(12 Years A Slave, EUA/RU 2013) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ya lo dijo Ellen DeGeneres el domingo pasado, en su monólogo cómico de la ceremonia de los Óscares: había dos posibilidades para premiar a la mejor película de 2013. La primera, que ganara 12 Años de Esclavitud, la trágica historia de un neoyorkino de ascendencia africana que, en el siglo XIX, fue secuestrado en Washington y vendido como esclavo. Y la segunda posibilidad: que los miembros de la Academia fueran racistas…
Y es que, en cuanto a premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de los Estados Unidos se refiere, el director Steve McQueen tenía una apuesta segura para el Óscar a Mejor Película. Históricamente, ese Óscar ha ido a películas que tratan temas sensibles al público estadounidense, generalmente basados en hechos reales. Y la esclavitud de los negros es, ya se sabe, el tema sensible por excelencia para los primos del norte. Esto no es algo malo, es una característica de ese premio dado por la industria de cine hollywoodense, tal vez como una forma de legitimar su propia capacidad de producir proyectos serios e importantes social y políticamente, en medio de tanta basura en las carteleras.
La historia contada por el director británico McQueen es terrible. En 1841, el músico neoyorkino Solomon Northup fue secuestrado en Washington por traficantes de esclavos, que le robaron su identidad y lo forzaron a trabajar durante doce años en plantaciones de Louisiana, sufriendo la esclavitud legal de ese tiempo, igual que cientos de miles de descendientes de africanos. Nadie puede negar que una historia así merece ser contada. Sólo que no creo que el estilo escogido por McQueen sea el correcto.
Veo dos problemas en 12 Años de Esclavitud. El primero, el guión de John Ridley (adaptado del libro autobiográfico del propio Solomon Northup) parece más bien hecho para la televisión, de manera episódica, a ratos sin mucha continuidad entre unas escenas y otras e, incluso, salpicado de anécdotas pintorescas sin relación con el drama de Northup, de modo que los mentados doce años en la pantalla más bien parecen como un campamento de verano en que todo salió terriblemente mal. Revisando la experiencia de Ridley veo que es poca en cine pero tiene un extenso trabajo en televisión, lo cual confirma mi percepción de este problema de origen. Aunado a esto, los diálogos importantes de los personajes no suenan naturales, a veces rayando en lo melodramático y otras en lo poético, lo cual, al menos a mí, me impidió identificarme con lo que se decía.
El segundo problema está en la puesta en imágenes escogida por McQueen. La fotografía de Sean Bobbitt en 12 Años de Esclavitud es demasiado idílica para el tema tratado. Independientemente de que Louisiana tiene paisajes preciosos, las imágenes generalmente no corresponden a la brutalidad presentada. A mí, esta falta me hizo tanto ruido como esos diálogos acartonados.
Los puntos fuertes de la película están, definitivamente, en el trabajo actoral. Chiwetel Ejiofor en el papel de Northup, Benedict Cumberbatch y Michael Fassbender como dos ricos hacendados, Alfre Woodward como una madura esclava/ama de llaves que protege a la joven esclava interpretada por la multimencionada Lupita Nyong’o son, bajo mi punto de vista, la verdadera razón para ver 12 Años de Esclavitud. No obstante, tanto así como para pensar en que estoy ante una gran película, definitivamente no.
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jueves, 6 de marzo de 2014
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