En cambio, déjeme contarle. Cuando tenía unos ocho años, estaba fascinado por la idea de los husos horarios. Descubrí que en Guadalajara (la ciudad grande más cercana a donde yo vivía) era siempre una hora más tarde que en Culiacán, la ciudad de mis abuelos. Además, uno de mis hermanos mayores, cuyo pasatiempo preferido era hacer girar mis engranes, tuvo a bien informarme que el avión de Guadalajara a Culiacán hacía exactamente una hora. Entonces, si uno volaba de Guadalajara a Culiacán, saliendo, digamos, a la 1 de la tarde, llegaría a Culiacán ¡a la 1 de la tarde! ¿A dónde se había ido la hora perdida?
Por supuesto, podría haberme alegado usted de haber coincidido con esa versión mía de ocho años, la hora perdida se recuperaría al volver, porque si el vuelo de Culiacán sale a la 1 pm, llegaría a Guadalajara a las 3 pm, regresando la hora perdida a su sitio y el universo estaría en balance otra vez.Pero... ¿y si nunca regresara de Culiacán a Guadalajara?
(Vea Los Cronocrímenes, estimado lector. Todavía en carteleras mexicanas, afortunadamente. Lamentablemente, retitulada "Rewind".)
Imagen tomada de fotos.org.