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jueves, 2 de marzo de 2017

La La Land: Una historia de amor ****

(La La Land, EUA 2016)
Clasificación México 'B'/EUA 'PG-13'
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Ah, qué reconfortante película es La La Land. Juzgue usted: romance, canciones, baile y las zonas bonitas de Los Ángeles, con esa simpática pareja cinematográfica formada por Emma Stone y Ryan Gosling, ya en su tercer filme juntos. Todo, cortesía del joven Damien Chazelle, que en su segunda cinta, después de Whiplash (también nominada al Óscar en 2015) reafirma su principal interés: un amor incondicional por el jazz.

Contada en el estilo idealista de los musicales hollywoodenses de los 50s, gracias a la colorida fotografía de Linus Sandgren (premiada con el Óscar) y la fluida edición, visualmente musical, de Tom Cross (que también editó magistralmente Whiplash), La La Land se sirve de la gracia de su pareja protagónica para imprimir buen humor, melancolía cuando se requiere e inspiradas, si bien terrenales, interpretaciones de los números musicales, a la historia de romance entre una aspirante a actriz hollywoodense y un pianista enamorado del jazz clásico.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Moana: Un mar de aventuras ***

(Moana, EUA 2016) Clasificación México ´A´/EUA ´PG´
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Un poco de karaoke, estimado lector… cante conmigo: “¡Libre soy, libre soy…!”

O, qué tal ésta: “¡Bajo 'el mar, bajo 'el mar…!”

Fácil, ¿verdad? Con la primera, inmediatamente piensa uno en Frozen, y con la segunda, en La Sirenita. Bueno, a ver, sígame con esta otra: “El punto en que el cielo es el mar, me llama…”

¿No le suena? ¿Qué tal ésta, un poco más sencilla? “¡De nada, de nada!”

¿Tampoco? No lo culpo, estimado lector. Justamente esas dos últimas son canciones que se pueden oír en Moana: Un mar de aventuras, el nuevo musical animado por computadora de la casa Disney. El problema es que, aunque las canciones de Moana funcionan para contar la historia mientras uno ve la película, al salir ya las hemos olvidado completamente. Escritas por la sensación de Broadway, Lin-Manuel Miranda y todo lo que usted quiera, pero nada pegajosas, pues.

En todo caso y ya olvidadas las canciones, los directores Ron Clements y John Musker (quienes también realizaron La Sirenita, por cierto) no intentan inventar el hilo negro, sino entregar la cinta típica de Disney, protagonizada por la nueva princesa del róster disneyiano, agregando los elementos narrativos de moda y una que otra referencia a la cultura pop actual (hay que ver esa delirante secuencia estilo Mad Max 4; por mucho, lo mejor de toda la película).

La comparación con La Sirenita y con Frozen, por cierto, no es de oquis. Moana es una princesa de las islas del Pacífico Sur, que desea con todo el corazón y contra los deseos de su padre, justo como la sirena Ariel, vivir aventuras más allá de la pequeña isla donde vive. Y, justo como las princesas Anna y Elsa en Frozen, Moana busca su propio destino por sí misma, no a base de esperar al príncipe Azul.

Aún así, el cuento transcurre gracias a una relación de pareja, aunque no romántica. Moana se hace acompañar de Maui, un presumido semidiós que es una especie de Prometeo de las Polinesias quien, a pesar de su espíritu de redentor, no tiene como misión rescatar a Moana, sino, en todo caso, facilitarle el encontrar su destino.

Qué gusto que Disney siga con sus tradiciones cinematográficas pero esté atenta a las necesidades del público, que ya no se traga personajes femeninos limitados al segundo plano. Ahora, si tan sólo le trabajaran un poquito más a esas cancioncitas…

sábado, 9 de enero de 2016

La Sirenita ****

(The Little Mermaid, EUA 1989)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

La Sirenita es la película que, en 1989, regresó a la casa Disney a las glorias del cine animado de décadas pasadas, después de varios años de cintas animadas menores.

La adaptación del cuento clásico de Hans Christian Andersen sigue más o menos fielmente la historia de una sirena que desea ser humana para estar con el hombre que ama, por lo que debe decidir entre abandonar su vida bajo el agua o convertirse, para siempre, en espuma de mar. Claro que, siendo Disney, hay tres elementos que no pueden faltar a la hora de llevar la historia a la pantalla grande: canciones, animalitos simpáticos que ayudan a la heroína en turno y un final feliz.

Lo que hace diferente a La Sirenita de las películas anteriores de princesas Disney, es el haber colocado la trama en un musical estilo Broadway, con cinco espectaculares canciones, escritas por Howard Ashman, con música de Alan Menken, cruciales en plantear la situación de la Sirenita y el reto que tiene que salvar para conseguir el amor deseado. Cada uno de estos números musicales son lo que en Broadway llaman “show stoppers”, es decir, tan impresionantes, que al final de cada uno el espectáculo se puede dar el lujo de detenerse tantito para que el público respire, antes de continuar con las emociones.

El número de “Bajo del Mar” (“Under the Sea”) es, con la canción ganadora del Óscar, uno de estos show stoppers, donde el cangrejo Sebastián moviliza a todas las criaturas marinas al ritmo de un contagioso calipso, para convencer a la Sirenita de que, por supuesto, en el mar la vida es más sabrosa. Sin embargo, en mi opinión, el número “Bésala” (“Kiss the Girl”) tiene mayor mérito dentro de la trama, nuevamente con Sebastián intentando ayudar a la Sirenita, ahora usando todo el entorno de una laguna para conseguir que el Príncipe bese a la jovencita y la salve del terrible destino planeado por la Bruja del Mar, que, mención aparte también se lleva las palmas con la canción “Pobres almas en desgracia”.

La excelente calidad de dibujo a mano y animación tradicional complementan una divertida, emotiva y muy amable adaptación de la historia de Andersen; la dirección corre a cargo de Ron Clements y John Musker, que tres años después repetirían la fórmula y el exitazo con Aladino, también para Disney.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El Principito **1/2

(Le Petit Prince, Francia 2015) Clasificación México ‘A’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Lo esencial es invisible para los ojos, dice El Principito, tanto en la novela de Antoine de Saint-Exupéry como en la nueva adaptación fílmica, del director Mark Osborne. La película tiene, entonces, el reto de mostrar lo invisible.

En la película, una niña es presionada por su madre para pasar el verano encerrada en casa, estudiando para ingresar al mejor colegio y asegurar su futuro de adulta seria y responsable. Pero los niños siempre serán niños, así que muy pronto se encuentra frecuentando al vecino, un anciano aviador retirado que intenta restaurar un viejo avión monoplaza en su patio y va contándole, usando dibujos y textos escritos a mano, la historia de El Principito, un niño de otro planeta, a quien conoció en uno de sus viajes por el desierto del Sahara. Por supuesto, la niña y el viejo se hacen amigos, más o menos en la misma forma en que lo hacen el Zorro y el Principito del cuento.

Aunque toda la película es animada, la estrategia visual del director Osborne (que antes hizo Kung Fu Panda) consiste en mostrar la“realidad”, es decir, la vida de la niña y el aviador, con dibujos estándar, hechos y animados por computadora, muy parecidos a lo que estamos acostumbrados desde que Pixar estrenó Toy Story hace 20 años. Y la historia del Principito, conforme la va imaginando la niña, se muestra en animación cuadro por cuadro (“stop motion”) de muñecos estilo papel maché, lo que le da a estas escenas una riqueza visual y una calidad poética que remite directamente a la novela de Saint-Exupéry.

Lo mismo pasa con las dos historias en pantalla: la relación de la niña reprimida y el viejo alivianado resulta bastante normal para los estándares hollywoodenses, mientras que los pasajes sobre el Principito conservan las ideas, mucho más abstractas, de la novela. Lo esencial, pues. Sin embargo, estos bellos pasajes ocupan algo así como un tercio de la película, ya que, durante la segunda mitad, la historia de la niña se mueve a situaciones inventadas usando algunos de los personajes de la novela.

Ahí es donde la película sufre de ese típico problema de intentar contar una historia nueva con personajes ya establecidos en obras populares, como, por ejemplo, ha ocurrido con los derivados fílmicos de Peter Pan. Rara vez en el cine ha funcionado el concepto de “¿Y qué pasó con…?” En El Principito, del director Osborne, el resultado no es malo pero tampoco es tan bueno como el material fuente, fallando, en mi opinión, en su propia tarea de centrarse, qué más, en lo esencial.
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... y por ahí en la red o en disco, puede usted encontrar la primera adaptación a cine:

El Principito ***
(The Little Prince, EUA 1974)

El legendario director Stanley Donen (obra mayor: Cantando bajo la lluvia, 1952) presentó hace 41 años su adaptación musical de la novela El Principito, con una historia fiel, excepto por algunos cambios a los personajes y los planetas que el Principito visita antes de llegar a la Tierra, y con el agregado de números musicales para ayudar a la narrativa del original de Saint-Exupéry. El resultado es bastante agradable, si bien encasillado, visual y auditivamente, en la época en que se filmó.

Destacan las canciones del Zorro (el genial Gene Wilder, que tres años antes hizo el papel de Willy Wonka) siendo domesticado por el Principito, y la Serpiente (Bob Fosse, el legendario coreógrafo y creador de grandes musicales como Chicago) ofreciendo sus servicios de asistencia suicida y que, en sus pasos de baile, evidentemente inspiró al mejor Michael Jackson, el de principios de los 1980s. El aviador es el actor Richard Kiley, en quien, al ser el narrador, recaen la mayoría de las canciones de la adaptación.

En cuanto al Principito, el niño Steven Warner, de unos 8 años, de entrada parece demasiado joven para el protagonista, dada la profundidad de los diálogos y la melancolía implícita del personaje, pero en sus escenas con adultos (todas, de hecho) mantiene muy bien las situaciones. De paso, recuerdo la reflexión que hace la novela sobre cómo los adultos insistimos en números para conocer a las personas (“¿cuántos años tiene?”). Lo esencial, aquí, es que la película nos hace creer que este niñito puede hacerse amigo de un zorro, confabular con una serpiente, enamorar a una rosa y ganarse el corazón de un aviador varado en el desierto.

jueves, 23 de enero de 2014

¿Qué le dijiste a Dios? ½*

(México, 2014) Clasificación México ‘B’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
La semana pasada, al comprar mi boleto para entrar a ver Un Atrevido Don Juan (Don Jon, la sorprendentemente buena ópera prima del actor convertido en guionista y director, Joseph Gordon-Levitt, 2013), la jovencita de la taquilla me advirtió, muy seria: "La película es clasificación B-15, pero tiene muchas escenas de sexo."

Como es notorio que hace rato pasaron los años en que los boleteros me preguntaban la edad cuando quería ver algo mayor que clasificación A, no creo que esta jovencita estuviera tratando de protegerme de nada. Más bien, supongo que el gerente del cine ordenó a los boleteros avisar al público acerca del contenido, para no recibir quejas de incautos espectadores que prefieren no ver "muchas escenas de sexo". A mí, dicho sea de paso, las tales escenas no me molestan y hasta las agradezco, siempre y cuando aporten a la historia que se está contando, o de perdis que sean muy buenas y la historia salga sobrando...

Hombre, pero si ya en el cine van a tener la política de ahorrarle corajes a uno antes de entrar a la función, que de una vez lo hagan con todas. Por ejemplo: "Rocky es clasificación B, pero se dan muchos guamazos". O bien, con La Guerra de las Galaxias: "Le advierto que salen muchas naves espaciales". O, para centrarnos en la película de la semana: "Mire, tiene muchas canciones de Juan Gabriel pero las cantan a'i más o menos y las bailan peor..."

Lo cierto es que la idea es bastante atractiva. A poco no: Un musical con canciones de Juan Gabriel. Igual que la mayoría de los mexicanos que ya andábamos por aquí en los últimos cuarenta años, conozco y disfruto muchas de las casi dos mil canciones que Juan Gabriel ha compuesto en medio siglo de carrera. Y, fuera de algunas que él mismo protagonizó en los 1970s, es una lástima que el poco cine musical mexicano no haya aprovechado este popular acervo.

Por lo tanto, ¿Qué le dijiste a Dios? de la directora Teresa Suárez (Así del Precipicio, México 2006) intenta picar piedra en un terreno prácticamente virgen, anunciando un alegre musical durante los créditos iniciales, con “Buenos Días, Señor Sol”. Pero lamentablemente lo que sigue a esta esperanzadora canción es tan pobre que mejor ni se hubiera molestado, por el bien del cine, del espectador y del propio Juan Gabriel.

Dos sirvientas pueblerinas, empleadas en el D.F. por una familia millonaria, junto con todas las mucamas de la adinerada colonia barren la calle mientras cantan “Yo no nací para amar”, acompañadas de los guaruras de sus patrones. Y aquí, en esta primera canción es cuando se me empezó a caer el corazón. Las actrices que interpretan a las dos sirvientas (Gina Vargas y Olinka Velázquez) cantan bien pero la coreografía que ejecutan es tan imaginativa como cualquier tabla gimnástica de primaria y hasta vergüenza debería darle a Guillermo Téllez, quien usurpa el título de Coreógrafo en los créditos. Para colmo, la elección de fotografiar este y el resto de los números musicales desde una cámara fija que para colmo se desenfoca en los rostros de los bailarines y al nivel del piso, resulta en “bailables” planos que no provocan ninguna emoción favorable.

Lo que sigue es digno de cualquier telenovela nacional y sin quitarle ni ponerle, anoto los temas presentados: discriminación por clasismo y racismo; adulterios, robos, secuestros, enfrentamientos a mano armada, violencia y heridos por arma de fuego, incluyendo niños. Así, se va al caño la alegría prometida. A pesar de que más o menos cada cinco minutos se inserta una canción de Juanga, para un total de trece, solamente las tres cantadas por un energético Víctor García (“Vienes o Voy”, que no conocía; “No Tengo Dinero” y “El Noa Noa”) son propuestas felices. Todas las demás (“Me he quedado solo”, “Debo Hacerlo”, “No me vuelvo a enamorar”, “Todo”, “Inocente pobre amigo”, “La Farsante”, “Déjame vivir”) tienen a sus intérpretes en pantalla (Érika de la Rosa, Mar Contreras, Alejandro de la Madrid y Mark Tacher) sufriendo la historia que les tocó representar y los pésimos bailables que tienen que ejecutar.

Decía que sólo Víctor García sale mejor librado pero hay otra excepción: la genial Regina Orozco, que hace de mamá de las dos sirvientas; más o menos a la mitad de la cinta se avienta, virtuosamente, la canción “Insensible” con un gusto contagioso que la convierte en la mejor de ¿Qué le dijiste a Dios?, pero en la débil trama este número musical sobra.

Para acabarla, ninguno de los personajes está escrito (por la propia directora Suárez) para ganarse la simpatía del espectador. Todos son odiosos, insensibles, abusivos y sin ningún sentido del bien y del mal. Nuevamente, el único que se salva es el personaje de Víctor García, que ni se imagina la fichita a la que le propone matrimonio.

Ni modo, pobre Juan Gabriel, que al final se avienta un palomazo que no viene al caso, mientras le echa aire con su abanico a una parte del elenco, bailando sin ganas. ¿No tengo nada bueno que decir, entonces? ¿Nadanadanadanada? Que no, que no.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Michael Jackson Esto Es Todo ***

(This Is It, EUA 2009) Clasificación 'A'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Si a usted le gusta la música de Michael Jackson, Esto Es Todo le va a encantar. He aquí un documental que, ante todo, intenta presentar lo más parecido a un concierto de Michael Jackson cantando sus más grandes éxitos, si bien en un ambiente íntimo, ya que lo que vemos son los ensayos a puerta cerrada para los conciertos que este año Jackson daría en Londres. Aún así, podemos verlo interpretar completas poco más de veinte canciones, algunas casi completamente montadas para el concierto, con bailarines, músicos y coros en vivo, todos dirigidos por Kenny Ortega y el propio Jackson.

Ahora bien, si usted espera aprender algo nuevo sobre Michael Jackson, no es aquí donde lo va a encontrar. Kenny Ortega presenta de manera muy eficiente las veintitantas canciones, apenas con unos cuantos comentarios marginales por parte de sus colaboradores, ensamblando las imágenes tomadas con "algunas cámaras", como se advierte al principio, con una banda sonora muy bien producida. Como bono para los cinéfilos, se incluye una curiosa secuencia de efectos especiales que inserta a Jackson junto a imágenes de Rita Hayworth y Humphrey Bogart, aunque dudo que la mayoría del público joven que apenas llenó una veintena de asientos el fin de semana pasado en un cine del rancho haya reconocido las referencias. Películas en blanco y negro, al fin y a cabo.

Decía, si usted es admirador, probablemente atesorará este último "concierto" del artista fallecido el verano pasado y se identificará con los bailarines, músicos y equipo técnico que de vez en cuando aparecen en pantalla disfrutando las actuaciones de quien era evidentemente un artista muy admirado.

Obviamente esta película no es el lugar para explorar las distintas controversias protagonizadas por el cantante. Probablemente Sony haría mucho más dinero produciendo un documental al respecto, pero al menos hasta el momento se tiene la ¿decencia? de simplemente mostrar al mundo este ensayo general.

En mi caso, la personalidad y algunos actos publicitados de Jackson me resultaron aberrantes y hasta detestables desde hace unos quince o viente años, pero no por eso he dejado de disfrutar varias de sus canciones, particularmente las que se incluyen en el disco Thriller. Creo que no estoy solo, ya que el punto medio de la película precisamente retoma estos éxitos, interpretados lo más fielmente posible como en las grabaciones originales, buscando apelar a toda esa fanaticada que se sabe los discos de memoria. Curiosamente el famoso paso "Moonwalk" que todo mundo ha recordado en los últimos meses, aquí brilla por su ausencia. Tal vez hasta Michael estaba harto de sus propios clichés.

Y curiosamente también, las salas de cine acá en el rancho están vacías de esos hipotéticos admiradores y fanáticos que supuestamente han llorado su muerte los últimos meses. ¿Esto es todo?

miércoles, 8 de abril de 2009

Godspell ***

(Godspell: A Musical Based on the Gospel According to St. Matthew, EUA 1973)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Tratando de salir un poquito de las opciones que regularmente se programan en estas fechas de Semana Santa, encontré el DVD R4 de Godspell, el otro musical sobre Jesús estrenado también en 1973.Qué puedo decir de Godspell; simplemente es uno de mis musicales favoritos. Es justo que empiece así mi reseña para que usted, amable lector sepa de dónde vengo al comentar esta película.

Conozco la obra desde hace un cuarto de siglo, cuando disfruté y formé parte del musical montado por el grupo estudiantil de mi universidad. Me sé las canciones y los parlamentos de memoria y habiendo estado en una primaria marista, el Evangelio según San Mateo, en el que está basada, no me es ajeno.

Godspell presenta el ministerio de Jesús en una sola jornada, desde su bautismo hasta su muerte, a través de una serie de viñetas interpretadas por diez jóvenes neoyorquinos, hombres y mujeres, prefectamente intercambiables unos con otros, como de hecho ocurre durante la obra y la película. Excepto por Jesús, el único otro personaje definido a lo largo de la obra es Juan el Bautista, que se encarga de presentar a Jesús al mundo ("Preparad el camino del Señor") y que en algún momento del día se transformará en Judas, básicamente haciendo lo contrario: sacar a Jesús del mundo.

Realizada en 1973, la cinta no esconde su época, tanto en el estilo fotográfico y de montaje, como en los propios personajes: todos los jóvenes son básicamente hippies setenteros, ellos con afros escandalosos o bigotes y barbas descuidados, ellas con cabello largo suelto. Si bien al inicio de la película todos caminan por las calles atestadas de Nueva York vestidos de acuerdo a la época, al ser "llamados" por Juan el Bautista, el resto de los neoyorquinos desaparece de la vista y los ocho elegidos, una suerte de apóstoles para Jesús cambian instantáneamente sus ropas por disfraces de payasos heredados de alguna comuna hippie.

La secuencia inicial de panorámicas citadinas me recuerda a las primeras escenas de Tarde de Perros (Lumet, 1975), mostrando distintas escenas de la vida diaria, sin enfocarse en algún personaje en particular, hasta que la toma se centra en el "elegido" en cuestión. Juan es el único personaje que desde el inicio mantiene su apariencia estrafalaria y en una edición que no tengo idea cómo habrá sido vista en su momento y que ahora se antoja ridícula, aparece y desaparece frente a cada futuro apóstol, llamándolo a la fuente donde será bautizado.

Aquí es donde aparece Jesús (Victor Garber, a quien usted probablemente recuerde como el diseñador del Titanic -Cameron, 1997 y más recientemente como el alcalde Moscone en Milk -Van Sant, 2008), con formidable afro, semidesnudo y que al ser bautizado reaparece vestido con una camiseta azul y una "S" de Superman estilizada, pantalones y zapatos de payaso. Su cara está maquillada y parte de la iniciación de sus apóstoles consiste en pintar sus caras, de uno por uno, hasta que todos tienen algún dibujo, tal como una flor, una estrella, un rayo, etc.

A partir de ese momento el grupo se dedicará a recrear principalmente sermones como el de la montaña, parábolas como la del sembrador, la del hijo pródigo o la del buen samaritano, moviéndose de la mitad en adelante a pasajes de la vida de Jesús que lo fueron llevando al enfrentamiento con las autoridades judías y a la noche de su aprisionamiento y posterior muerte.

En mi opinión, lo valioso del musical es que tanto el libreto como las canciones son, con mínimas excepciones, extractos del Evangelio de Mateo, musicalizados (en su primer trabajo) por Stephen Schwartz, que posteriormente haría, entre otros, Pocahontas, El Jorobado de Notre Dame y El Príncipe de Egipto. La obra fue escrita por John-Michael Tebelak a partir de textos completos del Nuevo Testamento, reordenando algunas situaciones y creando el juego de que todos los actores en un momento dado pueden ser apóstoles, peronajes de alguna parábola, gente del pueblo, fariseos, doctores de la ley, demonios e incluso todos llegan a ser Jesús, o al menos ecos de Jesús.

Las canciones van del rock al ragtime, un poco de blues y una que otra balada. Las coreografías no son nada espectacular, más bien como juegos de gente que intenta montar una coreografía. Lo impresionante en la versión fílmica es la elección de usar a todo Nueva York como escenario, mostrando calles, avenidas, edificios y parques completamente vacíos (se debe haber filmado en fines de semana muy temprano por las mañanas).

Dirigida por David Greene, prácticamente su única película para la pantalla grande pero con una larga carrera televisiva y editada por Alan Heim, que en musicales también editaría Hair (Forman, 1979) y All That Jazz (Fosse, 1979), Godspell es un musical fílmico prácticamente perdido en el tiempo, eclipsado, seguramente, por Jesucristo Superestrella, estrenada el mismo año y con el mismo tema. Sin embargo, sus canciones son mucho más amables y, finalmente, más pegajosas. Es la Buena Nueva, después de todo.

lunes, 11 de febrero de 2008

Reseñas de la cartelera semanal / Feb 8 al 14, 2008

Sweeney Todd: El Barbero Demoníaco de la Calle Fleet ***1/2
(Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, EUA/RU 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Lo que sí me gustó de Sweeney Todd:
1. Que no es un musical, más bien una ópera (¿opereta?). Así, los personajes cantan y cantan y cantan, en vez de hablar, hablar y a ratos cantar.
2. El hilarante cameo extendido de Sacha Baron Cohen.
3. Las voces cantantes de Johnny Depp y Alan Rickman. Un poco menos la de Helena Bonham Carter.
4. La escena del sueño del personaje de Helena Bonham Carter, deseando casarse con el de Johnny Depp.
5. El exacto punto medio, con el dueto de Depp y Rickman, seguido por la canción donde Depp y Bonham Carter escogen, de las calles de Londres, los "ingredientes" para sus pasteles de carne.
6. La sangre que por litros corre, gotea, salpica, ensucia y baña escenario, personajes y pantalla (me emocioné cuando me preguntó la boletera si las dos entradas que pedí eran para dos mayores de edad: "Qué, ¿está muy sangienta?").
7. El chalán nacote de Timothy Spall dándose ínfulas de finura y quedando, como suele pasar con gente así, como un simple nacote amanerado. Justo en el clavo.
8. El quinceañero Ed Sanders, primero como gracioso ayudante de Sacha Baron Cohen, después como el incondicional de Helena Bonham Carter.
9. El sucio Londres de cielos contaminados creado por Tim Burton. Haga usted de cuenta Mexicali en un día claro.

Lo que no me gustó de Sweeney Todd:
1. Que poco después de salir del cine ya se me habían olvidado las canciones, excepto por la melosa "I feel you, Johanna..."
2. Pensar durante la película y confirmar después de verla, que se cortaron varias canciones de la obra en que está basada.
3. Enterarme, precisamente, que esta versión de la historia del barbero demoniaco, originalmente es una obra de Broadway de fines de los 70s. No tenía idea.
4. Lo rutinaria y repetitiva que se tornan por momentos la puesta en escena y la partitura.
5. Decir "Tweeney Sodd" (tuini sod) cuando pedí los boletos.
6. Haber tenido que verla pendiente de la salida de emergencia, por el "enjambre" de temblores que nos ha recetado la Falla de San Andrés y anexas, desde el viernes 8 hasta el día de hoy (13 de febrero) en el norte de Baja California. Prefiero moronga a granel cualquier día.