Mostrando entradas con la etiqueta Pixar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pixar. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de junio de 2018

Los Increíbles ***1/2












(The Incredibles, EUA 2004) Clasificación ‘A’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Nunca se me hubiera ocurrido, mientras veía cada una de las películas de Bond, James Bond, con toda su exagerada acción, sus melodramáticos enfrentamientos entre el héroe y el megalómano del día, sus exóticas y bellas mujeres en deslumbrantes y fantásticos escenarios, que en medio podría haber una historia rescatable y un mensaje valioso para el público. No me malinterprete, he disfrutado de las veinte películas de Bond como el que más, pero nunca he visto ni buscado en ellas más que lo que son: caricaturas de acción viva para adolescentes y adultos. Aparentemente a Brad Bird, guionista y director, sí se le ocurrió y el resultado es, en parte, Los Increíbles, la nueva película de Pixar.

Qué manera la de Pixar de hilar un éxito tras otro en películas animadas. Considere usted sus producciones para la casa Disney: el díptico Toy Story 1 y 2, donde se explora el valor de la amistad y los conflictos del crecimiento personal; Bichos, una especie de Los Siete Magníficos del mundo entomológico; Monsters, Inc. y su ingeniosa industrialización del Coco y anexas y Buscando a Nemo, el emotivo cuento que retrata la continua angustia de ser padre. La lista no tiene desperdicio y ahora, con Los Increíbles y a punto de dejar el consorcio Disney, Pixar se reafirma como el mejor estudio cinematográfico de animación y muy probablemente en general, con sólo buenas películas y ningún churro en su haber.

Brad Bird toma de dos fuentes más o menos conocidas para montar una historia de valores familiares y de defensa de la individualidad. La primera es la serie de Bond y la segunda es el mundo de los superhéroes, específicamente los Hombres X de Marvel Comics, con su premisa de que el sobresalir es algo indeseable y hasta condenable. Mr. Increíble es el más famoso superhéroe del país y su lucha contra el mal es legendaria y seguida con admiración por el ciudadano común. Junto a él, otros superhéroes combaten el crimen, colaborando con las autoridades. La Chica Elástica es una de ellas y tiene un lugar especial en el corazón de Mr. Increíble. Pero las envidias y los malos entendidos llevan al gobierno a prohibir la actividad de estos superdotados. Así, Mr. Increíble y la Chica Elástica se convierten en Bob y Helen Parr y ahora se dedican, él, a un trabajo de escritorio en una compañía de seguros y ella, a cuidar de su casa y los tres hijos de ambos, la adolescente Violet, el hiperactivo niño Dash y el bebé Jack. Los dos mayores también han desarrollado superpoderes pero sus padres, obedeciendo, deben remachar en sus hijos el esconder sus propias habilidades especiales y comportarse como la gente normal. Una vida muy difícil para Bob Parr: su necesidad de ser congruente con su verdadera identidad es mucha y el ser un hombre promedio es tan desalentador como la reflexión de que promedio es sinónimo de mediocre.

En este punto, Brad Bird hace que Mr. Increíble y la Chica Elástica vuelvan a las andadas, sirviéndose del elemento Bond, en que un villano trata de apoderarse del mundo y “alguien” debe detenerlo. El formato Bond se sigue al pie de la letra, incluyendo al entrañable Q, el maduro agente dedicado a diseñar los excéntricos artefactos para Bond en cada una de sus aventuras. En Los Increíbles, Q tiene la forma de Edna Moda, una modista enana y de mal carácter, que se las sabe de todas todas en lo que a trajes de superhéroes se refiere. La diferencia que Bird encuentra en esta fórmula es que el villano personifica, precisamente, esa mediocridad que les ha sido forzada a los miembros de la familia Increíble. Sus planes para apoderarse del mundo se basan únicamente en mantener el promedio para facilitarse el ser sobresaliente.

La película anterior de Bird, El Gigante de Hierro (EUA, 1999), también exploraba el tema. Lamentablemente nos es más fácil ser iguales, promedio, que sobresalir desarrollando nuestras capacidades. Ambas cintas dirigidas a los niños pero con un mensaje necesario para los adultos de nuestra sociedad actual.

viernes, 28 de junio de 2013

Monsters University **

(EUA 2013) Clasificación México ´AA´ / EUA ´G´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Si usted trae prisa, seré breve: Monsters University es, en mi lista, la película menos original, menos graciosa y menos emotiva de Pixar.

Van mis razones:

1. Es la menos original: Seguramente usted habrá visto algunas de las tantas comedias joligudenses acerca de universitarios relegados por los demás, que se crecen ante la adversidad. ¿Recuerda las ochenteras La Venganza de los Nerds o Regreso a la Escuela? ¿Qué tal la noventera Legalmente Rubia? O, sin ir tan lejos, Notas Perfectas, apenas hace un par de meses. El caso es que cada tres, cuatro años, Hollywood vuelve a esta historia del apestado que triunfa en la escuela a pesar de todos los pronósticos.

2. Es la menos graciosa: Sí, es muy entretenida y hay buenos chistes por aquí y por allá pero, para no extenderme, me limito a describir mi experiencia en una sala de cine llena en domingo en la tarde, con niños y padres de familia. No oí carcajadas de niños más de dos veces y alguna que otra de los adultos, justamente en esos chistes… por aquí y por allá.

3. Es la menos emotiva: ¿Y el momento Ratatouille, ´apá? No espere usted en Monsters University, porque nunca llegará, la escena donde algunos de los personajes (y nosotros junto con ellos) son enfrentados con un suceso que les mueve el tapete bastante fuerte. Lo vimos en Toy Story 1, 2 y 3; Bichos; Buscando a Nemo; Los Increíbles; las propias Monsters Inc. y Ratatouille; WALL-E; Up…

Debo aclarar que pienso que Monsters University es una película divertida por sí sola, pero Monsters Inc. y sus personajes no se merecen estar asociados con ella. Viniendo de Pixar, la casa productora que nos demostró que segundas (y terceras) partes sí pueden ser buenas y tal vez mejores que la original con la excelente trilogía Toy Story, esta segunda película de Monsters está en la misma liga que todas esas producciones menores que Disney lanzó durante los 90s, como La Sirenita 2, Aladino 2, El Rey León 2, ¡La Cenicienta 2! y, el insulto de insultos: Bambi 2. Hombre, el gusto que me dio la noticia del futuro estreno de Buscando a Dory, como continuación de Buscando a Nemo, hace unos meses, se me acabó al ver la flojera que parece estar empezando a normar en Pixar. 

Y es que la idea presentada en Monsters University es cómo llegó el verde y ojón Mike Wazowski (Andrés Bustamante en Español, Billy Crystal en Inglés) a ser uno de los asustadores estrella de Monsters Inc., al lado del peludo gigantón Sully (Víctor Trujillo en Español, John Goodman en Inglés). Y lo que sigue por la siguiente hora y fracción es una de esas relajientas comedias estudiantiles que mencionaba líneas arriba. Al final, resulta que Mike y Sully no se convierten en los mejores asustadores por todo lo que viven en la universidad, sino por lo que vemos en los últimos cinco minutos de película, lo cual para mí es demasiado tarde, en una cinta que dura casi las dos horas completas.

Lo forzado del final me recordó ese chiste de Anita la Huerfanita (la obra de teatro, no he visto las adaptaciones al cine y tele) en donde el papá adoptivo le cuenta a Anita cómo se hizo millonario: "con una moneda compré una manzana, la vendí y con lo que gané compré dos; con la ganancia de esas dos, compré cuatro y..." Anita lo interrumpe: "Sí, ya sé, vendió las cuatro manzanas y con la ganancia compró ocho y así sucesivamente..." Y el papá adoptivo aclara: "No, ahí es donde se murió un pariente que me heredó toda su fortuna." Una mejor película, en todo el estilo del Pixar que nos ha cautivado antes, está escondida en esa secuencia final donde nos enteramos del verdadero éxito de Mike y Sully. Chance y hasta momento Ratatouille habría en ella.

sábado, 11 de agosto de 2012

Buscando a Nemo 3D ****

(Finding Nemo, EUA 2003) Clasificación México 'AA' / EUA 'G'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Mucho antes de los días del cine en video, Walt Disney tenía la consigna de reestrenar sus películas cada siete años, para dar la oportunidad a cada nueva generación de niños, de disfrutar joyas pasadas como Blanca Nieves, Bambi, Peter Pan o Pinocho. Y, de paso, agenciarse unos cuantos milloncitos más para la casa Disney con cada reestreno, por qué no.

Y aunque la tecnología ahora nos permite ver cine hasta en los teléfonos, hay películas que merecen ser vistas, al menos una vez, en la pantalla grande. Buscando a Nemo es una de ellas. La quinta película de Disney-Pixar aborda de una manera divertida, inteligente y, sobre todo, conmovedora, la relación de un padre con su hijo y no al revés, como usualmente ocurre en los filmes de la casa del ratón Miguelito. Marlin es un pez payaso, sobreprotector con su hijo Nemo, a raíz de una tragedia familiar que dejó solos a padre e hijo. Al llegar a la edad escolar, Nemo comienza a resentir los exagerados cuidados de su padre y, en un arranque de rebeldía, Nemo termina viviendo en una pecera en Sidney, Australia, mientras Marlin se queda en algún lugar del océano Pacífico. A partir de ese momento, la película intercala la historia de crecimiento de Nemo, con las aventuras de Marlin y aquí es donde Pixar vuelve a demostrar por qué sus propuestas se distinguen de las de la casa Disney.

La premisa central de Buscando a Nemo está perfectamente expresada en su título. ¿Qué más descriptivo de la continua angustia de ser padre, que tener un hijo perdido? Buscando a Nemo guarda algunas similitudes con el clásico de Disney, Pinocho, particularmente en la rebeldía del hijo que provoca la separación y el viaje de búsqueda.
Pero mientras Pinocho se mantiene en el crecimiento del niño de madera, que finalmente se gana el ser un niño de verdad, en Buscando a Nemo, Marlin es el verdadero protagonista, que tiene que sobreponerse a los obstáculos a los que ha temido toda su vida, con tal de encontrar a su hijo perdido.

Aún así, y aunque la búsqueda es lo que mueve la historia, en realidad es la expiación de los pecados de Marlin lo que le da sentido a la película. No por nada termina en la panza de una ballena, más que como Gepetto, como Jonás, esperando ser regresado a la vida que tanto tiempo ha eludido, sin importar las consecuencias para él y su relación con Nemo, de quien ni siquiera sabe si está vivo todavía.

Por su parte, Nemo tiene que pasar por su ritual de crecimiento en la pecera/cárcel a la que ha sido confinado por sus travesuras. Y aunque el episodio de su bautizo como "Tiburoncín" es de una comedia desbordada, el verdadero ritual se da en el momento en que Nemo toma la decisión de romper con lo establecido en la prisión y busca ser libre. Otro de los temas recurrentes en las obras de Pixar, por cierto.

En cuanto a los logros visuales, Pixar ya nos ha acostumbrado a la excelencia en dibujos e imagen, al grado en que es difícil recordar que al momento de su estreno original, Buscando a Nemo nos dejó boquiabiertos con las escenas bajo el agua y toda la vida marina mostrada en pantalla. A ratos uno podía asegurar que simplemente habían sumergido una cámara en medio del océano.

¿Por qué verla en 3D? Debo decir que no me entusiasman las películas en 3D, en primer lugar por lo molesto de los anteojos especiales y en segundo lugar, porque el truco de hacer que las cosas salgan de la pantalla me parece innecesario. Además, con los lentes la imagen se oscurece notablemente, lo cual es un crimen para películas tan coloridas como ésta. Sin embargo, recuerdo que en su momento, en el reestreno en 3D de Toy Story 2, el uso de la profundidad de campo para acentuar la sensación de abandono del muñeco Woody me sorprendió gratamente. Tal vez la tragedia de Marlin pueda beneficiarse de este efecto visual, así que ya veremos.

miércoles, 25 de julio de 2012

Valiente ***

(Brave, EUA 2012) Clasificación México 'AA' / EUA 'PG'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Ah, qué bonita película animada. Una linda y valiente princesa medieval, en un reino fantástico, amiga de animalitos del bosque, pretendida por al menos un príncipe azul. Usted ya sabe: la típica película de... ¿Pixar? Pues sí, tal parece que la unión con la casa Disney está empezando a tener impacto sobre el estudio de animación que nos ha maravillado desde 1995 con joyas cinematográficas como la trilogía Toy Story, Buscando a Nemo, Ratatouille, WALL-E, Up, etc. En esta ocasión, para su décimo tercera película y la sexta estrenada bajo el sello Disney-Pixar, la historia parece más cargada al lado Disney, con la princesa Mérida y sus aventuras por los bosques de Escocia.

A pesar de su nombre yucateco, Mérida es una pelirroja chamaca escocesa cuyo comportamiento arriesgado se debe a la educación que su padre, el rey Fergus, le ha dado desde niña: un arco y flechas son el mejor regalo de cumpleaños en su primera infancia, ante los horrorizados ojos de su madre, la reina Elinor, toda una dama de la corte. Naturalmente, Mérida crece pensando que todo en la vida es montar a caballo y cazar osos, hasta que la reina organiza un encuentro con tres probables príncipes, buscando la unidad de Escocia. La rebelde Mérida parece estar dispuesta a todo por lograr que su madre cambie y la deje seguir disfrutando de su libertad adolescente. Y efectivamente, con la intervención de cierta hechicera, las vidas de madre e hija dan un vuelco que tal vez puede enseñar una lección a ambas pero sobre todo a la berrinchuda princesa.

Definitivamente estamos en terrenos más de Disney que de Pixar, que hasta ahora nos había presentado historias de fantasía y comedia más, por así decirlo, urbanas. Mérida podrá ser la primera princesa de Pixar pero no es la primera princesa de Disney en ponérsele al brinco a sus padres. Ariel en La Sirenita y Jasmín en Aladdin ya habían metido en problemas a sus respectivos progenitores al desafiar sus destinos. Y la influencia Disney no para ahí. Sin revelar más de la trama, excepto que se agregan osos y una vieja sed de venganza, varios momentos terminan recordando, irremediablemente, a Tierra de Osos.

Siendo tan derivativa y cargada hacia la casa del ratón Miguelito, ¿queda algo de Pixar en Valiente? Afortunadamente, sí. La parte visual sigue siendo impresionante. Ojo al alborotado pelo rizado de la protagonista mientras corre y brinca en las vertiginosas escenas de acción; los bellos paisajes escoceses que se abren en la pantalla y especialmente el agua de los ríos y cascadas en que chapotean nuestros personajes. Además, la relación entre madre e hija, sin dejar de ser una historia infantil, se adentra en terrenos emocionales más propios del entretenimiento adulto a que nos tiene acostumbrados Pixar. Es cierto, no encontraremos aquí "momentos Ratatouille" pero las reflexiones son más complicadas que en la típica película de princesas.

Al final, el cambio en el destino de Mérida parece no depender tanto de su valentía como de su inteligencia y su humildad, aunque no me quedó muy claro qué tanto ganó y cambió, en lo individual, tras su enfrentamiento con su madre. En eso, Disney siempre ha sido más explícito. En fin, espero que ya esté rascada la comezón de tener una princesa en el catálogo Pixar, porque ya quiero saber qué pasó con Woody y Buzz...

sábado, 17 de diciembre de 2011

Los Increíbles ***1/2

Hace 7 años escribí lo siguiente sobre el estreno de Los Increíbles, dirigida por Brad Bird, quien acaba de estrenar la que aparentemente es la mejor entrega de la serie Misión Imposible.

(The Incredibles, EUA 2004) Clasificación ‘A’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala


Nunca se me hubiera ocurrido, mientras veía cada una de las películas de Bond, James Bond, con toda su exagerada acción, sus melodramáticos enfrentamientos entre el héroe y el megalómano del día, sus exóticas y bellas mujeres en deslumbrantes y fantásticos escenarios, que en medio podría haber una historia rescatable y un mensaje valioso para el público. No me malinterprete, he disfrutado de las veinte películas de Bond como el que más, pero nunca he visto ni buscado en ellas más que lo que son: caricaturas de acción viva para adolescentes y adultos. Aparentemente a Brad Bird, guionista y director, sí se le ocurrió y el resultado es, en parte, Los Increíbles, la nueva película de Pixar.

Qué manera la de Pixar de hilar un éxito tras otro en películas animadas. Considere usted sus producciones para la casa Disney: el díptico Toy Story 1 y 2, donde se explora el valor de la amistad y los conflictos del crecimiento personal; Bichos, una especie de Los Siete Magníficos del mundo entomológico; Monsters, Inc. y su ingeniosa industrialización del Coco y anexas y Buscando a Nemo, el emotivo cuento que retrata la continua angustia de ser padre. La lista no tiene desperdicio y ahora, con Los Increíbles y a punto de dejar el consorcio Disney, Pixar se reafirma como el mejor estudio cinematográfico de animación y muy probablemente en general, con sólo buenas películas y ningún churro en su haber.

Brad Bird toma de dos fuentes más o menos conocidas para montar una historia de valores familiares y de defensa de la individualidad. La primera es la serie de Bond y la segunda es el mundo de los superhéroes, específicamente los Hombres X de Marvel Comics, con su premisa de que el sobresalir es algo indeseable y hasta condenable. Mr. Increíble es el más famoso superhéroe del país y su lucha contra el mal es legendaria y seguida con admiración por el ciudadano común. Junto a él, otros superhéroes combaten el crimen, colaborando con las autoridades. La Chica Elástica es una de ellas y tiene un lugar especial en el corazón de Mr. Increíble. Pero las envidias y los malos entendidos llevan al gobierno a prohibir la actividad de estos superdotados. Así, Mr. Increíble y la Chica Elástica se convierten en Bob y Helen Parr y ahora se dedican, él, a un trabajo de escritorio en una compañía de seguros y ella, a cuidar de su casa y los tres hijos de ambos, la adolescente Violet, el hiperactivo niño Dash y el bebé Jack. Los dos mayores también han desarrollado superpoderes pero sus padres, obedeciendo, deben remachar en sus hijos el esconder sus propias habilidades especiales y comportarse como la gente normal. Una vida muy difícil para Bob Parr: su necesidad de ser congruente con su verdadera identidad es mucha y el ser un hombre promedio es tan desalentador como la reflexión de que promedio es sinónimo de mediocre.

En este punto, Brad Bird hace que Mr. Increíble y la Chica Elástica vuelvan a las andadas, sirviéndose del elemento Bond, en que un villano trata de apoderarse del mundo y “alguien” debe detenerlo. El formato Bond se sigue al pie de la letra, incluyendo al entrañable Q, el maduro agente dedicado a diseñar los excéntricos artefactos para Bond en cada una de sus aventuras. En Los Increíbles, Q tiene la forma de Edna Moda, una modista enana y de mal carácter, que se las sabe de todas todas en lo que a trajes de superhéroes se refiere. La diferencia que Bird encuentra en esta fórmula es que el villano personifica, precisamente, esa mediocridad que les ha sido forzada a los miembros de la familia Increíble. Sus planes para apoderarse del mundo se basan únicamente en mantener el promedio para facilitarse el ser sobresaliente.

La película anterior de Bird, El Gigante de Hierro (EUA, 1999), también exploraba el tema. Lamentablemente nos es más fácil ser iguales, promedio, que sobresalir desarrollando nuestras capacidades. Ambas cintas, dirigidas a los niños pero con un mensaje necesario para los adultos de nuestra sociedad actual, serían excelentes regalos de Navidad para nuestra conciencia.
(Publicada originalmente el 26 de Diciembre de 2004, en La Voz de la Frontera.)

lunes, 21 de junio de 2010

Toy Story 3 ***

(EUA, 2010) Clasificación México 'AA', EUA 'G'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Seguramente habrá oído usted esa frase "sólo porque creciste con La Guerra de las Galaxias, no esperes que La Guerra de las Galaxias crezca contigo", que más o menos se popularizó cuando se estrenó la infantiloide y a ratos aburrida segunda trilogía de George Lucas. Pues bien, como yo ya estaba bastante grandecito cuando se estrenó Toy Story (ni qué decir de Toy Story 2), lo último que hubiera esperado es que pasara eso con la saga de los juguetes: que creciera. Y sin embargo, creció.

Han pasado unos diez años desde que vimos a Woody, Buzz y compañía y, aparentemente, los mismos han pasado desde que Andy, el niño dueño de los juguetes, los desempolvó por última vez para jugar con ellos. Listo para irse a la universidad, el greñudo Andy recibe el ultimátum de su mamá: o los viejos juguetes se van donados a la guardería, o son arrumbados en el ático o de plano a la basura. Por el mismo tipo de malos entendidos que en los dos episodios anteriores, Woody y sus amigos terminan en una guardería donde, además de decenas de niños que jugarán con ellos, conocen a nuevos juguetes, lidereados por un viejo oso de peluche, que desde su primera escena nos recuerda al viejo capataz de Toy Story 2. Y justo como en las dos películas anteriores, durante el resto de la historia los juguetes tratarán de encontrar su camino de regreso a Andy.

¿Puede Pixar volver a contar exitosamente la misma historia de los juguetes perdidos y recuperados? ¿Puede Pixar sorprendernos nuevamente elevando la barra narrativa en el cine de animación? La respuesta corta a ambas preguntas: sí y sí.

Pixar, a través del director Lee Unkrich (codirector de Toy Story 2) y con un guión del propio John Lasseter y Michael Arndt (escritor de Little Miss Sunshine) se puede salir con la suya y contarnos la misma historia simplemente porque queremos tanto a estos personajes, que nos importa, y mucho, lo que les pase. Y los conocemos tan bien, que esperamos verlos resolver sus problemas en formas que nos divierten y emocionan. Así que Pixar no nos falla y nos regresa a estos personajes y sus conocidas aventuras que todos atesoramos.

Además, Lasseter y compañía escogen sorprendernos en esta ocasión... haciendo que Toy Story crezca. Pixar parece haber decidido reconocer a ese público infantil que creció en los últimos quince años queriendo a estos personajes: para contar una tercera aventura se ha puesto a tono con los gustos de ese público fiel. Así que las aventuras han aumentado en un elemento apenas rozado en los dos primeros episodios: el terror.

Toy Story 3 tiene tres escenas que apelan a las emociones a través del miedo y al menos una de ellas es lo suficientemente larga como para que niños pequeños (menores de 6 años en la función a la que asistí) terminen abrumados. Por supuesto que al público adolescente y adulto las imágenes y la forma como se trata el tema nos remiten a parodias de películas de suspenso y terror, pero para asimilarlas en una comedia como Toy Story hay que tener ciertas referencias y/o experiencia en la vida. Algo que no se puede esperar de un niño de cinco años que hace seis meses, sin embargo, pudo disfrutar como el que más los dos primeros episodios. El resultado: llanto en el cine.

Para no regar el tepache, sólo diré que tales escenas están más calibradas en el tono de Los Increíbles, también de Pixar. Usted recordará que Los Increíbles parodia exitosamente las películas del 007, con todo y escenas de tortura, aunque con un enfoque humorístico y familiar pero definitivamente para un público mayor de ocho años, a diferencia de Toy Story 1 y 2, que sí pueden ser vistas sin mayor problema por niños de cuatro años en adelante, en mi opinión.

Ernesto Diezmartínez decía, a raíz del estreno, que tal vez estemos ante la mejor trilogía fílmica de la historia y hasta el momento concuerdo. Si con el díptico original de Toy Story continúa el debate de cuál es mejor, la 1 o la 2, agreguemos ahora esta tercera entrega, que tiene el mismo nivel de excelencia en historia, comedia, emotividad, narrativa e imágenes. El único pero que tengo es el que apunté arriba. Toy Story creció con Andy dejando, en cierta forma, fuera a nuevos admiradores, que la propia película reconoce hacia el final. Afortunadamente ese es un problema que se cura. Con qué más, con la edad.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Toy Story 2 ****

(EUA, 1999) Clasificación 'AA'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Nota: Esta reseña es sobre la versión reestrenada en 3D. Mi opinión al respecto, al final.

Qué gran película. John Lasseter y compañía vuelven al cuento de los juguetes, básicamente expandiendo la idea del juguete perdido que dispara una misión de rescate por parte de los otros juguetes y en el proceso descubre su verdadero valor en el mundo.

Las grandes escenas en Toy Story 2 van encadenando la historia desde el inicio: la batalla de Buzz contra Zurg; la pesadilla de Woody con Andy; el encuentro de Woody con "su pasado"; la odisea de los juguetes encabezados por Buzz para recuperar a Woody y finalmente el emocionante rescate en el aeropuerto.

En medio de todo esto, Toy Story 2 no sólo abunda en los chistes y las situaciones presentadas en la primera película, sino que explora con éxito el humor a base de referencias a la cultura popular, algo no hecho hasta ese momento por Pixar, como esos guiños a Darth Vader y Luke Skywalker o esa persecusión del T-Rex vista en el espejo del automóvil; o bien el propio impacto que Toy Story tuvo en el mercado infantil, con nada menos que Barbie explicando (en perfecto Californiano) cómo en 1995 las jugueterías poco visionarias se quedaron sin muñecos de Buzz Lightyear ante la gran demanda.

Y nuevamente la película encuentra su corazón en lo que un juguete representa para su dueño. Y viceversa. En Toy Story, Woody concreta el rescate de Buzz haciéndole ver lo que significa ser un juguete con dueño y de hecho toda la aventura inicia cuando el propio Woody se siente celoso y amenazado con la llegada de nuevos juguetes al cuarto de Andy. En Toy Story 2, Woody contempla la posibilidad de la vida después de que Andy lo arrumbe y olvide. Así, no suena tan mal el mudarse a un museo para juguetes en Tokio, aunque ya nadie vuelva a jugar con él. Jessie la vaquerita, como una extensión de Woody, es el vivo ejemplo de qué pasa cuando un niño olvida sus juguetes al crecer.

Tres secuencias favoritas: la primera, precisamente el número musical que resume la historia de Jessie y Emily, la niña a la que alguna vez perteneció a fines de los 1950s. La segunda, el encuentro de Woody con "su" glorioso pasado como una marioneta de la televisión de la época pre-satelital. Y tercero, esa minipelícula donde un venerable anciano despliega un maravilloso cajón de herramientas para, con gran cuidado y todo detalle, restaurar amorosamente al roto y gastado Woody. Mención aparte el gran final, con el pingüino Wheezy cantando como un gran crooner, "Yo soy tu amigo fiel", mientras todos los juguetes bailan al compás de las Barbies en el mejor estilo de Ann Margret.

En su reestreno en 3D, aunque en esta ocasión me salté la versión original en Inglés, nuevamente he disfrutado el doblaje para México, con actores nacionales que, en mi opinión, hacen un perfecto Tom Hanks como Woody y un muy buen Tim Allen como Buzz. Además, gratamente descubro que la voz que me gustó tanto en el doblaje para Jessie (en el Inglés original, Joan Cusack) es Irán Castillo. La nota discordante vuelve a ser la voz cantante durante la secuencia de Jessie y su antigua dueña; una sentida canción bellamente interpretada por Sarah McLachlan en Inglés pero que en Español, Alessandra Rosaldo disminuye con vocales destruidas y sin poder sacudirse cierto timbre gutural que nunca me ha gustado en ella.

Ahora, sobre la versión en 3D. Respire hondo, estimado lector, porque estoy a punto de anunciar mi cambio de opinión respecto a esta tecnología que no me ha convencido y hasta me ha molestado a lo largo de este año. Toy Story 2 hace un excelente uso de la profundidad de campo desde la primera secuencia y a diferencia de Toy Story, debo decir que esta segunda parte se beneficia MUCHO del efecto. Me atrevo a decir que es la primera película de Pixar realmente pensada para ser proyectada con el efecto estereoscópico, por lo visto en casi cada escena. Pero... ahí siguen los molestos lentes para rostros infantiles, la imagen un poco más oscura y los paneos borrosos. Así que, en realidad, *casi* cambio de opinión. Casi. Pero siga mi consejo y siéntese en la primera fila. Se disfruta mucho más.

La calidad del video no es muy buena, pero se disfruta la bella interpretación de Sarah McLachlan.

domingo, 11 de octubre de 2009

Toy Story ****

(EUA, 1995) Clasificación México: 'AA'. EUA: 'G'.
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Hay dos momentos en Toy Story que para mí son mágicos. El primero, a unos minutos del inicio, después de que vemos a los juguetes actuar un frustrado robo al banco, movidos por Andy, un niño que además hace las voces para todos sus muñecos. La secuencia de créditos, en que Andy juega con un muñeco vaquero, nos deja claro que este juguete es el favorito del niño. Andy corre y baila con él, le hace caballito, se desliza por el pasamanos de la escalera, salta sobre una silla giratoria y entoces... justo en ese momento la imagen que vemos cambia a una vista subjetiva de los pies del niño y las botas del juguete girando sobre esa silla. Excepto que el punto de vista no es el del niño, sino el del juguete. En ese momento la película cambia de dimensión y efectivamente nos mete en un Cuento de Juguetes. Mi corazón ríe ante la emoción de lo nuevo en la pantalla.

El segundo momento llega cuando Buzz Lightyear, el astronauta que no sabe que en realidad es un juguete, se da cuenta de su condición al verse en un anuncio de la televisión. Buzz literalmente se cae de la nube en que andaba y queda devastado, además de desarmado. Mi corazón se contrae.

En medio de estos dos momentos de magia cinematográfica pura y después (sobre todo después, con ese frenético y extendido final), el director John Lasseter nos cuenta una perfecta historia sobre la amistad y la lealtad. Nada original ni sofisticada pero sí repleta de risas y con un manejo visual completamente nuevo en el año en que se estrenó y que en 2009, catorce años depués en su regreso a las pantallas grandes sigue impresionando como el primer día.

Lo invito a leer dos reseñas de Toy Story, una de Ernesto Diezmartínez y la otra de Roger Ebert (en Inglés). Completamente de acuerdo con ambos.

Ahora, sobre el reestreno de Toy Story en cines, reimpresa (no reeditada ni con escenas adicionales) para ser vista con efectos tridimensionales. Fuera de la genial y excepcional idea de Disney (Pixar) de regresar uno, o más bien, dos de sus clásicos a la pantalla grande, debo decir que todo el asunto nuevamente sale sobrando y en el caso de espectadores pequeños, resulta hasta molesto. No sólo para Toy Story, sino para todo lo que se ha estrenado en 3D este año, el producto tiene tres fallas grandísimas.

1. Los lentes son muy grandes para niños menores de seis años y se deslizan fácilmente de la cara (esas naricitas nomás no los pueden sostener). Frustrante.
2. La imagen se oscurece. Punto.
3. Los movimientos de cámara (paneos), especialmente los rápidos, se vuelven borrosos. Qué caso tiene.

En su reestreno en México también se exhibe únicamente en versión tridimensional, lamentablemente. Mi recomendación si decide pagar el, en mi opinión, excesivo sobreprecio (prácticamente el doble de funciones regulares) es buscar la pantalla más grande de la ciudad y sentarse en la primera fila. Eso hice yo, las molestias fueron mínimas y el disfrute mayor.

Finalmente, otro momento que cosquillea en el corazón: la música de Randy Newman. Lo dejo, estimado lector, con esto que me encontré en YouTube:

viernes, 5 de octubre de 2007

Monsters, Inc. ***1/2

Clasificación ‘A’ (EU 2001)
Por: Joel Meza
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¡Qué buena suerte tienen los chamacos hoy en día! Después de un estreno dedicado a ellos casi cada mes durante el 2001, con Shrek a la cabeza, seguida por Final Fantasy y Atlantis de Disney, sin olvidar Como Perros y Gatos y la recién estrenada Harry Potter y la Piedra Filosofal, o bien, la modesta Serafín de manufactura nacional, pasando por las más tradicionales, como Kirikou y la Hechicera, El cisne trompetista y hasta la veraniega llamarada de petatiux Atlético San Pancho. Y por si fuera poco, a dos semanas de terminar el año, todavía nos queda por estrenar la largamente anticipada El Señor de los Anillos... (repito y corrijo: ¡qué buena suerte tenemos los chamacos!)

Esta semana, mientras tanto, podemos deleitarnos con el nuevo juguete de Pixar y Disney, Monsters, Inc. Siguiendo los trancazos Toy Story, Toy Story II y Bichos, John Lasseter y compañía nos ofrecen esta nueva cinta animada llena de imaginación, emoción, acción y comedia donde el temible monstruo peludo Sully aterroriza a los niños humanos, ayudado por el eficiente y redondo cíclope verde Mike. Pero entendamos que no es nada personal: simplemente es su trabajo. Los dos simpáticos compañeros son ciudadanos de Monstruópolis y trabajan en Monsters, Inc., una especie de CFE (sin los terroríficos recibos, por cierto, aunque el símil nos resulte inevitable a los espectadores cachanillas) que se encarga de embotellar los gritos de los asustados niños, para proporcionar energía a la ciudad de los monstruos.

Sorprendentemente, la comedia en la versión en Español (con las voces de nada menos que Víctor Trujillo, el tenebroso payaso telero Brozo, como Sully y el Güiri-güiri Andrés Bustamante como el ojón Mike) corre por cuenta de la pequeñita que compone la tercia de esta aventura, con un graciosísimo doblaje que combina la versión en Inglés (por una niña de 4 años, Mary Gibbs) y la voz en Español de una bebita de apenas 2 años, Alicia Vélez. Desafortunadamente en esta ocasión no tenemos la oportunidad de disfrutar la versión subtitulada en las salas locales; de lo contrario, los seguidores de Billy Crystal podrían verificar que el redondo y verde Mike no es sino una caricatura del versátil y menudo comediante. En ese sentido, el trabajo de Trujillo resulta más efectivo, en la creación de su personaje, que el de Bustamante, quien a ratos parece intentar una imitación de Crystal, y a ratos parece adoptar su alter ego de Güiri-güiri.

Ingeniosa y efectiva, sorprende el grado de avance de la tecnología de animación, al hacernos dudar (como en Fantasía Final) sobre si lo que vemos no son en realidad fotografías de objetos reales en lugar de complejísimos dibujos. Baste ver las escenas del peludo Sully en movimiento para comprobar lo que se ha avanzado desde los pelos tiesos en los monos de Toy Story. De resaltar también es la partitura musical, a cargo de Randy Newman, que con su efectivo jazz complementa el ambiente retro-industrial (nuevamente, en las diferencias con la versión subtitulada, se encuentra la omisión de la canción “If I didn’t have you” en los créditos finales, interpretada por los actores originales John Goodman –Sully- y Crystal)

Sin llegar a los excelentes niveles cómicos de Toy Story I y II (o la delirante Shrek, incluso), Monsters, Inc. cautiva con buen humor de principio a fin, así como los efectivos momentos obligados de ternura y las excelentes escenas de acción que ya hubieran querido Schwarzenegger, Willis y Stallone juntos en sus mejores tiempos. O será que, como se anticipó en Final Fantasy, éste es el nuevo camino de Hollywood y los actores animados, ya sean atractivos humanos o peludos monstruos, terminarán por reemplazar a las actuales estrellas de carne y hueso. Para dar miedo.
(Publicada originalmente el 19 de diciembre de 2001, en La Voz de la Frontera.)