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jueves, 12 de junio de 2014

Al Filo del Mañana ****

(Edge of Tomorrow, EUA/Australia 2014) Clasificación México ‘B’/EUA 'PG-13'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
En un futuro cercano, Tom Cruise interpreta a William Cage, un cínico ex publicista, ahora convertido en Mayor del ejército de los Estados Unidos, como parte de las fuerzas internacionales en una guerra contra invasores extraterrestres, que ya tienen tomada Europa. Un malencarado General británico (Brendan Gleeson) lo asigna, contra su voluntad, a combate en el desembarco en Normandía, de todos los posibles lugares y haciendo eco al Día D. Así y sin regarle a usted la sopa, ya que hasta el póster de la película lo anuncia, el personaje de Cruise muere en los primeros quince minutos.

Pero justo después de morir, Cage despierta en el mismo instante en que había llegado arrestado a la base militar el día anterior. Todo vuelve a ocurrir exactamente igual y Cage rápidamente se da cuenta de que “eso ya lo había vivido”, incluyendo el trágico desembarco, donde vuelve a morir. Y vuelve a despertar en la base, el día anterior. De este modo, Cage parece estar condenado a revivir los mismos dos días, para morir una y otra vez.

Al Filo del Mañana, dirigida por Doug Liman (Identidad Desconocida/The Bourne Identity, 2003), pone a su protagonista en la (hueca, si usted quiere, pero popular) encrucijada existencial: si volviera a vivir, ¿lo haría todo exactamente igual, incluyendo morir? Sin duda es trágico revivir y “remorir” eternamente. Justamente el acierto mayor de esta película es la forma en que complementa la tragedia con un humor negro que aligera la pesada y grotesca carga de mostrar una y otra vez la muerte del protagonista en condiciones terribles.

Otro gran acierto está en Tom Cruise, encarnando perfectamente el cambio gradual de su personaje, que aprende y mejora a fuerza de volver a vivir los mismos momentos, buscando sentido no sólo a lo que le está pasando, sino a todo lo que ha vivido antes. Y es que Cage recuerda todo, incluyendo cada muerte y cada resucitada, mientras que para los demás personajes las cosas ocurren por primera vez, cada vez. Cage termina cargando con la responsabilidad que implica de alguna manera tener el control de la vida de los demás, y la desesperación de cada vez tener que volver a ganarse aliados en su tarea, como Rita, una soldado británica que ha resultado excepcional en la guerra contra los invasores.

El que Rita sea interpretada por la bella Emily Blunt prácticamente da por sentado que entre ella y Cage eventualmente habrá algo romántico. Pero, piénselo: si cada vez que se conocen Cage tiene que explicar todo de nuevo a Rita y sólo tiene dos días para ello, ¿qué sentido tiene llevar la historia por el lado amoroso? Ahí está otro acierto de la película, ya que no rehúye el asunto sino que lo incorpora como parte de la carga emocional en Cage.

En cuanto a lo visual, Liman hace un excelente uso de la tecnología para mostrar vastos escenarios de guerra, pero también pequeños espacios encerrados. Por ese lado, mi momento favorito de Al Filo del Mañana es el enfrentamiento que tienen Rita y Cage con extraterrestres en medio de un destruido París. Todo se ve tan real y está puesto al servicio de la historia con tal acierto, que no nos importa lo obvio de la situación que los llevó ahí en primer lugar.

Las historias y películas en donde una persona da vuelta una y otra vez en el mismo espacio temporal no son nuevas (Hechizo en el Tiempo/Groundhog Day, de 1993 es un excelente ejemplo previo) y no son siempre exitosas en su propuesta. Al Filo del Mañana es, felizmente para los cinéfilos, una de las mejores hasta ahora y sin duda la mejor cinta del verano hollywoodense en lo que va de 2014.

martes, 23 de octubre de 2007

La Supremacía Bourne ***

(The Bourne Supremacy, EUA/Alemania 2004) Clasificación ‘B’
Por: Joel Meza
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿En qué nos quedamos? Si usted no se acuerda o no vio Identidad desconocida en 2002, Matt Damon interpreta a un hombre sin memoria pero con habilidades extraordinarias para andar hecho la mocha por media Europa, hablando el idioma que quiera, con pasaporte intercambiable en una mano y en la otra una pistola, esquivando balazos, trepando paredes y manejando carros en medio de la ciudad como quien levanta polvadera en la Salada, mientras a su vez balacea, pero él sí atinándole, a quienes lo persiguen. El hombre cree llamarse Jason Bourne (eso dice uno de sus pasaportes) y tiene la sensación de que es un asesino profesional internacionalmente buscado.

El que Bourne apenas se detuviera para agarrar aire y voltear a ver a Marie (Franka Potente), su forzada compañera de carreras, dándonos así un poquito de historia en medio de toda la acción, era lo de menos en Identidad desconocida, del director Doug Liman con un guión de Tony Gilroy. Ahora, en la segunda parte, La Supremacía Bourne, escrita también por Gilroy, bajo la batuta de Paul Greengrass, la premisa es la misma. Jason Bourne sigue corriendo muy rápido, lo cual es muy bueno porque lo siguen persiguiendo. Y sigue siendo muy escurridizo, lo cual es mejor porque siguen queriéndolo matar. Ah, sí, y sigue sin saber quién es.

La Supremacía Bourne está basada en El Retorno de Bourne, el segundo libro de una exitosa trilogía ochentera, del autor de novelas de espías Robert Ludlum. Identidad desconocida, adaptada de El Caso Bourne, el primer libro, nos planteó la historia del asesino que busca su identidad, haciendo lo que mejor sabe hacer. En la cinta actual, Bourne sigue en lo suyo, pero esta vez con el agregado de un deseo de venganza, que resultaría muy efectivo si tan sólo pudiera recordar contra quién. Afortunadamente el director Greengrass sigue los pasos de Liman en esta segunda parte y simplemente toma como pretexto la intriga contra Bourne para montar, una tras otra, escenas de acción tan intensas, largas y entretenidas, que nos dejan sin respiración. Ya sea en un pueblo de la India, Berlín o Moscú, Jason Bourne y sus perseguidores arman tal ajetreo en las atestadas calles, plazas y estaciones del metro, que nos hacen pensar que muchas compañías aseguradoras tendrán deseos de unirse a quienes buscan acabar de una vez por todas con Bourne.

En esta ocasión y solamente para darle una pincelada de decencia a la intriga, dos jefes de la CIA por un lado (los respetables Brian Cox y Joan Allen), y por el otro un mafioso y un asesino rusos, son quienes quieren acabar con el olvidadizo fugitivo. Lo más sensato sería que Bourne se escondiera o ya de perdida se disfrazara y usara cualquier otro nombre. Precisamente aquí está otro de los atractivos de la película. El Bourne de Matt Damon le apuesta a que su única salida es atraer a sus perseguidores siendo él mismo, lo cual termina por ser muy útil, si se considera que no cualquier hijo de vecino se saca de la manga tantos trucos mortíferos con objetos de uso diario, como revistas, tostadores de pan, taxis destartalados, celulares de espionaje y pistolas automáticas.

El éxito de La Supremacía Bourne está, precisamente, en la logística tan casual para la estela de destrucción que deja Jason Bourne en su camino. Si recupera la memoria o no, si deja de ser una máquina de matar, si le perdonan las infracciones de tránsito, es lo de menos. Aún cuando el tercer libro se titula El Ultimátum de Bourne, jure usted que la siguiente película va a ser algo así como esas carreras de Ana Guevara contra su rival en turno. Por más que se llamen “finales”, todos sabemos que al rato se estarán correteando de nuevo.
(Publicado originalmente el 12 de Septiembre de 2004, en La Voz de la Frontera.)

viernes, 5 de octubre de 2007

Identidad desconocida ***

(The Bourne identity, EUA 2002) Clasificación ‘B’
Por: Joel Meza
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

A estas alturas del año ya no hay duda: las cintas de espías se han convertido en el leit motif del 2002 para los productores y distribuidores de cine comercial. Esta semana toca el turno a Identidad desconocida, con Matt Damon como el desmemoriado asesino internacional Jason Bourne, de la exitosa novela El caso Bourne, publicada en 1980 por el maestro de la intriga internacional Robert Ludlum, y adaptada en esta ocasión para la pantalla grande por Tony Gilroy para el director Doug Liman.

El caso Bourne, situado en medio de la Guerra Fría, presentaba la historia de un hombre que pierde la memoria durante un violento incidente en Europa. Tratando de recuperar su identidad, el tipo descubre que su nombre podría ser Jason Bourne, y también se da cuenta de que posee habilidades físicas e intelectuales fuera de lo ordinario. Básicamente piensa y actúa precisamente como un asesino sistemático. Encima, descubre que sus posibles acciones pasadas tienen mucho qué ver con las del terrorista Carlos, personaje real que durante las décadas de los 70s y 80s fuera buscado infructuosamente por las policías de todo el mundo... algo así como el Bin Laden de la época (menos mal que el mentado Carlos actualmente está embotellado, así que todavía tenemos esperanzas con el barbado talibán). Bourne está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para saber quién es, cueste lo que cueste y, como dicen, caiga quien caiga.

En esta versión fílmica, Identidad desconocida, actualizada al siglo XXI, ya sin Guerra Fría pero con las broncas que todos conocemos y que por supuesto es muy pronto –y arriesgado- tratar en el cine de entretenimiento, El caso Bourne se convierte en una intriga apenas dibujada que sirve de pretexto para hilar las excelentes escenas de correteos, balaceras y las infaltables persecuciones automovilísticas que, para variar gratamente, fueron montadas a la antigüita por el director, en el mejor estilo de Contacto en Francia (Friedkin, EUA 1971), sin grandes explosiones ni carros o motos voladores, como se ha vuelto costumbre últimamente, gracias al avance en la tecnología de efectos visuales. Precisamente el avance tecnológico brilla más cuando no tenemos qué pensar en “cómo le hicieron”, pero indudablemente está presente, especialmente en un par de realistas escenas peligrosas en que el personaje de Damon se vuelve émulo del Hombre-Araña, con resultados mucho más aceptables que los del lamentable dibujo animado presentado por Sam Raimi y compañía el verano pasado. Bien por el equipo de efectos especiales al servicio de Liman.

Actúa también la joven alemana del fantástico nombre Franka Potente (Corre Lola corre, Alemania 1998), como Marie, la fémina obligada cuyo único negocio en la historia es... correr junto a Bourne y darle un pretexto para hablar y permitirnos seguir sus pensamientos sin tener que recurrir a una voz sobrepuesta a la acción. Por cierto, no me había fijado cuánto se parecen Damon y Potente; hay escenas en que bien podrían pasar por la misma persona. El resto del reparto incluye a Chris Cooper como el jefe/dueño de Bourne, Brian Cox como el burócrata que le demanda resultados para el Congreso, la jovencita Julia Stiles como la secre malhumorada y respondona en los momentos clave, tal vez porque se la pasa encerrada en su cuartito de París pegada al teléfono, mientras Bourne huye de otros agentes, entre los que destaca (por nombre, más que por el inexistente personaje que le toca) el serio-aburrido Clive Owen, que aquí no hace más que apuntar desde la mirilla de su rifle.

Buena película de acción, Identidad desconocida no le hace mucha justicia al género de intriga en lo que hace a historia. Considerando que Ludlum escribió una aclamada trilogía sobre Jason Bourne, si Hollywood desea hacer lo mismo en la pantalla los productores tendrán que invertir un poquito más en un buen guionista. Total, ya nos dejaron picados con las corretizas.
(Publicada originalmente el 23 de octubre de 2002, en La Voz de la Frontera.)