(Man of Steel, EUA 2013) Clasificación México ‘B’ / EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ya antes he aclarado en este espacio mi afición, desde que era niño, por Supermán en sus distintas representaciones (libritos, caricaturas, película, en fin, hasta calcetines… y no es broma). Igualmente, he descargado aquí mi disgusto por Supermán Regresa, estrenada en 2006 y que no fue más que un refrito demasiado reverente e innecesario de Supermán, la muy disfrutable y memorable cinta protagonizada por Christopher Reeve en 1978. Así que a continuación doy mi reporte sobre a El Hombre de Acero: Como “fan”, me gustó MUCHO; como cinéfilo, me gustó… mucho.
He aquí el nuevo intento de la Warner Brothers por entrar a la cancha del cine basado en superhéroes que, hoy por hoy, Marvel/Disney domina con las franquicias de Iron Man, El Hombre-Araña, Los Vengadores y anexas. En todo caso, sólo la reciente trilogía de Batman ha mantenido a Warner en la pelea, aunque esa serie es, en mi opinión, deprimente, aburrida y confusa. Es claro que aquí estoy solo ante el peligro, dado el éxito mundial de Batman Inicia, El Caballero de la Noche y El Caballero de la Noche Asciende. Por lo tanto, era natural que la WB decidiera confiar a Christopher Nolan, el productor, escritor y director que revivió a Batman, hacer lo propio con Supermán.
Como usted se podría imaginar, con esos antecedentes, El Hombre de Acero presenta desde cero a un Supermán atormentado por su pasado y buscando su lugar en el mundo, más o menos como vimos a Bruce Wayne (o Bruno Díaz) en Batman Inicia. La diferencia, para bien, es que el pasado de Supermán resulta, por lo menos a mí, más entretenido y fascinante que el de Bruce Wayne. La primera media hora es dedicada a mostrarnos los últimos días del planeta Kryptón, con Jor-El (un muy serio Russell Crowe), el padre del futuro superhéroe, rebelándose ante los dirigentes del planeta al borde de la destrucción y tomando las acciones que lo llevarán a enviar a su hijo recién nacido, Kal-El, a la Tierra. En esas escenas conocemos al General Zod (un gritón y también muy serio Michael Shannon), responsable de la seguridad de Kryptón y cuyos motivos son los mismos de Jor-El, pero con métodos diferentes. Las consecuencias las conocemos: Kryptón se destruye y Kal-El llega a la Tierra, donde crecerá para convertirse en Supermán. Y eventual e inevitablemente, el villano Zod también alcanzará nuestro planeta, para enfrentar a un Kal-El adulto.
A diferencia de las versiones cinematográficas anteriores, donde todo era festivo y sencillo, la visión de El Hombre de Acero del productor Nolan, su escritor de cabecera David S. Goyer (también escritor de la trilogía Batman) y su director en turno, Zack Snyder (adorado por las masas por su cinta “300”, EUA 2007), peca de seriedad y solemnidad. Pero creo que las historias de los últimos días de Kryptón y la del destino que Jor-El busca para su hijo Kal-El están tan bien armadas, que más que una película de Supermán, todo el asunto se siente como una buena cinta de ciencia ficción sobre un extraterrestre huérfano. Bueno, al menos la primera hora y media, antes de que empiecen los catorrazos.
Resulta que Kal-El, ahora llamado Clark Kent, anda de arriba para abajo, haciendo chambitas varias, supuestamente tratando de encontrarle sentido al hecho de que es un extraterrestre superfuerte e indestructible. Lo cierto es que esa parte de El Hombre de Acero ya la vimos antes en El Fugitivo (tanto en tele como en cine) o en la versión televisiva de Hulk, en los ‘70s. Hombre, tan trillado es el asunto que hasta hubo un Perro Fugitivo en la tele de esa época. Lo único rescatable del vagar de Clark es la serie de recuerdos que va teniendo sobre su padre terrestre, interpretado con el corazón en la mano por Kevin Costner. Ahí es donde se explica por qué Kal/Clark es tan bien portado, a pesar de ser tan poderoso, lo cual es un fuerte obstáculo a la hora de enfrentarse a Zod, decidido a matarnos a todos para construir un nuevo Kryptón. Con una amenaza así, Kal/Clark hace lo que puede, no lo que debe, para detener a Zod y en el proceso destruye media Metrópolis, en escenas tan realistas que seguramente el número de metropolitanos muertos habrá rondado los miles… ¿otra carga sicológica para Clark?
Algo así como la última hora se va en trancazo tras trancazo entre Zod y Clark, con edificios derrumbándose por todos lados y Luisa Lane (Amy Adams, la cantarina princesa de Encantada, EUA 2007) trepada en cuanto transporte militar se le atraviesa, con tal de obtener su historia periodística. Al final, nos queda claro que este Clark Kent, actuado apropiadamente por el británico Henry Cavill, no es el tímido y torpe reportero, ni Supermán el optimista héroe de las versiones anteriores. Es más, ni siquiera es conocido como Supermán y en toda la película sólo una vez se menciona ese “nombre”. Todavía más: queda claro que el productor Nolan y compañía han entregado un producto que sí tendrá continuaciones. Como “fan”, ya las espero. Como cinéfilo diré que ojalá dejen de lado, un poco aunque sea, esa seriedad de la que han investido a su Supermán. Un hombre que vuela debería maravillarnos, ¿no cree usted?