Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Hace casi 40 años, en 1979, el joven director británico Ridley Scott nos puso los pelos de punta a todos los que fuimos al cine a conocer a “Alien, el octavo pasajero”. En esta película futurista, los 7 miembros de la tripulación de una nave espacial carguera propiedad de la compañía Weyland, son desviados de su ruta para aterrizar en un planeta desconocido, ante una señal de auxilio. Ahí descubren unos extraños huevos gigantes en una especie de incubadora. Uno de los tripulantes se asoma con curiosidad a uno de los huevos al ver que algo se mueve dentro y, pa’ pronto, le brinca a la cara una especie de araña gigante. Lo que sigue es que la mentada “araña” invade la nave espacial, crece y se convierte en el octavo pasajero del ominoso título mexicano (“¡Noveno!” protestarían los amantes de los gatos) y, poco a poco y de uno en uno, se va despachando a cada empleado de Weyland, hasta quedar sólo un robot que no es lo que parece y una muchacha que, con mucha determinación y chica metralleta, enfrenta finalmente al monstruoso “Alien”.
Para no hacerle el cuento más largo, estimado lector, la nueva película de la saga, “Alien: Covenant”, es exactamente lo mismo. Dirigida también por un ya veterano Ridley Scott, la puesta en imágenes es tanto o más impresionante que en “El octavo pasajero” (Scott es un genio para usar la tecnología visual a favor del espectáculo). Igualmente, el cuento del monstruo que se va cenando a cada miembro de la tripulación sigue siendo muy entretenido y aterrador. El chiste y pretexto para volver a contarlo, en todo caso, es mostrarnos cómo llegaron a ocurrir los hechos que vimos en “El octavo pasajero”, ya que “Alien: Covenant”, al igual que “Prometeo”, su primera parte, también de Scott y estrenada en 2012, ocurre varios años antes de lo que vimos en la película de 1979.
Así, Scott echa mano de “David”, el robot que conocimos en “Prometeo” y que, fiel creación de Weyland, tiene ideas muy peculiares de lo que debe hacerse con esta letal especie extraterrestre. En más de una forma, en “Covenant” vemos cómo se plantan las semillas que eventualmente darán frutos en “El octavo pasajero” y todas sus secuelas. Y, de paso, tiene en “David”, por primera vez en toda la serie, un personaje que, en cuanto a trascendencia narrativa, está a la altura de “Ripley”, la heroína de las cuatro primeras películas. Después de todo, el resto del reparto, Demián Bichir incluido, no son más que la cena. El actor Michael Fassbender, quien encarna a “David”, lo sabe y da cátedra de cómo soltar diálogos dizque muy profundos y filosóficos con grandiosidad, sabiendo que, como público, lo que de verdad queremos es ver al monstruo hacer de las suyas. El “David” de Fassbender no se amilana y hasta nos cumple por ese lado, cuando lo vemos tirar guamazos de la lindo y por partida doble. Un lugar muy bien ganado: si al final de cada una de las primeras películas nos quedaba el gusanito de ver qué pasaba con Ripley, ahora, sin duda, todos queremos ver hasta dónde llega “David”. Bueno, es un decir, porque ya sabemos…
