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viernes, 18 de abril de 2008

Por qué Spielberg sería mi amigo y Lucas no.

Entertainment Weekly acaba de publicar en su edición en Internet (EW.com), aquí, una entrevista con Steven Spielberg y George Lucas, donde hablan un poco sobre el proceso que los llevó a hacer la cuarta película de Indiana Jones.
Leyéndola con cuidado de no echarme a perder sorpresas, encontré con gusto que no ocurrió. Pero lo realmente valioso para mí, es conocer lo que piensa Steven Spielberg sobre enterarse de las cosas antes de ver una película. De alguna extraña manera, me siento reivindicado. A continuación, mi traducción libre sobre ese fragmento de la entrevista.
[...]
LUCAS: Bueno, Steven me dice, "Ay, ya salió todo en la Internet [detalles de Indiana Jones 4] - que ésto y que lo otro." Y yo le digo, "Steven, ¡no importa!" Miren - Tiburón primero fue una novela antes que una película y todo mundo podía ver cómo terminaba. No importó.
SPIELBERG: Pero hay muchísima gente que no quiere saber qué va a pasar. Lo que quieren es que pase hasta el 22 de Mayo [fecha del estreno de Indiana Jones 4]. Quieren enterarse en un cine, en la oscuridad. No quieren averiguarlo leyendo un blog... Una película es una experiencia. Una película sucede de una manera que siempre ha sido catártica, la catarsis humana, personal, de un público en sagrada comunión con la experiencia en pantalla. Esa es la razón de que yo esté en medio de esta magia y siempre lo estaré.
ENTERTAINMENT WEEKLY: ¿Piensan que el santuario de la oscuridad del cine está siendo erosionado?
LUCAS: ¡No! Mira, es como los deportes...
SPIELBERG: Sí. Pienso que está siendo erosionado, con demasiada información y demasiada desinformación, especialmente.
LUCAS: Pero mira, es como los deportes. Esto no es nuevo. Cuando empieza la temporada del torneo nacional de basketball, existen miles de blogs. Especulación rampante. Si la sigues lo suficiente, te vuelves loco. [Con Indiana Jones 4], no sabes lo que realmente va a suceder hasta que entres al cine. No me importa si ya te sabes toda la historia, no me importa si ya viste pedazos. No me importa qué tanto has visto u oído o leído. La experiencia por sí misma es muy diferente, una vez que estás en el cine.
SPIELBERG: Bueno, aquí va mi debate al respecto. Yo siempre he procurado mostrar muy pocas escenas en un avance o un anuncio. Porque mi experiencia ha sido -y la experiencia de mis hijos ha sido, ya que ellos se la pasan hablando en el cine, como todo mundo hoy en día- que si una escena que recuerdan del anuncio no ha salido en la pantalla todavía y ya llevan tres cuartos de la película, empiezan a hablar. "¡Ah, ya sé lo que va a pasar! Porque hay esta escenita que todavía no sale en la película que estoy viendo, ¡y ya no tarda en salir!" Y te lo arruina todo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

“¡Que no me la cuentes!!!”

"No, YO soy tu padre."
-Darth Vader

Para mis amigos y compadres Romelia, Marcela y Jorge, a quienes no puedo convencer de mis buenas intenciones al comentar (no contar) una película...

La burra no era arisca, pero la hicieron. Yo soy esa persona que, en la sala de cine, no cesa de hablar con sus acompañantes durante los cortos, volteando apenas a la pantalla. O, si voy solo, me verá usted con la mirada gacha, picando botones en mi teléfono celular como si de mí dependiera la seguridad del hemisferio. O bien, toda mi atención se centrará en mi bote de palomitas de maíz, que masticaré ruidosamente para amortiguar los diálogos de los avances de películas por estrenar. Simplemente odio, odio, odio que los cortos me cuenten películas que me interesan.

(Aclaro –hay límites a la rusticidad, aunque Diezmartínez no lo crea- que en cuanto empieza la función, soy más callado que un ratón, mi celular entra en modo silencioso y es contestado únicamente, previa salida de la sala, si llama la niñera… "nuncas" que dejan de serlo con la paternidad. Pero divago.)

No siempre fue así. De niño, debo haber sido el principal consumidor de los especiales de televisión que precedieron al estreno de La Guerra de las Galaxias o E.T. El Extraterrestre. Mis cuadernos de secundaria estaban forrados de fotos que recortaba de artículos de revistas anunciando Superman, la película de Richard Donner. Cada visita al cine incluía la emoción de ver, por adelantado, pedacitos de las películas que próximamente podría ver en todo su esplendor. Hombre, hasta en las entregas de los Oscares esperaba esos breves instantes en que se mostraban las nominadas, tratando de captar lo más que podía del menú por venir (en México siempre se han estrenado con un fuerte retraso las películas participantes en tal premiación). En pocas palabras, era un consumidor promedio de avances de cine, hasta ese día fatal en que un anuncio me echó a perder el disfrute de una de las escenas clave de Los Cazadores del Arca Perdida, la primera aventura fílmica de Indiana Jones y mi primera desventura fílmica con los famosos spoilers.

La historia ocurrió durante el estreno en México, 1982, cuando estaba haciendo fila en la taquilla. En ese tiempo en los vestíbulos de los cines ponían unos pequeños carteles con fotos fijas de distintas escenas de las películas que se exhibían. Sin saber absolutamente nada de Indiana Jones, veía intrigado los cartelitos mientras avanzaba la fila. Una de las fotos mostraba a Indy y a Marion amarrados a un poste, con los ojos cerrados, mientras al fondo se veían unas luces ominosas (si ya vio la película, sabrá qué escena es).
[Viene spoiler, para quien no haya visto esa cinta...]
Ya durante la función, cuando en El Cairo explota el carro donde (se supone) está Marion, a la mitad de la película, toda la sala se queda sin aire e Indy se ahoga en una botella de Johnny Walker. Toda la sala, menos yo, porque ¡todavía no salía la escena de la foto!!! Entonces, Marion no estaba muerta.
[Fin del spoiler]

Desde entonces no veo fotos ni cortos de películas que me interesan. A manera de ejercicio, por otro lado, cuando voy al cine o rento un DVD y aparecen cortos de películas que ya he visto, sí los reviso, por curiosidad de saber cómo ha decidido mercadearla el estudio. De esa forma me doy cuenta que me he salvado de varios corajes en los últimos... veintiséis años.

Y para no hacer el cuento más largo, un par de cortos memorables por su forma de echar a perder la sorpresa. Si usted no ha visto alguna de estas películas, por favor, POR FAVOR, SALTESE ESTA PARTE:

What Lies Beneath (Zemeckis, 2000). Los cortos revelan que Harrison Ford es un malvado asesino. Esta información le da al traste a los dos primeros tercios de la película. Ni para qué la vemos después del aviso.

Cast Away (Zemeckis, 2000). Increíble, pero cierto. Bob Zemeckis tiene fé en que el espectador realmente quiere saber de antemano lo que va a pasar. En un mismo año estrenó dos películas en las que los cortos, aprobados por él mismo, sueltan la sopa. En el corto de Cast Away (Náufrago, con Tom Hanks) se muestra, ahora sí que sin decir "agua va", la escena en que Tom Hanks es rescatado de la isla desierta. De ese tamaño.

Y la tendencia seguirá y seguirá. Durante Febrero de este año, ví en el cine los cortos del refrito hollywoodense de El Ojo (Los hermanos Pang, 2002). Habiendo visto la original, no me importó ver los avances y, efectivamente, no sólo revelan algo importante: ¡muestran EL FINAL!

Por último, lo invito, amable lector, a hacer este ejercicio: [SPOILERS]
Imagine ver, por primera vez, La Guerra de las Galaxias o El Imperio Contraataca, sabiendo que Darth Vader es el papá de Luke. O El Sexto Sentido, sabiendo que Bruce Willis es un fantasma. O que en E.T. El Extraterrestre, el E.T. no se muere de verdad. O... usted sígale.
Inspirado por un intercambio de opiniones con visitantes del blog de Diezmartínez.