jueves, 10 de enero de 2013

Jack Reacher: Bajo la Mira ***1/2

(Jack Reacher, EUA 2012) Clasificación México ´B´ / EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Si usted no sabe quién es Jack Reacher, no se preocupe. A la nueva película de Tom Cruise le basta un par de minutos para decirnos que el misterioso Reacher es un soldado retirado, cuarentón, entrenado en armas y combate, profesional de la investigación criminal que, cansado del "sistema", ahora vaga por los Estados Unidos, sin más equipaje que el cambio de ropa de segunda que trae puesto, para impartir su peculiar sentido de la justicia. Por supuesto, "uno no encuentra a Jack Reacher: Jack Reacher lo encuentra a uno."

No cabe duda, Tom Cruise conoce su negocio de ser estrella de cine. Desde que debutó como productor con Misión: Imposible, ha sabido armar equipos que garantizan el éxito de sus películas. En esta ocasión, el director y escritor Christopher McQuarrie (guionista de Sospechosos Comunes, EUA 1995) es el encargado de adaptar una de las novelas acerca de Jack Reacher que, según entiendo, son bastante populares y no lo dudo: a la fecha son 17. A pesar de ello, McQuarrie no pierde el tiempo en explicaciones del origen del personaje ni sus motivos. Como decía antes, con dos minutos tiene para decirnos quién es Reacher y a lo que te truje Chencha.

Y la Chencha es la investigación sobre un asesino múltiple, de esos que lamentablemente abundan en los Estados Unidos y que un mal día deciden jugar al tiro al blanco con gente inocente. Reacher aparece, encarnado en Tom Cruise pero con varias cicatrices en el cuerpo para justificar rápidamente lo duro que es, pero no en la cara para justificar que las chamacas no le quitan los ojos de encima. Y no se anda con cosas: el acusado es culpable y él lo demostrará, así tenga que enfrentarse a la policía, al fiscal y a ciertos macuarros que le buscan pleito en una cantinucha y a los que les baja el carro para enfrascarse en una persecución por la ciudad, que resulta uno de los puntos altos de la película.

La historia camina rápida y eficientemente, destapando gradualmente una red de intrigas en las que está involucrado un misterioso tuerto que, con voz desesperantemente calmada, cuenta cosas terribles acerca de la locura, como si estuviera narrando un documental sobre la mente humana. Será porque el actor no es otro que Werner Herzog, el director de cine que se ha especializado a lo largo de varias décadas en gente tumbada del burro, como Grizzly Man (2005) o Enemigo Interno (The Bad Lieutenant, 2009). Claro que uno no necesita saber eso para exasperarse ante la impasibilidad del divino tuerto, pero es parte de la diversión adicional escondida de la cinta. Otra joyita similar es la presencia del veterano actor Robert Duvall en un papel secundario, donde hasta se da el lujo de reírse de la costumbre de Tom Cruise de aparecer corriendo en todas sus películas. Y no me quejo de los chicos ojotes que pela la hermosa Rosamund Pike como la patrona en turno de Reacher.

Entré a ver la película pensando que tal vez sería un ejercicio inútil de Tom Cruise, dado que ya se ha establecido exitosamente en las llamadas películas de acción con la serie Misión: Imposible. Afortunadamente, Jack Reacher es un personaje muy distinto a Ethan Hunt. Es mucho más reservado, prácticamente sin recursos tecnológicos, opera solo y genera muchas más preguntas a medida que avanza. ¿Podrá resolver Reacher el misterio del asesino? ¿Cuántas peleas a puño limpio tendrá? ¿Cuántas muchachas suspirarán? ¿Obtendrá la confianza de todos antes de tener que lavar su ropa de nuevo? No se pierda el siguiente capítulo. Al cabo que son 17 novelas.

jueves, 3 de enero de 2013

S.O.S. Familia en Apuros **1/2


(Parental Guidance, EUA 2012) Clasificación México ´A´ / EUA ´PG´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Es seguro decir que S.O.S. es una película para toda la familia. Y cuando digo toda la familia, estoy hablando de niños, papás, abuelos y hasta amigos imaginarios. Aquí hay de todo para todos: por el lado de personajes, tenemos papás modernos abrumados por los hijos, con necesidad de vacaciones; niños latosos lo suficientemente bonitos para ser tiernos y chistosos; abuelos lo suficientemente desconectados de sus nietos y sus hijos como para ser “a la antigüita” y proporcionar no sólo el choque generacional sino también el cultural. Por el lado de la historia, niña preadolescente incomprendida por una mamá que ha olvidado lo que es ser hija y otros dos niños de ocho y seis años con problemas sicológicos por resolver; hombre mayor retirado del único trabajo que sabe hacer con esposa jubilada en ristre. Por el lado de los actores, la hermosa Marisa Tomei, la siempre chistosa Bette Midler y por si fuera poco, el genial Billy Crystal convirtiendo cada línea de diálogo en breves monólogos llenos de su particular estilo de humor. Y por si fuera poco, inspiradores momentos de beisbol, que siempre nos caen bien en el cine.

Pero vamos por partes: empecemos por el personaje principal, Artie, un cronista de beisbol a punto de retirarse, aunque él no lo quiera. Su vida es narrar el beisbol y si tomamos en cuenta que es interpretado por Billy Crystal, que siempre resulta efectivo cuando se le da el espacio para soltarse hablando a sus anchas, podemos imaginar que no hay un momento aburrido en sus crónicas beisboleras, como lo demuestran los primeros cinco minutos de película. Luego, tenemos a su esposa Diana, interpretada por esa fuerza cómica tendiente a la exageración que es Bette Middler. Confieso que la Sra. Middler no es tanto de mi agrado como Billy Crystal, pero con los años he llegado a disfrutar la convicción con la que se lanza a la sobreactuación y aquí no es la excepción. Middler y Crystal como marido y mujer y como pareja protagónica resultan en un balance en pantalla más efectivo de lo que esperaba, ante estilos tan diferentes.

A continuación tenemos a los nietos de Artie y Diana. Alejados de sus abuelos sin una razón válida en particular, los niños son un manojo de clichés hollywoodenses en películas familiares. La niña de doce años que quiere ser como mamá pero no se anima a pedirle consejos de novios. El niño que tiene un impedimento psicológico o físico por resolver (en este caso, tartamudea) y el pequeño hermano que resulta ser el más normalito de los tres, pero no está exento de alguna excentricidad, como el tener un amigo imaginario. El que los tres sean unos perfectos desconocidos de sus abuelos y viceversa se sobreentiende.

Por último, los papás de los niños: Alice, la hija de Artie y Diana, y su esposo. Ellos realmente no son más que accesorios a la historia, para dejar a los niños encargados con los abuelos, mientras toman unas necesarias vacaciones, así que no se puede esperar mucho, lo cual al principio me pareció una lástima, ya que Alice es interpretada por Marisa Tomei. Afortunadamente los cineastas deben haber sentido lo mismo que yo y aunque el esposo, un buenazo inútil para nuestros fines, queda fuera prácticamente dos tercios de la película, tenemos la gracia de la Srita. Tomei en pantalla algo así como la mitad del tiempo, para chiquear a sus hijos, regañar a su hija y pelearse con sus papás.

Pero, entonces, ¿se trata S.O.S. Familia en Apuros de un viejo jubilado, de un par de abuelos lidiando con sus nietos, de un matrimonio abrumado por los hijos y la vida moderna, o de perseguir los sueños de uno mismo, como narrar beisbol, por ejemplo? Mire, el director Andy Flickman y sus guionistas no le arriesgaron nada: la película se trata de todo eso. Cada capa de personajes y situaciones de cajón va quedando una encima de otra y nos vamos recetando todo junto, como si fuera uno de esos pasteles que tienen pan, fruta, flan, frosting y cerezas encima. Sí sabe usted de qué pasteles estoy hablando, ¿verdad? Uno se sirve una rebanada y se la come completita y todavía se pelea por las cerezas. En S.O.S., cuando todas las capas de la historia se han resuelto como se esperaba, cuando hemos tenido los suficientes chistes de Billy Crystal y las sobreactuaciones de Bette Middler, las más de las veces funcionando, cuando todos ya son felices y Marisa Tomei vuelve a querer a sus papás, todavía nos dan ganas de lagrimear tantito con las románticas alegorías del beisbol, que tan bien les salen en las películas hollywoodenses. Sí, se empalaga uno, pero con gusto.

sábado, 29 de diciembre de 2012

La Vida de Pi - Doblada al Español

Si usted vio La Vida de Pi (Una Aventura Extraordinaria) doblada al Español para México, seguramente el acento del personaje principal le sonó conocido. No le busque más, el misterio está resuelto:

jueves, 27 de diciembre de 2012

Una Aventura Extraordinaria ***1/2


(Life of Pi, EUA / China 2012) Clasificación México ‘A’ / EUA ‘PG’.
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Quiere que le cuente un cuento? Fui al cine y ví a un muchacho y un tigre juntos en una lancha, en altamar, durante más de 200 días. La película es Una Aventura Extraordinaria y a su vez cuenta la entretenida historia de Pi, un joven hindú que, desde pequeño, está inmerso en historias extraordinarias.

Historias extraordinarias, empezando por el origen del nombre del muchacho. No revelaré los detalles, ya que ahí hay una de las grandes carcajadas de la película, pero usted puede imaginar cómo el nombre Pi puede ser usado por los burlescos compañeros de escuela y no necesariamente pensando en el número 3.1416. Extraordinario también, que el director chino Ang Lee no se queda en la anécdota graciosa, sino que toma la idea y nos trae con ella una de las tantas hermosas imágenes que contiene la cinta y son usadas para elevar la historia a un plano mayor, el visual, al mostrar, por ejemplo, a un hombre nadando primero en el agua de una alberca y luego, de manera fluida, entre las nubes de un bello cielo azul. Esta escena, por cierto, es una de las que a lo largo de la película destaca por el uso de los efectos tridimensionales, junto con algunas más, pero todo el asunto de los lentes y el pago extra me sigue pareciendo injustificado para unos cuantos minutos de buen uso del efecto de profundidad, así que no urjo a nadie a que la vea en 3D.

Esta y las otras historias extraordinarias son contadas por un Pi adulto, el actor Irrfan Khan, por lo que sabemos de antemano que Pi sobrevive a su periplo marino. El pretexto expresado para tanto cuento es que, oyéndolos, uno terminará creyendo en Dios. Bueno, creo que aquí está la única pretensión exagerada y equivocada de la película, ya que uno termina entendiendo la necesidad de Pi y varios de los personajes de creer en Dios, pero la historia de Pi y el tigre, por la forma como está contada, no da para tanto en cuanto a pruebas de fé. Especialmente por la presentación que hace Pi de sí mismo, en su interminable adopción de cuanta religión se le atraviesa desde niño: catolicismo, hinduismo, islam, budismo, etc. El director Lee mantiene el relato de Pi bastante ligero y uno simpatiza inmediatamente con Pi, pero, inevitablemente, también con su padre, un pragmático hombre que basa su vida en la razón y en la ciencia. Así que realmente no se discute ni expone la existencia de Dios, sino la elección que hace uno de creer o no.

Justamente sobre esa premisa se construye toda la película. Quien escucha a Pi puede creer o no su fantástica historia, pero retarla no tiene ningún sentido. ¿Fue real su viaje por el mar y la compañía del tigre? Después de todo, Pi, versado desde pequeño en los simbolismos de las distintas religiones, especialmente la hindú, puede ver al tigre, al mar y sus criaturas (¿le suenan conocidas las ballenas como vehículo de redención?), a las islas salvadoras y las selvas inescrutables, como una representación de algo más. De que su historia es extraordinaria y sobre todo entretenida de principio a fin, lo es. Necesaria para aceptar trágicos hechos en su vida, también. ¿Necesaria para nosotros, que la escuchamos, nos reímos, entristecemos, asustamos y nos asombramos ante cada vuelta en el rumbo de Pi y el tigre en esa lancha? Bueno, para eso pagamos semana a semana nuestro boleto del cine, ¿no?

jueves, 20 de diciembre de 2012

El Hobbit: Un Viaje Inesperado *

(The Hobbit: An Unexpected Journey, NZ/RU/EUA 2012) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

No cabe duda: al director neozelandés Peter Jackson le gusta hacer las cosas en grande. Cuando, hace 11 años, adaptó para la pantalla grande el primer libro de El Señor de los Anillos, nos presentó una película de tres horas, con un extenso reparto multinacional, increíbles imágenes repletas de efectos especiales, personajes fantásticos dibujados y animados por computadora que se veían casi tan reales como los humanos en pantalla y, sobre todo, una excelente historia, que tomaba lo mejor de la novela y, como es costumbre en estos casos, condensaba, cambiaba, eliminaba o de plano inventaba escenas, siempre en beneficio de la narrativa fílmica. El que, después de tres horas en el cine, con salas llenas, el público salimos pidiendo más es testamento del, repito, gran trabajo de Jackson. En 2002 y en 2003 acudimos en masa al cine a ver las también excelentes adaptaciones de las dos novelas siguientes. Todo mundo feliz. Pues bien, ahora Jackson nos entrega, también en grande, la primera parte de tres de la adaptación de El Hobbit, la novela anterior a la trilogía del Anillo. Y nuevamente el resultado de la película es proporcional a su tamaño. Una falla descomunal.

Antes de continuar, quiero hacer una aclaración, estimado lector. Sí, leí la novela, hace años y sí, la disfruté enormemente. No recuerdo todos los detalles pero sí tengo muy presente la fascinación por Bilbo, ese pequeño personaje que, literalmente sacado de su zona de confort, se convierte en uno de los héroes más grandes de la Tierra Media, ese mundo inventado por J.R.R. Tolkien, habitado por humanos, hechiceros, duendes, elfos, enanos, dragones y demás monstruos de las mitologías europeas. Así que puedo reconocer algunas de fallas que tiene la película respecto a la historia que busca contar.

El primer problema es querer ser una “precuela” (que debería ser mala palabra) de la trilogía fílmica de El Señor de los Anillos. Esto a pesar de que han pasado 9 años desde el estreno de la tercera cinta y por lo tanto, existe ahora toda una nueva generación de niños que aún no ha visto El Señor de los Anillos y no necesita recordar glorias pasadas en una sala de cine. Pues bien, o mal, mejor dicho: desde el inicio de El Hobbit y durante sus 170 minutos, Jackson nos presenta hechos y personajes salidos o inspirados de escenas de El Señor de los Anillos.

Bueno, esto se entiende, dado el éxito de esas películas. Excepto que Bilbo, el Hobbit del título, prácticamente no aparece en El Señor de los Anillos (conste, estoy hablando de las películas pero también aplica a las novelas). Tampoco aparece ninguno de los enanos que forman la compañía a la que se une Bilbo para tener la aventura de su vida. En todo caso, de este grupo sólo hemos visto antes al hechicero Gandalf. Sin embargo, Jackson dedica todo un prólogo de unos diez o quince minutos a describirnos la vida de los enanos de la Tierra Media y las desgracias de Thorin, el destronado príncipe que busca volver a dar gloria a su gente, a través de recuperar el tesoro robado por el dragón Smaug. Más o menos en el estilo del prólogo y las historias de los reyes humanos en El Señor de los Anillos. Por cierto, un momento: ¿no se llama la película “El Hobbit”? Aparentemente Jackson piensa que Bilbo no tiene la fuerza, como personaje, para llevar toda la historia, ya que Thorin es en quien descansa el peso dramático y Bilbo es relegado, la mayor parte del tiempo, al papel de observador.

Igualmente, las distintas escenas “de acción” y de batalla terminan recordando a las que vimos en El Señor de los Anillos, intercaladas con largas y aburridas exposiciones de planes y motivos por parte de enanos, elfos y hechiceros, que se explican unos a otros sus razones para dejar de lado sus diferencias y firmar el Pacto por la Tierra Media. Nuevamente, el peso de Bilbo es hecho a un lado, a favor de presentar extensamente a cada personaje que veremos en pantalla. Estéticamente, las escenas de batalla y persecuciones molestan por el hecho de que los encuadres se mueven bruscamente de un lado a otro, de modo que uno termina cansado y confundido después de tanta sacudida.

Siendo justos, la película tiene su mejor momento, de hecho un momento excelente, en el encuentro de Bilbo con el Gollum, junto a un lago en el oscuro interior de la montaña. Bilbo, actuado por Martin Freeman, actor británico principalmente televisivo, y el Gollum, nuevamente interpretado con captura de movimientos y voz por el genial Andy Serkis, se podrían llevar la película en ese duelo de acertijos. Desgraciadamente, el magnífico episodio termina siendo aplastado por más de dos horas de rutinarias secuencias de exposición tediosa y acción vertiginosa y confusa.

Decía que cuando leí la novela, la disfruté enormemente, al grado de que no la pude soltar hasta que la terminé. No podía esperar a saber qué iba a pasar con Bilbo y compañía. Ahora, después de ver este bodrio que es la primera parte de la adaptación, no puedo ver cómo alguien quiera esperar a estar sentado otras seis horas en el cine. ¿9 horas en total? Hombre, leí el libro en menos tiempo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Buscando Un Amigo para el Fin del Mundo **1/2


(Seeking a Friend for the End of the World, EUA/Singapur/Malasia/Indonesia) Clasificación México 'B-15'/EUA 'R'
Calificación ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
 
La pregunta es típica: ¿qué harías si te quedaran X días para vivir? De ahí parten respuestas tan variadas como personas hay, seguramente. Sin embargo, tanto la pregunta como las respuestas asumen que sólo la persona que contesta va a morir y todos los demás nos quedaremos a ver el tiradero que dejó el muertito con su último deseo. En esta película, la pregunta se hace con el tema de moda en este diciembre: ¿qué harías si el mundo se fuera a acabar en tres semanas? Y luego nos lleva en un viaje con Dodge, su protagonista, mientras lo vemos decidir qué hacer con sus últimos días. Y como sus últimos días también, dentro de la película, son nuestros últimos días, nos pasamos el rato pensando qué haríamos nosotros.
 
La guionista Lorene Scafaria dirige su primera película sin apartarse mucho del tema que presentó en 2008 en Nick y Norah, Una Noche de Música y Amor: el muchacho sin mucho futuro conoce a la muchacha, no tienen nada en común pero "el destino" los une o, mejor dicho, deciden unirse en una jornada en la que intercambian ideas y deciden que son almas gemelas y no pueden vivir el uno sin el otro. En este caso, el muchacho no lo es tanto, con el cuarentón Dodge (Steve Carrell, de Virgen a los 40 o Loco y Estúpido Amor, ahora en plan serio, como lo vimos en Dan en la Vida Real) y la muchacha es la flaquita veinteañera Penny (Keira Knightley, de Piratas del Caribe). Además, ninguno de los dos tiene futuro, igual que el resto de quienes vivimos en el planeta, ya que justo al inicio de la cinta se nos informa que un asteroide chocará con la Tierra en exactamente tres semanas. Y pa' acabarla, el personaje de Carrell, Dodge, es vendedor de seguros. Ante el fin del mundo, he ahí una mala elección de carrera...
 
Lo que sigue después del fatidico anuncio inicial consiste en una serie de viñetas en las que vemos a Dodge deambular, solo, de su casa al trabajo para hacer llamadas telefónicas a posibles clientes ("¿el seguro me cubre eventos apocalípticos?") o bien, asistir a juntas en que se ofrece subir de escalafón simplemente porque ya no importa quién ocupe el puesto. Dodge regresa a su casa para encontrar a su sirvienta limpiando afanosamente: "compre más Windex". Aún cuando vemos el ocasional ataque de nervios en alguno de los personajes marginales, es sorprendente lo bien que la mayoría de los personajes que Dodge encuentra han tomado la noticia del fin del mundo pero, pensaba yo mientras veía la película, ¿cómo lo tomaría yo?
 
El planteamiento de la directora Scafaria da para esto, no sólo por el tema sino por las opciones que nos presenta entre los conocidos de Dodge ("comer y beber lo que sea", "ponerme todas las joyas que tengo", "ligarme a cuanta chamaca se me atraviese"). El propio Dodge no sabe qué hacer ante tal buffet, hasta que conoce a Penny, su flaquita vecina inglesa, que sólo quiere regresar a Inglaterra para morir junto a su familia. Dodge está tan solo en su indecisión sobre sus últimos días, que acepta la compañía de Penny.
 
Es claro, desde que se conocen, que eventualmente (es decir, antes de tres semanas) Penny y Dodge se involucrarán románticamente, por lo que creo que algunos de los elementos que Scafaria inserta en su historia son innecesarios, dadas las motivaciones de ambos personajes. Para empezar, se conocen de una forma típica en las comedias románticas, por accidente y de una forma completamente extraordinaria que inmediatamente deja claro en Dodge que esta muchacha es especial. Bueno, si el mundo fuera a terminar en tres semanas y usted estuviera solo, ¿no le parece que cualquier vecina atractiva sería alguien extraordinario para conocer? De cualquier manera, Penny decide que Dodge tiene que tener un motivo para continuar y juntos se embarcan en un viaje por carretera, de esos que en las películas sirven a un par de desconocidos para descubrirse como destinados el uno al otro.
 
Naturalmente, en el camino encontrarán a una serie de personajes interesantes o extraños, pero cómo no serlo si el mundo se va a acabar, ¿no? Aun así, Dodge y Penny siguen juntos, contándose sus penas en esa interminable (es un decir) espera para el impacto final. El resultado va de pláticas triviales a profundas, diseñadas no sólo para entretenernos, sino también hacernos pensar. Es inevitable, ante algunas de las situaciones presentadas, especialmente la que tiene que ver con la familia de Dodge, ponerse inmediatamente en su lugar y pensar: "en vida, hermano, en vida". Curiosamente el personaje de Penny no tiene esta distinción y funciona sólo como un motivo de Dodge para seguir adelante. Tanto así, que lo que uno adivina que va a pasar con ella, finalmente pasa.
 
Disfruté de la determinación de la directora Scafaria en seguir adelante con su premisa hasta el final, por lo que me pareció innecesaria una revelación que ocurre hacia los últimos minutos de película pero que no cambia en nada ni a los personajes ni a la historia. Esta película, finalmente, me hizo recordar otra con un tema similar, Presagio (Alex Proyas, 2009). En ella, sólo Nicholas Cage sabía que el mundo se iba a acabar. El resto no lo sabía. Uno, como espectador, también se preguntaba "¿yo qué haría?" Lo mejor de Buscando un Amigo Para el Fin del Mundo es que la pregunta se convierte a plural: "¿Qué haremos con las tres semanas que nos quedan?" Sería bueno preguntarse, más bien: "Y ¿cómo sabes que de veras vas a durar las tres semanas?" En vida, hermano, en vida.