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(Outcast, EUA/China/Canadá 2014) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Supongo que la idea inicial no era mala: un Cruzado del siglo XII que pierde la fé y abandona la guerra santa para refugiarse en China, sin poder escapar a las consecuencias de sus pecados. Pero del dicho al hecho, hay mucho trecho y en el caso de El Fantasma, del director Nick Powell, un trecho muuuuy largo separa este planteamiento de la película que vemos en pantalla.
En un acartonado y caricaturesco prólogo, estamos en “El Medio Oriente, siglo XII”, como anuncia un letrero en pantalla. Los Cruzados Jacob (Hayden Christensen, el ex joven Darth Vader) y Gallain (Nicolas Cage, el ex joven Nicolas Cage) discuten a grito pelón sobre la legitimidad de la guerra santa, mientras eficientemente se despachan a diestra y siniestra a un grupo de moros acuartelados. Jacob cree fielmente en la guerra ordenada por la iglesia Católica; Gallain ya no cree en nada, consciente de los crímenes que ha cometido al matar al prójimo en tierra ajena, así que decide mandar todo al traste e irse mucho a la China. Literalmente.
De “El Medio Oriente, siglo XII” brincamos, cual película de Mel Brooks, a “El Lejano Oriente, 3 años después” (¿por la mañana o por la tarde?) y Jacob, guerrero altamente entrenado, ahora trabaja de guarura de un joven rey y eventualmente cuñado, ya que la hermana del rey (la bella actriz Yifei Liu), antes de que usted diga "Reina Amidala", sucumbe rápidamente a la cara permanentemente emberrinchada del ex Darth Vader. El caso es que Jacob continúa matando a quien se le ponga enfrente, ahora en nombre del imperio celeste, pero la trama se mueve como si fuera una película de aventuras y no la tragedia de un pecador.
Y hablando de pecados, cuál habrá sido el que cometió Nicolas Cage, que sigue cayendo de nivel en el infierno de los churros cinematográficos…
(Shaun the sheep movie, RU/Francia 2015) Clasificación México ‘AA’/EUA ’PG’
Calificaciones ****Excelente ***Bueno **Regular *Mala
Qué delicia cuando uno encuentra una película que nos regresa a lo más básico del cine: imágenes en movimiento para hacernos sentir alguna emoción. Y “Shaun el cordero”, el sexto largometraje de la casa británica Aardman, especializada en la animación en plastilina, es un excelente recordatorio que nos hace reír de principio a fin.
La premisa es muy simple: Shaun forma parte de un grupo de corderos en la granja, donde son cuidados por un perro pastor, obligados a cumplir el estricto horario impuesto por el granjero. El alma rebelde de Shaun pone a todos en revolución y eventualmente el grupo, perro y granjero incluidos, terminan cada uno en su propia aventura en la gran ciudad.
La trama en realidad sólo sirve de pretexto para una serie de graciosísimas escenas de humor físico y comedia de enredos, casi todas a cargo de Shaun y los corderos, aunque el perro y el granjero (¡y hasta los cochis!) también tienen sus momentos de brillo propio. Por aquí y por allá hay algunas referencias a películas “clásicas” que harán reír a los adultos pero seguramente escapan a los niños, como “El silencio de los inocentes” y “Sueño de fuga”, pero no son tantas y sobre todo no son importantes para entender el resto de los chistes ni mucho menos la historia.
Escrita y dirigida por Richard Starzak y Mark Burton, además de la desatada comedia, “Shaun el cordero” es un impresionante espectáculo visual al ser animada a partir de muñecos de plastilina, “moviéndose” en escenarios reales, que van de la granja a una carretera y a distintos rincones de la ciudad, con todos los detalles incluidos. La iluminación y la fotografía crean escenarios muy convincentes, al grado que uno termina olvidando que no estamos viendo más que pequeñas maquetas en un estudio.
El otro gran logro es que no hay una sola línea de diálogo en toda la película. La trama y los chistes se explican todos en forma visual y cuando los personajes llegan a “hablar”, lo hacen en forma ininteligible, al estilo de Mr. Bean, por mencionar sólo un ejemplo relativamente reciente. Así que no se vaya usted con la finta del anuncio “Doblada al Español”. “Shaun el cordero” habla un solo idioma: el del cine puro.
(Hitman, Francia, EUA 2007)
Calificaciones: ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
La burra no era arisca, pero la hicieron. Por experiencia, ninguna, pero NINGUNA película que empiece con la leyenda "Basada en el juego de video [inserte aquí el nombre]" puede ser buena. Al contrario, la regla es que cualquier espectador que se respete escupirá la pantalla y poco menos que incendiará la taquilla para exigir el regreso de sus pesos ante uno de estos bodrios (el hecho de que los cines locales conserven pantallas y taquillas impecables e intactas dice mucho de nosotros... ¿los públicos tienen el cine que se merecen?).
Podría decir "a las pruebas me remito" y seguir con una lista de estas desgracias del cine hollywoodense. Pero como esta es una breve reseña, me limito a comentar que Hitman: Agente 47 es una grata sorpresa en este tipo de adaptaciones. La cinta presenta la historia de un asesino profesional "con más de cien muertes" en su haber que, para variar, es traicionado y perseguido por sus patrones y la Interpol, casi casi "por un crimen que no cometió", en el estilo reciente de Jason Bourne.
Sin llegar al nivel de suspenso y genio visual narrativo de esa trilogía, Hitman se deja ver gracias a la ligera historia, a la actuación correctamente plana de Timothy Olyphant como el asesino fugitivo, al cínico policía de Interpol interpretado por Dougray Scott y a la bella Olga Kurylenko, a quien toca ser la compañera del Agente 47 en su huída y darle un pretexto para no hablar solo mientras nos explica la trama. Con un poco más de humor a expensas de su origen de video juego, que lo tiene (el Agente 47 anda por el mundo impecablemente trajeado, rapado y con un visible código de barras en la nuca mientras camina armado por pasillos, disparando a quien se le atraviesa y aumentando su cuenta de muertos a otro ciento antes de que acabe la película, seguramente), escenas de pelea mejor logradas y con un gusto menos prefabricado y, sobre todo, un poco más de desarrollo de personajes, Hitman podría trascender el subgénero. Así como está, al menos es entretenimiento que se alza de entre el resto.
(México, EUA 2015)
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Desde hace unos días está disponible en internet (Netflix, para ser más precisos) la serie “Club de Cuervos”, producida y dirigida por Gaz Alazraki, que en 2013 diera un trancazo de taquilla con “Nosotros los Nobles”. “Club de Cuervos” no es precisamente cine, tampoco es exactamente televisión, sino un curioso híbrido que vale la pena comentar.
Después del exitazo en 2013 de la comedia “Nosotros los Nobles”, ópera prima del joven escritor y director mexicano Gaz Alazraki, es muy curioso que su siguiente proyecto no sea una película, sino una serie de “televisión” por internet, con 13 capítulos de 40 minutos cada uno, estrenados hace una semana y todos al mismo tiempo en Netflix, el conocido servicio de cine y televisión en línea.
Debo confesar que abandoné “Club de Cuervos” después de ver los primeros dos episodios. La premisa inicial no difiere mucho de los melodramas de la tele mexicana: un hombre millonario muere y sus herederos se pelean por la lana. Encima, los pocos momentos de comedia son al estilo de “Nosotros los Nobles”, sobre todo por el trabajo del actor protagónico, Luis Gerardo Méndez, que hizo al personaje principal de los Nobles. Para ese chiste, pensé, mejor vuelvo a ver la película.
La curiosidad pudo más y decidí ver el tercero, que no sólo muestra más comedia, sino da pie al desarrollo de los personajes que, sorpresivamente y a medida que avanzan los episodios, empiezan a llevar la historia, en lugar de que la historia lleve a los personajes. El grupo de escritores (estadounidenses, por cierto) encabezados por Alazraki toma una idea básica y familiar de la tele mexicana, y van jalando el tapete hacia un formato narrativo menos repetitivo que la telenovela o la comedia situacional gringa, con personajes poco a poco más tridimensionales y conflictos menos prefabricados, a medida que se va desenredando (y enredando nuevamente) la trama.
En cuanto al cuadro principal de personajes, Luis Gerardo Méndez es Chava, un junior que hereda la presidencia del equipo de futbol profesional Cuervos, al morir su padre, mientras que su media hermana mayor, Isabel (la efectiva actriz Mariana Treviño), más capaz en los negocios, es relegada a un puesto administrativo, principalmente por ser mujer. El ya veterano Daniel Giménez Cacho es el director deportivo del Club y una especie de padrino de los hermanos, que paulatinamente va cambiando para tener su propia historia, al igual que algunos de los otros personajes secundarios.
“Club de Cuervos” no es la mejor serie actualmente en internet, pero sí es completamente visible y suficientemente intrigante y divertida para seguir un capítulo tras otro, como si fuera una película de 9 horas de duración.
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(2ª parte de la reseña, publicada dos semanas después de lo que se lee aquí arribita...)
Hace un par de semanas comentaba en este espacio mis impresiones de los primeros capítulos de esta serie de 13 episodios, disponible en Netflix. Habiendo ya terminado los 13, quisiera redondear una idea. Para empezar, confirmo que aunque Club de Cuervos no es cine, tampoco es exactamente televisión.
Más bien es una mezcla de ambos formatos narrativos, propiciada por la plataforma de Netflix, donde las cosas se pueden ver al ritmo que uno desee. Un episodio a la vez, como se ve usualmente una serie de tele, o bien, varios capítulos (o todos), uno tras otro, en una sentada. Esta estrategia de presentar la serie completa desde el primer día permite a sus creadores (y los obliga a) escribir la historia completa y el desarrollo de sus personajes, como se escribe el cine. En Club de Cuervos se nota el cambio que debió haber ocurrido en el trabajo de los escritores después de los primeros dos o tres capítulos, que básicamente se sienten como una telenovela, para transformarse ya en el cuarto o quinto en breves películas seriadas (destaca el octavo, que parodia de principio a fin un documental y que, por cierto, es el único episodio no dirigido por Gaz Alazraki).
Al llegar a los dos últimos episodios, con personajes más ricos que al inicio y una historia con mucha más carnita que la típica telenovela, el equipo de Alazraki no resistió volver al formato televisivo y, con todo lo trágico (y cómico) que resultan (hasta el momento) los destinos de los protagonistas, las cosas se quedan en suspenso de una acartonada forma melodramática. Y ahora tendremos que esperar un año para saber qué pasará con Chava e Isabel Iglesias. Y saber si Club de Cuervos se anima a despegarse de sus inicios telenovelescos.
(Y actualizando datos: Netflix y Alazraki aún no tienen fecha para la segunda temporada; sólo dicen que se verá hasta 2017...)
(Ant-Man, EUA 2015) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
La casa Marvel /Disney una vez más demuestra que lo que mejor sabe hacer es presentar nuevos super héroes en la pantalla grande. El Hombre Hormiga es una divertida película en la que un ratero se hace de un traje que le permite encogerse al tamaño de un insecto y no se anda con cosas: lo usa para cometer un gran robo, en una de esas clásicas tramas en las que se nos explica con todo detalle cómo se realizará el golpe y luego veremos el plan siendo ejecutado por todos los involucrados. La fórmula da pie al lucimiento de sus principales: Paul Rudd como el ratero; el veterano Michael Douglas como el científico creador del traje y Michael Peña como el amigo tracalero y, sobre todo, dicharachero.
Esperemos que estos personajes tan simpáticos y terrenales no sean aplastados… como hormigas… en alguna próxima película de los Vengadores, tan dados a elevar y luego dejar caer ciudades enteras nomás para impresionar a los espectadores.
(Minions, EUA 2015) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
En mi brevísima reseña de Mi Villano Favorito 2 hacía patente mi exigencia de que se le diera más espacio a los Minions. Como dicen: cuidado con lo que deseas.
Y es que en lugar de aprovechar al máximo la característica principal de los monitos amarillos, que es echar relajo en todo y por todo, los directores Pierre Coffin y Kyle Balda los encasquetaron en una historia bastante estándar, donde tenemos que chutarnos los deseos de una villana por conquistar (o destruir, según aplique) el mundo y uno de los Minions se conviertirá en el héroe estándar que salva a todos. Es tan evidente que la historia es lo de menos para el público, que nuevamente las mayores carcajadas están en las escenas marginales a la trama y sobre todo al final, con el número musical que no tiene nada que ver con el resto de la película.
En las cosas sobresalientes, el doblaje al Español, por Thalía para la villana, Ricky Martin para su esposo y Martha Debayle para la Reina Isabel de Inglaterra, sí abreva de ese relajo que se espera en general del concepto de los Minions y resulta muy divertido y diferente a lo que le habíamos oído a cada uno de ellos.
Porque el arte no necesita de estrellitas ni calificaciones, sigue mi batalla personal contra la estupidez de los distribuidores de cine en México, desde la comodidad de mi sala. En cueros.
Locos por las partículas
(Particle Fever, EUA 2013)
Quién hubiera imaginado que la vida de los físicos es tan emocionante, como nos muestra el director Mark Levinson en el documental “Locos por las partículas”, filmado a lo largo de 7 años de seguir el trabajo de varios físicos teóricos y experimentales.
Con testimonios de los propios científicos, mezclados con bellas animaciones y editado por el veterano Walter Murch (de quien recientemente vimos su trabajo en “Tomorrowland”), “Locos por las partículas” se centra en el proceso que llevó, en 2012, al descubrimiento del bosón de Higgs, una partícula subatómica calculada hace casi 50 años por el físico teórico Peter Higgs, que básicamente explica el origen de la masa en toda la materia existente (el lector lo recordará tal vez por el apodo “partícula de Dios”, usado insistentemente por los noticieros en 2012).
El director Levinson, él mismo un científico convertido en cineasta, nos presenta a dos grupos de físicos: en esta esquina, los teóricos, que formulan en pizarrón, papel y computadoras de sus universidades, los modelos que explican el universo. En la otra esquina, los prácticos, trabajando en el CERN (la legendaria Organización Europea de Investigación Nuclear, donde, entre otras cosas, se inventó hace más de 20 años la ahora indispensable web mundial), al pie de los Alpes suizos, con el Gran Colisionador de Hadrones, un gigantesco anillo de metal superconductor de 27 km de diámetro, en el que se hacen chocar rayos de protones a velocidades cercanas a la luz, para medir las partículas resultantes. En otras palabras, los físicos prácticos se dedican a demostrar o destruir, literalmente, el trabajo de los teóricos.
Esto queda claro cuando vemos el desenlace, el 4 de julio de 2012: emociones desbordadas de todos los científicos involucrados que aplauden, se abrazan, se secan las lágrimas y están listos para continuar explicando de qué estamos hechos.