domingo, 24 de mayo de 2009

Slumdog Millionaire/Quisiera Ser Millonario **

(Slumdog Millionaire, RU 2008) Clasificación 'B'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala(***NOTA: SE REVELAN DETALLES DE LA TRAMA***)
Una noche cualquiera.
- Papá, cuéntame un cuento.
- Había una vez una niña que usaba una capa roja con gorrito; todos le decían Caperucita Roja. Un día atravesó el bosque para llevarle a su abuelita una canasta con panecitos y fruta. Un lobo se le adelantó en el camino, se comió a la abuelita, se puso sus pijamas y se metió en su cama. Cuando llegó Caperucita Roja, el lobo fingió ser la abuelita. La miope y confiada niña preguntó "¿Por qué tienes esos dientes tan grandes?" "¡Para comerte mejor!" rugió el lobo y se la tragó en un santiamén. Más tarde llegó el guardabosques, abrió la panza del lobo con un hacha y rescató a Caperucita Roja y a su abuelita. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
- Papá... ¿los lobos se comen a las niñas y a las abuelitas?
- No, hijo, es un cuento.
- Buenas noches, papá.
- Buenas noches, hijo.

La siguiente noche.
- Papá, cuéntame un cuento.
- Había una vez dos hermanitos muy pobres, Hansel y Gretel, que se perdieron buscando comida y llegaron a una cabaña completamente hecha de dulce. Las paredes eran de turrón; las ventanas y las puertas, de chocolate; el techo, de galleta... Hansel y Gretel entraron en la casa y como tenían mucha hambre empezaron a comerse las ventanas y las paredes, hasta que entró una bruja, que al descubrirlos los encerró en una jaula, de la que no podían salir de lo gordos que se habían puesto. La bruja empezó a preparar una olla para cocinarlos y comérselos, pero al abrir la jaula se resbaló y Hansel y Gretel pudieron escapar y corrieron hasta su casa con sus papás. Y vivieron felices para siempre.
- Papá... ¿las brujas se comen a los niños?
- No, hijo, las brujas no existen, es un cuento.
- Buenas noches, papá.
- Buenas noches, hijo.

Otra noche más.
- Papá, cuéntame un cuento.
- Había una vez dos hermanitos muy pobres, Jamal y Salim...
- ¿Como Hansel y Gretel?
- No, hijo, eran más pobres y vivían en la India, pero podían haber vivido en cualquier pueblucho o cualquier ciudad perdida mexicana. Ahí jugaban en medio de la basura y las letrinas, cuando no estaban en la escuela memorizando mal Los Tres Mosqueteros. Un día unos fanáticos religiosos mataron a la mamá de Jamal y Salim y los niños se quedaron sin casa y sin comida, por lo que tuvieron que irse a vivir, si se le puede decir así, en medio del basurero. Ahí los recogió un señor que los llevó a vivir con otros niños muy pobres también, a un ranchito fuera de la ciudad, donde les dio mucha comida y un petate para dormir, además de enseñarles a cantar. Jamal y Salim pensaron que qué bueno era ese hombre, que durante el día llevaba a todos los niños a la ciudad y los dejaba en los cruceros más transitados, para pedir limosna. Una noche, de regreso en el "orfanatorio", el señor le quemó los ojos a uno de los amigos de Jamal y Salim, para que la gente le diera más limosna por lástima. Cuando el señor estaba a punto de quemarle los ojos a Jamal, Salim le echó ácido en la cara a uno de sus captores y escaparon en un tren. Los señores del orfanatorio no los pudieron atrapar, pero se quedaron con Latika, una amiga de Jamal y Salim que también había perdido a su mamá a manos de los fanáticos religiosos.

Jamal y Salim ya no pudieron regresar a la escuela y crecieron trabajando en muchas cosas ilegales y robando comida, porque no sabían hacer nada más. Un día, cuando eran ya unos muchachos, se propusieron rescatar a Latika de las garras de los señores que les quemaban los ojos a los niños. A Latika no se los quemaron, pero la convirtieron en prostituta y así le podían sacar más dinero. Cuando estaban a punto de rescatarla, aparecieron los hombres malos, incluyendo al que Salim le había quemado la cara años antes en el orfanato. Jamal y Latika creyeron que todo estaba perdido pero Salim sacó una pistola de entre sus ropas y mató al jefe de los malos. Huyeron y para protegerse, Salim se puso al servicio de un narcotraficante muy poderoso, no sin antes violar a Latika a punta de pistola, lo que rompió el corazón de Jamal, que estaba enamorado de Latika desde que eran niños. Jamal no volvió a ver a Salim y a Latika, quienes se fueron a vivir con el poderoso narcotraficante.

Un día, el pobre Jamal, que trabajaba de mandadero en una compañía telefónica porque no tenía mayor instrucción, entró a un concurso de la televisión donde podía ganarse veinte millones de rupias. Con ese premio soñaba en rescatar a la bella Latika de ser la amante piruja del narcotraficante y también librarse de su hermano y de la mierda que lo rodeaba desde niño.

Aunque Jamal nunca volvió a la escuela desde que su mamá fue asesinada por ser musulmana, todas las preguntas del concurso eran muy fáciles y estaban relacionadas directamente con eventos traumantes de su infancia. Además, se las preguntaron en el orden en que cada cosa le fue pasando en la vida, lo que hizo más fácil que Jamal contestara todo correctamente y se ganara los veinte millones de rupias. Latika se enteró de que Jamal ahora era millonario y escapó de las garras del narcotraficante, dejando a Salim detrás para que se mataran entre ellos, literalmente en un baño de sangre y rupias.

Jamal, ahora millonario, se dio cuenta que la vida seguía siendo una letrina gigante y que nunca podría limpiarse toda la mierda en la que se sumergía una y otra vez; entonces se fue muy triste a la estación del tren, a escaparse una vez más, pero Latika pudo encontrarlo, se besaron y bailaron alegre música de la India, muy contentos de estar juntos otra vez, con un montón de extranjeros, todos seguramente felices de estar junto a un millonario analfabeta lleno de resentimiento y a una prostituta tan sana y tan bonita. Y vivieron felices para siempre, con el recuerdo de esos niños huérfanos y desnutridos que fueron alguna vez.
- Papá... ¿existen los fanáticos religiosos, los abusadores de niños, los tratantes de blancas, los narcotraficantes, los asesinos a sueldo?
- Sí, hijo, pero éste es un cuento. ¿No oíste que Jamal al final se hizo millonario y se puso a bailar muy feliz con la hermosa Latika y con muchos extranjeros convenencieros?
- Papá ¿existen los extranjeros convenencieros?
- ... sí, hijo... pero éste es un cuento...
- ¿Quién te lo contó?
- ... Danny Boyle...
- ... buenas noches, papá...
- ...

sábado, 23 de mayo de 2009

La Tierra ***

(Earth, RU, Alemania, EUA 2007) Clasificación 'A'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *MalaLa casa Disney se hace y nos hace un favor, regresando, después de varias décadas de ausencia, a los documentales sobre la naturaleza, los animales en el caso de La Tierra.

Si bien este largometraje de 96 minutos no es otra cosa que una versión extendida del capítulo "De polo a polo" y segmentos de otros ("Océanos" y "Lluvia", tengo entendido) de la serie de once documentales Planeta Tierra, producida por la BBC en 2006, se agradece la oportunidad de presenciar las magníficas imágenes en la pantalla grande.

Verá usted: he disfrutado dicho capítulo, en DVD, varias veces junto a mis hijos. Con el estreno de La Tierra y sin saber que ya conocíamos casi todo el material, nos enfilamos al cine y puedo decir que ninguno protestamos ni salimos defraudados al encontrar las mismas historias en versiones extendidas (mi hija de dos años exclamó al final: "¡Otra vez!").

Las historias de supervivencia de las distintas especies siguen siendo impactantes cada vez que lo veo y en particular, la versión de cine tiene tres secuencias nuevas para nosotros que nos dejaron boquiabiertos: la migración de las ballenas jorobadas, con madre y bebé nadando en aguas templadas y cristalinas; una parvada de grullas remontando los Himalayas en una increíble y emocionante demostración de tenacidad (hubo aplausos) y tal vez la más impactante de todas, un enorme gran tiburón blanco saltando completamente fuera del agua para devorar de un mordisco a una foca (ahora entiendo por qué Diezmartínez ya ha incluido esta escena en sus Fotogramas de 2009).

La nueva narración en Español (por Mario Arvizu) sigue la misma línea del DVD R4 (por Simón Poland), aunque con un poco más de humor, seguramente apelando a las familias que busquen esta película bajo el sello Disney (Disney Nature, con todo y logo de paisaje ártico -tal vez antártico- que recuerda el nuevo logo animado de la casa del Ratón Miguelito).

Espero que este estreno signifique el reestreno, al menos en formato casero, de todos esos documentales sobre animales que Disney presentó en su momento en cine y después en televisión y que pareció olvidar en los últimos... treinta años. En serio: de ésto, no hay todos los días.

domingo, 17 de mayo de 2009

No soy un estereotipo; soy El Estereotipo: La vida sin guión #12

¡Ah, qué buena fórmula han encontrado Reynaldo Cantú y Ricardo Gómez en La Vida Sin Guión!

Lo que veíamos ya desde hace algunos capítulos, la inclusión de un peculiar personaje invitado en torno al cual gravitan los protagonistas, ha llegado a su mejor expresión hasta el momento. Jesús Ochoa le entra con fé a este juego creado por Cantú y Gómez, y que juegan cada semana los actores cachanillas Anabel Benítez, Terezina Vital, Felipe Tututi y el propio Ricardo, de parodiarse a partir de su imagen pública.

Para quienes no viven en Mexicali o no los conocen, es un poco difícil identificar la parodia; pienso que invitar a amigos actores conocidos más allá de este desierto (mucho más allá, en el caso reciente de Héctor Jiménez y ahora con Ochoa) ha sido un golpe genial, no sólo por la fama del invitado en turno, sino porque más bien funciona como una extrapolación del concepto local, a la vez que posibilita que su trabajo sea disfrutado y seguido por más gente, dado que la serie se publica en YouTube, abierta a todo el mundo, pésele a la influenza, a la CANACA, al IFE o a quien le pese.

Por cierto, aquí y acá, un par de reseñas mías de trabajos anteriores de Ochoa, que sirven para ilustrar el punto de ese estereotipo andante que es El Chobi (perdón, Jesús Ochoa).

Asesino en serio **

(México/España 2003) Clasificación ‘C’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Asesino en serio tiene dos cosas qué admirar: la entregada actuación de Jesús Ochoa y el cuerpazo de Ivonne Montero, la cachonda traicionera de El Tigre de Santa Julia. Lamentablemente, el creíble personaje encarnado por Ochoa está atrapado en una película digna de Lalo el Mimo, e Ivonne Montero aparece a lo sumo unos cinco minutos.

En su primer largometraje, Antonio Urrutia, el director jalisciense del laureado corto de 1997, De tripas corazón, desaprovecha totalmente la oportunidad de hacer humor serio y el resultado se pasea entre el deseo de ser comedia negra y la facilidad de la comedia barata. Un judicial, Ochoa, investiga una serie de extrañas muertes de prostitutas, todas sin huellas de violencia pero con una gran sonrisa congelada en el rostro. Rafael Inclán, el forense de cabecera, concluye así como así que han muerto por un megaorgasmo. El dedicado judicial se niega a creerlo y sus pesquisas lo llevan a descubrir, sin mucho esfuerzo, al autor de los asesinatos y al mismo tiempo la verdad de la relación amorosa que sostiene con Montero.

Los pocos puntos buenos, todos a cargo de Ochoa, quedan sepultados entre la gracia hueca de Inclán y los parlamentos excesivos asignados a Daniel Giménez Cacho y Santiago Segura, el actor español que ha salido mucho mejor librado en su simplona serie de Torrente, la parodia española de James Bond. A diferencia de su premiado corto, en Asesino en serio Urrutia nunca logra cuajar la narración ni el género fílmico, optando por clichés del cine nacional y el humor de carpa. Finalmente Ochoa, aunque a ratos acompañado por Gabriela Roel, se queda solo en el intento de conducirse por este fallido intento de film noir/comedia negra/albur mexicano. ¿Cuándo se empezará a usar nuestro peso extra?
(Esta nota, con todo y pregunta retórica final, fue publicada originalmente el 7 de mayo de 2003.)

Conejo en la Luna **

(México/Reino Unido 2004) Clasificación ‘B-15’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Conejo en la Luna, segundo largometraje del director mexicano Jorge Ramírez Suárez, a pesar de los ropajes de denuncia sobre la corrupción con que se presenta, no es más que una típica historia de suspenso en la que el protagonista es acusado de un crimen que no cometió y tiene que pasársela huyendo para demostrar su inocencia, en el mejor estilo de El Fugitivo. El hombre equivocado en el lugar ("y tiempo", como dicen los distribuidores nacionales) equivocado, pues.

Por supuesto que esto no tiene nada de malo, al contrario. Mucho del mejor Hollywood sigue esta fórmula con muy buenos resultados, pero lo cierto es que el chiste de una película no es de qué se trata, sino cómo se trata de lo que se trata. En Conejo en la Luna, Antonio, interpretado por Bruno Bichir, es un diseñador gráfico chilango que, más imprudente que ingenuamente, se mete de cabeza en un negocio con un político menor que, al menos y en su descargo, deja claro desde el principio que en el asunto ha habido ventaja y mano negra por palancas partidistas. Cuál partido, no se especifica, pero se asume que es el partido en el poder, porque la acción ocurre en el tiempo presente. El caso es que este politiquillo se ve mezclado en una intriga mayor, de esas que son una afrenta al partido, a la nación y a la democracia y, ni tardo ni perezoso, al son del saludo nacional del 10 de Mayo involucra al buen Antonio, quien pronto tiene que escapar de la ciudad de la esperanza para terminar, gracias a un descuido, nada menos que en Londres. Desde ahí tendrá que echar mano de todo su ingenio para lavar su honra, rescatar a su esposa (inglesa, por cierto) e hija de las garras de los malos y, si hay tiempo, devolverle el golpe a quienes lo metieron en ésto.

La película sigue la fórmula al establecer, si bien de manera acartonada, las bases para la intriga y la acusación infundada y luego llevar al héroe a una huida que, por supuesto, le sirve para mentenerse cerca de sus perseguidores. Uno de los problemas es la forma en que presenta a malos y buenos. Aquí los malos son políticos y funcionarios corruptos y los buenos son ciudadanos comunes y corrientes, que en su vida se han pasado un alto o estacionado en doble fila. Para mayor contraste, los corruptos no sólo lo son en los malos manejos que hacen de los bienes que los honestos contribuyentes les hemos confiado, no. Además, desde el más encumbrado hasta el último chalán, son unos cochinos degenerados que se drogan, comercian con prostitutas y se acarician con jovencitos. Así, pues sí. A ver, como dice el personaje de Ricardo Blume, tal vez recordando sus años mozos de Mundo de Juguete ¿por qué no pueden ser más como los corruptos de antes, que nomás robaban y se mandaban matar entre ellos, pero con clase? Ya no hay decencia, señor. Además, por sus puercas distracciones, cometen un error tras otro que, por supuesto, los llevarán a su perdición. Tan simple como cualquier libreto de telenovela. En cambio, qué diferencia con los ingleses que Antonio conoce en Londres, civilizados, honrados y nada mal hablados. Es chistoso que los diálogos en Español estén plagados de groserías, mientras que la única palabra "fuerte" en Inglés la suelte la esposa de Antonio, una inglesa avecindada en el D.F. Pero estaba encab*&#ada. Ni hablar, se pega.

Salen sobrando todos los detalles de perversión, las escenas anecdóticas acerca de las diferencias entre chilangos e ingleses, una subtrama de corrupción internacional y un flojo final, pero Conejo en la Luna se deja ver por lo entretenidos que resultan la huída y las desventuras de Bruno Bichir en Inglaterra (aunque hubiera valido la pena ver cómo burlaba el control migratorio en el aeropuerto londinense), y el trabajo de Jesús Ochoa, que encarna tan bien la imagen popular del judicial, si bien con riesgo de encasillarse.
(Publicada originalmente el 3 de octubre de 2004 en La Voz de la Frontera.)

martes, 5 de mayo de 2009

Némesis *

Los cines mexicanos vuelven poco a poco a la actividad esta semana; mientras tanto y en preparación al estreno de la décimo primera película de Viaje a las Estrellas, que por cierto reinicia toda la serie, aquí mi reseña de la anterior, la última con la tripulación del Capitán Picard.

(Star Trek: Nemesis, EUA 2002) Clasificación ‘B’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

¿Nadie se dio cuenta mientras hacían esta película, la décima en la serie Viaje a las Estrellas, de lo mala que era? Aparentemente no, ya que no sólo la hicieron; también la estrenaron.

Stuart Baird dirige su tercer largometraje, después de dos filmes de acción más o menos decentes, U.S. Marshals, con Tommy Lee Jones en un derivado de El Fugitivo, y Decisión Crítica, con Kurt Russell y Halle Berry, una movida cinta que me hizo aplaudir muy al principio, cuando Baird tiene el buen tino de desechar a Steven Seagal en una afortunada explosión en los primeros cinco minutos. De acuerdo, estas dos películas no son ningunas joyas del cine y de hecho son totalmente olvidables, pero al menos cumplieron su cometido de divertirnos. Por lo mismo, Baird no parecía una mala elección para llevar a la pantalla grande la décima aventura de la tripulación del Enterprise, en su “misión continua para ir a donde nadie ha ido antes”.

Némesis empieza presentando lo que promete ser una buena intriga política entre los planetas Rómulo y Remo, después de que el senado romulano es eliminado con un polvo venenoso. Por supuesto el Enterprise es la nave más cercana y su tripulación decide investigar, encontrando que el Capitán Picard (Patrick Stewart intentando conservar algo de la dignidad que su personaje alcanzara en televisión) está más involucrado de lo que quisiera en el asunto. Aunque el guión no hace un buen trabajo por esconder sus sorpresas, hasta aquí dejo la sinopsis. Némesis se queda en el puro planteamiento y el resto del tiempo en pantalla es consumido por aburridos intercambios entre Picard y el responsable de las maldades en turno, que, aparentemente, es un clon del Dr. Evil, a su vez némesis de Austin Powers, aunque los optimistas productores de esta Némesis le apostaban a que nos tragáramos otro cuento distinto. Mientras tanto, el androide Data, interpretado por Brent Spiner, tiene sus roces con otro robot igualito a él, también encarnado por Spiner, lo que parece ser un gran trauma para el resto de los personajes, que tal vez nunca oyeron de la producción en serie, aunque el propio guión sea el mejor ejemplo al ofrecer exactamente la misma cosa en los dos frentes en que se mueve, dejando de lado las broncas romulanas. Sin mucha intriga que digamos, al menos las escenas de acción podían haber salvado a Némesis. Desgraciadamente de esto hay muy poco y cuando ocurre, es para hacer chocar una nave con otra en medio del espacio, ya que, por alguna extraña razón hollywoodense, los cañones de rayos no terminan de perforar los poco confiables campos de fuerza de ninguna de las naves protagonistas, sólo las anónimas que van pasando por ahí. Uno esperaría que con el ramalazo todo volara en pedazos, pero lo único que ocurre es una lluvia de chispas en los puentes de mando, mientras las tripulaciones se agarran fuertemente de sus asientos para no caer al suelo mientras la cámara se sacude simulando que todo tiembla, justo como en los programas de tele de hace 35 años. En cuanto al humor, dejémoslo en las risas por pena ajena que todos estos desaciertos provocan.

Revisando la lista de películas de Viaje a las Estrellas, descubro con sorpresa que he visto casi toda la serie, desde la primera en 1979. Algunas de ellas fueron más divertidas que otras, con buena acción en mayor o menor grado y con historias dignas de seguirse durante dos horas, sobre todo porque ofrecían, en general, más que lo que pudimos ver en el modesto programa de televisión sesentero que le dio origen. Después de un tropiezo, con la quinta película, en la buena racha que llevaban, la sexta y última aparición de la tripulación original fue una digna despedida, con una mezcla bien balanceada de ciencia ficción, intriga, acción y humor. La Nueva Generación dio el salto al cine con el apadrinamiento de William Shatner en su última actuación como Kirk, pero hasta ahora, tres películas después, no ha conseguido el éxito, ya no digamos de sus antecesores, ni siquiera el propio alcanzado en televisión. Hay qué saber cuando despedirse y me temo que para Picard y compañía esa hora ya ha pasado.
(Publicada originalmente el 19 de Febrero de 2003 en La Voz de la Frontera.)
NOTA: Algunos de los comentarios que siguen pueden revelar detalles de la nueva película.

lunes, 4 de mayo de 2009

Mar Abierto ***

Los cines en México siguen cerrados por la epidemia de influenza. Por fortuna hay mucho qué revisar en video. Aquí una muestra pertinente.
(Open water, EUA 2004) Clasificación ‘B-15’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala

Mar abierto trata de dos buzos que son abandonados a su suerte en aguas infestadas de tiburones. Y nada más. En un mercado en el que el público y los productores y distribuidores de cine parecen estar fascinados por la cantidad de efectos especiales e imágenes creadas por computadora que puedan meterse en una película, el debutante director y escritor Chris Kentis nos presenta una película de terror nada tradicional, al dejar a sus dos personajes literalmente solos contra el mundo.

La primera parte de la película nos presenta a Susan y Daniel, una joven pareja de profesionistas urbanos (yuppies, para los compas) que a duras penas pueden dejar sus agendas y teléfonos celulares para tomarse unas cortas vacaciones, en medio de reproches mutuos por sus respectivas fijaciones y dependencias en sus ocupadas vidas. Finalmente los vemos subidos en un barquito que se interna en aguas caribeñas, junto a otros buzos aficionados, todos llevados en el paseo por un grupo de “expertos” guías de buceo. La película se toma su tiempo para mostrarnos cómo es posible que en un grupo de veinte personas sobre una lancha se pierdan dos y nadie se dé cuenta y, finalmente, una media hora después del inicio, llegamos a la parte que nos interesa: el abandono de Susan y Daniel.

Durante la hora restante de película la pareja flota a la deriva y efectivamente aparecen los anunciados tiburones y otros animales más, pero no al estilo del Tiburón de Spielberg (EUA 1975), en que un monstruo desalmado agarraba de su puerquito al materialista pueblito de Amity, o como cualquier otra alimaña hollywoodense que tiene su propio plan contra los distintos personajes de la película, y se los va despachando de uno en uno, como para enseñarles una última lección moralista. Mar abierto no cuenta una historia propiamente dicha, más bien es la documentación de la fragilidad de la vida y la futilidad de nuestros esfuerzos por darle sentido a los momentos que pasamos bajo el sol, sobre este planeta en el que no somos los únicos ni más poderosos habitantes. Susan y Daniel se saben parte de un mundo en el que juegan un papel importante, por medio de sus trabajos y sus compromisos, tan difíciles de eludir incluso para tomar un corto descanso en medio de la naturaleza, que debe estar agendado o de otra manera no tendría ningún sentido para ellos. El punto es que una vez que uno sale de la civilización, ninguna agenda vale, porque la naturaleza no es un invento nuestro ni algo que podamos controlar. Simplemente existe y nosotros insistimos en vernos como algo ajeno a ella, asignándole horas y reglas que sólo significan algo para nosotros.

El director Kentis decidió presentar estas ideas limitando el uso de efectos especiales, con sus dos actores flotando en el mar y usando animales verdaderos, filmando en video. El resultado es una película que se ve mal en la proyección, pero que resulta muy efectiva al mantener el sentido de la inmediatez de su testimonio.

Hace años dejé de llevar reloj porque me dí cuenta de algo: si uno necesita saber la hora, siempre hay un reloj cerca para consultarla. La puede uno preguntar a otra persona, o bien en el teléfono, en la radio o en la tele. Y si está uno en un lugar en el que no haya un reloj kilómetros a la rendonda, lo más seguro es que entonces no necesite o no sirva de nada saber qué hora es. El verdadero terror es darse cuenta de lo inútil de un reloj cuando uno no es más que un ser vivo más.
(Publicada originalmente el 19 de Diciembre de 2004 en La Voz de la Frontera.)