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jueves, 20 de marzo de 2008

La Pasión de Cristo ****

(The Passion of the Christ, EUA 2004) Clasificación México 'C'/EUA ´R´
Calificaciones: **** Excelente ***Buena **Regular *Mala

De acuerdo a las primeras acepciones del Diccionario General de la Lengua Española, pasión significa padecimiento, sufrimiento. La nueva cinta sobre Jesucristo, dirigida por Mel Gibson, tiene uno de los títulos más descriptivos del cine religioso. De los 127 minutos que dura la proyección, poco más de 100 nos muestran en detalle el increíble castigo corporal sufrido por el protagonista a manos de sus captores, antes de su muerte. La crudeza y duración de las explícitas imágenes es tal, que es difícil discutir la clasificación asignada por Gobernación en México, 'C', "Sólo Adultos".

La cinta inicia con Cristo en El Monte de los Olivos, justo después de la Ultima Cena, la noche previa a su crucifixión. Jesús tiembla fuertemente y suda sangre mientras ora, en preparación a lo que viene. Menos de diez minutos después, recibe el primer golpe en pleno rostro y de ahí en adelante tendremos cien minutos de imágenes que muestran, casi sin desviar la cámara, el significado de La Pasión de Cristo, vista por Mel Gibson, a partir de los pasajes correspondientes del Nuevo Testamento. Podemos ver también el dolor en los rostros de quienes son testigos de la encarnizada tortura, allegados a Jesús, pero también en extraños, judíos y romanos.

Como en otras ocasiones, cuando se tratan temas religiosos, especialmente desde el punto de vista católico, la polémica en contra y a favor inicia mucho antes de que quienes se suman al "debate" hayan conocido el material en cuestión. Creo que lo correcto es externar una opinión después de ver el trabajo. Mel Gibson toma por tercera ocasión la silla del director, para mostrar que no sólo es un diestro cineasta; esta vez busca compartir cómo entiende él el sacrificio de Jesús. Gibson es católico y como tal, tiene fe en que Dios se hizo hombre con un sólo propósito: morir para la salvación de la humanidad. Nadie lo mató, porque vino precisamente a ésto. En las enseñanzas cristianas aprendemos cómo Jesús murió en la cruz poco después de ser colgado, causando sorpresa entre los guardias romanos, acostumbrados a romper las piernas de los crucificados para acelerar una muerte que a veces podía tomar días. Si alguien alguna vez tuvo dudas acerca de por qué la muerte de Cristo fue tan rápida, la lectura que hace Gibson de los Evangelios puede dar una muy buena respuesta, por así decirlo. Nadie podría aguantar la golpiza que recibe por horas Jesús en esta película y salir vivo para contarlo. Así, cuando llega por fin la escena del Monte Calvario, no podemos más que pensar que el suplicio está por terminar.

Gibson basa su narración, de manera más o menos apegada, en los Evangelios. La recreación, desde el punto de vista técnico, es brillante en cuanto a guión, escenarios, reparto (Jim Caviezel como Jesús), vestuario y ambientación. Los personajes hablan en Arameo, Hebreo y Latín, lo que permite centrarnos en las acciones más que en las palabras, que podemos entender si es necesario, leyendo los subtítulos. Como recurso cinematográfico, Gibson introduce el personaje de Satanás en una figura andrógina y de aire sobrenatural, que ronda a Jesús en todo momento, ofreciéndole, sin palabras, la salida fácil a su sacrificio. La creciente tensión lograda nos lleva eficientemente al poderoso momento de la muerte, cuando al Jesús de Gibson ya no le queda un hueso sano ni un trozo de piel completo. La sangre perdida (y mostrada para nosotros) y el dolor voluntario de Jesús, aunado al de quienes lo rodean, encabezados por María, han sido tantos, que el epílogo sirve no sólo como un respiro, sino como un impactante recordatorio del punto culminante de la misión de Cristo.

La Pasión de Cristo, sin ser la mejor cinta sobre el tema, es un gran logro fílmico para su director. Ciertamente no es la versión del catecismo que nos enseñaron de niños, pero sí es una visión más adulta (hasta donde se puede a partir de los Evangelios) que vale la pena ver aunque sea una vez, para entender mejor el centro de la fe cristiana.
Publicado originalmente en La Voz de la Frontera, el 21 de Marzo de 2004.