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viernes, 15 de junio de 2018

Los Increíbles ***1/2












(The Incredibles, EUA 2004) Clasificación ‘A’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Nunca se me hubiera ocurrido, mientras veía cada una de las películas de Bond, James Bond, con toda su exagerada acción, sus melodramáticos enfrentamientos entre el héroe y el megalómano del día, sus exóticas y bellas mujeres en deslumbrantes y fantásticos escenarios, que en medio podría haber una historia rescatable y un mensaje valioso para el público. No me malinterprete, he disfrutado de las veinte películas de Bond como el que más, pero nunca he visto ni buscado en ellas más que lo que son: caricaturas de acción viva para adolescentes y adultos. Aparentemente a Brad Bird, guionista y director, sí se le ocurrió y el resultado es, en parte, Los Increíbles, la nueva película de Pixar.

Qué manera la de Pixar de hilar un éxito tras otro en películas animadas. Considere usted sus producciones para la casa Disney: el díptico Toy Story 1 y 2, donde se explora el valor de la amistad y los conflictos del crecimiento personal; Bichos, una especie de Los Siete Magníficos del mundo entomológico; Monsters, Inc. y su ingeniosa industrialización del Coco y anexas y Buscando a Nemo, el emotivo cuento que retrata la continua angustia de ser padre. La lista no tiene desperdicio y ahora, con Los Increíbles y a punto de dejar el consorcio Disney, Pixar se reafirma como el mejor estudio cinematográfico de animación y muy probablemente en general, con sólo buenas películas y ningún churro en su haber.

Brad Bird toma de dos fuentes más o menos conocidas para montar una historia de valores familiares y de defensa de la individualidad. La primera es la serie de Bond y la segunda es el mundo de los superhéroes, específicamente los Hombres X de Marvel Comics, con su premisa de que el sobresalir es algo indeseable y hasta condenable. Mr. Increíble es el más famoso superhéroe del país y su lucha contra el mal es legendaria y seguida con admiración por el ciudadano común. Junto a él, otros superhéroes combaten el crimen, colaborando con las autoridades. La Chica Elástica es una de ellas y tiene un lugar especial en el corazón de Mr. Increíble. Pero las envidias y los malos entendidos llevan al gobierno a prohibir la actividad de estos superdotados. Así, Mr. Increíble y la Chica Elástica se convierten en Bob y Helen Parr y ahora se dedican, él, a un trabajo de escritorio en una compañía de seguros y ella, a cuidar de su casa y los tres hijos de ambos, la adolescente Violet, el hiperactivo niño Dash y el bebé Jack. Los dos mayores también han desarrollado superpoderes pero sus padres, obedeciendo, deben remachar en sus hijos el esconder sus propias habilidades especiales y comportarse como la gente normal. Una vida muy difícil para Bob Parr: su necesidad de ser congruente con su verdadera identidad es mucha y el ser un hombre promedio es tan desalentador como la reflexión de que promedio es sinónimo de mediocre.

En este punto, Brad Bird hace que Mr. Increíble y la Chica Elástica vuelvan a las andadas, sirviéndose del elemento Bond, en que un villano trata de apoderarse del mundo y “alguien” debe detenerlo. El formato Bond se sigue al pie de la letra, incluyendo al entrañable Q, el maduro agente dedicado a diseñar los excéntricos artefactos para Bond en cada una de sus aventuras. En Los Increíbles, Q tiene la forma de Edna Moda, una modista enana y de mal carácter, que se las sabe de todas todas en lo que a trajes de superhéroes se refiere. La diferencia que Bird encuentra en esta fórmula es que el villano personifica, precisamente, esa mediocridad que les ha sido forzada a los miembros de la familia Increíble. Sus planes para apoderarse del mundo se basan únicamente en mantener el promedio para facilitarse el ser sobresaliente.

La película anterior de Bird, El Gigante de Hierro (EUA, 1999), también exploraba el tema. Lamentablemente nos es más fácil ser iguales, promedio, que sobresalir desarrollando nuestras capacidades. Ambas cintas dirigidas a los niños pero con un mensaje necesario para los adultos de nuestra sociedad actual.

martes, 6 de febrero de 2018

Cartas a van Gogh **1/2

(Loving Vincent, Polonia/Reino Unido/EUA 2017)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Vincent van Gogh se suicidó o fue asesinado? Aunque la duda es sembrada en el protagonista (el joven hijo de un empleado postal amigo de van Gogh) en Cartas a van Gogh, por sus pláticas con cerca de una decena de franceses que conocieron al sufrido pintor, la película en realidad no se trata de una oscura teoría de conspiración. Incluso, hacia el último tercio, la creciente intriga es dejada de lado y el verdadero tema es abiertamente expresado: lo importante no es saber cómo murió Vincent, sino cómo veía (y vivía) la vida y el arte. Por supuesto, a través de mostrarnos su obra en esta excepcional cinta de animación, dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman.
Así, las entrevistas con los conocidos de van Gogh son solamente el pretexto para hilar la impresionante recreación animada de varios de los cuadros más famosos del artista holandés. Cada entrevistado es un personaje animado salido de sus pinturas, desde un cartero hasta el doctor que lo trató por su depresión, hacia el final de sus días. Y los paisajes donde ocurren las escenas, urbanas, campiranas y hasta celestes, son igualmente una animación de pinturas al óleo que imitan a las originales de Vincent.
La película pone sus reglas narrativas desde el inicio y las sigue hasta el final de la hora y media que dura: el mundo (la Francia de 1891, un año después de la muerte del pintor) y sus habitantes se nos muestran como si van Gogh los estuviera viendo, pintados en coloridos óleos con su tosco estilo posimpresionista. En cambio, los recuerdos evocados por cada entrevista son presentados en blanco y negro, pintados también, pero de una forma más realista y dramática.
Si bien la historia es entretenida y el periplo del entrevistador es a ratos cómico y a ratos conmovedor, pronto queda claro que no hay más que eso: una hilación de personajes y escenas pintadas por van Gogh, mostrados en virtuosa animación que deslumbra pero termina por reemplazar al relato.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Moana: Un mar de aventuras ***

(Moana, EUA 2016) Clasificación México ´A´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Un poco de karaoke, estimado lector… cante conmigo: “¡Libre soy, libre soy…!”

O, qué tal ésta: “¡Bajo 'el mar, bajo 'el mar…!”

Fácil, ¿verdad? Con la primera, inmediatamente piensa uno en Frozen, y con la segunda, en La Sirenita. Bueno, a ver, sígame con esta otra: “El punto en que el cielo es el mar, me llama…”

¿No le suena? ¿Qué tal ésta, un poco más sencilla? “¡De nada, de nada!”

¿Tampoco? No lo culpo, estimado lector. Justamente esas dos últimas son canciones que se pueden oír en Moana: Un mar de aventuras, el nuevo musical animado por computadora de la casa Disney. El problema es que, aunque las canciones de Moana funcionan para contar la historia mientras uno ve la película, al salir ya las hemos olvidado completamente. Escritas por la sensación de Broadway, Lin-Manuel Miranda y todo lo que usted quiera, pero nada pegajosas, pues.

En todo caso y ya olvidadas las canciones, los directores Ron Clements y John Musker (quienes también realizaron La Sirenita, por cierto) no intentan inventar el hilo negro, sino entregar la cinta típica de Disney, protagonizada por la nueva princesa del róster disneyiano, agregando los elementos narrativos de moda y una que otra referencia a la cultura pop actual (hay que ver esa delirante secuencia estilo Mad Max 4; por mucho, lo mejor de toda la película).

La comparación con La Sirenita y con Frozen, por cierto, no es de oquis. Moana es una princesa de las islas del Pacífico Sur, que desea con todo el corazón y contra los deseos de su padre, justo como la sirena Ariel, vivir aventuras más allá de la pequeña isla donde vive. Y, justo como las princesas Anna y Elsa en Frozen, Moana busca su propio destino por sí misma, no a base de esperar al príncipe Azul.

Aún así, el cuento transcurre gracias a una relación de pareja, aunque no romántica. Moana se hace acompañar de Maui, un presumido semidiós que es una especie de Prometeo de las Polinesias quien, a pesar de su espíritu de redentor, no tiene como misión rescatar a Moana, sino, en todo caso, facilitarle el encontrar su destino.

Qué gusto que Disney siga con sus tradiciones cinematográficas pero esté atenta a las necesidades del público, que ya no se traga personajes femeninos limitados al segundo plano. Ahora, si tan sólo le trabajaran un poquito más a esas cancioncitas…

jueves, 13 de octubre de 2016

Kubo y la búsqueda samurái ***

(Kubo and the two strings, EUA 2016) Clasificación ´A´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La cuarta película de Laika, la compañía especialista en cine animado a partir de fotografías de muñequitos y escenarios reales (“stop motion”), continúa con la temática de sus tres cintas anteriores (Coraline, 2009; ParaNorman, 2012 y Boxtrolls, 2014), con un protagonista humano, un niño, que descubre su fortaleza interna al enfrentarse a personajes sobrenaturales, en una historia atípica de crecimiento personal. En este caso, Kubo es un niño japonés que debe encontrar la armadura de samurái de su difunto padre, para enfrentar al Rey Luna, un antiguo espíritu vengativo.

La gracia de Kubo y la búsqueda samurái es que aprovecha su situación en Japón, para mezclar la visión tradicional japonesa del mundo espiritual, con la magia de una historia fantástica. Así, Kubo vive cuidando a su madre en una cueva apartada del pueblo, a donde acude todos los días mientras la madre permanece en la cueva, en una especie de trance. En la plaza del pueblo, Kubo se gana la vida haciendo origami, figuras de papel doblado, y con ellas narra, para el público callejero, las aventuras de un samurái. Las aventuras que cuenta Kubo son emocionantes por sí solas, pero el principal atractivo es que las pequeñas figuras de papel cobran vida cuando Kubo pulsa las cuerdas de su shamisen, una especie de guitarra japonesa. Al final del día, Kubo debe regresar a su cueva y a su madre, quien siempre le recuerda volver antes de que oscurezca, para protegerlo de los espíritus malignos que quieren apoderarse de él.

Sin embargo, como ocurre en estas historias, el protagonista siempre desea tener algo que no puede y muy pronto Kubo se embarca en un viaje en el que, mientras enfrenta sus miedos (representados por la oscuridad y los espíritus malignos), obtiene la compañía y guía de dos personajes muy peculiares, un mono hembra y un escarabajo gigante que piensa que es un samurái. Ambos, durante el viaje, además de proveer la comedia necesaria, se convierten en las figuras materna y paterna que tanta falta le hacen a Kubo.

El director Travis Knight, animador de los proyectos anteriores de Laika, dirige con solvencia el guión original escrito por Marc Haimes y Chris Butler y arma una película que, al menos a los ojos y oídos de quien esto escribe, se siente y se ve completamente japonesa, aún sin serlo. Me gustó, finalmente, cómo se usan en aras de la historia los conocidos valores tradicionales del Japón, como el honor, la familia, el respeto por los antepasados y el aprecio por las formas artísticas visuales y sonoras.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Mi amigo el dragón **

(Pete’s dragon, EUA 2016) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

“Mi amigo el dragón” es una mezcla, para los pobres, de: Tarzán, El Libro de la Selva, E.T. El Extraterrestre, King Kong y Liberen a Willy, de ahí no pasa.

Los lectores habituales recordarán que la falta de originalidad en el cine no es una de mis quejas, sino la pobre manera en que se puedan abordar historias que ya han sido contadas antes. En este caso, en todas las películas de donde “Mi amigo el dragón” copia temas y escenas, el cuento está mucho mejor contado y los personajes son mucho más entrañables.

El dragón y el niño son muy vistosos y simpáticos. Pero si ellos no llevan la historia, sino los adultos que aparecen en la película, más vale que esos adultos también sean vistosos y simpáticos. Y, pues no: Ni lo uno, ni lo otro. Risas por ahí y por allá, un par de escenas de peligro y un final feliz para todos. Después, a olvidarla.

viernes, 26 de agosto de 2016

El Buen Amigo Gigante ***1/2

(The BFG, EUA/Reino Unido/Canadá 2016) Clasificación México ‘A’ / EUA ‘PG’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Para mis hijos Paula y Román, por todos sus sueños.

El Buen Amigo Gigante es una de las mejores películas en lo que va de 2016. Y es una gran película. Dirigida por Steven Spielberg, es una adaptación del cuento para niños El BAG, del escritor inglés Roald Dahl, autor de otras novelas muy conocidas que también han sido llevadas al cine, como Charlie y la Fábrica de Chocolates, Matilda y El Fantástico Sr. Zorro. Así que por credenciales, no paramos.

La historia es genial: Sophie (la inglesa Ruby Barnhill, con la chispa adecuada), una niña huérfana de 12 años con insomnio, descubre, desde la ventana de su orfanatorio, a un anciano gigante que deambula por las calles de Londres en las noches, mientras todos duermen. Al verse descubierto, el gigante la saca por la ventana con su enorme mano y la lleva al país de los gigantes, donde le hace saber que tendrá que quedarse con él para siempre, para no arriesgar que su existencia sea divulgada a los humanos. Además, el gigante explica a Sophie que debe mantenerla encerrada, para protegerla de otros gigantes aún más grandes que él y que comen humanos.

Pero no hay qué temer: Este anciano es bueno (el BAG, o Buen Amigo Gigante, dice Sophie y sólo de verlo le creemos, en la interpretación por captura de movimientos y voz de Mark Rylance) y no come humanos; al contrario, es el encargado de hacernos soñar, tomando los sueños del lugar donde nacen y llevándolos hasta nosotros, mientras dormimos, para soplarlos dentro de nuestro inconsciente. Y estos sueños pueden ser también pesadillas, ya que así es la vida, a veces pasan cosas buenas y a veces pasan cosas malas; el gigante, aún con su divertido lenguaje inventado, piensa que no tiene por qué esconder este hecho de Sophie o de todos los que soñamos cada noche.

Spielberg usa todo su conocido arsenal narrativo para adentrarnos en el cuento: Sophie es una protagonista curiosa, aventurera e independiente, que no duda en tirarse de cabeza a las situaciones que va enfrentando. Algunas son intrigantes, otras, divertidas y, Spielberg obliga, no faltan las situaciones emotivas que llegan directo al corazón, como cuando el BAG permite que Sophie conozca un poco de su triste pasado. Y, por supuesto, está el humor que el director gusta de imprimir en sus películas, aún las más serias, que puede ir de lo sublime y sutil, hasta lo burdo y escatológico, como cierta hilarante escena que va creciendo como burbujas ante nuestros ojos y ocurre nada menos que en el Palacio de Buckinghman, con la Reina Isabel como protagonista.

El ambiente de cuento se mantiene de principio a fin, gracias al guión de Melissa Mathison (que hace treinta y tantos años escribió E.T. El Extraterrestre para Spielberg) y el equipo habitual del director: la fotografía de Janusz Kaminski y el ritmo transmitido por la edición de Michael Kahn, pausada cuando se requiere y frenética en los momentos justos; acompañando y creando la atmósfera correcta en cada escena, la partitura de John Williams. ¿Cine a la antigüita? No sé. Cine para reír, pensar y soñar, sí. Definitivamente, sí.

martes, 9 de agosto de 2016

La vida secreta de tus mascotas ***

(The secret life of pets, EUA/Japón 2016) Clasificación México ´AA´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Una agradable comedia animada que cumple con dos cometidos: Además de explorar humorosamente qué hacen nuestras mascotas todo el día mientras no estamos en casa, retoma el tema de la pareja dispareja, dos perros, en este caso, que inician odiándose y al final no pueden vivir el uno sin el otro.

Es cierto que la historia es demasiado derivativa de Toy Story (en lugar de juguetes, aquí son animales domésticos), pero no deja de ser agradable y a ratos bastante divertida, especialmente al introducir al líder de la resistencia clandestina de mascotas abandonadas: Un sicótico conejito blanco que sueña con deshacerse de la humanidad entera. La voz del conejo en Español está a cargo de Eugenio Derbez y aunque se le reconoce desde la primera frase y una que otra “aportación” derbeziana, afortunadamente el personaje prevalece sobre el actor, convirtiéndose en lo mejor de la película.

Producida por la casa francesa Illumination (responsables de los villanos favoritos y los  Minions), en particular es una delicia auditiva gracias a la música jazz de Alexandre Desplat, que ambienta perfectamente cada situación y lugar del Nueva York caricaturizado en donde ocurre la aventura.

viernes, 15 de abril de 2016

Las aventuras de Mowgli ***

(Mowgli, Rusia, 1967)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Al parecer, la competencia entre la Unión Soviética y los Estados Unidos no se limitó a la carrera armamentista y a la espacial: En 1967, el mismo año en que Disney presentó el exitoso y ahora legendario musical animado El Libro de la Selva, también se estrenó esta valiosa adaptación rusa de cinco cuentos sobre Mowgli, el niño criado por lobos en la selva de la India y que fueron publicados en 1894 y 1895, en las colecciones de El Libro de la Selva, del escritor británico Rudyard Kipling, nacido y criado en la India a mediados del siglo XIX y luego avecindado en los Estados Unidos, que es donde escribió estos libros.

Presentada como largometraje, en realidad se trata de cinco cortos de alrededor de 20 minutos cada uno, donde conocemos cómo llegó el cachorro humano a la selva y, rescatado por lobos, se libró de una muerte segura en las garras del malvado tigre Shere Khan. Los lobos son quienes bautizan al saltarín cachorro humano como Mowgli (“ranita” en Hindi) y convencen al resto de los animales de aceptar a este pequeño niño como uno de los suyos. Así, Mowgli se une a los lobos cachorros para aprender sobre la Ley de la Selva, bajo la tutela del paciente oso Baloo (“oso” en Hindi), cuidado por la noble pantera Bagheera (“pantera” en Hindi) y Kaa, una anciana y enorme serpiente pitón.

Cada cortometraje funciona como un cuento individual, a manera de fábulas sobre la amistad, la nobleza, la lealtad; en general, el balance de la vida en la selva ("buena caza", se desean unos a otros como saludo habitual). El tema recurrente es la insistencia de Shere Khan en tener el derecho a matar a Mowgli, dado que no pertenece a la selva y él lo vio primero, cuando era un bebé perdido. Mientras tanto, Mowgli crece en destreza y sabiduría, siempre ayudado por Baloo, Bagheera y Kaa. Otros personajes importantes son la familia de lobos con quienes crece Mowgli y los molestos Bandar-log, una tribu de monos que admiran a Mowgli y quieren convertirlo en su rey.

El estilo de dibujo y animación escogido por el director ruso Roman Davydov es muy distinto al de Disney, con imágenes más expresionistas que naturalistas, tanto en los personajes como en los fondos. La escasa fluidez de los movimientos, igualmente, contrasta con la naturalidad general de Disney, aunque me gustó cómo los personajes están animados de maneras distintas, que van de acuerdo a su personalidad, destacando los estilizados movimientos felinos de Bagheera y los del propio Mowgli al correr y nadar.

Finalmente, esta versión de El Libro de la Selva resulta más contemplativa, menos cómica y más violenta que la de Disney. Aquí, los animales no cantan pero sus reflexiones sobre la vida no dejan de ser poéticas y necesarias.

(Disponible en youtube, en Ruso con subtítulos en Inglés.)

jueves, 31 de marzo de 2016

Kung Fu Panda 3 **

(Kung Fu Panda 3, EUA/China 2016) Clasificación México ´A´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La serie fílmica de Kung Fu Panda inició con una muy buena comedia animada de artes marciales chinas, donde el protagonista, Po Ping, un fodongo y tragón panda adoptado por un ganso cocinero, descubre que su improbable destino es convertirse en el Guerrero Dragón, el más grande exponente que haya existido en el Kung Fu. Aunque los demás estudiantes (una tigresa, una grulla, una serpiente, un mono y una mantis) del Kung Fu lo desprecian y no creen que merezca siquiera respirar el mismo aire que ellos, el verdadero reto de Po es creer en él mismo.

La segunda película encuentra a Po ya instalado en su papel de Guerrero Dragón, habiendo ganado el respeto de su maestro y condiscípulos, así como la creciente admiración de su padre adoptivo. Sin embargo, la nueva misión es encontrar su identidad de guerrero y de panda, lo que le traerá la paz interior, aunque esto pueda significar alejarse de su padre, el ganso.

Con estos antecedentes, es natural que el tercer episodio, actualmente en cartelera, introduzca un nuevo reto a vencer para Po. Como de costumbre, el objetivo en cuestión es presentado por el sabio maestro Shi Fu, un pequeño y viejo panda rojo, que explica a Po que su crecimiento espiritual lo debe llevar a al siguiente nivel de maestría en el Kung Fu: la enseñanza a los demás. Al mismo tiempo y para continuar con una subtrama presentada en Kung Fu Panda 2, Po va en busca de sus parientes pandas, que, siendo él un bebé, se habían escondido del villano de esa película. Así que en Kung Fu Panda 3 tenemos al fodongo panda convertido en maestro de artes marciales para pandas de todas las edades y condiciones.

El reto verdadero es para la propia película: cumplir con las altas expectativas que se han creado por los dos episodios anteriores que, aunque vinieron de más a menos en cuanto a comedia, por el lado de las escenas de Kung Fu y el diseño de escenarios y personajes crecieron notablemente. Para acabar pronto: el villano pavorreal de la segunda es más impresionante visualmente y mucho más interesante que el villano de la primera película. Kung Fu Panda 3 cumple muy apenitas.

Para empezar, el villano nuevo y sus motivos básicamente son reciclados de la primera película. Sus buenas escenas son un par de momentos que ocurren en una especie de inframundo con un diseño visual muy interesante, donde las leyes físicas (tiempo, espacio, gravedad) parecen no existir y mire usted que estamos en una película de Kung Fu, donde de entrada debemos aceptar que los peleadores prácticamente vuelan en cada patada.

En la historia principal, aunque todo ocurre de manera muy entretenida, realmente no hay ninguna sorpresa y básicamente se recurre a la trama hollywoodense del pueblo indefenso que gracias a su nuevo héroe encuentra el valor para enfrentarse al malo de la película. Comedia rutinaria, pues.

Es seguro que en un par de años tendremos Kung Fu Panda 4, donde Shi Fu le dará una nueva tarea a Po, con sus condiscípulos animales nuevamente relegados a las orillas de la historia. Sólo espero que la compañía Dreamworks Animation reencuentre la inspiración que hizo tan cómica a la primera y tan emotiva a la segunda. Y espero, también, que por fin se explique el misterio de por qué todos los animales en la película tienen nombre propio, pero los amigos guerreros de Po se llaman “Tigresa”, “Mantis”, “Grulla”, “Serpiente” y “Mono”.

sábado, 12 de marzo de 2016

Zootopia ***

(Zootopia, EUA 2016) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Qué agradable sorpresa este estreno tempranero (en el año) de la casa Disney: una película de dibujos animados con animalitos parlantes y un par de mensajes aparentemente sencillos y directos (perseguir los sueños y la tolerancia a la diversidad), que presume de un excelente diseño de escenarios y buena comedia, con un par de chistes para carcajearse.

La protagonista es Judy, una conejita campirana que desde niña ha tenido la meta de ser policía y trabajar en la ciudad de Zootopia, donde conviven todo tipo de animales, desde ratones hasta leones. Sólo hay un detalle: los conejos nunca han sido policías, por su tamaño y su naturaleza tierna y apacible. Aún así, Judy estudia, se gradúa con honores de la academia de policía y finalmente es asignada a trabajar en la gran ciudad. Sin embargo, el jefe de la policía, un gigantesco búfalo, no cree en la capacidad de la conejita y la asigna a repartir multas de estacionamiento. Naturalmente, gracias a que Judy nunca se rinde, al segundo día en el trabajo ya está enfrascada en la resolución de un importante crimen que afecta a toda Zootopia.

Si bien los mensajes de lograr los sueños personales y aprender a aceptar las diferencias de los demás son bastante directos, la película presenta un tercer concepto que permea a lo largo de la historia y que tiene tanto o más valor: el respeto al estado de derecho. Me gustó cómo es abordada, sin remacharla, esta idea en distintas escenas, particularmente a la hora de que la trama criminal toca a ciertos personajes importantes en la vida de la ciudad. El que los personajes se apeguen (o no) al estado de derecho no es algo que se vea todos los días en películas dirigidas a los niños. Bien por Disney.

sábado, 9 de enero de 2016

La Sirenita ****

(The Little Mermaid, EUA 1989)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La Sirenita es la película que, en 1989, regresó a la casa Disney a las glorias del cine animado de décadas pasadas, después de varios años de cintas animadas menores.

La adaptación del cuento clásico de Hans Christian Andersen sigue más o menos fielmente la historia de una sirena que desea ser humana para estar con el hombre que ama, por lo que debe decidir entre abandonar su vida bajo el agua o convertirse, para siempre, en espuma de mar. Claro que, siendo Disney, hay tres elementos que no pueden faltar a la hora de llevar la historia a la pantalla grande: canciones, animalitos simpáticos que ayudan a la heroína en turno y un final feliz.

Lo que hace diferente a La Sirenita de las películas anteriores de princesas Disney, es el haber colocado la trama en un musical estilo Broadway, con cinco espectaculares canciones, escritas por Howard Ashman, con música de Alan Menken, cruciales en plantear la situación de la Sirenita y el reto que tiene que salvar para conseguir el amor deseado. Cada uno de estos números musicales son lo que en Broadway llaman “show stoppers”, es decir, tan impresionantes, que al final de cada uno el espectáculo se puede dar el lujo de detenerse tantito para que el público respire, antes de continuar con las emociones.

El número de “Bajo del Mar” (“Under the Sea”) es, con la canción ganadora del Óscar, uno de estos show stoppers, donde el cangrejo Sebastián moviliza a todas las criaturas marinas al ritmo de un contagioso calipso, para convencer a la Sirenita de que, por supuesto, en el mar la vida es más sabrosa. Sin embargo, en mi opinión, el número “Bésala” (“Kiss the Girl”) tiene mayor mérito dentro de la trama, nuevamente con Sebastián intentando ayudar a la Sirenita, ahora usando todo el entorno de una laguna para conseguir que el Príncipe bese a la jovencita y la salve del terrible destino planeado por la Bruja del Mar, que, mención aparte también se lleva las palmas con la canción “Pobres almas en desgracia”.

La excelente calidad de dibujo a mano y animación tradicional complementan una divertida, emotiva y muy amable adaptación de la historia de Andersen; la dirección corre a cargo de Ron Clements y John Musker, que tres años después repetirían la fórmula y el exitazo con Aladino, también para Disney.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El Principito **1/2

(Le Petit Prince, Francia 2015) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Lo esencial es invisible para los ojos, dice El Principito, tanto en la novela de Antoine de Saint-Exupéry como en la nueva adaptación fílmica, del director Mark Osborne. La película tiene, entonces, el reto de mostrar lo invisible.

En la película, una niña es presionada por su madre para pasar el verano encerrada en casa, estudiando para ingresar al mejor colegio y asegurar su futuro de adulta seria y responsable. Pero los niños siempre serán niños, así que muy pronto se encuentra frecuentando al vecino, un anciano aviador retirado que intenta restaurar un viejo avión monoplaza en su patio y va contándole, usando dibujos y textos escritos a mano, la historia de El Principito, un niño de otro planeta, a quien conoció en uno de sus viajes por el desierto del Sahara. Por supuesto, la niña y el viejo se hacen amigos, más o menos en la misma forma en que lo hacen el Zorro y el Principito del cuento.

Aunque toda la película es animada, la estrategia visual del director Osborne (que antes hizo Kung Fu Panda) consiste en mostrar la“realidad”, es decir, la vida de la niña y el aviador, con dibujos estándar, hechos y animados por computadora, muy parecidos a lo que estamos acostumbrados desde que Pixar estrenó Toy Story hace 20 años. Y la historia del Principito, conforme la va imaginando la niña, se muestra en animación cuadro por cuadro (“stop motion”) de muñecos estilo papel maché, lo que le da a estas escenas una riqueza visual y una calidad poética que remite directamente a la novela de Saint-Exupéry.

Lo mismo pasa con las dos historias en pantalla: la relación de la niña reprimida y el viejo alivianado resulta bastante normal para los estándares hollywoodenses, mientras que los pasajes sobre el Principito conservan las ideas, mucho más abstractas, de la novela. Lo esencial, pues. Sin embargo, estos bellos pasajes ocupan algo así como un tercio de la película, ya que, durante la segunda mitad, la historia de la niña se mueve a situaciones inventadas usando algunos de los personajes de la novela.

Ahí es donde la película sufre de ese típico problema de intentar contar una historia nueva con personajes ya establecidos en obras populares, como, por ejemplo, ha ocurrido con los derivados fílmicos de Peter Pan. Rara vez en el cine ha funcionado el concepto de “¿Y qué pasó con…?” En El Principito, del director Osborne, el resultado no es malo pero tampoco es tan bueno como el material fuente, fallando, en mi opinión, en su propia tarea de centrarse, qué más, en lo esencial.
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... y por ahí en la red o en disco, puede usted encontrar la primera adaptación a cine:

El Principito ***
(The Little Prince, EUA 1974)

El legendario director Stanley Donen (obra mayor: Cantando bajo la lluvia, 1952) presentó hace 41 años su adaptación musical de la novela El Principito, con una historia fiel, excepto por algunos cambios a los personajes y los planetas que el Principito visita antes de llegar a la Tierra, y con el agregado de números musicales para ayudar a la narrativa del original de Saint-Exupéry. El resultado es bastante agradable, si bien encasillado, visual y auditivamente, en la época en que se filmó.

Destacan las canciones del Zorro (el genial Gene Wilder, que tres años antes hizo el papel de Willy Wonka) siendo domesticado por el Principito, y la Serpiente (Bob Fosse, el legendario coreógrafo y creador de grandes musicales como Chicago) ofreciendo sus servicios de asistencia suicida y que, en sus pasos de baile, evidentemente inspiró al mejor Michael Jackson, el de principios de los 1980s. El aviador es el actor Richard Kiley, en quien, al ser el narrador, recaen la mayoría de las canciones de la adaptación.

En cuanto al Principito, el niño Steven Warner, de unos 8 años, de entrada parece demasiado joven para el protagonista, dada la profundidad de los diálogos y la melancolía implícita del personaje, pero en sus escenas con adultos (todas, de hecho) mantiene muy bien las situaciones. De paso, recuerdo la reflexión que hace la novela sobre cómo los adultos insistimos en números para conocer a las personas (“¿cuántos años tiene?”). Lo esencial, aquí, es que la película nos hace creer que este niñito puede hacerse amigo de un zorro, confabular con una serpiente, enamorar a una rosa y ganarse el corazón de un aviador varado en el desierto.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Shaun el cordero ****

(Shaun the sheep movie, RU/Francia 2015) Clasificación México ‘AA’/EUA ’PG’
Calificaciones ****Excelente ***Bueno **Regular *Mala

Qué delicia cuando uno encuentra una película que nos regresa a lo más básico del cine: imágenes en movimiento para hacernos sentir alguna emoción. Y “Shaun el cordero”, el sexto largometraje de la casa británica Aardman, especializada en la animación en plastilina, es un excelente recordatorio que nos hace reír de principio a fin.

La premisa es muy simple: Shaun forma parte de un grupo de corderos en la granja, donde son cuidados por un perro pastor, obligados a cumplir el estricto horario impuesto por el granjero. El alma rebelde de Shaun pone a todos en revolución y eventualmente el grupo, perro y granjero incluidos, terminan cada uno en su propia aventura en la gran ciudad.

La trama en realidad sólo sirve de pretexto para una serie de graciosísimas escenas de humor físico y comedia de enredos, casi todas a cargo de Shaun y los corderos, aunque el perro y el granjero (¡y hasta los cochis!) también tienen sus momentos de brillo propio. Por aquí y por allá hay algunas referencias a películas “clásicas” que harán reír a los adultos pero seguramente escapan a los niños, como “El silencio de los inocentes” y “Sueño de fuga”, pero no son tantas y sobre todo no son importantes para entender el resto de los chistes ni mucho menos la historia.

Escrita y dirigida por Richard Starzak y Mark Burton, además de la desatada comedia, “Shaun el cordero” es un impresionante espectáculo visual al ser animada a partir de muñecos de plastilina, “moviéndose” en escenarios reales, que van de la granja a una carretera y a distintos rincones de la ciudad, con todos los detalles incluidos. La iluminación y la fotografía crean escenarios muy convincentes, al grado que uno termina olvidando que no estamos viendo más que pequeñas maquetas en un estudio.

El otro gran logro es que no hay una sola línea de diálogo en toda la película. La trama y los chistes se explican todos en forma visual y cuando los personajes llegan a “hablar”, lo hacen en forma ininteligible, al estilo de Mr. Bean, por mencionar sólo un ejemplo relativamente reciente. Así que no se vaya usted con la finta del anuncio “Doblada al Español”. “Shaun el cordero” habla un solo idioma: el del cine puro.

sábado, 25 de julio de 2015

Minions **

(Minions, EUA 2015) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

En mi brevísima reseña de Mi Villano Favorito 2 hacía patente mi exigencia de que se le diera más espacio a los Minions. Como dicen: cuidado con lo que deseas.

Y es que en lugar de aprovechar al máximo la característica principal de los monitos amarillos, que es echar relajo en todo y por todo, los directores Pierre Coffin y Kyle Balda los encasquetaron en una historia bastante estándar, donde tenemos que chutarnos los deseos de una villana por conquistar (o destruir, según aplique) el mundo y uno de los Minions se conviertirá en el héroe estándar que salva a todos. Es tan evidente que la historia es lo de menos para el público, que nuevamente las mayores carcajadas están en las escenas marginales a la trama y sobre todo al final, con el número musical que no tiene nada que ver con el resto de la película.

En las cosas sobresalientes, el doblaje al Español, por Thalía para la villana, Ricky Martin para su esposo y Martha Debayle para la Reina Isabel de Inglaterra, sí abreva de ese relajo que se espera en general del concepto de los Minions y resulta muy divertido y diferente a lo que le habíamos oído a cada uno de ellos.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Los Boxtrolls ***

Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
(The Boxtrolls, EUA 2014) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
He aquí la tercera gran aventura fílmica de la casa de cine animado Laika, que sigue llamando la atención con películas animadas usando muñequitos y escenarios reales, fotografiados cuadro por cuadro para lograr el efecto de movimiento. Antes de Los Boxtrolls, Laika nos ha ofrecido las excelentes Coraline (2009) y ParaNorman (2012). Además de la animación de objetos reales, las tres películas se distinguen por presentar protagonistas humanos que descubren su fortaleza interna, al enfrentarse a personajes sobrenaturales, en historias atípicas de crecimiento personal.

Dirigida a cuatro manos por Anthony Stacchi y Graham Annable, en Los Boxtrolls conocemos a Huevo, un niño que, de bebé, fue secuestrado por los terribles monstruos que aterrorizan a una villa de otro modo apacible, dedicada al culto del queso. Aparece el Sr. Hurtado, un siniestro personaje que ofrece sus servicios para exterminar a los temidos Boxtrolls y rescatar al bebé. El pueblo accede, el Sr. Hurtado decreta un toque de queda y él y sus secuaces, junto con los monstruos, son los amos y señores de las calles nocturnas. Los años pasan y Hurtado mantiene su negocio de exterminio, ya que los Boxtrolls son particularmente difíciles de atrapar.


Siguiendo lo que ya parece una tradición en las producciones de Laika, en Los Boxtrolls las cosas no son lo que parecen y los personajes tampoco. Ni los Boxtrolls son malos, ni el Sr. Hurtado es el benefactor que dice ser y, en un giro inesperado de hechos, la mitad del tiempo ni siquiera es el Sr. Hurtado, engañando en más de un nivel a los habitantes del pueblo. Igualmente, los dirigentes de la villa presentan una fachada de integridad y moralidad que descansa en dudosas motivaciones y a todo esto es a lo que se deben enfrentar Huevo y su nueva amiga humana, Winnie, hija nada menos que de la máxima autoridad del pueblo.


Los mejores puntos de la película, además del imaginativo diseño visual de escenarios y personajes, están precisamente en que la historia no se echa para atrás en sus planteamientos. Algunas de las ideas son arriesgadas, siendo una película para niños, aunque creo que en Coraline y en ParaNorman se arriesgó más todavía. Aún así, el humor es inteligente y complejo, si bien las cosas se resuelven de una forma relativamente sencilla y satisfactoria para niños y adultos.

jueves, 1 de mayo de 2014

Río 2 ***

(Rio 2, EUA 2014) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué felicidad cuando la gente (léase las distribuidoras de cine) recapacita y corrige sus errores, para beneficio del público. Ya he comentado mi disgusto por el pésimo trabajo de traducción en el doblaje mexicano, de la primera película de Río que, por todo lo demás, era una divertida y sencilla carta de amor del director Carlos Saldanha a su natal Brasil. Y es que alguien decidió, en su estreno en 2011, hacer que los personajes hablaran con modismos de un Español típico del centro del país y encima, molestos e incomprensibles para niños pequeños, el público meta. Ahora, con Río 2, continúan las aventuras de Blu y Perla, la pareja de guacamayas azules y debo decir lo agradable que fue estar en un cine donde por fin se oían risas infantiles con cada diálogo chistoso. Nada de “no manches” ni amenazas de “partir mandarinas en gajos”.

Y a lo que vinimos, pues. Río 2 solamente toma prestado el nombre de la película original, ya que en esta ocasión la historia no ocurre en Río de Janeiro, sino en el corazón del Amazonas, a donde Blu y Perla vuelan, atravesando todo Brasil y acompañados de sus tres hijos guacamayos, azules como ellos. Las interacciones de Perla y Blu básicamente son recicladas de la película anterior, con Blu batallando para acoplarse a la vida brasileña, después de haberse mudado desde Minnesota. Sus tres hijos, como se podía esperar, son una mezcla de ambos padres en cuanto a carácter, con lo que tenemos algunos episodios de pajaritos aventureros y dispuestos a vivir en el reino salvaje, mezclados con situaciones de pez (o guacamaya) fuera del agua.

En cuanto a Blu, donde la película cobra genuina gracia es con el encuentro nada menos que con su suegro, el papá de Perla. Resulta que el suegro es el patriarca de una parvada de cientos de guacamayas azules de las que nadie en la civilización sabía su existencia. Como buen patriarca de película, el suegro es autoritario, inflexible y siente un gran desprecio inicial por su recién conocido yerno. Esta parte de la película, básicamente, nos remite a situaciones como las de La Familia de Mi Novia, esa popular comedia con Ben Stiller y Robert De Niro, así que Río 2 bien podría llamarse, en Inglés, “Meet The Parrots”...

Con todo y esa graciosa relación entre yerno y suegro, lo verdaderamente interesante y efectivo en Río 2 está en el villano. A decir verdad, no recordaba yo a Pepillo, esa amargada cacatúa que fue succionada por una turbina de avión en la primera película, pero regresarla a la vida ha sido un gran acierto. El personaje de Pepillo ha sido reinventado para convertirlo en un enigmático malo con una pasión por los escenarios y una extraña relación con una ranita rosa, que está incondicionalmente enamorada, sin ser correspondida, de la cacatúa. Y no es sólo que Pepillo desprecie a la rana por ser un anfibio: además, la rana está cubierta de una sustancia venenosa que le sirve como mecanismo de defensa y puede ser mortal para quien la toque. Así que Pepillo, temiendo su muerte al acercársele, siempre puede usar la disculpa de “no eres tú, soy yo…”

Al igual que en Río, nuevamente la producción musical está a cargo del legendario músico carioca Sergio Méndes y en esta ocasión, amén de que hay más canciones que en la anterior, particularmente tres brillan por derecho propio. La primera es una especie de tango interpretado por Gabi, la rana venenosa, en el mejor estilo de una seductora femme fatale, donde declara y sufre su amor imposible por Pepillo. La segunda es una reinterpretación teatral que el mismo Pepillo hace de I Will Survive, esa joya de la época disco y que sirve para enfatizar su anhelo por vivir, así sea para hacer maldades. Tanto en las voces cantadas como en las habladas en Español, luce de manera impresionante el trabajo de Romina Marroquín como Gabi y Humberto Solórzano como Pepillo.

El tercer número musical importante es una explosión de sonido y color en medio de la selva del Amazonas, en que cientos de aves cantan la Batucada de la Familia mientras vuelan en elaboradas coreografías. Aquí es donde creo que el director Carlos Saldanha y el productor musical Sergio Méndes realmente se sueltan con todo para mostrar al mundo por qué Brasil es un país con una alegría tan contagiosa que, bueno, hace que hasta el futbol se nos antoje a quienes normalmente no damos un peso por el deporte de las patadas. Ha de ser por eso que, después de esta batucada, disfruté tanto el juego de futbol aéreo que las guacamayas disputan en un momento crucial en la vida de Blu. O, tal vez, simplemente lo disfruté porque, cuando las cosas están bien hechas, no nos queda de otra.

viernes, 14 de febrero de 2014

Lego: La Película **1/2

(The Lego Movie, EUA 2014) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
No sé usted pero a mí, cuando era niño,  lo que más me divertía de los juguetes para armar, no era seguir las instrucciones para ensamblar las piezas y construir el robot o el castillo que ilustraba el empaque, sino intentar cualquier objeto que se me ocurriera, pegando las piezas a como mejor me diera el entendimiento. El resultado a veces era muy bueno, a veces no tanto, pero el proceso siempre era muy divertido. Más o menos es lo que pasa con esta película que, por cierto, parece armada de bloques de otras, a veces siguiendo las instrucciones y a veces no.

Escrita y dirigida por Phil Lord y Chris Miller, mismo equipo que nos trajo la primera y excelente Lluvia de Hamburguesas (2009), Lego: La Película no es más que un pastiche de cintas de aventuras y ciencia ficción, principalmente The Matrix (1999), en que un ciudadano común y corriente resulta ser El Elegido que alguna oscura profecía predestinó a salvar al mundo de la opresión de un gobierno dictatorial. El atractivo aquí es que todo lo que vemos, personajes, edificios, objetos y hasta el agua del mar, son construcciones de bloquecitos de Lego. Bueno… más o menos: en realidad son dibujos hechos y animados por computadora, simulando ser construcciones de Lego fotografiadas con la técnica stop-motion (al estilo, por ejemplo, de Wallace y Gromit).

Visualmente es bastante llamativa, aunque las continuas escenas de acción vertiginosa impiden apreciar el trabajo de diseño de todo lo que se muestra, por lo que los mejores momentos al respecto son algunas secuencias mostradas en cámara lenta, donde podemos ver el detalle de cada carrito, navecita y edificio. La historia reciclada es predecible y entretenida; los chistes dichos en los diálogos de los muñequitos son suficientes para que los adultos nos divirtamos más allá de estar viendo a los muñequitos cobrar vida. De hecho, en la función a la que asistí las risas de los niños casi no se oían pero las de los adultos sí. Al fin y al cabo, un buen chiste es un buen chiste, así lo digan, con voces superpuestas, muñecos de Lego, monos de luchadores comprados en el mercado o plastas de lodo. Un momento… he ahí una idea: “Pastelitos de Lodo: La Película”.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Frozen: Una Aventura Congelada ***1/2

(Frozen, EUA 2013) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué gusto cuando un gigante como la casa Disney se deja de cosas y regresa a lo que mejor hace. En este caso, el grandioso, en el mejor sentido de la palabra, romántico cine de princesas y cuentos de hadas. Y es que, a juzgar por sus películas de los últimos… quince años, tal pareciera que Disney se había rendido ante la fuerte competencia en el cine animado, empezando por el “fuego amigo” de Pixar, dejando de lado los romances musicales de fantasía, dando lugar a un cine más de comedia y aventuras. Una Aventura Congelada, la nueva cinta musical sobre princesas y con el inmemorial tema del amor verdadero, demuestra, en todos los sentidos, por qué Disney sigue siendo el rey.

Ya desde 2010, con Enredados, la adaptación del cuento de Rapunzel, la casa Disney parecía buscar volver a los días de gloria que no veía desde La Sirenita (1998), La Bella y la Bestia (1991) y Aladino (1992). Y aunque, antes de La Sirenita, la última gran película por el estilo fue La Bella Durmiente (1959), nadie puede negar que junto con Blanca Nieves y La Cenicienta, estos son los personajes y las películas más entrañables de la legendaria productora hollywoodense, muy por encima de todas sus comedias animadas. Sin embargo, marcadamente hacia fines de los 1990s y después de 2001, con la llegada de la fuerte competencia que representó Shrek, Disney buscó otro tipo de historias, enfocadas a la aventura y a la acción.

Y ahora, regresando por sus fueros, nos presenta a las típicas antagonistas de su cine clásico: una reina con poderes sobrenaturales y una indefensa princesa, enfrentadas en una trama que involucra un encantamiento sobre el reino, un príncipe azul y un leal súbdito que puede ver directo al corazón de la princesa. Como de costumbre, la historia de Una Aventura Congelada está vagamente inspirada en un cuento, esta vez, La Reina de las Nieves, del danés Hans Christian Andersen, aunque solamente toma algunos elementos que coloca en personajes y situaciones creados para esta película de princesas.

Hay dos razones por las que Una Aventura Congelada sobrepasa lo hecho recientemente con la mencionada Enredados. Primero, el montaje musical descansa sobre nueve canciones interpretadas en otros tantos números musicales, donde los personajes centrales exponen sus deseos y frustraciones, haciendo avanzar la historia, llevando la cinta de menos a más visual y auditivamente. Prácticamente se puede adivinar la intención de trasladar Una Aventura Congelada a los escenarios de Broadway, lo cual resulta evidente con las canciones escritas por la pareja de compositores teatrales Kristen Anderson López y Robert López y una puesta en escena que remite a la estructura de La Bella y la Bestia y La Sirenita.

Por otro lado, el austero diseño de producción (como debe ser, inspirado en la cultura nórdica), la excelente animación y el montaje musical no sirven de mucho si la trama no tiene fundamentos sólidos. Y aquí es donde me parece que Disney va un paso más allá de lo andado hasta ahora en su cine de princesas. Mientras las pasivas Blanca Nieves, Cenicienta y Bella Durmiente, luego sustituídas por las impulsivas Sirenita, Bella, Pocahontas y Mulan, eventualmente se rendían al “amor verdadero”, ese elusivo y abstracto concepto, en Una Aventura Congelada la búsqueda se aterriza en el poder que tienen los personajes de conseguir, primero, la verdadera libertad, reconociendo su potencial y sus límites, lo cual los lleva a reconocer el amor, no en ese sentimiento bonito de las canciones románticas, sino en los actos que hacemos por nuestro propio bien y por el de los demás.

Hasta la década pasada, cómo no iba Disney ser blanco de burlas en un mundo cada vez más cínico, si sus protagonistas vivían felices para siempre después de un beso de “amor”. En Una Aventura Congelada, por primera vez veo a las princesas liberarse, crecer y, finalmente, darse cuenta que el verdadero amor a los demás empieza en uno mismo. Y a Disney ya le hacía falta, precisamente, eso.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Metegol ****

(Argentina/España, 2013) Clasificación México ‘AA’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Para Román y Paula, pequeños grandes futbolistas.

Como decía el clásico, “A LOS QUE QUIEREN Y AMAN EL FUTBOL”, el cine pocas veces les ha hecho justicia. Es un misterio el que  el deporte más popular del mundo tenga tan mala pata a la hora de ser representado en la pantalla grande, a diferencia de otros que han dado lugar a grandes películas, como el beisbol o el boxeo, por ejemplo. Supongo que se necesita la mezcla exacta de deporte y corazón. Justo como en Metegol, la excelente cinta de dibujos animados del director argentino Juan José Campanella.

Metegol es como le dicen en Argentina a los futbolitos: esas mesas que simulan ser una cancha de futbol, donde los jugadores mueven varillas en las que están atornillados muñequitos que forman los equipos, para meter goles con una pequeña pelota del tamaño de una canica. Y Amadeo es un niño virtuoso y a la vez fanático del futbolito, al grado de poner nombres y asignar personalidades imaginarias a cada uno de los muñequitos de la mesa en la que pasa los días perfeccionando sus técnicas de juego. Así, mientras mueve a sus monitos metiendo gol tras gol a sus contrincantes, imagina los diálogos entre los jugadores de metal que, bajo su cuidado, lucen peinados, melenas y hasta bigotes al estilo de algunos de los jugadores más famosos del siglo XX.

Junto a Amadeo siempre está Laura, la niña que sabe que Amadeo está destinado a grandes cosas y lo ama en secreto. Y no tan en secreto, ya que un buen día Laura anima a Amadeo a enfrentarse en el futbolito a Grosso, otro pequeño virtuoso del futbol, pero el de verdad, donde con los propios pies se patea un balón. El tímido Amadeo demuestra que es mejor que Grosso moviendo a los monitos y los años pasan. Amadeo (voz de Alfonso Herrera) y Laura (voz de Irene Azuela), ahora jóvenes adultos, siguen en su rutina pueblerina. Grosso (voz de Ricardo Tejedo) se ha convertido en el mejor futbolista del mundo y, de paso, en una insoportable estrella mediática que ahora regresa para apoderarse del pueblo y vengarse de Amadeo, con ayuda de su vampiresco representante (voz de Humberto Vélez, el Homero Simpson original).

Y entonces, los monitos del viejo futbolito cobran vida. Fieles a las personalidades que Amadeo les ha dado en su imaginación todos estos años, se liberan de las varillas de la mesa para buscar salvar a todos de la inminente destrucción a la que Grosso los ha condenado.

De este modo, Metegol se mueve en dos niveles. Primero, el de los humanos, con Amadeo y Laura enfrentados con convicción y sentido de justicia al resentido, prepotente y corrupto Grosso. Y segundo, el nivel de la fantasía en que los monitos viven sólo para formar sus equipos y jugar partidos de futbolito. Es encomiable el compromiso de los muñecos con sus personalidades . Destacan el Capi, líder inquebrantable;  el Beto, un pequeño Maradona con todo y acento argentino; y el Loco, un místico jugador que es uno con el universo. En la tradición del cine de juguetes que cobran vida, conmueve la lealtad que le profesan a ese muchacho que, a través de los años, ha hecho posible que vivan para golear.

El diseño de los personajes y escenarios es muy peculiar y diferente de lo que Hollywood, sobre todo Pixar y Disney, nos envía a los cines cada seis meses. Y el gusto por esa diferencia se acentúa al ver que los movimientos de los labios de los personajes corresponden a lo que se dice en Español, al ser una producción originalmente argentina, distribuida en nuestro país con acentos neutrales y lenguaje mexicanizado.

El director Campanella, que también escribió el guión, junto con Gastón Gorali y Eduardo Sacheri, basados en un cuento del genial Fontanarrosa, no niega la cruz de su parroquia en Metegol. Primero, como apasionado del futbol, cosa que ya sospechábamos desde El Secreto de Sus Ojos (Argentina, 2009), cinta de suspenso donde el futbol es usado de manera clave en la historia. En Metegol, el futbol es el generador de la pasión de los personajes para lograr lo que más desean. Y segundo, queda claro que Campanella es un cinéfilo de hueso colorado que goza, además, de un gran sentido del humor. Desde la primera escena, literalmente en los albores de la humanidad, las graciosas referencias a grandes películas, lo mismo de altos vuelos intelectuales, como 2001: Una Odisea Espacial o la más pura aventura, como Volver al Futuro o Parque Jurásico, pasando por la obvia trilogía de Toy Story cuando se centra en las peripecias de los muñequitos o bien, las citas a clásicas cintas de vaqueros ante los duelos a que se retan Amadeo y Grosso. Y nada de esto es usado de manera recargada u oscura, sino como parte de la trama, con chistes para todo público, conocedores del cine o no, aficionados al futbol o no, en un cuento de lealtad y pasión. Justo como debe ser una buena película: para todos los que quieren y aman… el cine.