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martes, 12 de septiembre de 2017

Mamá ***

(España/Canadá 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Concedido: uno va a ver películas de terror para sudar frío, pegar brincos en el asiento, soltar uno que otro grito y, como después de todo es sólo una película, uno termina riéndose nerviosamente del susto recién pasado, hasta que viene la siguiente escena en que volvemos a sudar frío, brincar y gritar. Casi casi como subirse a una montaña rusa, donde nos asustamos al ver venir la caída frente a nosotros, luego nos reímos apenas el tiempo suficiente para tomar la siguiente curva o caída a toda velocidad. Mamá es justo esa clase de película, en que la historia de fantasmas apenas interesa lo suficiente como para que aguantemos entre susto y susto, que es a lo que vamos. Y cuando uno piensa que el paseo está por terminar sin mayor consecuencia, Mamá sorprende con un excelente final que construye sobre la historia contada hasta el momento y supera o compensa, trasciende, más bien, todos los espantos y espantajos anteriores.

Escrita y dirigida por el argentino Andrés Muschietti en su primer largometraje, Mamá claramente se beneficia de ser producida por Guillermo Del Toro, al presentar varios de los elementos comunes en el cine del director tapatío, principalmente los niños en peligro al entrar (o salir, según sea el caso) en un mundo de fantasía y los fantasmas que buscan algo más que jalarle las patas a sus víctimas y al público.

En este caso, Victoria y Lilly son dos hermanitas que, tras una tragedia familiar, se ven abandonadas en una cabaña en lo profundo del bosque. Ahí las niñitas sobreviven de una forma bastante silvestre, aparentemente cuidadas por un ser sobrenatural a quien ellas terminan llamando “mamá”. Cinco años después son encontradas por un tío, quien las rescata y lleva a vivir con él y su novia, ambos un par de ninis. Todo va aparentemente bien, hasta que la mamá del bosque se aparece, literalmente, para reclamar a sus hijas postizas, usando contra los acomedidos ninis, todos los recursos que se acostumbran en este tipo de películas: ruidos extraños, insectos que salen de la nada, paredes sangrantes, sorpresivas imágenes fantasmagóricas, etc.

Naturalmente, las víctimas del ser sobrenatural harán todo lo que no debe hacerse en estas situaciones, para nuestro horror o susto, según sea el gusto de cada quién. Usted sabe: meterse en lugares oscuros nomás para ver quién anda ahí; quedarse solo en una casa donde las paredes sangran; dejar abiertas las ventanas para ver si se mete el monstruo; ir al bosque a media noche cuando se pudo haber ido de día; como dije antes: etc.

Pero no es que me queje. Todo lo contrario. La puesta en imágenes del director Muschietti no defrauda al ligar esas típicas escenas de sustos, una tras otra, colgadas de una historia trillada pero contada de una forma en que la tensión se va acumulando, para ser liberada con cada susto de los personajes y de nosotros. La fotografía del mexicano Antonio Riestra crea un pesado ambiente en el que abundan las sombras y claroscuros, usualmente propicios para un mayor efecto de las terribles apariciones. El complemento sonoro es la música del español Fernando Velázquez, que, al igual que en El Orfanato (también producida por Guillermo Del Toro, en 2007), nos envuelve en un mundo en el que no hay salida sino hasta el final.

Y el final es lo que sorprende más en Mamá, que hasta ese momento ha sido un buen ejercicio de cine de terror tradicional, pisando correctamente todas las bases reglamentarias y hasta resbalándose en algunas otras cuando no se necesitaban, como ciertos sueños de algunos personajes. Y es que todo se compensa en la secuencia final que, más que atar todos los cabos sueltos, como normalmente ocurre en el cine hollywoodense, desamarra varios de los elementos presentados y nos da un último jalón de extremidades inferiores, pero de una manera en que dejamos de lado los brincos, los gritos y la risa nerviosa, para sumergirnos en una, si me permite la expresión, tensa serenidad y en las imágenes e ideas más bellas de toda la película.

Mejor dicho y considerando que todo el rato estuvimos apretados en el asiento, el desenlace/enlace nos deja soltarnos, ver la historia y sus personajes con calma y darnos cuenta que, en efecto, no podía ser de otra forma. Bueno, sí pudo ser de otra forma, pero entonces Mamá se habría quedado en el montón.

jueves, 20 de julio de 2017

Melanie: Apocalipsis zombi ***1/2

(The girl with all the gifts, Reino Unido 2017)
Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala



Melanie, la niña protagonista de esta película de ciencia ficción, efectivamente es como dice el título original en Inglés: una niña con todos los dones. Melanie tiene unos 12 años y sólo es sacada de la celda donde aparentemente está prisionera en una fortaleza militar, para ser llevada al salón de clases, junto a otros niños, todos inmovilizados en sillas de ruedas. Melanie es la estrella de la clase: inteligente, carismática y compasiva con los demás; desde su joven y empática maestra, hasta los groseros soldados que la mantienen presa, pasando por la fría doctora que parece estudiar el comportamiento de Melanie. Algo debe estar muy mal en el mundo, cuando un grupo de militares trata a un grupo de dulces niños como si fueran la peor amenaza para la humanidad. Ajajá…

Mire, estimado lector, no quisiera decir nada más allá de lo que el pésimo título en Español ya revela. Efectivamente, esta es una buena película de ciencia ficción, pero también es una buena película de zombis (“hambrientos” en esta versión). Sólo diré que, como toda la buena ciencia ficción, aquí se explora la inmemorial pregunta: ¿qué nos hace humanos? Y, como toda buena película de terror, el monstruo es sólo la pantalla en la que proyectamos nuestros miedos. Y, en esta historia contada desde el punto de vista de Melanie, ella es la clave de ambas ideas.

La historia de “La niña con todos los dones” dirigida por el escocés Colm McCarthy, director, entre otras series británicas, de episodios de las exitosas “Dr. Who” y “Sherlock”, que también lidian con esos dos temas, la naturaleza humana y el terror. Y es la adaptación, por su propio autor, de la novela del británico M.R. Carey. Melanie es interpretada por la pequeña actriz Sennia Nanua, quien de manera sorprendentemente natural guía a los demás personajes, interpretados por Glenn Close, Gemma Arterton y Paddy Considine. De lo mejor en 2017.

jueves, 22 de junio de 2017

La Momia **

(The Mummy, EUA 2017)
Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

En medio de las casi 2 horas que dura “La Momia”, existe una película más corta que funciona muy bien como cine de monstruos para matiné: Un terrible monstruo (la momia del título) ataca a incautos a diestra y siniestra, mientras el muchacho chicho busca la manera de acabar con la amenaza, aprovechando para quedar bien con la muchacha y, para pasar el rato, intercambiar chistes con su fiel ayudante, que generalmente es medio cobarde y atolondrado. Y ya que uso la terminología técnica, pues de una vez: este muchacho chicho sí está en una película gacha.

Con todo lo divertido y emocionante que pudiera ser lo que hace el héroe (Tom Cruise, básicamente transplantando su personaje de Misión: Imposible), “La Momia” termina siendo una película gacha por culpa de los Estudios Universal, abiertamente empeñados en hacer competencia a las ahora larguísimas series de películas de superhéroes de Marvel y DC. Más que ofrecernos una simple aventura de monstruos con el muchacho chicho mencionado líneas arriba, Universal usa una buena parte del tiempo en pantalla de “La Momia”, dirigida por el primerizo Alex Kurtzman, como un aburrido y enredoso comercial de su nueva serie de películas de monstruos (Drácula, Frankenstein, la propia Momia, etc.).

El ejemplo más notorio del problema de “La Momia” está en el personaje que hace Russell Crowe: un científico (no revelaré su identidad) que se las sabe de todas todas acerca de momias y monstruos en general, pero que no tiene idea de cómo funciona el cine, donde los espectadores estamos para que nos muestren, no que nos platiquen. Cuando la película se empieza a atorar (y esto ocurre varias veces, de principio a fin), aparece Russell Crowe para explicarnos lo que estamos viendo y hacer saltar la historia a otro punto donde sí hay acción y donde, además, a veces se explica por sí solo lo que Russell Crowe ya nos dijo. Claramente estas son fallas de origen en un guión que no sabe acomodar, en un mismo jarrito, al muchacho chicho, a esta película gacha y a las futuras que Universal nos va a enjaretar en los siguientes veranos.

jueves, 8 de junio de 2017

¡Huye! ***1/2

(Get out!, EUA 2017)
Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


La semana pasada, recordando “El Aro”, decía que tengo sentimientos encontrados por ver una película de terror inteligente contra una simple película de terror. Trataré de ilustrar mi punto: desde hace un par de semanas, en la casa de ustedes hemos adoptado una gatita bebé. Como sabrá cualquiera que ha tenido gatos muy pequeños, es muy divertido verlos saltar, asustados, cuando uno camina cerca de ellos, estando desprevenidos. Diversión sencilla que nos dio Misty (la gatita) en sus primeros días con nosotros. Pero, como también saben quienes adoptan gatos, un buen día es la gata quien lo sorprende a uno, agazapada en un rincón del pasillo, esperando… esperando el momento en que uno pase por ahí para saltarnos encima (es un decir; si acaso, alcanzará a subírsenos al pie), volteando efectivamente los papeles y sorprendiéndonos (asustándonos, por qué no) a nosotros. La gata ha crecido un poco, ha aprendido y sus esfuerzos por sorprendernos, a base de planeación, paciencia y manejo del suspenso, son mucho más divertidos que los simples brincos de unos días antes. Así son las películas inteligentes de terror. Justo como “¡Huye!”, lo mejor en cartelera esta semana.

“¡Huye!” es una muy bien armada historia de intriga y suspenso. Por definición, en las películas de intriga sólo sabemos lo que sabe el protagonista, conforme lo va sabiendo a medida que avanza la historia. Y el suspenso, es decir, la certeza de que algo malo va a pasar, pero no cuándo, nos mantiene al borde del asiento. Y si agregamos comedia en la medida justa y en los momentos necesarios para romper temporalmente la tensión, hay suficiente para acompañar al personaje principal hasta los terribles sucesos que nos llevan al final.

Justamente como “¡Huye!”, escrita y dirigida por el hasta ahora actor de comedia, Jordan Peele, hace tan bien esa mezcla, no revelaré nada de la trama, pero concluiré describiendo la premisa inicial: “Chris” es un joven de veintitantos, preparándose a pasar el fin de semana con su novia, en la finca campirana de los papás de ella. Hay un pequeño detalle: su novia es güera y sus suegros (güeros también) no saben que “Chris” es negro. Como todos son gringos, podría usted pensar que el asunto no será más que una nueva versión de “Adivina quién viene a cenar” (EUA, 1967), con reflexiones actualizadas de la confrontación entre blancos y negros, entre liberales y conservadores, en los Estados Unidos post Obama y post Trump. Nada de eso: “¡Huye!”, más bien, se convierte en “Adivina con quién te estoy llevando a cenar…” Ay nanita.

jueves, 18 de mayo de 2017

Alien: Covenant ***

(Alien: Covenant, EUA 2017) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Hace casi 40 años, en 1979, el joven director británico Ridley Scott nos puso los pelos de punta a todos los que fuimos al cine a conocer a “Alien, el octavo pasajero”. En esta película futurista, los 7 miembros de la tripulación de una nave espacial carguera propiedad de la compañía Weyland, son desviados de su ruta para aterrizar en un planeta desconocido, ante una señal de auxilio. Ahí descubren unos extraños huevos gigantes en una especie de incubadora. Uno de los tripulantes se asoma con curiosidad a uno de los huevos al ver que algo se mueve dentro y, pa’ pronto, le brinca a la cara una especie de araña gigante. Lo que sigue es que la mentada “araña” invade la nave espacial, crece y se convierte en el octavo pasajero del ominoso título mexicano (“¡Noveno!” protestarían los amantes de los gatos) y, poco a poco y de uno en uno, se va despachando a cada empleado de Weyland, hasta quedar sólo un robot que no es lo que parece y una muchacha que, con mucha determinación y chica metralleta, enfrenta finalmente al monstruoso “Alien”.

Para no hacerle el cuento más largo, estimado lector, la nueva película de la saga, “Alien: Covenant”, es exactamente lo mismo. Dirigida también por un ya veterano Ridley Scott, la puesta en imágenes es tanto o más impresionante que en “El octavo pasajero” (Scott es un genio para usar la tecnología visual a favor del espectáculo). Igualmente, el cuento del monstruo que se va cenando a cada miembro de la tripulación sigue siendo muy entretenido y aterrador. El chiste y pretexto para volver a contarlo, en todo caso, es mostrarnos cómo llegaron a ocurrir los hechos que vimos en “El octavo pasajero”, ya que “Alien: Covenant”, al igual que “Prometeo”, su primera parte, también de Scott y estrenada en 2012, ocurre varios años antes de lo que vimos en la película de 1979.

Así, Scott echa mano de “David”, el robot que conocimos en “Prometeo” y que, fiel creación de Weyland, tiene ideas muy peculiares de lo que debe hacerse con esta letal especie extraterrestre. En más de una forma, en “Covenant” vemos cómo se plantan las semillas que eventualmente darán frutos en “El octavo pasajero” y todas sus secuelas. Y, de paso, tiene en “David”, por primera vez en toda la serie, un personaje que, en cuanto a trascendencia narrativa, está a la altura de “Ripley”, la heroína de las cuatro primeras películas. Después de todo, el resto del reparto, Demián Bichir incluido, no son más que la cena. El actor Michael Fassbender, quien encarna a “David”, lo sabe y da cátedra de cómo soltar diálogos dizque muy profundos y filosóficos con grandiosidad, sabiendo que, como público, lo que de verdad queremos es ver al monstruo hacer de las suyas. El “David” de Fassbender no se amilana y hasta nos cumple por ese lado, cuando lo vemos tirar guamazos de la lindo y por partida doble. Un lugar muy bien ganado: si al final de cada una de las primeras películas nos quedaba el gusanito de ver qué pasaba con Ripley, ahora, sin duda, todos queremos ver hasta dónde llega “David”. Bueno, es un decir, porque ya sabemos…

jueves, 30 de marzo de 2017

Life: Vida inteligente **

(Life, EUA 2017) Clasificación México ‘B’/EUA ‘R’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Un gringo, un japonés, dos ingleses y una rusa (nomás faltó el mexicano para completar el chiste clásico), estaban en la Estación Espacial Internacional y entonces llega un marciano. Esa es la premisa de Life: Vida Inteligente, del director sueco Daniel Espinosa. Las posibilidades de lo que ocurrirá después son muchas y Espinosa escogió tomar el camino de la película de terror en donde un grupo de personas está atrapado en un espacio cerrado, junto con un monstruo que se los va despachando de uno en uno. Hablando de clásicos, justo como en Alien, El Octavo Pasajero (del maestro Ridley Scott, en 1979).

Y la pregunta obligada es, si ya tenemos en Alien ese clásico del monstruo espacial al que el público volvemos una y otra vez y del que este mismo año, en unas semanas, de hecho, se estrenará el sexto episodio, ¿cuál es el caso de hacer otra película paralela, que recicla exactamente la misma premisa y exactamente las mismas propuestas de suspenso y terror?

Yo sólo hago la pregunta y, naturalmente, no tengo la respuesta. Sólo soy un espectador que, al descubrirme en el cine ante este refrito, no me queda más que disfrutar lo disfrutable de la cinta, que no es poco, por cierto: imágenes sorprendentemente reales de la estación espacial y acercamientos en primer plano al bello rostro de Rebecca Ferguson, la protagonista junto al siempre efectivo Jake Gyllenhaal, aunque aquí a ninguno de los dos les quede otra cosa qué hacer más que poner cara de preocupados o asustados, dependiendo de dónde ande el monstruo en la escena en turno. Ya vista, mejor me hubiera esperado a la siguiente de Alien.

jueves, 19 de enero de 2017

Shin Godzilla ***

(Shin Gojira, Japón 2016) Clasificación México ‘B’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


¿Qué pasaría si el día de hoy saliera del Océano Pacífico un monstruoso y gigantesco animal y empezara a destruir ciudades japonesas? ¿Cómo reaccionaría el gobierno japonés? ¿Cómo reaccionarían los gobiernos del mundo? La película número 31 sobre Godzilla (la número 29 producida por el estudio japonés Toho, que creara a Godzilla en 1954) contesta estas preguntas, justamente desde el corazón del gobierno japonés: las oficinas del Primer Ministro, al reiniciar la historia del famoso monstruo y hacerlo aparecer en el mundo por primera vez.

El planteamiento de los directores Hideaki Anno y Shinji Higuchi, especialistas en caricaturas animadas, es sencillo: sin anunciarse, el monstruo (inicialmente una especie de pez gigantesco, que poco a poco va cambiando de forma) sale del mar y se lanza sobre la primera ciudad costera que encuentra, destruyendo todo a su paso.

Como ocurre en estos días de “redes sociales”, la aparición es primero notada por ciudadanos comunes y los videos son compartidos y comentados con los consiguientes “likes” a lo largo de la internet, antes de que las autoridades se den por enteradas. Cuando finalmente el suceso llega a oídos del gobierno, pasa lo que quienes pagamos impuestos más sufrimos: el Primer Ministro y sus achichincles se quedan pasmados ante la eventual amenaza, sin siquiera atinar a hacer alguna declaración oficial, esperando que las cosas se arreglen solas. Con gran sentido del humor, los directores Anno y Higuchi hacen su crítica a la inacción burocrática del gobierno japonés pero, siendo justos y hasta benévolos con las autoridades, ese pasmo es sólo inicial y sólo entre los miembros más antiguos del gabinete.

Más temprano que tarde, dos funcionarios jóvenes destraban la situación y las certeras acciones en contra del monstruo inician, mientras la opinión pública continúa compartiendo videos y “likes” de la hecatombe. Por supuesto, en este mundo globalizado, un solo gobierno no puede actuar de manera aislada y menos si se trata de Japón tomando acción militar, así sea contra Godzilla. De modo que la presencia de los Estados Unidos es casi inmediata, con todo lo que ello significa en la historia reciente de ambos países. La amenaza de una nueva tragedia atómica es latente a lo largo de la película y se hace presente en el personaje de la enviada del gobierno estadounidense, una joven gringa/japonesa, nieta de sobrevivientes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Y, a todo ésto, ¿y Godzilla? Es cierto que la película dedica una gran parte de su tiempo en mostrar las discusiones de los funcionarios de gobierno de todos los niveles, siempre a manera de sátira, lo cual resulta divertido e interesante. Pero cuando mueve su atención a Godzilla avanzando entre las ciudades, no defrauda. Tanto el monstruo como la destrucción se ven aterradoramente reales. Atrás quedaron los tiempos en que era evidente que Godzilla no era más que un actor dentro de un traje de plástico, tumbando edificios de cartón. Lo que no ha cambiado, para bien, es el origen del terror: Godzilla no es un capricho de la naturaleza. En la original de 1954 y ahora en Shin Godzilla, los necios humanos, nadie más, al forzar al planeta somos los responsables de nuestras propias desgracias.

jueves, 5 de enero de 2017

Estación Zombie: Tren a Busán ***1/2

(Busanhaeng, Korea del Sur 2016) Clasificación México ‘B-15’/EUA 'R'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


La semana pasada publiqué mi lista de las 10 mejores películas que ví en el cine en 2016. Y, como siempre pasa con estas listas, justo al terminarlas uno ya las quiere revisar, para quitarle o ponerle. Después de ver Estación Zombie: Tren a Busán, estrenada el último fin de semana de diciembre, supe que tenía un pilón para mi lista de lo mejor del año.

Le platico, estimado lector, los primeros minutos: Un joven empresario, adicto al trabajo, deja su hamburguesa a medio comer en su oficina de Seúl, para llevar a su pequeña hija a ver a mamá, quien vive en Busán, otra ciudad koreana. La niña sufre el divorcio de sus padres y desea pasar su cumpleaños con mamá, para molestia del ocupado papá. A regañadientes, el hombre aborda con la niña el tren de madrugada, esperando regresar a sus intereses al medio día. Sólo que, como dice el dicho: el hombre propone y el cine de terror dispone… Pa’ pronto, estaciones y trenes se empiezan a llenar de zombis que a mordidas infectan a pasajeros buenos y sanos, cerrándose poco a poco el círculo de seguridad para padre e hija, junto con otros pocos viajeros en ese tren a Busán.

Amén de la economía que muestra el director y guionista koreano Yeon Sang-ho para establecer a sus personajes y entrar en materia, y de su solvencia en montar escenas “de acción” (los continuos  y crecientes ataques de zombis, pues) que se suceden una a la otra aumentando el suspenso y la intensidad de lo mostrado en pantalla, la verdadera joya de la película son sus personajes centrales y cómo se relacionan unos con otros.

Los asuntos por resolver entre el padre ausente y la niña abandonada se van desenvolviendo entre susto y susto y entre enfrentamiento y enfrentamiento no sólo con los zombis, sino también con los otros pasajeros. Es de rigor que en estas películas el grupo de personajes iniciales se vaya reduciendo conforme los monstruos van haciendo de las suyas. El director Yeon tiene el buen tino de usar estas pérdidas no sólo para efectos de horrorizar al público, sino para hacer avanzar la historia hacia su inevitable final.

Y como en toda buena película de terror, los monstruos son sólo un pretexto para contar historias con las que nos podamos identificar. Al alcanzar el tren su destino, no cabe duda, todos los que llegamos, a pesar de los zombis, ponemos el corazón en la mano por estos personajes.

jueves, 27 de octubre de 2016

4 décadas de terror

Hay que aprovechar cuando tenemos reestrenos en cine de varias de las mejores películas hollywoodenses de terror, de los 60s, 70s, 80s y 90s. En orden de preferencia, van mis reseñas de las que hay que volver a ver, o ver por primera vez (¡suertudos!), en la pantalla grande más cercana que usted tenga.
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

El Exorcista ****
(The Exorcist, EUA 1973) Clasificación México ´ B-15´/EUA ´R´
La primera película hollywoodense importante en tratar la posesión demoniaca y la lucha de la iglesia Católica contra el maligno. Con El Exorcista, el director William Friedkin sentó las bases para las siguientes cintas sobre el tema, mostrando primero a la inocente familia afectada con uno de los mayores miedos, el que algo malo le pase a un hijo, para luego centrarse en la historia del creyente que, en un máximo acto de fe, se enfrenta al demonio en nombre de Dios.
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Tiburón ****
(Jaws, EUA 1975) Clasificación México ´ B-15´/EUA ´R´
Desde su estreno en el verano del ‘75, las playas no volvieron a ser las mismas. Ni los cines, que a partir de entonces, verano a verano, se llenan de público ávido de emociones fuertes en la pantalla grande. El tiburón no aparece sino hasta la mitad de la película pero desde los primeros minutos el terror de la pantalla se vuelca a los espectadores, ayudado por las inconfundibles e inolvidables notas musicales de John Williams, en esta primera de muchas geniales colaboraciones con el director Steven Spielberg.
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Psicosis ****
(Psycho, EUA 1960) Clasificación México ´ B-15´/EUA ´R´
Psicosis, del maestro del suspenso Alfred Hitchcock, es una película clásica que casi todo mundo conoce, aún sin haberla visto, gracias a la influencia temática y visual que ha tenido en el cine de terror de los últimos 50 años. Por lo mismo, para quienes saben de ella pero nunca han tenido la oportunidad de experimentarla, es mejor no comentar nada sobre la trama. El propio Hitchcock, en su momento, aparecía en los anuncios de cine pidiendo a quienes la veían que no divulgaran nada, dado el impacto que tiene la historia de la protagonista cuando se ve por primera vez. Aún más: la Universal, distribuidora del filme, exigía a los cines prohibir la entrada a la sala una vez iniciada la función, para respetar la secuencia narrativa ideada por el gran Hitch.

En honor a esta tradición y por experiencia personal acerca del daño que puede uno hacer a los no iniciados (mi amada esposa aún no olvida el que yo, inadvertidamente, revelé el secreto la primera vez que la vio, hace unos 10 años), sólo diré que Hitchcock consigue interesarnos, durante los primeros 45 minutos, en las peripecias de una solitaria y bella rubia, para después presentarnos a un encantador muchacho que vive con su anciana madre y administra un motel a la orilla de una olvidada carretera: el Motel Bates. Y ya me dieron escalofríos nomás de escribir esa última línea.
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El bebé de Rosemary ****
(Rosemary´s baby, EUA 1968) Clasificación México ´B-15´/EUA ´R´
El director Roman Polanski arma el hipnótico relato en que una joven neoyorkina descubre que lleva en su vientre al anticristo, después de caer víctima de un grupo de adoradores del demonio. La inocencia de la protagonista hace juego con la sencillez con que son presentadas las intenciones de los malos, para aumentar gradualmente el terror, hasta llegar a la escena del enfrentamiento de la madre con el bebé y la terrible decisión que toma.
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Scream ***
(Scream, EUA 1996) Clasificación México ´ B-15´ / EUA ´R´
El director Wes Craven decide, en los ‘90s, que el género de terror necesita revitalizarse y nos entrega esta idea en la que los personajes, incluyendo al sobrenatural asesino, se saben dentro de una película de terror y todo lo que hacen, consciente e inconscientemente, termina siendo consistente con la disección que Craven hace de sus propias cintas del género. El resultado es más divertido que aterrador, por cierto.
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Carrie: Un Extraño Presentimiento ***
(Carrie, EUA 1976) Clasificación México ´ B-15´ / EUA ´R´
En cine, lo innovador y vanguardista generalmente envejece mal. Véase Carrie, del director Brian De Palma, con una primera hora de escenas chocantes y actuaciones acartonadas. Es en la última media hora donde De Palma hace gala de su maestría para el suspenso, en una secuencia extendida sin cortes y sin diálogos, continuando, por si fuera poco, con siete minutos presentados en cámara lenta que nos tienen al borde del asiento, esperando la cruel travesura de los chamacos abusivos a la inocente Carrie. La “broma” desata una sangrienta pesadilla, que en pantalla dura menos de cuatro minutos, con uno de los recursos favoritos de De Palma: la pantalla dividida, mientras Carrie ejecuta su venganza sin siquiera parpadear. Sí, las imágenes en pantalla duran apenas los cuatro minutos, pero el impacto de estas escenas y del legendario y multicopiado epílogo han perdurado ya por 40 años.

jueves, 23 de junio de 2016

El Conjuro 2 **1/2

(The Conjuring 2, EUA 2016) Clasificación México ´B-15´/ EUA ´R´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Algo extraño pasó con El Conjuro 2: los sustos están ahí, como en la primera película pero… no asustan tanto. Nuevamente tenemos al par de cazadores de demonios, Ed y Lorraine Warren, ayudando a una familia contra una posesión demoniaca. Nuevamente vemos objetos moverse solos, horribles fantasmas aparecer en medio de la noche y niñas flotar en el aire. No me malentienda, estimado lector: todas estas escenas están bien ejecutadas y varias de ellas hacen saltar del asiento a los espectadores. Pero…

El Conjuro 2 no se siente tanto como una película de terror, sino como una de procedimiento: vemos cómo los esposos Warren, demonólogos profesionales, son enlistados para su siguiente trabajo por un sacerdote católico. “Su misión, si deciden aceptarla” es viajar a Londres e investigar al espíritu chocarrero en una casa pobretona de la capital inglesa. La pareja llega a Londres, entrevistan a la familia (y al espíritu), hacen grabaciones de sonidos escondidos, colocan cámaras de video para captar fantasmas, y de vez en cuando se miran el uno al otro ominosamente. Lo cierto es que lo profesional del asunto rompe la tensión y disminuye el terror de las escenas en que los Warren no están haciendo su trabajo, es decir, cuando de veras aparecen los fantasmas y los crucifijos se voltean solos. Uno no puede más que pensar: “gajes del oficio”.

Y es que, con todos los detalles mostrados sobre la forma de trabajar de los Warren, incluyendo su (supuesta) relación profesional con la Iglesia Católica, la película abre la puerta para que dudemos de qué tan real es lo que vemos. De acuerdo: es una película, y de terror, donde todo es inventado. Pero los esposos Warren son personas reales (Lorraine sigue viviendo de su nueva fama por estas cintas) que, en El Conjuro 2, se presentan insistentemente como “agentes de la Iglesia Católica”. Francamente, no veo al Papa como una especie de “M” para estos “James y Jane Bond” de lo oculto.

Vera Farmiga y Patrick Wilson siguen igual de carismáticos como Lorraine y Ed Warren y el director James Wan sigue montando muy buenas escenas de miedo, que con la fotografía de Don Burgess se ven aún más tétricas de lo que uno quisiera. Pero… si la idea es continuar la franquicia con más casos de los Warren, ojalá que suelten un poco el profesionalismo demonológico y se centren más en lo que nos interesa en este tipo de cine: sustos que asusten.

sábado, 23 de abril de 2016

Avenida Cloverfield 10 ***

(10 Cloverfield Lane, EUA 2016)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Ah, qué bonito ejercicio de intriga y suspenso nos da en su ópera prima el director Dan Trachtenberg. Desde el principio solamente sabemos lo que sabe la protagonista, la citadina veinteañera Michelle: despierta encerrada en un búnker bajo tierra, habiéndose volcado en un accidente carretero, justo después de abandonar a su novio. Comparte su encierro con Emmett, un joven pueblerino, aparentemente bueno para nada que confía ciegamente en Howard, el viejo y gordo granjero dueño del búnker en que los tres deben sobrevivir un supuesto ataque masivo que, a decir de Howard, ha destruido todo en la superficie.

Es fácil para Michelle (Mary Elizabeth Winstead) y para nosotros dudar de todo lo que dice el viejo Howard (John Goodman) y pensar, más bien, que no se trata de otra cosa que de un enfermizo secuestro, donde el granjero eventualmente aprovechará su dominio de la muchacha para satisfacer quién sabe qué bajos instintos. Sin embargo, la presencia voluntaria del inocentón Emmett (John Gallagher Jr.) nos hace dudar, si no a Michelle, sí a los espectadores (Emmett asegura que ha sido testigo de los primeros bombardeos).

El director Trachtenberg rápidamente nos enrola en la cercana convivencia del trío, que eventualmente parece acostumbrarse al claustro: comen, cantan, juegan Monopoly y ven películas juntos. Sin embargo, Michelle nunca termina de aceptar la situación y eso basta para que busque la forma de escapar. El que todo el tiempo estemos del lado de la muchacha y no del lado del granjero es natural, dado lo disparatada que suena su historia y dadas algunas situaciones nuevas que poco a poco va descubriendo ella.

Y aunque todo se acomoda para que nuestros deseos sean los mismos de la protagonista, hay algunas cosas que no encajan… o que tal vez encajan demasiado bien. Sí: Howard parece estar tumbado del burro y sí: parece tener encerrada a la fuerza a Michelle. Pero han pasado y se han escuchado algunas cosas, tanto en la superficie como en el búnker, que a ratos nos hacen dudar. ¿Quién tiene la razón? ¿Howard y Emmett, o Michelle y Emmett? No hay un momento de la película en que no queramos saber la verdad. Claro, hasta que el director nos revela la verdad. Ah, pero queríamos saber…

jueves, 18 de junio de 2015

Mundo Jurásico ***

(Jurassic World, EUA 2015) Clasificación México ´B´/EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

En los primeros minutos de Mundo Jurásico, segundo largometraje del director Colin Trevorrow, un personaje sentencia: "El público ya no se impresiona nomás con dinosaurios. Ahora los quiere más grandes, más dientones y más violentos". Y lo que sigue son dos horas de un refrito de Parque Jurásico, justamente más grande, más violento y con muchos más dientes. Peeero… la historia sigue siendo la misma de hace 22 años.

Resulta que el antiguo Parque Jurásico finalmente ha sido abierto al público, ahora con el nombre Mundo Jurásico. Entre los visitantes, dos chamacos, parientes de la directora del parque (entaconada Bryce Dallas Howard), se pierden en medio de la selva, justo cuando se suelta el dinosaurio más fiero. Afortunadamente, un especialista en las terribles cachoras (Chris Pratt) se lanza a salvarlos y… bueno, puede ver usted, estimado lector, que todo suena bastante conocido. También afortunadamente, todo el asunto sigue siendo divertido y emocionante y los dinosaurios siguen siendo muy impresionantes.

Sólo tuve un problema con esta nueva versión: en Mundo Jurásico, entre el gentío que llena el parque y a diferencia de la original, nunca queda claro a cuántos cristianos se escabechan los dinosaurios, así que, lo confieso: esta vez no sentí ni tantita pena.

jueves, 22 de mayo de 2014

Godzilla: Rey de los Monstruos **1/2

(Godzilla: King of the Monsters, Japón/EUA 1956) Sin clasificación
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Godzilla no siempre fue bueno. En las películas que me tocó ver en la infancia, durante los 1970s, la gran cachora parada era una especie de protector de la humanidad, contra amenazas descomunales como él. Claro, en cada pelea destruía ciudades enteras, como… bueno, como Godzilla en cristalería, pero era por un bien mayor. Sin embargo, en la película original de 1954, el monstruo era una terrible representación fantasiosa de los bombardeos atómicos de Estados Unidos a Japón.

Salido del Mar de Japón, Godzilla incendiaba buques de guerra nipones, matando a todos sus tripulantes. Pisoteba pueblos pesqueros enteros y, a su paso, dejaba una estela radiactiva que seguiría afectando a la población por el resto de su vida. Las imágenes iniciales de la devastación de Tokio, con cientos de heridos graves en los hospitales, cobran su verdadera y terrible dimensión en las escenas donde los doctores usan contadores Geiger para revisar el nivel de radiación en asustados niños japoneses: más claro, ni el agua. Godzilla representaba, en esa primera película de terror, el poder destructivo y la maldición de esas terribles armas atómicas que el Japón no se animaba a mencionar por nombre.

Aún así, dirigida por Ishiro Honda (y reeditada por Terry O. Morse para su estreno en los Estados Unidos, en 1956, con el nombre Godzilla: Rey de los Monstruos), Godzilla no deja de ser una película con pobres recursos cinematográficos. Efectos especiales risibles, aún para esa época. Historia melodramática y no de buena manera. Las acartonadas actuaciones, sobre todo en momentos que se suponen trágicos, hacen que uno como público tenga que poner de su parte para estar del lado de los personajes y no del monstruo. Sin embargo, lo que queda es muy directo: no importa cuánto progresemos, los humanos siempre estaremos a merced de la naturaleza y la respuesta tal vez esté en nuestra propia tendencia al mal.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Carrie: Un Extraño Presentimiento ***

Preparándome para el estreno de Carrie, va mi reseña de la película original.
(Carrie, EUA 1976) Clasificación México ´C´ / EUA ´R´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
No tuve la suerte de ver Carrie: Un Extraño Presentimiento, la décima cinta del director norteamericano Brian De Palma, en su estreno en nuestro país, durante 1977 y parte de 1978 (en esos años previos al cine en video y la tele por cable, las películas duraban meses recorriendo las salas del país). Cuando por fin la ví en video, a mediados de los 80s, Carrie ya era objeto de leyenda y varias imitaciones en el cine de terror hollywoodense.

Carrie fue la primera adaptación cinematográfica (por el guionista televisivo Lawrence D. Cohen) de una novela del entonces joven escritor de terror, Stephen King. Trata sobre una frágil adolescente, víctima de sus abusivos compañeros de preparatoria, que llega al límite del aguante y, usando sus recién descubiertos poderes telekinéticos, toma venganza fatal contra todos los graduados, acabando de tajo con una generación completa de estudiantes en una pequeña ciudad.

Ahora que la volví a ver, debo decir que la primera hora de Carrie ha envejecido mal, con una exposición de personajes y hechos que resulta acartonada y, de alguna manera, típica del cine comercial de fines de los 70s, con adolescentes relajientos pero muy ordenaditos, tomando turnos para hacer y decir las cosas. En esa primera hora, las cosas funcionan mucho mejor cuando Carrie (la angelical Sissy Spacek) está sola o con uno o dos personajes más, particularmente con su opresiva mamá, una fanática e ignorante mujer con una idea muy torcida de la religión y la educación.

La película cobra relevancia mayor en su genial última media hora, donde el director De Palma hace gala de su maestría para el suspenso, en una secuencia extendida sin cortes y sin diálogos, continuando, por si fuera poco, con siete minutos presentados en cámara lenta que nos tienen al borde del asiento, esperando la cruel travesura que los chamacos abusivos (Nancy Allen, la futura amiga de Robocop y John Travolta, antes de su triunfal Fiebre de Sábado por la Noche) le han preparado a la inocente Carrie. La “broma” desata una sangrienta pesadilla, que en pantalla dura menos de cuatro minutos, con uno de los recursos favoritos de De Palma: la pantalla dividida, que muestra a Carrie ejecutando su venganza sin siquiera parpadear. Sí, las imágenes en pantalla duran apenas los cuatro minutos, pero el impacto de estas escenas y del legendario y multicopiado epílogo han perdurado ya por treinta y seis años.

jueves, 29 de agosto de 2013

¡Asústame, panteón!

Ahora que ví El Conjuro, del director James Wan, pasó lo que tenía que pasar. Una buena película de terror siempre me despierta el apetito por más, pero lamentablemente no hay tantas para escoger. Mientras tanto, no está de más hacer un rápido recuento de las diez películas que más me han asustado en las últimas cuatro décadas.

Van en orden de gusto y susto, de menos a más:


10. El Auto (Elliot Silverstein, 1977) – El chamuco manejando un siniestro automóvil negro, atropellando a quien se le atraviese en un pequeño y pintoresco pueblito gringo. ¿De dónde vino, a dónde va y qué quiere? La película no lo explica pero no es necesario. Cada vez que el maldito carro aparece en pantalla acelerando el motor como si la gasolina se la subsidiara Venezuela, el público suda frío.


9. Amityville (Stuart Rosenberg, 1979) – Esta debe ser la cinta original de casas poseídas por espíritus malignos que, entre otras cosas, detienen los relojes a las 3 de la mañana y espantan a sus ocupantes para cometer actos terribles. El aviso inicial de que está basada en una historia real le dio un peso muy fuerte en el público de fines de los 1970s y su legado continúa hasta nuestros días, para bien y para mal.


8. Scream (Wes Craven, 1996) – El director Craven decide, en los ‘90s, que el género de terror necesita revitalizarse y nos entrega esta idea en la que los personajes, incluyendo al sobrenatural asesino, se saben dentro de una película de terror y todo lo que hacen, consciente e inconscientemente, termina siendo consistente con la disección que Craven hace de sus propias cintas. El resultado es más divertido que aterrador, por cierto.


7. La Noche de los Muertos Vivientes (George Romero, 1968) – De la nada, aparecen personas con apariencia cadavérica y empiezan a morder cristianos a diestra y siniestra. Los personajes principales se encierran en una casa y pasan toda la noche defendiéndose de los muertos mordelones. La primera película gringa de zombis (aunque nunca son llamados así en ella) saca buenos sustos e incluye crítica social bastante bien lograda. Las posteriores imitaciones se han limitado a mostrar zombis de todo tipo (hasta correlones y parlanchines) despachándose a los vivos.


6. 28 Días Después (Danny Boyle, 2002) – Una de las mejores apropiaciones del concepto iniciado por La Noche de los Muertos Vivientes, aunque aquí los monstruos no son muertos, sino personas infectadas por algún tipo de bicho que se transmite por contacto con la sangre de un contagiado. La persona no muere sino que empieza, en unos minutos, a corretear a sus prójimos para recetarles sus mordiscos.


5. Déjame Entrar (Tomas Alfredson, 2008) – A diferencia de las historias de vampiros basadas en Drácula, el vampiro de Déjame Entrar es un condenado a ser inmortal, que mata por la necesidad de beber sangre humana, no por maldad. Tanto así, que necesita de aliados humanos que compartan sus “buenas intenciones”, creando una relación simbiótica que sólo se entiende cuando se ve la película. La escena de la piscina, una de las más escalofriantes que se hayan filmado… sin mostrar nada.


4. El Monstruo (The Host, Bong Joon-ho, 2006) – Esta cinta koreana toma lo mejor de Godzilla, Tiburón y Alien, lo mezcla con drama y tragicomedia familiar y nos presenta una historia aterradora que nos deja helados, tanto por el monstruo como por las decisiones que van tomando los personajes a medida que su ambiente va cambiando.


3. El Bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1968) – Una joven neoyorkina descubre que lleva en su vientre al anticristo, después de caer víctima de un grupo de adoradores del demonio. La inocencia de la protagonista hace juego con la sencillez con que son presentadas las intenciones de los malos, para aumentar gradualmente el terror, hasta llegar a la escena del enfrentamiento de la madre con el bebé y la terrible decisión que toma.


2. Tiburón (Steven Spielberg, 1975) – Desde su estreno en el verano del ‘75, las playas no volvieron a ser las mismas. Ni los cines, que a partir de entonces, verano a verano, se llenan de público ávido de emociones fuertes en la pantalla grande. El tiburón no aparece sino hasta la mitad de la película pero desde los primeros minutos el terror de la pantalla se vuelca a los espectadores, ayudado por las inconfundibles e inolvidables notas musicales de John Williams en esta primera de muchas geniales colaboraciones con Steven Spielberg.


1. Alien, El Octavo Pasajero (Ridley Scott, 1979) – Una misión carguera espacial se topa con un planeta abandonado, donde anidan unas criaturas con apariencia de insectos, dentro de unos misteriosos huevos. Uno de los bichos ataca a un miembro de la tripulación y al ser llevado a la nave, comienza la carrera contra la muerte, donde uno a uno, los pasajeros van desapareciendo en las fauces del enorme y temible monstruo. En el espacio nadie te escuchará gritar, pero en el cine… por supuesto.

Ya sé, ya sé: ¿dos número 1? Alien es mi número 1 pero reconozco que, sin duda, la película que más miedo me provoca y me hace sudar frío desde la primera escena es…


1. El Exorcista (William Friedkin, 1973) – La primera película hollywoodense mayor en tratar la posesión demoniaca y la lucha de la iglesia Católica contra el maligno. El Exorcista sentó las bases para las siguientes cintas sobre el tema, mostrando a la inocente familia afectada primero, pero luego centrándose en la historia del creyente que en un máximo acto de fe se enfrenta al demonio en nombre de Dios.

viernes, 15 de febrero de 2013

Mamá ***


(España/Canadá 2013) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Concedido: uno va a ver películas de terror para sudar frío, pegar brincos en el asiento, soltar uno que otro grito y, como después de todo es sólo una película, uno termina riéndose nerviosamente del susto recién pasado, hasta que viene la siguiente escena en que volvemos a sudar frío, brincar y gritar. Casi casi como subirse a una montaña rusa, donde nos asustamos al ver venir la caída frente a nosotros, luego nos reímos apenas el tiempo suficiente para tomar la siguiente curva o caída a toda velocidad. Mamá es justo esa clase de película, en que la historia de fantasmas apenas interesa lo suficiente como para que aguantemos entre susto y susto, que es a lo que vamos. Y cuando uno piensa que el paseo está por terminar sin mayor consecuencia, Mamá sorprende con un excelente final que construye sobre la historia contada hasta el momento y supera o compensa, trasciende, más bien, todos los espantos y espantajos anteriores.

Escrita y dirigida por el argentino Andrés Muschietti en su primer largometraje, Mamá claramente se beneficia de ser producida por Guillermo Del Toro, al presentar varios de los elementos comunes en el cine del director tapatío, principalmente los niños en peligro al entrar (o salir, según sea el caso) en un mundo de fantasía y los fantasmas que buscan algo más que jalarle las patas a sus víctimas y al público.

En este caso, Victoria y Lilly son dos hermanitas que, tras una tragedia familiar, se ven abandonadas en una cabaña en lo profundo del bosque. Ahí las niñitas sobreviven de una forma bastante silvestre, aparentemente cuidadas por un ser sobrenatural a quien ellas terminan llamando “mamá”. Cinco años después son encontradas por un tío, quien las rescata y lleva a vivir con él y su novia, ambos un par de ninis. Todo va aparentemente bien, hasta que la mamá del bosque se aparece, literalmente, para reclamar a sus hijas postizas, usando contra los acomedidos ninis, todos los recursos que se acostumbran en este tipo de películas: ruidos extraños, insectos que salen de la nada, paredes sangrantes, sorpresivas imágenes fantasmagóricas, etc.

Naturalmente, las víctimas del ser sobrenatural harán todo lo que no debe hacerse en estas situaciones, para nuestro horror o susto, según sea el gusto de cada quién. Usted sabe: meterse en lugares oscuros nomás para ver quién anda ahí; quedarse solo en una casa donde las paredes sangran; dejar abiertas las ventanas para ver si se mete el monstruo; ir al bosque a media noche cuando se pudo haber ido de día; como dije antes: etc.

Pero no es que me queje. Todo lo contrario. La puesta en imágenes del director Muschietti no defrauda al ligar esas típicas escenas de sustos, una tras otra, colgadas de una historia trillada pero contada de una forma en que la tensión se va acumulando, para ser liberada con cada susto de los personajes y de nosotros. La fotografía del mexicano Antonio Riestra crea un pesado ambiente en el que abundan las sombras y claroscuros, usualmente propicios para un mayor efecto de las terribles apariciones. El complemento sonoro es la música del español Fernando Velázquez, que, al igual que en El Orfanato (también producida por Guillermo Del Toro, en 2007), nos envuelve en un mundo en el que no hay salida sino hasta el final.

Y el final es lo que sorprende más en Mamá, que hasta ese momento ha sido un buen ejercicio de cine de terror tradicional, pisando correctamente todas las bases reglamentarias y hasta resbalándose en algunas otras cuando no se necesitaban, como ciertos sueños de algunos personajes. Y es que todo se compensa en la secuencia final que, más que atar todos los cabos sueltos, como normalmente ocurre en el cine hollywoodense, desamarra varios de los elementos presentados y nos da un último jalón de extremidades inferiores, pero de una manera en que dejamos de lado los brincos, los gritos y la risa nerviosa, para sumergirnos en una, si me permite la expresión, tensa serenidad y en las imágenes e ideas más bellas de toda la película.

Mejor dicho y considerando que todo el rato estuvimos apretados en el asiento, el desenlace/enlace nos deja soltarnos, ver la historia y sus personajes con calma y darnos cuenta que, en efecto, no podía ser de otra forma. Bueno, sí pudo ser de otra forma, pero entonces Mamá se habría quedado en el montón.