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martes, 23 de enero de 2018

¡Me Muero Bichi! / XI: Guillermo vs. Los Monstruos.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Guillermo del Toro ha llegado a su décima película, feliz y justamente aclamado por la industria cinematográfica, crítica y, sobre todo, público alrededor del mundo.
Cómo no celebrar las fantásticas películas de este muchacho tapatío y su fascinación por los monstruos. Dejaría yo de ser... Joel vs. Los Monstruos.
De esas 10, van mis 10 favoritas (pos sí... pero podrían ser menos) en orden de preferencia.

El Laberinto del Fauno (2006). Un regreso a temas antibélicos y a la guerra civil española, que antes sirvió de marco para El Espinazo del Diablo. Y nuevamente la fantasía y lo sobrenatural sirven de escape a la niña protagonista, que descubre que en todos lados hay monstruos (el militar de Sergi López, el peor de todos) y sólo la determinación de enfrentarlos nos lleva a la victoria. La riqueza visual del mundo de fantasía contrasta con los horrores de la realidad, por lo que entendemos perfectamente la decisión de la niña.

El Espinazo del Diablo (2001).
 Guillermo del Toro emigra a España e inicia sus propias producciones, de la mano de los Almodóvar, con esta historia de fantasmas, lealtades y traiciones, nuevamente visto todo a través de los ojos de los niños. Es su primera película antibélica y lo sobrenatural funciona como una metáfora escapista al absurdo horror de la guerra.

Cronos (1993). Su triunfal debut en cine, después de su exitoso paso por la serie televisiva de terror, Hora Marcada (1986-1989). Cronos cuenta la historia de un hombre que se vuelve inmortal, a costa de convertirse, además, en vampiro. Desde esta primera cinta Del Toro muestra su fascinación por un estilo visual rebuscado para crear un terror atmosférico, así como mostrar en detalle mecanismos en movimiento e insectos que sorpresivamente atacan a los personajes. El humor negro está presente a todo lo largo, sin dejar de lado la visión a través de los ojos de un niño.

La Forma del Agua (2017). El mundo fantástico de Guillermo del Toro vuelve a servir como escape, ahora, de personajes solitarios que sólo se entienden entre ellos. Una hermosa película que sintetiza la verde visión de un mundo que suena a romance francés.

Hellboy II: El Ejército Dorado (2008). Guillermo del Toro se suelta en el escapismo por el escapismo puro (con un subtexto ecologista, eso sí), de la mano de Ron Perlman y su extraordinario Hellboy, en un mundo tan lleno de fantásticas imágenes y personajes, que una sola visita resulta insuficiente para captar todo lo que hay en la pantalla.

La Cumbre Escarlata (2015). “Los fantasmas son reales, porque los he visto”, nos avisa al inicio la protagonista de la novena cinta de Guillermo del Toro. Y con esta paráfrasis del inicio (y final) de otra película suya (El Espinazo del Diablo), que planteaba la pregunta “¿qué es un fantasma?”, el director tapatío nos lleva una vez más a su mundo de oscura fantasía, donde los fantasmas cohabitan con los vivos y, aunque asustan, también dan mensajes a los justos y los previenen de los males que los acechan.

Hellboy (2004). El amor de del Toro por las revistas de historietas (o cómics), adivinado en sus películas anteriores, pasa a primer plano con esta adaptación de Hellboy, escrita y dibujada en EUA por Mike Mignola. El perdido hijo del diablo, adoptado y criado por un sacerdote para, ya adulto, luchar contra el mal y lo sobrenatural, a las órdenes del gobierno gringo, es el pretexto perfecto para mostrar toda clase de criaturas fantásticas en una historia donde la consigna es divertirse y el humor negro es la constante. Ron Perlman, que diez años antes había trabajado con del Toro en Cronos, parece haber nacido para encarnar a Hellboy.

Titanes del Pacífico (2013). Los enfrentamientos de los gigantescos tanques de guerra con forma “humana”, y los kaijus, inmensos monstruos salidos del mar, están despojados de toda lógica, en la mejor tradición del cine japonés de monstruos, como Godzilla y anexas. Aunque cada pelea inicia a “puño” limpio de una manera salvaje, rápidamente escala a duelos con balas, rayos mortíferos y, ya entrados en gastos, hasta chicas espadotas. Pero los monos en pantalla son tan impresionantes y las escenas de pelea, a pesar de tanto trancazo, están tan salpicadas de detalles curiosos y emocionantes, que, definitivamente, la película provoca emociones cinematográficas genuinas en toda la chiquillada presente. Y en uno que otro cincuentón.

Blade II (2002). Un regreso al tema de los vampiros, tocado en Cronos, pero esta vez como parte de la franquicia del cazador de vampiros interpretado por el actor de acción hollywoodense Wesley Snipes. En esta ocasión y a diferencia de Mimic, del Toro se avienta de cabeza a la acción desbordada y da rienda suelta a la presentación de monstruo tras monstruo en la pantalla, todo salpicado de la moronga de rigor.


Mimic (1997). Si de por sí mucha gente le teme a las cucarachas, imagine usted cucarachas gigantes que imitan la figura humana para conseguir a sus víctimas… Mimic, la primera película hollywoodense de del Toro es en parte una reelaboración de Cronos, su ópera prima. Muchos elementos se repiten: los personajes del niño y el viejo, los insectos que pican inesperadamente, las imágenes religiosas empacadas en papel plástico, los espacios cerrados para una atmósfera sobrenatural, los niños como testigos y parte de la trama. Hacia el último tercio Mimic se convierte en una película de acción y se adivina la mano de los productores haciendo a un lado a del Toro para entregar un producto más adecuado a los estándares de Hollywood.

jueves, 18 de enero de 2018

La forma del agua ***1/2

(The shape of water, EUA/Canadá 2017)

Cualquier cosa que pudiera yo decir de La Forma del Agua, la nueva película en que Guillermo del Toro nos cuenta sobre el amor en los tiempos de la gente solitaria, ya lo dijo antes y de manera insuperable, al menos por mí, Roy Orbison. Tampoco sé cómo poner esto en verde, por cierto. Digo, turquesa. Con ustedes, Mr. Roy Orbison.

Only the lonely
Know the way I feel tonight
Only the lonely
Know this feeling ain't right.

There goes my baby
There goes my heart
They're gone forever
So far apart.

But only the lonely
Know why
I cry
Only the lonely.

Only the lonely
Know the heartaches I've been through
Only the lonely
Know I cry and cry for you.

Maybe tomorrow
A new romance
No more sorrow
But that's the chance

You gotta take
If your lonely heart breaks
Only the lonely.

martes, 12 de septiembre de 2017

Mamá ***

(España/Canadá 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Concedido: uno va a ver películas de terror para sudar frío, pegar brincos en el asiento, soltar uno que otro grito y, como después de todo es sólo una película, uno termina riéndose nerviosamente del susto recién pasado, hasta que viene la siguiente escena en que volvemos a sudar frío, brincar y gritar. Casi casi como subirse a una montaña rusa, donde nos asustamos al ver venir la caída frente a nosotros, luego nos reímos apenas el tiempo suficiente para tomar la siguiente curva o caída a toda velocidad. Mamá es justo esa clase de película, en que la historia de fantasmas apenas interesa lo suficiente como para que aguantemos entre susto y susto, que es a lo que vamos. Y cuando uno piensa que el paseo está por terminar sin mayor consecuencia, Mamá sorprende con un excelente final que construye sobre la historia contada hasta el momento y supera o compensa, trasciende, más bien, todos los espantos y espantajos anteriores.

Escrita y dirigida por el argentino Andrés Muschietti en su primer largometraje, Mamá claramente se beneficia de ser producida por Guillermo Del Toro, al presentar varios de los elementos comunes en el cine del director tapatío, principalmente los niños en peligro al entrar (o salir, según sea el caso) en un mundo de fantasía y los fantasmas que buscan algo más que jalarle las patas a sus víctimas y al público.

En este caso, Victoria y Lilly son dos hermanitas que, tras una tragedia familiar, se ven abandonadas en una cabaña en lo profundo del bosque. Ahí las niñitas sobreviven de una forma bastante silvestre, aparentemente cuidadas por un ser sobrenatural a quien ellas terminan llamando “mamá”. Cinco años después son encontradas por un tío, quien las rescata y lleva a vivir con él y su novia, ambos un par de ninis. Todo va aparentemente bien, hasta que la mamá del bosque se aparece, literalmente, para reclamar a sus hijas postizas, usando contra los acomedidos ninis, todos los recursos que se acostumbran en este tipo de películas: ruidos extraños, insectos que salen de la nada, paredes sangrantes, sorpresivas imágenes fantasmagóricas, etc.

Naturalmente, las víctimas del ser sobrenatural harán todo lo que no debe hacerse en estas situaciones, para nuestro horror o susto, según sea el gusto de cada quién. Usted sabe: meterse en lugares oscuros nomás para ver quién anda ahí; quedarse solo en una casa donde las paredes sangran; dejar abiertas las ventanas para ver si se mete el monstruo; ir al bosque a media noche cuando se pudo haber ido de día; como dije antes: etc.

Pero no es que me queje. Todo lo contrario. La puesta en imágenes del director Muschietti no defrauda al ligar esas típicas escenas de sustos, una tras otra, colgadas de una historia trillada pero contada de una forma en que la tensión se va acumulando, para ser liberada con cada susto de los personajes y de nosotros. La fotografía del mexicano Antonio Riestra crea un pesado ambiente en el que abundan las sombras y claroscuros, usualmente propicios para un mayor efecto de las terribles apariciones. El complemento sonoro es la música del español Fernando Velázquez, que, al igual que en El Orfanato (también producida por Guillermo Del Toro, en 2007), nos envuelve en un mundo en el que no hay salida sino hasta el final.

Y el final es lo que sorprende más en Mamá, que hasta ese momento ha sido un buen ejercicio de cine de terror tradicional, pisando correctamente todas las bases reglamentarias y hasta resbalándose en algunas otras cuando no se necesitaban, como ciertos sueños de algunos personajes. Y es que todo se compensa en la secuencia final que, más que atar todos los cabos sueltos, como normalmente ocurre en el cine hollywoodense, desamarra varios de los elementos presentados y nos da un último jalón de extremidades inferiores, pero de una manera en que dejamos de lado los brincos, los gritos y la risa nerviosa, para sumergirnos en una, si me permite la expresión, tensa serenidad y en las imágenes e ideas más bellas de toda la película.

Mejor dicho y considerando que todo el rato estuvimos apretados en el asiento, el desenlace/enlace nos deja soltarnos, ver la historia y sus personajes con calma y darnos cuenta que, en efecto, no podía ser de otra forma. Bueno, sí pudo ser de otra forma, pero entonces Mamá se habría quedado en el montón.

sábado, 31 de octubre de 2015

¡Me Muero Bichi! / X: El tiempo de los monstruos.

Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.

Cronos
(México, 1993)

Hace unos 15 años oí en la radio una entrevista con Guillermo del Toro, donde decía que tenía ganas de hacer una película de luchadores, más específicamente del Santo, el Enmascarado de Plata, enfrentando a alguno de sus enemigos en las famosas películas de los 1960s/1970s: algún científico loco, algunas momias, algunos extraterrestres, alguna mujer vampiro o tal vez todos juntos. Y la idea de del Toro no era hacer una película más del Santo, sino explorar al personaje: ¿qué tipo de hombre se pondría una máscara de luchador, una capa plateada y saldría, además de pelear los domingos en la Arena Coliseo, a luchar por la justicia, a bordo de su infaltable convertible deportivo? Por ese camino va Cronos, la primera película de del Toro. Excepto que en lugar de un luchador, se trata de un humano que se convierte en un monstruo inmortal (la película revela qué tipo de monstruo hasta después de casi una hora, así que no lo diré en esta reseña). ¿Qué hay detrás de ese monstruo?

Cronos nos presenta en realidad dos monstruos: uno, Dieter de la Guardia, un ser lleno de maldad, que sólo ve por sí mismo y pasa por encima de quien se le ponga enfrente. Dieter es un viejo y maltrecho magnate (el mexicano Claudio Brook en una de sus últimas actuaciones) que ha buscado por años, a toda costa, ser inmortal. El segundo, Jesús Gris, por el contrario, no siempre fue un monstruo y tal vez nunca lo será: Jesús es un buen hombre, un maduro comprador y vendedor de antigüedades (el actor argentino Federico Luppi), que para su mala, o tal vez buena suerte, se cruza con el objeto del deseo de Dieter: la fuente de la inmortalidad.

Y no diré más sobre la trama, ya que uno de los placeres de Cronos es la forma en que del Toro va presentando a sus personajes y sus historias, cómo enreda las vidas de protagonista y antagonista y, sobre todo, cómo coloca al hombre común en medio de situaciones extraordinarias, llenas de imágenes que a la vez aterran y fascinan o, de plano, nos provocan repulsión y/o carcajadas.

Mención aparte, la fascinación de del Toro por misteriosos mecanismos e insectos asquerosos, que parecieran gratuitos pero son parte integral de la historia. Igualmente, el uso de un personaje infantil, de alguna manera inocente, que se vuelve clave en ciertas vueltas de la historia.

Al lado de Luppi y Brook, en Cronos tenemos la primera colaboración de del Toro y Ron Perlman (después él mismo inmortalizado en el personaje titular de Hellboy, también por del Toro), en el papel del sobrino y ayudante del magnate, que de una manera mucho más mundana busca su beneficio propio en todo el asunto.

En Cronos, Guillermo del Toro sentaría las bases temáticas y visuales para su obra futura, particularmente Mimic (aún con todo lo hollywoodizada que resultó), El Espinazo del Diablo y El laberinto del Fauno. Una carrera fascinante, la del tapatío.

jueves, 18 de julio de 2013

Titanes del Pacífico **1/2

(Pacific Rim, EUA 2013) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

“¡Los Transformers no les llegan a los talones a los Titanes!” – Román, 8 años.

Cuando yo tenía unos ocho años, de vacaciones en Guadalajara a mediados de los 1970s, ví en el cine una película maravillosa titulada GODZILA VS. MECAGODZILA. En ella, el famoso monstruo japonés se daba de catorrazos con otro mono gigantesco, igual que él, una robusta cachora parada, excepto que Mecagodzila era mecánico, hecho de metal. No recuerdo absolutamente nada de la historia, si es que la había. Pero la emoción de estar en una enorme sala de cine aplaudiendo, junto con cientos de niños, a cada trancazo que el buen Godzila le propinaba a su doble metálico, no se me ha olvidado. Me gusta pensar que entre esos chamacos  tapatíos andaba el pequeño Guillermo del Toro, que ahora en Titanes del Pacífico recrea esa emoción de ser testigo de las impresionantes peleas de tremendos monotes que destruyen todo a su paso, sólo por el gusto de hacerlo.

Del Toro no se anda con rodeos: en unos minutos nos cuenta cómo, en el tiempo presente, los kaijus, unos feos y gigantescos monstruos salen de una grieta en el fondo del Océano Pacífico, para destruir todas las ciudades costeras. ¿Por qué? Quién sabe. Rápidamente los países de la Cuenca del Pacífico nos ponemos de acuerdo (porque supongo que México también le entra al quite, al menos con petróleo) para construir unos monotes mecánicos con forma humana pero tan grandes como los kaijus. Estos monotes son en realidad armas de combate poderosísimas, que requieren ser manejadas por dos pilotos humanos, conectados el uno al otro mentalmente y que deben ser muy diestros en lucha cuerpo a cuerpo, ya que el monote replica todos los movimientos que los pilotos hacen en su interior, para sonarse de lo lindo a los horribles kaijus.

Aquí es donde la cinta de del Toro se hace o se deshace: los enfrentamientos de los Monotes del Pacífico (como ya la rebautizamos enque Diezmartínez) y los kaijus están despojados de toda lógica, si uno se la quiere buscar (y la película se deshace). Aunque cada pelea inicia a “puño” limpio de una manera salvaje, haga usted de cuenta cualquiera de Mike Tyson con todo y mordidas de orejita, rápidamente escala a duelos con balas, rayos mortíferos y, ya entrados en gastos, hasta espadotas. Pero los monos en pantalla son tan impresionantes y las escenas de pelea, a pesar de tanto trancazo, están tan salpicadas de detalles curiosos y emocionantes, que, definitivamente, la película se hace.

Y es que, parafraseando el diabólico dicho, del Toro está en los detalles. Ahí están el gusto del director tapatío por los intrincados mecanismos, los insectos y criaturas repulsivos, las escenas con punto de vista infantil y ese personaje autoritario pero a la vez paternalista y entregado (en este caso, el formidable actor británico Idris Elba, como el noble y aguerrido Mariscal Pentecost), los varios personajes locuaces, que son menores pero resultan clave en la trama (los dos excéntricos científicos/pareja dispareja) y por supuesto, Ron Perlman, en receso de Hellboy y haciendo aquí tres breves escenas en donde desquita cada centavo y se lleva, por cierto, los mejores aplausos y carcajadas de toda la cinta. Ah, no se vaya sin ver los créditos finales.

Guillermo del Toro no tendrá en Titanes del Pacífico su mejor película a la fecha pero sí un producto digno de provocar emociones cinematográficas genuinas en niños de ocho años. Y en uno que otro cuarentón.

jueves, 11 de julio de 2013

Guillermo del Toro

Preparándonos para Titanes del Pacífico, un vistazo rápido a las películas del director tapatío Guillermo del Toro.
Hellboy II: El Ejército Dorado (2008) ***. Guillermo del Toro se suelta en el escapismo por el escapismo puro (con un subtexto ecologista, eso sí), de la mano de Ron Perlman y su extraordinario Hellboy, en un mundo tan lleno de fantásticas imágenes y personajes, que una sola visita resulta insuficiente para captar todo lo que hay en la pantalla.
El Laberinto del Fauno (2006) ****. Un regreso a temas antibélicos y a la guerra civil española, que antes sirvió de marco para El Espinazo del Diablo. Y nuevamente la fantasía y lo sobrenatural sirven de escape a la niña protagonista, que descubre que en todos lados hay monstruos (el militar de Sergi López, el peor de todos) y sólo la determinación de enfrentarlos nos lleva a la victoria. La riqueza visual del mundo de fantasía contrasta con los horrores de la realidad, por lo que entendemos perfectamente la decisión de la niña.
Hellboy (2004) ***. El amor de del Toro por las revistas de historietas (o cómics), adivinado en sus películas anteriores, pasa a primer plano con esta adaptación de Hellboy, escrita y dibujada en EUA por Mike Mignola. El perdido hijo del diablo, adoptado y criado por un sacerdote para, ya adulto, luchar contra el mal y lo sobrenatural, a las órdenes del gobierno gringo, es el pretexto perfecto para mostrar toda clase de criaturas fantásticas en una historia donde la consigna es divertirse y el humor negro es la constante. Ron Perlman, que diez años antes había trabajado con del Toro en Cronos, parece haber nacido para encarnar a Hellboy.
Blade II (2002) ***. Un regreso al tema de los vampiros, tocado en Cronos, pero esta vez como parte de la franquicia del cazador de vampiros interpretado por el actor de acción hollywoodense Wesley Snipes. En esta ocasión y a diferencia de Mimic, del Toro se avienta de cabeza a la acción desbordada y da rienda suelta a la presentación de monstruo tras monstruo en la pantalla, todo salpicado de la moronga de rigor.
El Espinazo del Diablo (2001) ****. Guillermo del Toro emigra a España e inicia sus propias producciones, de la mano de Almodóvar, con esta historia de fantasmas, lealtades y traiciones, nuevamente visto todo a través de los ojos de los niños. Es su primera película antibélica y lo sobrenatural funciona como una metáfora escapista al absurdo horror de la guerra. Con Federico Luppi y Marisa Paredes.
Mimic (1997) ***. Si de por sí mucha gente le teme a las cucarachas, imagine usted cucarachas gigantes que imitan la figura humana para conseguir a sus víctimas… Mimic, la primera película hollywoodense de del Toro es en parte una reelaboración de Cronos, su ópera prima. Muchos elementos se repiten: los personajes del niño y el viejo, los insectos que pican inesperadamente, las imágenes religiosas empacadas en papel plástico, los espacios cerrados para una atmósfera sobrenatural, los niños como testigos y parte de la trama. Hacia el último tercio Mimic se convierte en una película de acción y se adivina la mano de los productores haciendo a un lado a del Toro para entregar un producto más adecuado a los estándares de Hollywood.

Cronos (1993) ****. Su triunfal debut en cine, después de su exitoso paso por la serie televisiva de terror, Hora Marcada (1986-1989). Cronos cuenta la historia de un hombre que se vuelve inmortal, a costa de convertirse, además, en vampiro. Desde esta primera cinta Del Toro muestra su fascinación por un estilo visual rebuscado para crear un terror atmosférico, así como mostrar en detalle mecanismos en movimiento e insectos que sorpresivamente atacan a los personajes. El humor negro está presente a todo lo largo, sin dejar de lado la visión a través de los ojos de un niño. Con las excelentes actuaciones del argentino Federico Luppi, el mexicano Claudio Brook y el estadounidense Ron Perlman.

viernes, 15 de febrero de 2013

Mamá ***


(España/Canadá 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Concedido: uno va a ver películas de terror para sudar frío, pegar brincos en el asiento, soltar uno que otro grito y, como después de todo es sólo una película, uno termina riéndose nerviosamente del susto recién pasado, hasta que viene la siguiente escena en que volvemos a sudar frío, brincar y gritar. Casi casi como subirse a una montaña rusa, donde nos asustamos al ver venir la caída frente a nosotros, luego nos reímos apenas el tiempo suficiente para tomar la siguiente curva o caída a toda velocidad. Mamá es justo esa clase de película, en que la historia de fantasmas apenas interesa lo suficiente como para que aguantemos entre susto y susto, que es a lo que vamos. Y cuando uno piensa que el paseo está por terminar sin mayor consecuencia, Mamá sorprende con un excelente final que construye sobre la historia contada hasta el momento y supera o compensa, trasciende, más bien, todos los espantos y espantajos anteriores.

Escrita y dirigida por el argentino Andrés Muschietti en su primer largometraje, Mamá claramente se beneficia de ser producida por Guillermo Del Toro, al presentar varios de los elementos comunes en el cine del director tapatío, principalmente los niños en peligro al entrar (o salir, según sea el caso) en un mundo de fantasía y los fantasmas que buscan algo más que jalarle las patas a sus víctimas y al público.

En este caso, Victoria y Lilly son dos hermanitas que, tras una tragedia familiar, se ven abandonadas en una cabaña en lo profundo del bosque. Ahí las niñitas sobreviven de una forma bastante silvestre, aparentemente cuidadas por un ser sobrenatural a quien ellas terminan llamando “mamá”. Cinco años después son encontradas por un tío, quien las rescata y lleva a vivir con él y su novia, ambos un par de ninis. Todo va aparentemente bien, hasta que la mamá del bosque se aparece, literalmente, para reclamar a sus hijas postizas, usando contra los acomedidos ninis, todos los recursos que se acostumbran en este tipo de películas: ruidos extraños, insectos que salen de la nada, paredes sangrantes, sorpresivas imágenes fantasmagóricas, etc.

Naturalmente, las víctimas del ser sobrenatural harán todo lo que no debe hacerse en estas situaciones, para nuestro horror o susto, según sea el gusto de cada quién. Usted sabe: meterse en lugares oscuros nomás para ver quién anda ahí; quedarse solo en una casa donde las paredes sangran; dejar abiertas las ventanas para ver si se mete el monstruo; ir al bosque a media noche cuando se pudo haber ido de día; como dije antes: etc.

Pero no es que me queje. Todo lo contrario. La puesta en imágenes del director Muschietti no defrauda al ligar esas típicas escenas de sustos, una tras otra, colgadas de una historia trillada pero contada de una forma en que la tensión se va acumulando, para ser liberada con cada susto de los personajes y de nosotros. La fotografía del mexicano Antonio Riestra crea un pesado ambiente en el que abundan las sombras y claroscuros, usualmente propicios para un mayor efecto de las terribles apariciones. El complemento sonoro es la música del español Fernando Velázquez, que, al igual que en El Orfanato (también producida por Guillermo Del Toro, en 2007), nos envuelve en un mundo en el que no hay salida sino hasta el final.

Y el final es lo que sorprende más en Mamá, que hasta ese momento ha sido un buen ejercicio de cine de terror tradicional, pisando correctamente todas las bases reglamentarias y hasta resbalándose en algunas otras cuando no se necesitaban, como ciertos sueños de algunos personajes. Y es que todo se compensa en la secuencia final que, más que atar todos los cabos sueltos, como normalmente ocurre en el cine hollywoodense, desamarra varios de los elementos presentados y nos da un último jalón de extremidades inferiores, pero de una manera en que dejamos de lado los brincos, los gritos y la risa nerviosa, para sumergirnos en una, si me permite la expresión, tensa serenidad y en las imágenes e ideas más bellas de toda la película.

Mejor dicho y considerando que todo el rato estuvimos apretados en el asiento, el desenlace/enlace nos deja soltarnos, ver la historia y sus personajes con calma y darnos cuenta que, en efecto, no podía ser de otra forma. Bueno, sí pudo ser de otra forma, pero entonces Mamá se habría quedado en el montón.

sábado, 12 de febrero de 2011

Los Ojos de Julia *

(España, 2010) Clasificación B-15
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Hay una escena, en esta película de terror, en que Julia, la heroína buenona y gritona descubre el juego del asesino y le espeta un "¡hijo de puta!", precisamente frente a la señora madre del tipo. Hasta donde sabemos en ese punto de la película, la buena ancianita no está involucrada en los crímenes y está tan horrorizada como quien suelta la mentada de madre. No dice nada bueno de Los Ojos de Julia el que el impotente insulto sea recibido por el público en la sala con una sonora carcajada, por la aparente insensibilidad de Julia.

Básicamente así transcurren los 112 minutos de Los Ojos de Julia, del catalán Guillem Morales, donde Belén Rueda, a quien vimos anteriormente en la excelente El Orfanato (producida también, como ésta, por Guillermo del Toro), se tropieza una y otra vez con un intento de trama que da absurdas vueltas para ligar malos intentos de clichés tras clichés y plagios tras plagios de otras películas de suspenso, empezando por el asesino con un motivo "me robaron mi patito de hule" (como nadie voltea a verme, mi venganza al mundo es tener novias ciegas; huy...). Hombre, hasta el enfrentamiento final (o en todo caso creo que fue el enfrentamiento final, ya perdí la cuenta) con el asesino nos da a Julia usando como única arma el flash de una cámara, provocando nuevas carcajadas en el respetable. Baste recordar la impotencia y desesperación que uno siente como espectador ante la futilidad de la misma acción (y prácticamente el mismo efecto visual en pantalla) por parte de Jimmy Stewart en La Ventana Indiscreta, de Hitchcock, para ver cómo la cinta de Guillem Morales pierde.

Debo decir que la propuesta visual de Morales y su cinefotógrafo Oscar Faura (el mismo de El Orfanato) me pareció bien empleada para crear la sensación de encierro por parte de la protagonista al perder la vista: Morales y Faura se las ingenian para que en esa parte de la película no podamos ver a los demás personajes, excepto por una mano o una espalda, guiándonos únicamente por sus voces. Por otro lado y ya que menciono el sonido, la excesiva partitura de Fernando Velázquez no cesa de decirnos qué debemos sentir en cada escena. Hasta donde recuerdo, Velázquez hizo mejor trabajo, precisamente, en El Orfanato. Mire, pa' qué me ando con rodeos: si quiere ver una película de terror, producida por Del Toro, fotografiada por Faura, con la música de Velázquez y con los gritos de Belén Rueda, rente El Orfanato.

jueves, 31 de enero de 2008

Reseñas de la cartelera semanal / Ene 25 al 31, 2008

El Orfanato ***
(México/España, 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Qué es un fantasma? ¿Qué es una historia de escapismo fantástico? ¿Qué es el verdadero terror? Preguntas que suenan conocidas a los admiradores de Guillermo del Toro, quien produce en España el primer largometraje del director Alejandro Bayona, reciclando, para algunos y reelaborando, para otros, las historias de fantasmas y el escapismo del hostil mundo real, introducidas en El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno. Otros más ven repeticiones de las relaciones madre e hija(os) de Los Otros (Amenábar, 2001) y Agua Turbia (Salles, 2005), así que original, lo que se dice original, El Orfanato no es.

Entretenida, absorbente por momentos, con una excelente manufactura y varias buenas escenas que hacen saltar, más la actuación protagónica de Belén Rueda, que nos da más de un poderoso momento de emoción, El Orfanato se deja ver muy bien. Para quienes tenemos el instinto paterno muy a flor de piel, contiene situaciones estrujantes en extremo. Qué le digo: lágrimas garantizadas, más que sustos al por mayor.