. La diferencia que Bird encuentra en esta fórmula es que el villano personifica, precisamente, esa mediocridad que les ha sido forzada a los miembros de la familia Increíble. Sus planes para apoderarse del mundo se basan únicamente en mantener el promedio para facilitarse el ser sobresaliente.

La película anterior de Bird, El Gigante de Hierro (EUA, 1999), también exploraba el tema. Lamentablemente nos es más fácil ser iguales, promedio, que sobresalir desarrollando nuestras capacidades. Ambas cintas dirigidas a los niños pero con un mensaje necesario para los adultos de nuestra sociedad actual.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Moana: Un mar de aventuras ***

(Moana, EUA 2016) Clasificación México ´A´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Un poco de karaoke, estimado lector… cante conmigo: “¡Libre soy, libre soy…!”

O, qué tal ésta: “¡Bajo 'el mar, bajo 'el mar…!”

Fácil, ¿verdad? Con la primera, inmediatamente piensa uno en Frozen, y con la segunda, en La Sirenita. Bueno, a ver, sígame con esta otra: “El punto en que el cielo es el mar, me llama…”

¿No le suena? ¿Qué tal ésta, un poco más sencilla? “¡De nada, de nada!”

¿Tampoco? No lo culpo, estimado lector. Justamente esas dos últimas son canciones que se pueden oír en Moana: Un mar de aventuras, el nuevo musical animado por computadora de la casa Disney. El problema es que, aunque las canciones de Moana funcionan para contar la historia mientras uno ve la película, al salir ya las hemos olvidado completamente. Escritas por la sensación de Broadway, Lin-Manuel Miranda y todo lo que usted quiera, pero nada pegajosas, pues.

En todo caso y ya olvidadas las canciones, los directores Ron Clements y John Musker (quienes también realizaron La Sirenita, por cierto) no intentan inventar el hilo negro, sino entregar la cinta típica de Disney, protagonizada por la nueva princesa del róster disneyiano, agregando los elementos narrativos de moda y una que otra referencia a la cultura pop actual (hay que ver esa delirante secuencia estilo Mad Max 4; por mucho, lo mejor de toda la película).

La comparación con La Sirenita y con Frozen, por cierto, no es de oquis. Moana es una princesa de las islas del Pacífico Sur, que desea con todo el corazón y contra los deseos de su padre, justo como la sirena Ariel, vivir aventuras más allá de la pequeña isla donde vive. Y, justo como las princesas Anna y Elsa en Frozen, Moana busca su propio destino por sí misma, no a base de esperar al príncipe Azul.

Aún así, el cuento transcurre gracias a una relación de pareja, aunque no romántica. Moana se hace acompañar de Maui, un presumido semidiós que es una especie de Prometeo de las Polinesias quien, a pesar de su espíritu de redentor, no tiene como misión rescatar a Moana, sino, en todo caso, facilitarle el encontrar su destino.

Qué gusto que Disney siga con sus tradiciones cinematográficas pero esté atenta a las necesidades del público, que ya no se traga personajes femeninos limitados al segundo plano. Ahora, si tan sólo le trabajaran un poquito más a esas cancioncitas…

viernes, 30 de septiembre de 2016

Mi amigo el dragón **

(Pete’s dragon, EUA 2016) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

“Mi amigo el dragón” es una mezcla, para los pobres, de: Tarzán, El Libro de la Selva, E.T. El Extraterrestre, King Kong y Liberen a Willy, de ahí no pasa.

Los lectores habituales recordarán que la falta de originalidad en el cine no es una de mis quejas, sino la pobre manera en que se puedan abordar historias que ya han sido contadas antes. En este caso, en todas las películas de donde “Mi amigo el dragón” copia temas y escenas, el cuento está mucho mejor contado y los personajes son mucho más entrañables.

El dragón y el niño son muy vistosos y simpáticos. Pero si ellos no llevan la historia, sino los adultos que aparecen en la película, más vale que esos adultos también sean vistosos y simpáticos. Y, pues no: Ni lo uno, ni lo otro. Risas por ahí y por allá, un par de escenas de peligro y un final feliz para todos. Después, a olvidarla.

sábado, 12 de marzo de 2016

Zootopia ***

(Zootopia, EUA 2016) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Qué agradable sorpresa este estreno tempranero (en el año) de la casa Disney: una película de dibujos animados con animalitos parlantes y un par de mensajes aparentemente sencillos y directos (perseguir los sueños y la tolerancia a la diversidad), que presume de un excelente diseño de escenarios y buena comedia, con un par de chistes para carcajearse.

La protagonista es Judy, una conejita campirana que desde niña ha tenido la meta de ser policía y trabajar en la ciudad de Zootopia, donde conviven todo tipo de animales, desde ratones hasta leones. Sólo hay un detalle: los conejos nunca han sido policías, por su tamaño y su naturaleza tierna y apacible. Aún así, Judy estudia, se gradúa con honores de la academia de policía y finalmente es asignada a trabajar en la gran ciudad. Sin embargo, el jefe de la policía, un gigantesco búfalo, no cree en la capacidad de la conejita y la asigna a repartir multas de estacionamiento. Naturalmente, gracias a que Judy nunca se rinde, al segundo día en el trabajo ya está enfrascada en la resolución de un importante crimen que afecta a toda Zootopia.

Si bien los mensajes de lograr los sueños personales y aprender a aceptar las diferencias de los demás son bastante directos, la película presenta un tercer concepto que permea a lo largo de la historia y que tiene tanto o más valor: el respeto al estado de derecho. Me gustó cómo es abordada, sin remacharla, esta idea en distintas escenas, particularmente a la hora de que la trama criminal toca a ciertos personajes importantes en la vida de la ciudad. El que los personajes se apeguen (o no) al estado de derecho no es algo que se vea todos los días en películas dirigidas a los niños. Bien por Disney.

sábado, 9 de enero de 2016

La Sirenita ****

(The Little Mermaid, EUA 1989)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La Sirenita es la película que, en 1989, regresó a la casa Disney a las glorias del cine animado de décadas pasadas, después de varios años de cintas animadas menores.

La adaptación del cuento clásico de Hans Christian Andersen sigue más o menos fielmente la historia de una sirena que desea ser humana para estar con el hombre que ama, por lo que debe decidir entre abandonar su vida bajo el agua o convertirse, para siempre, en espuma de mar. Claro que, siendo Disney, hay tres elementos que no pueden faltar a la hora de llevar la historia a la pantalla grande: canciones, animalitos simpáticos que ayudan a la heroína en turno y un final feliz.

Lo que hace diferente a La Sirenita de las películas anteriores de princesas Disney, es el haber colocado la trama en un musical estilo Broadway, con cinco espectaculares canciones, escritas por Howard Ashman, con música de Alan Menken, cruciales en plantear la situación de la Sirenita y el reto que tiene que salvar para conseguir el amor deseado. Cada uno de estos números musicales son lo que en Broadway llaman “show stoppers”, es decir, tan impresionantes, que al final de cada uno el espectáculo se puede dar el lujo de detenerse tantito para que el público respire, antes de continuar con las emociones.

El número de “Bajo del Mar” (“Under the Sea”) es, con la canción ganadora del Óscar, uno de estos show stoppers, donde el cangrejo Sebastián moviliza a todas las criaturas marinas al ritmo de un contagioso calipso, para convencer a la Sirenita de que, por supuesto, en el mar la vida es más sabrosa. Sin embargo, en mi opinión, el número “Bésala” (“Kiss the Girl”) tiene mayor mérito dentro de la trama, nuevamente con Sebastián intentando ayudar a la Sirenita, ahora usando todo el entorno de una laguna para conseguir que el Príncipe bese a la jovencita y la salve del terrible destino planeado por la Bruja del Mar, que, mención aparte también se lleva las palmas con la canción “Pobres almas en desgracia”.

La excelente calidad de dibujo a mano y animación tradicional complementan una divertida, emotiva y muy amable adaptación de la historia de Andersen; la dirección corre a cargo de Ron Clements y John Musker, que tres años después repetirían la fórmula y el exitazo con Aladino, también para Disney.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Star Wars: El Despertar de la Fuerza ***

(Star Wars: The Force Awakens, EUA 2015) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La pregunta que más me han hecho parientes, amigos y lectores, con el estreno de El Despertar de la Fuerza, es si se necesita haber visto (o al menos recordar) las seis películas anteriores de Star Wars para entender esta nueva. La respuesta rápida y contundente es: no.

A pesar de ser la séptima cinta de una serie fílmica iniciada en 1977, El Despertar de la Fuerza no se complica las cosas y no le complica la existencia al público: en lugar de presentar una historia nueva que continúe lo narrado, literalmente, “hace mucho tiempo…”, básicamente recicla la trama de la primera película, La Guerra de las Galaxias, donde un joven granjero con sueños de aventura, en un planeta olvidado, recibe un mensaje escondido en un robot y se embarca en una misión para encontrar a una princesa y eventualmente pelear al lado de las fuerzas Rebeldes contra el malvado Imperio Galáctico. El granjero, por supuesto, se convierte en el héroe más grande la galaxia.

Ahora, al inicio de El Despertar de la Fuerza, se nos informa que han pasado tres décadas desde aquella derrota del Imperio y la lucha entre ambos bandos continúa. La Alianza Rebelde ahora se llama la Nueva República y lo que quedó del Imperio se ha reagrupado en el Primer Orden, una fuerza militar y política tan malévola como el antiguo Imperio, en busca de recuperar el control de la galaxia. En este escenario, una joven pepenadora, en un planeta olvidado, recibe un mensaje escondido en un robot y se embarca en una misión para encontrar a una princesa y eventualmente pelear al lado de… y aquí puede ver usted que no necesito más que copiar y pegar del párrafo anterior para completar la idea.

Lo mismo ha hecho el director J.J. Abrams, escribiendo el guión de El Despertar de la Fuerza junto a Lawrence Kasdan, guionista de El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi, segunda y tercera partes de la trilogía original. Si bien la historia es entretenida, realmente no ofrece nada nuevo a los seguidores de la serie, ya que hasta el nudo principal de El Imperio Contraataca es reciclado.

Dejando de lado el asunto del refrito, el trabajo de Abrams resulta en una buena película de entretenidas aventuras, con una protagonista carismática (Daisy Ridley, que parece hermanita de Keira Knightley) y un equipo de simpáticos acompañantes (John Boyega, Óscar Isaac y un robot en forma de pelota con sombrero), que hacen muy buen trabajo de involucrarnos emocionalmente en sus corretizas y vuelos, trepados en naves espaciales varias, todo mostrado en imágenes que se ven increíblemente reales (¡vivan la tecnología visual y el talento de Abrams para usarla en beneficio del espectáculo!), como no se había visto antes ninguna película de Star Wars.

Si acaso, con las limitaciones propias de la época antes de las imágenes computarizadas, El Imperio Contraataca, de Irvin Kershner está a la par visualmente, si se me permite regresar a las comparaciones con glorias pasadas, que finalmente son inevitables, dado que en esta película aparecen también personajes y naves de las primeras tres cintas.

Y ya entrados en comparaciones, entre las nuevas curiosidades, hay un personaje (dibujado y animado con captura de movimientos y voz de Lupita N'yongo) emocional y visualmente similar a Yoda, que ha vivido cien siglos y al conocer a la pepenadora heroína, declara que ha visto repetirse la historia una y otra vez. La verdad, en lo que hace a Star Wars, la noticia no me impresiona: yo llevo apenas medio siglo y en ese tiempo, este cuento ya ocurrió dos veces.

jueves, 19 de marzo de 2015

Cenicientas de carne y hueso

Cenicienta ***
(Cinderella, EUA 2015)Clasificación México´A´/EUA´PG´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Bueno, tal parece que la casa Disney está decidida a dejar las películas de animación a su filial Pixar, y enfocarse en producir nuevas versiones de sus clásicos de princesas, ahora con actores de carne y hueso. El año pasado lo hicieron con Maléfica, reelaboración de la película de dibujos animados La Bella Durmiente y este año toca el turno a La Cenicienta, con mejores resultados, pero sin igualar ni superar al original animado de 1950.

La buena noticia es que, a diferencia de lo hecho en Maléfica, en esta nueva versión de La Cenicienta, encargada al director Kenneth Branagh, las cosas no difieren mucho de la caricatura de hace 65 años. Cenicienta es el sobrenombre puesto a la huérfana Ella (pronúnciese “Ela”) por su madrastra y sus hermanastras, que se burlan de que duerma junto a las cenizas del fogón, al haber sido echada de su propia habitación por las ventajosas mujeres. Como en la caricatura, los únicos amigos de Cenicienta son los ratoncitos que viven en la casa y como en la caricatura, cuando llega el momento de ir al baile donde el Príncipe elegirá a su prometida, son los ratoncitos quienes consuelan a Cenicienta y le ayudan a salir de su encierro. También aparece el Hada Madrina que convierte a los ratones en caballos y la calabaza en carroza. Por supuesto, convierte los trapos de Cenicienta en un primoroso vestido y sus viejas chanclas en las proverbiales zapatillas de cristal, una de las cuales Cenicienta perderá al salir corriendo del baile y dejar al Príncipe plantado, antes de que suenen las 12 de la noche y se rompa el encanto. En otras (y pocas) palabras, el director Branagh no arriesga nada en cuanto a historia.

La mala noticia es que en esta ocasión no se trata de un musical y esa es, en mi opinión, una pérdida para las nuevas generaciones de cinéfilos. Especialmente le duele a la película la ausencia de canciones en la escena donde el Hada Madrina entra en acción. Baste ver el clásico animado de 1950 o cualquier especial de David Copperfield para entender lo que digo: la magia se lleva muy bien con la música.

Otra mala noticia es, precisamente, el apego a la original en cuanto a historia. Sí, ya sé que líneas arriba decía que esa era la buena noticia, pero el contexto es lo hecho con Maléfica en 2014, que cambió completamente las cosas y convirtió a la mala del cuento en una pobre víctima, para terminar con una película blanda en exceso. En la nueva Cenicienta la mala sigue siendo mala y los buenos siguen siendo buenos. Pero no hay ninguna propuesta original en el guión de Chris Weitz (autor, junto con su hermano Paul, de la comedia American Pie, de 1999) que justifique esta nueva producción, como no sea el darle trabajo a todas las personas que se emplearon en la nueva Cenicienta, empezando por el excelente reparto, sobresaliendo, como de costumbre, Cate Blanchett, aquí como la perversa madrastra. La bonita y jovial Lily James cumple como Cenicienta y el apuesto Richard Madden sólo necesita su perfecta sonrisa para conquistar a cualquier doncella del reino y a las pruebas me remito: conozco a cierta niña de ocho años que sucumbió a ese particular encanto del Príncipe.

Por mí, en vista de los resultados, hubiera preferido volver a ver en la pantalla grande a los ratones cantar “¡Le haremos el vestido a Cenicienta!”
---
>>>CINE EN CASA<<<

Por siempre ***1/2
(Ever after, EUA 1998) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Una mejor adaptación del cuento de la Cenicienta, sin relación con Disney y con actores de carne y hueso, se estrenó hace diecisiete años, con Drew Barrymore como una vivaracha Cenicienta, Dougray Scott como un divertido Príncipe y la cereza del pastel: Anjélica Huston como la madrastra, llevándose de calle cada escena en la que aparece.

El director Andy Tennant, a partir de un guión de Susannah Grant (que en 2000 escribió la película Erin Brockovich) cuenta la historia de la Cenicienta como si hubiera ocurrido realmente, en la Europa del siglo XVII, usando la fórmula de la comedia romántica como motor. Así, la Cenicienta y el Príncipe se conocen, se caen mal al principio y poco a poco se van enamorando (mucho antes del baile triunfal); aparece el obstáculo melodramático que los separa y, entonces sí, durante el baile se dan cuenta de lo que todos ya sabíamos: son el uno para el otro y, ni modo, vivieron felices para siempre. Pero, más importante, como propone el director Tennant es que, precisamente, vivieron, ya que la historia es contada en el siglo XIX a los Hermanos Grimm, nada menos que por la tataranieta de la Cenicienta.

Además de la novedad de la comedia romántica, otro elemento a favor es la sustitución de la magia de un hada madrina, por la presencia de Leonardo Da Vinci, que reconoce y auspicia el espíritu animoso e independiente de Cenicienta, y sirve de cupido para que el Príncipe gane en su visión del mundo fuera del castillo. Es Leonardo, a través de la magia real del arte y la ciencia, quien hace posible que la Cenicienta acuda al baile y cierre su compromiso con el Príncipe, no sin antes perder su zapatilla de cristal. Qué más se puede pedir.

jueves, 5 de junio de 2014

Maléfica **

(Maleficent, EUA/RU 2014) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Olvide usted todo lo que sabe de la Bella Durmiente. En el famoso cuento (y en la película de dibujos animados de Disney, de 1959), la princesa Aurora cae, por la maldición de una resentida bruja, en un sueño profundo del que sólo podrá despertar con un beso de amor verdadero. Junto con Aurora, todo el reino se sume en un centenario sopor (en la versión de Disney, son sólo unos cuantos días, pero la idea es la misma). Eventualmente, el valiente príncipe Felipe salva los obstáculos que la bruja ha puesto y consigue entregar el anhelado beso de amor verdadero a Aurora, que despierta para vivir junto a Felipe, como se dice en estos casos, felices para siempre. ¿Y qué fue de la mala del cuento? En la versión de Disney, la bruja, llamada Maléfica, se convierte en un terrible y flamígero dragón y muere bajo la espada de Felipe. Como dije, para ver Maléfica, con Agelina Jolie en el papel titular, uno tiene que olvidar todo.

Esta nueva versión de la Bella Durmiente, como el título indica, no se trata de la princesa y su infame sueño, sino de la causante. Así, nos enteramos de que Maléfica no es una malvada bruja, sino una hermosa hada igualita a Angelina Jolie, que en su adolescencia recibe una decepción amorosa nada menos que de Stefan (el feo actor sudafricano Sharlto Copley, de extraña y nada seductora voz), quien eventualmente se convertirá en rey y será, para acabarla, el papá de la princesa Aurora. Entonces, todo queda,  causa y efecto, más o menos en familia. La película, por lo tanto, sigue a Maléfica y no a Aurora, de quien solamente vemos sus momentos más famosos: su bautizo con las tres hadas de colores y sus regalos mágicos; un par de paseos por el bosque en donde ha crecido escondida junto a las tres torpes hadas, ahora disfrazadas como tres igualmente torpes humanas; el momento del pinchazo con la aguja, el consiguiente sueño (que esta vez no afecta a nadie más que a ella) y el ansiado beso de amor que la despierta.

En cambio, de Maléfica vemos todo: su infancia, como una feliz princesa de la naturaleza; su adolescencia y primer beso con el humano Stefan; la eventual decepción amorosa y su “conversión al lado oscuro”; su autoinvitación al bautizo de Aurora para echarle la maldición y… hasta aquí todo en orden, con todo y esos agregados al cuento conocido por todos. Pero el director Robert Stromberg y su guionista Linda Woolverton deciden que sea Maléfica quien se convierta, al principio en secreto y después abiertamente, en la niñera de Aurora, ante la evidente ineptitud de las tres hadas buenas. Por lo tanto, entre Aurora (la simpática Elle Fanning, a quien vimos hace tres años como la musa de los niños cineastas en Super 8) y la supuesta malvada se crea una relación de confianza sobre la que siempre pende el secreto de la terrible maldición decretada por el hada.

Es este nuevo elemento introducido por la guionista Woolverton (que anteriormente escribió, entre otros, los exitazos El Rey León y La Bella y la Bestia, pero también ese bodrio que Disney intentó hacer pasar en 2010 por Alicia en el País de las Maravillas) el que nos hace temer ansiosamente, a quienes conocemos la película de La Bella Durmiente, el fatal desenlace para Maléfica. Por ello, cuando finalmente aparece Felipe, no puede uno sino preguntarse: ¿Es a manos de este atolondrado adolescente como morirá la magnífica Maléfica?

Por otro lado, con el nuevo rumbo que ha tomado la relación entre Aurora y la mala-ya-no-tan-mala, ¿qué terrible suceso entre ellas nos tienen reservado el director Stromberg y la guionista Woolverton para que se justifique lo esperado, es decir, insisto, que Felipe mate al dragón-Maléfica? No diré más, excepto que con lo que finalmente ocurre, la película por sí sola es bastante aguada y como complemento a la cinta animada de La Bella Durmiente, falla completamente.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Frozen: Una Aventura Congelada ***1/2

(Frozen, EUA 2013) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué gusto cuando un gigante como la casa Disney se deja de cosas y regresa a lo que mejor hace. En este caso, el grandioso, en el mejor sentido de la palabra, romántico cine de princesas y cuentos de hadas. Y es que, a juzgar por sus películas de los últimos… quince años, tal pareciera que Disney se había rendido ante la fuerte competencia en el cine animado, empezando por el “fuego amigo” de Pixar, dejando de lado los romances musicales de fantasía, dando lugar a un cine más de comedia y aventuras. Una Aventura Congelada, la nueva cinta musical sobre princesas y con el inmemorial tema del amor verdadero, demuestra, en todos los sentidos, por qué Disney sigue siendo el rey.

Ya desde 2010, con Enredados, la adaptación del cuento de Rapunzel, la casa Disney parecía buscar volver a los días de gloria que no veía desde La Sirenita (1998), La Bella y la Bestia (1991) y Aladino (1992). Y aunque, antes de La Sirenita, la última gran película por el estilo fue La Bella Durmiente (1959), nadie puede negar que junto con Blanca Nieves y La Cenicienta, estos son los personajes y las películas más entrañables de la legendaria productora hollywoodense, muy por encima de todas sus comedias animadas. Sin embargo, marcadamente hacia fines de los 1990s y después de 2001, con la llegada de la fuerte competencia que representó Shrek, Disney buscó otro tipo de historias, enfocadas a la aventura y a la acción.

Y ahora, regresando por sus fueros, nos presenta a las típicas antagonistas de su cine clásico: una reina con poderes sobrenaturales y una indefensa princesa, enfrentadas en una trama que involucra un encantamiento sobre el reino, un príncipe azul y un leal súbdito que puede ver directo al corazón de la princesa. Como de costumbre, la historia de Una Aventura Congelada está vagamente inspirada en un cuento, esta vez, La Reina de las Nieves, del danés Hans Christian Andersen, aunque solamente toma algunos elementos que coloca en personajes y situaciones creados para esta película de princesas.

Hay dos razones por las que Una Aventura Congelada sobrepasa lo hecho recientemente con la mencionada Enredados. Primero, el montaje musical descansa sobre nueve canciones interpretadas en otros tantos números musicales, donde los personajes centrales exponen sus deseos y frustraciones, haciendo avanzar la historia, llevando la cinta de menos a más visual y auditivamente. Prácticamente se puede adivinar la intención de trasladar Una Aventura Congelada a los escenarios de Broadway, lo cual resulta evidente con las canciones escritas por la pareja de compositores teatrales Kristen Anderson López y Robert López y una puesta en escena que remite a la estructura de La Bella y la Bestia y La Sirenita.

Por otro lado, el austero diseño de producción (como debe ser, inspirado en la cultura nórdica), la excelente animación y el montaje musical no sirven de mucho si la trama no tiene fundamentos sólidos. Y aquí es donde me parece que Disney va un paso más allá de lo andado hasta ahora en su cine de princesas. Mientras las pasivas Blanca Nieves, Cenicienta y Bella Durmiente, luego sustituídas por las impulsivas Sirenita, Bella, Pocahontas y Mulan, eventualmente se rendían al “amor verdadero”, ese elusivo y abstracto concepto, en Una Aventura Congelada la búsqueda se aterriza en el poder que tienen los personajes de conseguir, primero, la verdadera libertad, reconociendo su potencial y sus límites, lo cual los lleva a reconocer el amor, no en ese sentimiento bonito de las canciones románticas, sino en los actos que hacemos por nuestro propio bien y por el de los demás.

Hasta la década pasada, cómo no iba Disney ser blanco de burlas en un mundo cada vez más cínico, si sus protagonistas vivían felices para siempre después de un beso de “amor”. En Una Aventura Congelada, por primera vez veo a las princesas liberarse, crecer y, finalmente, darse cuenta que el verdadero amor a los demás empieza en uno mismo. Y a Disney ya le hacía falta, precisamente, eso.

viernes, 28 de junio de 2013

Monsters University **

(EUA 2013) Clasificación México ´AA´ / EUA ´G´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Si usted trae prisa, seré breve: Monsters University es, en mi lista, la película menos original, menos graciosa y menos emotiva de Pixar.

Van mis razones:

1. Es la menos original: Seguramente usted habrá visto algunas de las tantas comedias joligudenses acerca de universitarios relegados por los demás, que se crecen ante la adversidad. ¿Recuerda las ochenteras La Venganza de los Nerds o Regreso a la Escuela? ¿Qué tal la noventera Legalmente Rubia? O, sin ir tan lejos, Notas Perfectas, apenas hace un par de meses. El caso es que cada tres, cuatro años, Hollywood vuelve a esta historia del apestado que triunfa en la escuela a pesar de todos los pronósticos.

2. Es la menos graciosa: Sí, es muy entretenida y hay buenos chistes por aquí y por allá pero, para no extenderme, me limito a describir mi experiencia en una sala de cine llena en domingo en la tarde, con niños y padres de familia. No oí carcajadas de niños más de dos veces y alguna que otra de los adultos, justamente en esos chistes… por aquí y por allá.

3. Es la menos emotiva: ¿Y el momento Ratatouille, ´apá? No espere usted en Monsters University, porque nunca llegará, la escena donde algunos de los personajes (y nosotros junto con ellos) son enfrentados con un suceso que les mueve el tapete bastante fuerte. Lo vimos en Toy Story 1, 2 y 3; Bichos; Buscando a Nemo; Los Increíbles; las propias Monsters Inc. y Ratatouille; WALL-E; Up…

Debo aclarar que pienso que Monsters University es una película divertida por sí sola, pero Monsters Inc. y sus personajes no se merecen estar asociados con ella. Viniendo de Pixar, la casa productora que nos demostró que segundas (y terceras) partes sí pueden ser buenas y tal vez mejores que la original con la excelente trilogía Toy Story, esta segunda película de Monsters está en la misma liga que todas esas producciones menores que Disney lanzó durante los 90s, como La Sirenita 2, Aladino 2, El Rey León 2, ¡La Cenicienta 2! y, el insulto de insultos: Bambi 2. Hombre, el gusto que me dio la noticia del futuro estreno de Buscando a Dory, como continuación de Buscando a Nemo, hace unos meses, se me acabó al ver la flojera que parece estar empezando a normar en Pixar. 

Y es que la idea presentada en Monsters University es cómo llegó el verde y ojón Mike Wazowski (Andrés Bustamante en Español, Billy Crystal en Inglés) a ser uno de los asustadores estrella de Monsters Inc., al lado del peludo gigantón Sully (Víctor Trujillo en Español, John Goodman en Inglés). Y lo que sigue por la siguiente hora y fracción es una de esas relajientas comedias estudiantiles que mencionaba líneas arriba. Al final, resulta que Mike y Sully no se convierten en los mejores asustadores por todo lo que viven en la universidad, sino por lo que vemos en los últimos cinco minutos de película, lo cual para mí es demasiado tarde, en una cinta que dura casi las dos horas completas.

Lo forzado del final me recordó ese chiste de Anita la Huerfanita (la obra de teatro, no he visto las adaptaciones al cine y tele) en donde el papá adoptivo le cuenta a Anita cómo se hizo millonario: "con una moneda compré una manzana, la vendí y con lo que gané compré dos; con la ganancia de esas dos, compré cuatro y..." Anita lo interrumpe: "Sí, ya sé, vendió las cuatro manzanas y con la ganancia compró ocho y así sucesivamente..." Y el papá adoptivo aclara: "No, ahí es donde se murió un pariente que me heredó toda su fortuna." Una mejor película, en todo el estilo del Pixar que nos ha cautivado antes, está escondida en esa secuencia final donde nos enteramos del verdadero éxito de Mike y Sully. Chance y hasta momento Ratatouille habría en ella.

domingo, 5 de mayo de 2013

Iron Man 3 ***1/2

(EUA/China, 2013) Clasificación México ´B´/EUA´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Será el sereno, pero yo voy a ver películas de superhéroes esperando (más o menos), lo que recibí (más o menos), en Iron Man 3. Diversión, historia interesante, personajes simpáticos, malos antipáticos con un plan jalado de los pelos para apoderarse del mundo, rescates para estar al borde del asiento, tal vez una o dos buenas peleas… ¿ya dije diversión? Para mí, esa es la clave del éxito de cintas como ésta. Si no divierte, ni para qué verla.

Iron Man 3 resulta una mejora a la serie, después de la cansada Iron Man 2, donde por fórmula se pusieron mal las cosas con la novia Pepper (Gwyneth Paltrow) y el amigo Rhodes (Don Cheadle) para Tony Stark (Robert Downey Jr.) que, para colmo, tenía que pasársela enfundado en su traje de Iron Man para pelear con un ejército de robots, por lo que no veíamos a Downey Jr. la mayor parte del tiempo y sólo oíamos su voz, con cortes de imagen a su cara, supuestamente adentro del traje. Tal vez la diferencia está en la elección de dejar descansar al director de las dos primeras, Jon Favreau (quien además hace el papel de Happy, el guarura de Stark) y pasar la batuta a Shane Black, que escribió y dirigió esta tercera entrega, al parecer con la consigna de corregir el rumbo a partir de evitar los baches de la anterior entrega.

Tony Stark sigue siendo el genio que se gana la vida diseñando y vendiendo armas al ejército estadounidense, mientras intenta conjugar su labor como el superhéroe Iron Man, con su vida privada, como pareja de Pepper quien, además de dirigir la compañía de Stark, se ha mudado a su casa y le exige más tiempo fuera del traje de metal. Por si fuera poco, los hechos ocurridos unos meses antes en Nueva York, donde Iron Man y los Vengadores enfrentaron una invasión extraterrestre (Los Vengadores, EUA 2012) tienen a Tony, comprensiblemente, en un estado de ansiedad creciente.

Afortunadamente la especialidad del escritor y director Shane Black parece ser convertir en divertidos (para nosotros, al menos) a los personajes al borde del abismo: Black escribió Arma Mortal 1 y 2 (1987 y 1989), con Mel Gibson y El Ultimo Boy Scout (1991), con Bruce Willis. Además, en 2005 dirigió al propio Downey Jr. en la comedia de intriga Kiss Kiss Bang Bang, así que no sólo está familiarizado con los personajes extremos sino también con lo que Downey Jr. puede hacer con esos personajes prácticamente tumbados del burro.

En esta ocasión, Stark enfrenta la amenaza de El Mandarín, un terrorista que coloca bombas por aquí y por allá, buscando desestabilizar a los Estados Unidos. En un arranque de rabia, Tony le canta el tiro derecho al Mandarín por televisión nacional, lo cual desencadena una persecución a lo largo y ancho del país, con Tony entrando y saliendo de su cada vez más maltrecha armadura. De este modo, podemos ver a Tony, es decir, a Downey Jr., lucirse durante una buena parte de la película, tanto en sus discusiones con su novia Pepper, como enfrentándose en persona al Mandarín y sus compinches o bien, intercambiando planes con un valiente chamaquito genio, que bien podría ser un pequeño Tony Stark en potencia, con todo y su chispa para ser contestón.

Esta decisión de mostrar más a Tony está manejada de manera muy creativa ya que el director Black sigue teniendo a Iron Man, es decir, al traje de Iron Man, en pantalla mientras Tony hace de las suyas en la persona de Downey Jr. Especialmente efectiva resulta esta presencia duplicada en la batalla final contra la gente de El Mandarín, donde vemos a Downey Jr. y a Don Cheadle correr de un lado para el otro, mientras echan bala y se dicen “de cosas”, para lucimiento de ambos actores y de paso abundando en la entrañable confianza que se supone existe entre ambos personajes y que no se había visto en las dos primeras partes. Y no me extraña, recordando la filmografía de Black tanto como guionista o también como director. Su fuerte está en las relaciones entre los personajes principales y sus ingeniosos intercambios de palabras, que nunca son condescendientes y que sí sirven para aderezar la acción, con un humor bastante cáustico (véase a Mel Gibson y Danny Glover en Arma Mortal, o a Downey Jr. y Val Kilmer en Kiss Kiss Bang Bang, no estrenada en México, hasta donde recuerdo, pero disponible en las tiendas de video y en la red, por supuesto).

Otra muestra de este estilo de Shane Black para manejar a sus personajes y sacarle jugo a sus actores y que merece mención aparte, está en la aparición de Sir Ben Kingsley, que aquí muestra al menos dos facetas tanto de su personaje como de sus habilidades histriónicas y en ambas nos deja con la boca abierta, por dos razones distintas.

En Iron Man 3, una constante en las secuencias de acción es la dimensión humana. Me parece que Shane Black hace justo lo correcto al colocar a sus personajes centrales como personas de carne y hueso, junto con otros secundarios y extras, en medio de todos los efectos especiales que, como ya es costumbre a estas alturas, no tienen pierde. Particularmente emocionante me resultó la secuencia donde Iron Man se encarga de la tripulación de cierto avión y, literalmente, me hizo aplaudir, junto con el resto del público en la matiné en que la ví.

Tony Stark regresará, nos avisan los créditos finales. Mire, si la siguiente aventura es tan divertida, emocionante y sin mayores pretensiones, justo como Iron Man 3, aquí lo esperaremos. Al borde del asiento.

jueves, 14 de marzo de 2013

Oz El Poderoso ***1/2

(Oz The Great And Powerful, EUA 2013) Clasificación México ‘A’/ EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Qué agradable sorpresa resulta Oz El Poderoso, la visión del director Sam Raimi, para la casa Disney, sobre el origen del Mago de Oz, después de tantas películas recientes que se aventuran en el génesis de personajes perfectamente establecidos con anterioridad en el cine, la literatura o los cómics, para darnos versiones pocas veces satisfactorias del personaje en cuestión y la mitología que lo rodea, con Batman como el ejemplo fallido más notorio (lo repito: ¿Batman Inicia? ¿Qué tiene de malo Batman Es?).

Siempre me he preguntado por qué El Mago de Oz se llama así cuando, tanto la película de 1939 como el libro en que está basada, se tratan de Dorothy, la niña de Kansas que se pierde en la tierra de Oz. Eso sí, nunca me había preguntado de dónde había salido el Mago, dado que la historia es autocontenida: hacia el final nos enteramos que el mentado mago no es más que un merolico de feria que algún día se quedó atorado en la tierra de Oz y aprovechó su maravillosa labia para erigirse en el ser más poderoso de esos lares. Las desventuras de Dorothy y compañía pesan mucho más y son lo que queda en la memoria, particularmente después de que se despide tan sentidamente al regresar a Kansas.

Afortunadamente Disney tiene la suficiente experiencia (y el dinero) para arriesgarse con una historia original en un tema tan conocido, sobre todo después de haber dado tan mal paso hace unos años con la pésima Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton, 2010) que supuestamente iba por el lado de “¿y qué pasó con…?” pero en realidad no fue más que una tomadura de pelo que usurpó los nombres de personajes y lugares de las novelas de Lewis Carroll. El caso es que, para no hacerle el cuento más largo, paciente lector, diré que yo no esperaba gran cosa de este “origen” del Mago de Oz.

Y ahora sí que, para empezar, estamos en algún pueblucho de Kansas a fines del siglo XIX, donde una feria itinerante le exprime sus pocos dólares a los campesinos, con actos baratos de circo. Sobresale, por decirlo así, el espectáculo de magia de Oscar, un timador profesional que más que presentar su acto como mero entretenimiento, gusta de convencer a los pueblerinos y a una que otra pueblerina de buen ver, de soltar la marmaja a cambio de rebuscadas presentaciones que quieren rayar en el ocultismo, con todo y efectos de luces y sonido creados tras bambalinas por su ayudante Frank, a cambio de unas monedas, regaños y desprecios. Nos damos cuenta rápidamente que *casi* nadie quiere a Oscar y justo al escapar de otra de sus mentiras es atrapado por un tornado. Supongo que no estoy regando la sopa de más al decir que el tornado lleva a Oscar al fantástico y colorido (hasta ese momento la película ha sido en blanco y negro) mundo de Oz, donde conocerá a algunas brujas, algunos changos voladores, algunos munchkins y un montón de habitantes de la Ciudad Esmeralda.

Y aquí es donde empieza el verdadero éxito de la película. En la tierra de Oz presentada por Sam Raimi, todo parece ser un dibujo o un escenario teatral, construido para montar un espectáculo. Los personajes que Oscar va encontrando también parecen formar parte del montaje, de modo que todo se siente como, bueno… estar en medio de un cuento. Ya que Oscar se medio gana la vida haciendo cuentos, pues aquí está a sus anchas y se hace evidente el buen tino de Raimi al tener al actor James Franco como el futuro Mago de Oz. Franco nunca me ha parecido muy carismático que digamos y su Oscar no lo es, pero tiene un defecto: cree que lo es. En la tierra de Oz se suelta completamente, como si estuviera ensayando ser más relajiento de lo que se ha permitido hasta entonces y hay momentos en que su desenfado me recordó, permítame decirlo, al Tin-Tán joven de películas tan geniales como El Rey del Barrio o La Marca del Zorrillo, que siempre está conciente de sus mentiras pero a veces le salen tan bien que él mismo termina por creérselas. De modo que antes de la mitad de la película, Franco ya tiene al público en el bolsillo.

Luego están los personajes que acompañan a Oscar en su viaje por Oz. Un pequeño y muy gracioso simio alado, vestido de botones de hotel, se convierte en el ayudante inseparable que sólo busca aprobación, justo como Frank, el asistente que Oscar dejó en la feria en Kansas. Muchas de las carcajadas de la película se deben a este chango volador. A ellos se agrega una pequeña muñeca de porcelana, cuyo diseño visual contrasta con el chango, que nunca parece un animal real, más bien un mono de peluche, mientras que con la muñeca nunca dudamos que estamos viendo una hermosa marioneta de cerámica. Con ella hay suficientes momentos de honestidad, tristeza y ternura que ponen a prueba al tramposo Oscar, pero también nos hace reír de lo lindo.

Finalmente, siendo la historia de cómo un merolico se convirtió en el maravilloso Mago, claramente las tres brujas de la tierra de Oz serán determinantes en su destino. No sé qué tan necesario sería conocer lo que pasa con las brujas en el cuento donde Dorothy es la protagonista (aquí ella no existe aún), así que en todo caso, sólo diré que me gustó la forma en que Oscar conoce a cada una de las tres brujas y cómo cada una se va relacionando con él para ayudar a moldearlo como el poderoso Mago. Por supuesto, uno de los mayores disfrutes de la película es que las brujas son las hermosas Mila Kunis, Michelle Williams y, la mejor de las tres, Rachel Weisz sorprendiendo por la forma como abraza su papel sobrenatural.

Decía al principio que muchas cosas pudieron salir mal al querer colgarse de un cuento y película tan conocidos y adorados por tantas generaciones. Afortunadamente todo salió excepcionalmente bien y a una semana de su estreno, ya Disney ha anunciado la segunda parte. Esperemos que la magia de Oz El Poderoso alcance para tanto.

jueves, 31 de enero de 2013

La Extraña Vida de Timothy Green *1/2


(The odd life of Timothy Green, EUA 2012) Clasificación México ´A´/ EUA ´PG´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Lamentablemente aquí tenemos a la casa Disney en mala forma. Película chapucera acerca de un matrimonio sin hijos, que busca adoptar a toda costa apelando a los sentimientos de la directora de la agencia de adopciones, por medio de una historia que quiere ser fantástica pero termina siendo fantasiosa y bastante hueca.

Los aspirantes a padres, Cindy y Jim Green, después de muchos intentos, cansados de no poder concebir un hijo, piden un último deseo: tener el hijo perfecto. Todo eso se va en una caja enterrada en el jardín. De forma mágica aparece repentinamente un niño de unos 10 años, que se presenta como Timothy, el hijo pedido por la pareja. Las cosas van bastante bien en la película, hasta que Cindy y Jim, en lugar de cuidar, educar y amar a su nuevo hijo, se pasan los días y los meses tratando de demostrar a medio mundo por qué ese niño es todo lo que ellos desearon y de paso, resolviendo sus traumas y complejos provocados, según ellos, por sus respectivas familias.

La película recurre a la idea de que todo lo que vemos es narrado por Cindy y Jim a la directora de adopciones, que todo el tiempo tiene una cara de aburrimiento que sólo puede parecerse a la de uno como espectador, ante la dizque conmovedora historia. Lo cierto es que el cuento de la pareja no dice nada acerca de lo buenos padres que, según ellos, podrían ser. De hecho, dice mucho acerca de lo malos padres que serían. Ni modo, a veces la naturaleza es sabia...

viernes, 16 de noviembre de 2012

Ralph El Demoledor **1/2

(Wreck-It Ralph, EUA 2012) Clasificación México 'AA' / EUA 'PG'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Hace unas semanas me quejaba aquí mismo, al reseñar Resident Evil 5, de la insistencia de Hollywood en adaptar juegos de video al cine, con resultados generalmente pobres. Pues bien, como dicen: pide y se te concederá. Aquí tenemos a Ralph El Demoledor, el turno de Disney en este subgénero de traer juegos de video a la pantalla, presentando algunas ideas intrigantes y algunas otras entretenidas, mientras se mantiene en terreno seguro al no separarse mucho de su tradición de cuentos de hadas, agregando a la mezcla un poco de las imágenes e historias de Pixar. Excepto que el resultado no llega a los niveles de excelencia ni de Disney, ni de Pixar.

Ralph es un personaje de un juego de video, donde su tarea rutinaria es destruir a puñetazos una y otra vez un edificio lleno de inquilinos, sólo para que Félix, su contraparte dentro del juego, arregle todo con un martillo mágico. Si usted ha jugado o visto alguna vez juegos de video por el estilo, sabrá que el jugador (el humano, pues) mueve a Félix, "el bueno" del juego y Ralph sólo es un obstáculo para obtener puntos. Cuando el juego termina, Ralph es lanzado desde lo alto del edificio a un montón de escombros y Félix recibe una brillante medalla dorada. No por nada, el juego se llama Arréglalo Félix... por ello, Ralph decide que ya no quiere seguir siendo el malo y es hora de buscar la manera de ganar para él la ansiada medalla dorada.

Me gustó el rumbo que toma la película a partir de este punto: Ralph acude a terapias de grupo (donde se desahoga con "malos" que pertenecen a otros juegos de video), se pasea por los cables eléctricos y visita otros juegos, como el legendario Pac-Man o un juego de soldados interestelares que enfrentan a insectos extraterrestres, disparando pesado y ruidoso armamento. Lo interesante, visualmente, es que cada juego distinto que pisa Ralph se muestra en la pantalla de cine como un paisaje distinto, dibujado y animado de acuerdo a las limitaciones o virtudes propias de tal juego. Así, la visita al Pac-Man cambia la imagen de la película a dibujitos
planos, con cuadritos visibles por la baja resolución y con una paleta de colores primarios. En cambio, en el interior del juego de batalla interplanetaria, los dibujos son increíblemente detallados, correspondientes a la alta resolución de los juegos actuales de realidad virtual.

Igualmente, la banda musical cambia de un escenario a otro, siguiendo los patrones del juego de video en turno y creando muy bien la ilusión de estar inmerso en el juego, o al menos dentro de una sala de juegos. Es como si Disney tomara una idea de hace 30 años, nada menos, de la película TRON, producida también por el estudio del ratón Miguelito, para traerla, actualizada y digerida, al público infantil de 2012.

Y aquí es donde me parece que Ralph El demoledor se tropieza, justamente. En sus divertidas peripecias, Ralph entra a un juego donde todo está hecho de azúcar y los personajes juegan carreras en autos hechos de galleta. Ahí conoce a Vane, una niña traviesa con voz de la Chilindrina (de hecho, María Antonieta de las Nieves hace la voz en Español) que al principio le arrebata a Ralph la medalla ganada en otro juego, para luego descubrirse como alguien con motivos tan profundos como los de Ralph. Todo está muy bien en términos de historia, hasta que la película gradualmente se va cargando a la historia de Vane. Los motivos de Ralph empiezan a pasar a segundo plano y su objetivo inicial deja de ser importante.

Claro que ese cambio es necesario para el crecimiento del personaje de Ralph, pero la película empieza a sacrificar el universo presentado de los distintos escenarios de juego y las situaciones de Ralph fuera de
su entorno familiar, a favor de las aventuras de Vane. En este punto la narración se siente lenta y falta de acción, al grado de que uno empieza a preguntarse, como de hecho lo hizo Juan Ra, un niño de ocho años que conozco, si a la cinta le cambiaron de nombre a medio camino y en vez de Ralph El Demoledor, ahora se llama Vane La Sufrida Niña Latosa.

Disney ha cambiado mucho a lo largo de su historia y no estoy seguro de si lo que está ocurriendo en los últimos diez años sea bueno para sus estudios de animación. Durante los 90s y en los primeros tres, cuatro años del siglo XXI, sus cintas animadas tenían un nivel similar a grandes éxitos más o menos recientes como  El Rey León y La Bella y La Bestia. Pero, a raíz de su cada vez más evidente unión con Pixar, parece que las historias buenas se están quedando en la etiqueta Pixar, empezando por la trilogía Toy Story y Disney se conforma con historias mucho menores, como Chicken Little, por ejemplo. Recuerdo que cuando ví Bolt pensé que era como una hermana menor de Cars, ese gran éxito (al menos económico) de Pixar. Ahora, con Ralph El Demoledor, veo a un hijo de Tron que apenas vive en las orillas del barrio de Pixar.

sábado, 11 de agosto de 2012

Buscando a Nemo 3D ****

(Finding Nemo, EUA 2003) Clasificación México 'AA' / EUA 'G'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Mucho antes de los días del cine en video, Walt Disney tenía la consigna de reestrenar sus películas cada siete años, para dar la oportunidad a cada nueva generación de niños, de disfrutar joyas pasadas como Blanca Nieves, Bambi, Peter Pan o Pinocho. Y, de paso, agenciarse unos cuantos milloncitos más para la casa Disney con cada reestreno, por qué no.

Y aunque la tecnología ahora nos permite ver cine hasta en los teléfonos, hay películas que merecen ser vistas, al menos una vez, en la pantalla grande. Buscando a Nemo es una de ellas. La quinta película de Disney-Pixar aborda de una manera divertida, inteligente y, sobre todo, conmovedora, la relación de un padre con su hijo y no al revés, como usualmente ocurre en los filmes de la casa del ratón Miguelito. Marlin es un pez payaso, sobreprotector con su hijo Nemo, a raíz de una tragedia familiar que dejó solos a padre e hijo. Al llegar a la edad escolar, Nemo comienza a resentir los exagerados cuidados de su padre y, en un arranque de rebeldía, Nemo termina viviendo en una pecera en Sidney, Australia, mientras Marlin se queda en algún lugar del océano Pacífico. A partir de ese momento, la película intercala la historia de crecimiento de Nemo, con las aventuras de Marlin y aquí es donde Pixar vuelve a demostrar por qué sus propuestas se distinguen de las de la casa Disney.

La premisa central de Buscando a Nemo está perfectamente expresada en su título. ¿Qué más descriptivo de la continua angustia de ser padre, que tener un hijo perdido? Buscando a Nemo guarda algunas similitudes con el clásico de Disney, Pinocho, particularmente en la rebeldía del hijo que provoca la separación y el viaje de búsqueda.
Pero mientras Pinocho se mantiene en el crecimiento del niño de madera, que finalmente se gana el ser un niño de verdad, en Buscando a Nemo, Marlin es el verdadero protagonista, que tiene que sobreponerse a los obstáculos a los que ha temido toda su vida, con tal de encontrar a su hijo perdido.

Aún así, y aunque la búsqueda es lo que mueve la historia, en realidad es la expiación de los pecados de Marlin lo que le da sentido a la película. No por nada termina en la panza de una ballena, más que como Gepetto, como Jonás, esperando ser regresado a la vida que tanto tiempo ha eludido, sin importar las consecuencias para él y su relación con Nemo, de quien ni siquiera sabe si está vivo todavía.

Por su parte, Nemo tiene que pasar por su ritual de crecimiento en la pecera/cárcel a la que ha sido confinado por sus travesuras. Y aunque el episodio de su bautizo como "Tiburoncín" es de una comedia desbordada, el verdadero ritual se da en el momento en que Nemo toma la decisión de romper con lo establecido en la prisión y busca ser libre. Otro de los temas recurrentes en las obras de Pixar, por cierto.

En cuanto a los logros visuales, Pixar ya nos ha acostumbrado a la excelencia en dibujos e imagen, al grado en que es difícil recordar que al momento de su estreno original, Buscando a Nemo nos dejó boquiabiertos con las escenas bajo el agua y toda la vida marina mostrada en pantalla. A ratos uno podía asegurar que simplemente habían sumergido una cámara en medio del océano.

¿Por qué verla en 3D? Debo decir que no me entusiasman las películas en 3D, en primer lugar por lo molesto de los anteojos especiales y en segundo lugar, porque el truco de hacer que las cosas salgan de la pantalla me parece innecesario. Además, con los lentes la imagen se oscurece notablemente, lo cual es un crimen para películas tan coloridas como ésta. Sin embargo, recuerdo que en su momento, en el reestreno en 3D de Toy Story 2, el uso de la profundidad de campo para acentuar la sensación de abandono del muñeco Woody me sorprendió gratamente. Tal vez la tragedia de Marlin pueda beneficiarse de este efecto visual, así que ya veremos.