Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los destruibuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
-O-
The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans (Werner Herzog, EUA 2009)
Cuenta la leyenda que cuando el presidente Ronald Reagan visitó al presidente Miguel de la Madrid en 1985 (en Mexicali, Baja California, por cierto), el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, llegó con los zapatos sucios. Mientras esperaban a Reagan, Silva Herzog aprovechó que pasaba un bolero con su cajón y fue a lustrarse los zapatos. En eso aterrizó el helicóptero de Reagan. Herzog dejó al bolero en medio de la faena y se acercó corriendo a De la Madrid, quien, viéndolo de reojo y notando que todavía traía los pantalones doblados por la boleada, le dijo en voz baja: "¡Herzog, bájate los pantalones!" a lo que Silva Herzog, mortificado, replicó "Ah canijo, ¿pos qué tanto le debemos???"
¿La moralidad -o, para el caso, la inmoralidad- tiene explicación? Terence McDonagh es un policía de Nueva Orleans. Impulsivo, recibe una condecoración. Se vuelve adicto a los tranquilizantes por una dolencia de la espalda. Corrupto, se involucra en una serie de situaciones que van de la inmoralidad al peligro de muerte inminente, pero nunca se detiene. Suertudo, habla sin parar mientras busca frenéticamente una salida para él y su novia, una prostituta cara que mantiene a Terence, lo aguanta, lo busca, lo ama. Humano, se acerca a su padre. Se aleja de su padre. Se acerca a su padre. Un alcohólico que sabe lo suficiente de su condición para su propio bien. Y para el bien de Terence. Terence, impulsivo, drogadicto, corrupto, suertudo, humano, inmoral, moral, podría morirse en una de esas y sin embargo no se muere. Así que sigue. Y sigue. Lo interpreta Nicolas Cage. Lo dirige Werner Herzog. ¿Su nuevo Klaus Kinski?. Nicolas, bájate los pantalones. Ah canijos, pos cuánto le debemos, Herzog...
Mostrando entradas con la etiqueta Nicolas Cage. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nicolas Cage. Mostrar todas las entradas
jueves, 5 de agosto de 2010
jueves, 12 de marzo de 2009
Nicolas Cage tenía razón...
Encuentran mensaje secreto en reloj de Lincoln
EFE
El Universal
Washington Miércoles 11 de marzo de 2009
"El Museo Nacional de Historia de EU ha encontrado un mensaje "secreto" sobre la Guerra Civil en un reloj del presidente estadounidense Abraham Lincoln, que había sido inscrito en el mecanismo por un relojero.
Jonathan Dillon, que en 1861 estaba reparando el reloj de Lincoln, talló un mensaje cuando las noticias sobre el ataque al Fuerte Sumter llegaron a la capital estadounidense, al inicio de la Guerra Civil, según un comunicado del Museo difundido ayer..."
-0-
Si usted, amable lector, es seguidor de los peluquines de Nicolas Cage en la serie National Treasure (La Leyenda del Tesoro Perdido) y no puede esperar a ver otro emocionante episodio de la original saga, apresúrese a mandar esta noticia a Cage y compañía.
Disney nos agarre confesados.
EFE
El Universal
Washington Miércoles 11 de marzo de 2009
"El Museo Nacional de Historia de EU ha encontrado un mensaje "secreto" sobre la Guerra Civil en un reloj del presidente estadounidense Abraham Lincoln, que había sido inscrito en el mecanismo por un relojero.
Jonathan Dillon, que en 1861 estaba reparando el reloj de Lincoln, talló un mensaje cuando las noticias sobre el ataque al Fuerte Sumter llegaron a la capital estadounidense, al inicio de la Guerra Civil, según un comunicado del Museo difundido ayer..."
-0-
Si usted, amable lector, es seguidor de los peluquines de Nicolas Cage en la serie National Treasure (La Leyenda del Tesoro Perdido) y no puede esperar a ver otro emocionante episodio de la original saga, apresúrese a mandar esta noticia a Cage y compañía.
Disney nos agarre confesados.
jueves, 3 de enero de 2008
Reseñas de la cartelera semanal / Lo primero que ví en 2008
La Leyenda del Tesoro Perdido 2: El Libro de los Secretos *1/2
(National Treasure 2: Book of Secrets, EUA 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Para no perder la costumbre de los churros, lo primero que fui a ver al cine en 2008 es esta secuela a la otra película de título igualmente largo en la que Nicolas Cage y compañía nos hacen creer que no hay actividad más emocionante, lucrativa y demandante físicamente que trabajar en un museo o en una biblioteca (créame, yo he trabajado en dos y por ningún lado encontré la oportunidad de ser émulo de Indiana Jones o Kalimán). No he visto la primera y como supe que básicamente la nueva es el mismo rollo con los mismos pelafustanes que aquella, pensé en matar dos pájaros de un tiro. El director Jon Turteltaub hasta ahora no merece que pague dos veces por la misma película.
Qué manera de pedirnos suspender la credibilidad, de plano: una milenaria ciudad de oro construida por ¿Olmecas de Dakota del Sur? mantenida en secreto a través de los siglos, por, anote usted, indios, conquistadores, esclavos, presidentes, la Reina Victoria, confederados separatistas, etc. Si le digo en dónde está escondida, va usted a pensar que estoy inventando con tal de que me lea. El hecho es que Benjamín Franklin Gates (Nicolas Cage) es arrastrado en la búsqueda de la mentada ciudad por medio mundo (París, Londres, Washington y un par de monumentos nacionales como, me cuentan, ocurrió en la primera), con el único fin de limpiar el nombre de su tatarabuelo, que ahora resulta fue conspirador en el asesinato de Lincoln.
Y la suerte que tiene este pelao: si necesita descifrar una contraseña, la primera palabra que se le ocurre es esa contraseña. Si busca un pasadizo secreto hecho por George Washington, no se preocupe, del bolsillo saca el mapa ¡original! del puño y letra de Washington. Si tiene que secuestrar al presidente de los EUA, éste coopera y hasta ayuda pidiendo raite en la carretera. Y así por el estilo.
Detrás de Cage (que, a diferencia de Indiana Jones, cambia el sombrero por un notorio peluquín), y dejando cabos sueltos por todos lados, van, en este orden: sus famosos tics nerviosos, su ayudante nerd, su buenona novia museógrafa (con un sueldazo, a juzgar por su mansión), sus papás, Jon Voight y Helen Mirren (que todavía se las arregla para acelerarnos el pulso en un par de escenas), Harvey Keitel como un benévolo agente del FBI y Ed Harris como el malo menos malo en la historia del cine de aventuras; digo, al menos hubiera negociado un peluquín tan bueno como el de Cage. La verdad, muy pronto se da uno cuenta que todo el asunto es para soltarse en la butaca, tomarse una soda grande con cafeína y zamparse un bote jumbo de palomitas de maíz, cuidando de no atragantarse ante las cada vez más inverosímiles, si no cómicas, situaciones.
Me hubiera gustado reírme más, pero no da para tanto. Eso sí, me mantuvo de buen humor todo lo que duró, ya entrados en gastos. A decir verdad, la única carcajada que solté fue en un momento de humor involuntario, cuando alguien del grupo de Cage dice, examinando una pieza arqueológica: "Es precolombino" y alguien más agrega, muy pensativo, al resto del grupo (todos universitarios graduados y profesionales de la Historia): "Tiene al menos 500 años..." Tal vez sin actores de esta talla, el reparto no aguantaría la risa de decir tales tarugadas una tras otra.
Creo que lo mejor de todo, además de ver a tanto buen actor junto, son las escenas de efectos especiales, que culminan en el cliché que muestra una de esas construcciones milenarias con mecanismos imposibles que aún funcionan cuando los modernos exploradores los activan. Olvídese usted del contenido del libro presidencial de los secretos; qué buenos arquitectos e ingenieros tenían esos Olmecas de Dakota del Sur.
(National Treasure 2: Book of Secrets, EUA 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Para no perder la costumbre de los churros, lo primero que fui a ver al cine en 2008 es esta secuela a la otra película de título igualmente largo en la que Nicolas Cage y compañía nos hacen creer que no hay actividad más emocionante, lucrativa y demandante físicamente que trabajar en un museo o en una biblioteca (créame, yo he trabajado en dos y por ningún lado encontré la oportunidad de ser émulo de Indiana Jones o Kalimán). No he visto la primera y como supe que básicamente la nueva es el mismo rollo con los mismos pelafustanes que aquella, pensé en matar dos pájaros de un tiro. El director Jon Turteltaub hasta ahora no merece que pague dos veces por la misma película.
Qué manera de pedirnos suspender la credibilidad, de plano: una milenaria ciudad de oro construida por ¿Olmecas de Dakota del Sur? mantenida en secreto a través de los siglos, por, anote usted, indios, conquistadores, esclavos, presidentes, la Reina Victoria, confederados separatistas, etc. Si le digo en dónde está escondida, va usted a pensar que estoy inventando con tal de que me lea. El hecho es que Benjamín Franklin Gates (Nicolas Cage) es arrastrado en la búsqueda de la mentada ciudad por medio mundo (París, Londres, Washington y un par de monumentos nacionales como, me cuentan, ocurrió en la primera), con el único fin de limpiar el nombre de su tatarabuelo, que ahora resulta fue conspirador en el asesinato de Lincoln.
Y la suerte que tiene este pelao: si necesita descifrar una contraseña, la primera palabra que se le ocurre es esa contraseña. Si busca un pasadizo secreto hecho por George Washington, no se preocupe, del bolsillo saca el mapa ¡original! del puño y letra de Washington. Si tiene que secuestrar al presidente de los EUA, éste coopera y hasta ayuda pidiendo raite en la carretera. Y así por el estilo.
Detrás de Cage (que, a diferencia de Indiana Jones, cambia el sombrero por un notorio peluquín), y dejando cabos sueltos por todos lados, van, en este orden: sus famosos tics nerviosos, su ayudante nerd, su buenona novia museógrafa (con un sueldazo, a juzgar por su mansión), sus papás, Jon Voight y Helen Mirren (que todavía se las arregla para acelerarnos el pulso en un par de escenas), Harvey Keitel como un benévolo agente del FBI y Ed Harris como el malo menos malo en la historia del cine de aventuras; digo, al menos hubiera negociado un peluquín tan bueno como el de Cage. La verdad, muy pronto se da uno cuenta que todo el asunto es para soltarse en la butaca, tomarse una soda grande con cafeína y zamparse un bote jumbo de palomitas de maíz, cuidando de no atragantarse ante las cada vez más inverosímiles, si no cómicas, situaciones.
Me hubiera gustado reírme más, pero no da para tanto. Eso sí, me mantuvo de buen humor todo lo que duró, ya entrados en gastos. A decir verdad, la única carcajada que solté fue en un momento de humor involuntario, cuando alguien del grupo de Cage dice, examinando una pieza arqueológica: "Es precolombino" y alguien más agrega, muy pensativo, al resto del grupo (todos universitarios graduados y profesionales de la Historia): "Tiene al menos 500 años..." Tal vez sin actores de esta talla, el reparto no aguantaría la risa de decir tales tarugadas una tras otra.
Creo que lo mejor de todo, además de ver a tanto buen actor junto, son las escenas de efectos especiales, que culminan en el cliché que muestra una de esas construcciones milenarias con mecanismos imposibles que aún funcionan cuando los modernos exploradores los activan. Olvídese usted del contenido del libro presidencial de los secretos; qué buenos arquitectos e ingenieros tenían esos Olmecas de Dakota del Sur.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)