jueves, 1 de mayo de 2014

Río 2 ***

(Rio 2, EUA 2014) Clasificación México ‘AA’/EUA ‘PG’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ah, qué felicidad cuando la gente (léase las distribuidoras de cine) recapacita y corrige sus errores, para beneficio del público. Ya he comentado mi disgusto por el pésimo trabajo de traducción en el doblaje mexicano, de la primera película de Río que, por todo lo demás, era una divertida y sencilla carta de amor del director Carlos Saldanha a su natal Brasil. Y es que alguien decidió, en su estreno en 2011, hacer que los personajes hablaran con modismos de un Español típico del centro del país y encima, molestos e incomprensibles para niños pequeños, el público meta. Ahora, con Río 2, continúan las aventuras de Blu y Perla, la pareja de guacamayas azules y debo decir lo agradable que fue estar en un cine donde por fin se oían risas infantiles con cada diálogo chistoso. Nada de “no manches” ni amenazas de “partir mandarinas en gajos”.

Y a lo que vinimos, pues. Río 2 solamente toma prestado el nombre de la película original, ya que en esta ocasión la historia no ocurre en Río de Janeiro, sino en el corazón del Amazonas, a donde Blu y Perla vuelan, atravesando todo Brasil y acompañados de sus tres hijos guacamayos, azules como ellos. Las interacciones de Perla y Blu básicamente son recicladas de la película anterior, con Blu batallando para acoplarse a la vida brasileña, después de haberse mudado desde Minnesota. Sus tres hijos, como se podía esperar, son una mezcla de ambos padres en cuanto a carácter, con lo que tenemos algunos episodios de pajaritos aventureros y dispuestos a vivir en el reino salvaje, mezclados con situaciones de pez (o guacamaya) fuera del agua.

En cuanto a Blu, donde la película cobra genuina gracia es con el encuentro nada menos que con su suegro, el papá de Perla. Resulta que el suegro es el patriarca de una parvada de cientos de guacamayas azules de las que nadie en la civilización sabía su existencia. Como buen patriarca de película, el suegro es autoritario, inflexible y siente un gran desprecio inicial por su recién conocido yerno. Esta parte de la película, básicamente, nos remite a situaciones como las de La Familia de Mi Novia, esa popular comedia con Ben Stiller y Robert De Niro, así que Río 2 bien podría llamarse, en Inglés, “Meet The Parrots”...

Con todo y esa graciosa relación entre yerno y suegro, lo verdaderamente interesante y efectivo en Río 2 está en el villano. A decir verdad, no recordaba yo a Pepillo, esa amargada cacatúa que fue succionada por una turbina de avión en la primera película, pero regresarla a la vida ha sido un gran acierto. El personaje de Pepillo ha sido reinventado para convertirlo en un enigmático malo con una pasión por los escenarios y una extraña relación con una ranita rosa, que está incondicionalmente enamorada, sin ser correspondida, de la cacatúa. Y no es sólo que Pepillo desprecie a la rana por ser un anfibio: además, la rana está cubierta de una sustancia venenosa que le sirve como mecanismo de defensa y puede ser mortal para quien la toque. Así que Pepillo, temiendo su muerte al acercársele, siempre puede usar la disculpa de “no eres tú, soy yo…”

Al igual que en Río, nuevamente la producción musical está a cargo del legendario músico carioca Sergio Méndes y en esta ocasión, amén de que hay más canciones que en la anterior, particularmente tres brillan por derecho propio. La primera es una especie de tango interpretado por Gabi, la rana venenosa, en el mejor estilo de una seductora femme fatale, donde declara y sufre su amor imposible por Pepillo. La segunda es una reinterpretación teatral que el mismo Pepillo hace de I Will Survive, esa joya de la época disco y que sirve para enfatizar su anhelo por vivir, así sea para hacer maldades. Tanto en las voces cantadas como en las habladas en Español, luce de manera impresionante el trabajo de Romina Marroquín como Gabi y Humberto Solórzano como Pepillo.

El tercer número musical importante es una explosión de sonido y color en medio de la selva del Amazonas, en que cientos de aves cantan la Batucada de la Familia mientras vuelan en elaboradas coreografías. Aquí es donde creo que el director Carlos Saldanha y el productor musical Sergio Méndes realmente se sueltan con todo para mostrar al mundo por qué Brasil es un país con una alegría tan contagiosa que, bueno, hace que hasta el futbol se nos antoje a quienes normalmente no damos un peso por el deporte de las patadas. Ha de ser por eso que, después de esta batucada, disfruté tanto el juego de futbol aéreo que las guacamayas disputan en un momento crucial en la vida de Blu. O, tal vez, simplemente lo disfruté porque, cuando las cosas están bien hechas, no nos queda de otra.

jueves, 24 de abril de 2014

(Populaire) Mi Historia Entre Tus Dedos ***1/2

(Populaire, Francia/Bélgica 2012) Clasificación México ‘B’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Todo tiempo pasado fue mejor, dice el dicho. Sin embargo los cinéfilos somos permanentemente bombardeados con “el último grito de la moda” en películas, con historias, imágenes y sonidos que, en busca de originalidad y novedad, más bien terminan siendo el último alarido de los cineastas… Por eso es tan grato regresar de vez en cuando, al menos para mí, a películas “antiguas” que contaban sus historias sin tanta alharaca como vemos hoy en cuanto a puesta en imágenes; por ejemplo, las viejas comedias románticas de los 1940s y 50s, que nos llevaban a través del cuento clásico donde la clásica muchacha conoce al clásico muchacho, venía el clásico flechazo instantáneo y el resto era pura diversión y romanticismo. Clásicos, por supuesto.

Y en medio de una cartelera plagada de lo más nuevo en cuanto a superhéroes salidos de historietas, o bien, hadas y pericos cantarines y animados, es un gustazo tener una película que, efectivamente, es el último grito de la moda… de hace 50 años. Mi Historia Entre Tus Dedos es una muy agradable comedia situada en la Francia de 1958 que es fiel, cinematográficamente hablando, a la propia época en que ocurre la acción en pantalla. Escrita y dirigida por el francés Régis Roinsard, nos presenta a Rose, una bella joven de Normandía, que un buen día deja su vida pueblerina para encontrar el trabajo de sus sueños: ser secretaria de un importante ejecutivo para vivir aventuras en tierras exóticas. Un pequeño ajuste de realidad la lleva a contratarse como la secretaria de Louis, un también joven y guapo agente de seguros con una pequeña oficina en una ciudad mediana. Fórmula obliga y el flechazo se produce aunque los protagonistas no se hayan dado cuenta, distraídos por “el truco” de este cuento. El truco es que Rose es demasiado torpe como secretaria pero tiene una habilidad extraordinaria: es una velocísima mecanógrafa. Louis, impresionado por el talento de Rose, decide inscribirla en un importante concurso de velocidad en mecanografía y hace los arreglos para convertirse en el entrenador personal de la provinciana muchacha, tanto en la máquina de escribir como en cultura general, al hacerla copiar libros y novelas clásicas. ¿Qué cree usted que vaya a pasar?

Me gustó la forma en que el director Roinsard, en esta su primera película, decide, al ubicar su historia en 1958, emular esas comedias románticas hollywoodenses de fines de los 1950s, principios de los 60s, tanto en la estructura narrativa como en la puesta en imágenes. El diseño de los escenarios, el vestuario, peinados y la forma de conducirse de los actores (la belga Déborah François como Rose, y el francés Romain Duris como Louis) remiten a cualquier comedia de Audrey Hepburn y sus múltiples galanes (los icónicos Fred Astaire, Humphrey Bogart, Gregory Peck, Cary Grant e, inevitablemente dado el tema, Rex Harrison en Mi Bella Dama). La música elegida por Roinsard para ambientar su comedia también es de animado jazz de la época o bien, compuesta para sonar como animado jazz de la época, intercalando por ahí hasta un cha cha chá dedicado a las secretarias, interpretado por una orquesta perezpradesca con todo y su ricachá con acento francés.

Me gustó también cómo la historia nos convence de que los concursos de mecanografía (que son reales y aún existen, por cierto, aunque con actualizaciones al paso de la tecnología) son tan importantes y glamorosos que llenan teatros de fervorosos fanáticos y merecen la cobertura de la prensa, radio y televisión internacionales. Uno como espectador de verdad se emociona y quiere que Rose gane el concurso y rompa el récord de velocidad, casi tanto como deseamos que Rose y Louis se dejen de cosas y acepten su romance.

Me gustó, por otra parte, que aunque la fórmula de la comedia se sigue al pie de la letra, los elementos de apoyo y los obstáculos no se sienten prefabricados. Louis tiene una decepción amorosa en su pasado, que continúa muy presente y tiene que ver con un interesante subtexto de la trágica Segunda Guerra Mundial y el liderazgo de los Estados Unidos en el triunfo de los Aliados. Igualmente, la tensión romántica y sexual entre los protagonistas desde su primera escena, es resuelta poniendo a descansar la fórmula por un rato y nos recuerda que, después de todo, estamos en Francia y, en la escena que nos ocupa, en París, la capital del amor.

Me gustó, finalmente, que me haya gustado Mi Historia Entre Tus Dedos tanto como me gustó. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Vivimos en la mejor época que haya existido para ver cine: lo que no podemos ver en cartelera, lo encontramos en video y por internet. Siempre estoy buscando algo bueno y, como decía, muchas veces regreso a los clásicos en video, cansado de tratar de seguirle el paso a cada nueva oferta de Hollywood y anexas. Por eso, entrar al cine, boleto en mano y encontrarme con algo que normalmente habría salido de un archivero, pero que es nuevo, pues a mí sí me da gusto.

viernes, 18 de abril de 2014

Hijo de Dios *

(Son of God, EUA 2014) Clasificación México ‘B’/EUA ‘PG-13’

Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
En estos días en que el mundo cristiano conmemora el sacrificio de Jesús es tradicional que en televisión se programen películas sobre el tema, aunque en las carteleras de cine el último estreno pertinente ocurrió en 2004, con la efectiva y literalmente sangrienta La Pasión de Cristo. Y aunque Hijo de Dios se ha estrenado en cines, su pobreza argumental y visual podría ser más propia de una película para la pantalla chica. Bueno, ni eso.

Escrita y dirigida por el documentalista televisivo Christopher Spencer, Hijo de Dios no es más que una colección de momentos en la vida de Cristo, mal ligados y, en algunos casos, mal citados, si consideramos el material fuente (los Evangelios, supongo, aunque no hay ninguna nota aclaratoria al respecto). Por ejemplo, se empalma el reclutamiento de Mateo con la parábola de los dos hombres que subieron al templo para hacer oración, convirtiendo el episodio en un acto de adivinación por parte de Jesús. La reacción de Mateo es muy emotiva en esta escena pero resulta de oquis: prácticamente desaparece el resto de la película, al igual que la desconfianza que en ese momento despierta en los otros discípulos la elección de un cobrador de impuestos.

Y esa es la tónica de Hijo de Dios durante la primera hora y media: fragmentos de los  momentos “más famosos” en el ministerio de Jesús (la curación de un paralítico, el perdón a la mujer adúltera, la resucitación de Lázaro) sin un orden ni una liga que justifiquen el argumento inicial (un anciano Juan nos cuenta que es el último discípulo sobreviviente, mientras rememora su vida junto a Jesús). El último tercio es más coherente al enfocarse en el maquiavélico plan del Sumo Sacerdote del templo en Jerusalén, para deshacerse del Mesías antes de que el gobernador romano Poncio Pilatos cierre sus operaciones por una posible rebelión, justo en medio de la Pascua. Lamentablemente ahí los personajes son reducidos a sus “cinco minutos de fama” y entonces tenemos a Pedro negando a Jesús nomás porque lo tiene que negar; Judas se ahorca sólo porque sabemos que lo tiene que hacer y Pilatos se lava las manos porque se las tiene que lavar.

Me entero, después de haberla visto, que Hijo de Dios es un resumen de la miniserie televisiva La Biblia, transmitida en 2013 por cable en los Estados Unidos y que no he visto ni creo ver: con sus dos horas y feria de duración, Hijo de Dios parece más bien “el corto” que anuncia una obra más larga pero no por eso más buena.

viernes, 4 de abril de 2014

Capitán América y El Soldado del Invierno *

(Captain América: The Winter Soldier, EUA 2014) Clasificación México ´B´/ EUA ´PG-13´
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Hay una razón por la que tenemos dichos como “segundas partes nunca fueron buenas”: porque generalmente resultan ciertos. Lamentablemente, a la muy buena película que nos presentó al Capitán América: El Primer Vengador (EUA 2011), sigue esta aburrida y rutinaria segunda historia que no hace más que repetir algunos chistes y situaciones de la aparición del Capitán América en Los Vengadores (EUA 2012), en medio de una fallida historia y una mala puesta en imágenes.

No entretendré mucho al lector describiendo la falla de Capitán América y El Soldado de Invierno. Mejor parafraseo al gran Groucho Marx: el error es tan simple que una niña de siete años lo puede entender. ¡Tráiganme a una niña de siete años! Me explico: mi pequeña hija se negó a acompañarme a verla al estreno, porque "esas películas de superhéroes son muy aburridas; el bueno se da de golpes con el malo sin parar; no se entiende por qué se están peleando y cuando no vemos la pelea es porque otros señores se ponen a platicar en una oficina." Esta niña tiene futuro...

Por lo demás, los elementos visuales, como de costumbre en las producciones de Marvel, son impresionantes a la hora de presentar naves inmensas y explosiones gigantescas. Sin embargo, a la hora de las mentadas peleas, los directores Anthony y Joe Russo han elegido sacudir tanto la cámara que resulta imposible saber quién le está picando los ojos a quién. Al menos y hablando de ojos, en la escena del ataque masivo al tuerto Nick Fury, se tuvo la decencia de mantener tomas abiertas con cámaras estables, convirtiéndose en lo mejor de la película, pero nada más.

En cuanto a los actores, Chris Evans está impecable como el Capitán América. Scarlett Johansson y Samuel L. Jackson repiten con gracia sus personajes de Los Vengadores pero el veterano superestrella Robert Redford decepciona al presentarse solamente a cobrar el cheque. Bueno, ya sabemos para qué se usó lo que pagamos por nuestro boleto.

jueves, 27 de marzo de 2014

Los Muppets 2: Los Más Buscados ***

(Muppets Most Wanted, EUA 2014) Clasificación México 'A' / EUA 'PG'
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Cada vez que se estrena una película que refritea a otra película vieja o bien, que refritea algún programa antiguo de televisión, parece que a Hollywood se le acabaron las ideas. No sé si en el caso de Los Muppets 2 esto aplique, dado que la película trata acerca de revivir el programa televisivo original de fines de los 1970s y, en todo caso, en realidad estamos ante la octava película de Los Muppets (la primera se estrenó en 1979), así que, no, tal vez en Hollywood no se les acabaron las ideas respecto a los famosos muñecos de peluche, simplemente han redescubierto un nuevo público en los hijos de quienes los vimos originalmente en la tele y en esas primeras versiones de cine.

A quienes sí se les acabaron las ideas hace tiempo, definitivamente es a los distribuidores nacionales de cine, al bautizar esta comedia como Los Muppets 2. Como decía, esta es la octava película de la serie fílmica que fue revivida en 2011, después de una pausa de 12 años (Muppets en el Espacio fue estrenada en 1999) así que lo correcto sería Los Muppets 8. Pero, bueno, a lo nuestro.

El episodio de 2011 (Los Muppets, dirigida por James Bobin, al igual que esta nueva) tuvo el buen tino de aprovechar la situación real de las marionetas creadas por Jim Henson en los 1970s: los niños de este siglo no los conocían y los adultos ya los habían olvidado. Encima, ¿cómo competir con los dibujos animados actuales que, gracias a los modernos efectos computarizados, muestran objetos que parecen reales, como los monos de Toy Story y demás obras de Pixar, por ejemplo?

Salvado, con creces, ese obstáculo, Los Muppets 2 inicia justo donde termina la cinta anterior: los muñecos, emocionados por el éxito de la séptima entrega, se dan a la tarea de filmar una octava película. Naturalmente, no falta el agente ofrecido que les propone una gira internacional en teatros, para reunir el dinero necesario para la película. Sin pensarlo dos veces, los Muppets se embarcan en la gira, embriagados por el renovado estrellato. Naturalmente también, Kermit, la rana verde que liderea al grupo, tiene sus reservas en cuanto a la gira y al nuevo representante, pero cede a las presiones y sueños de fama de Miss Piggy, la determinada y enojona cerdita de peluche que, más que estar enamorada de Kermit, actúa como si fuera la dueña del pantalón que le lava. Es decir, si Kermit usara usara pantalones.

Y es que el mayor encanto de los Muppets radica precisamente en que no son más que muñecos de tela, peluche o hule espuma, en donde un titiritero mete su mano y mueve al muñeco simplemente abriendo y cerrando la mano para hacerlo "hablar". Sin embargo, el efecto conseguido por estos artistas del guiñol es, por decir lo menos, mágico. Consideremos a Kermit: originalmente fabricado con un pedazo de un viejo abrigo de lana verde y un par de pelotas de ping pong por ojos, el diseño no ha cambiado nada en cuatro décadas. Claramente podemos adivinar la mano dentro de Kermit, creando todas las expresiones faciales de la neurótica rana. Nada de animación o efectos especiales computarizados, solamente un titiritero moviendo con su mano un pedazo de tela verde. Y no creo estar solo al afirmar que esa rana de tela transmite más emociones que muchos de los actores que vemos en pantalla todo el tiempo.

Ciertamente en Los Muppets 2 se demuestra el éxito de los titiriteros, al presentar la idea de que hay una rana malvada físicamente igual a Kermit, que engaña a los demás muñecos, haciéndose pasar por él después de escapar de prisión. Es obvio que los dos muñecos son exactamente iguales, pero la forma en que son movidos por la mano adentro es lo que hace la diferencia. La rana criminal es fría e indiferente en su trato, mientras que Kermit es un manojo de nervios y explota en gritos a cada momento. Los Muppets no pueden ver la diferencia, por cierto, pero eso es requerido por la historia.

Los otros dos elementos que complementan a Los Muppets 2 son, otra vez, no el refrito, sino la continuación de un esquema iniciado con la serie de televisión y en las primeras películas: canciones e invitados especiales. Los Muppets 2 sigue a los viejos musicales hollywoodenses, en que cada cinco o diez minutos los personajes se sueltan cantando en lugar de simplemente decirse sus líneas de diálogo. Sé que las generaciones actuales no aceptan fácilmente los musicales, pero cuando son los Muppets quienes cantan y bailan, no veo a nadie quejándose, todo lo contrario. El público se ríe, lleva el ritmo con la cabeza y a veces, hasta aplaude.

Tal vez a Hollywood se le hayan acaba las ideas, pero con Los Muppets parece que han encontrado una fórmula segura: pon un calcetín en una mano, pégale unos ojos de cartón y hazlo cantar y contar chistes. Al menos, tendrás material para ocho películas.

domingo, 23 de marzo de 2014

El Crimen del Cácaro Gumaro *

(El Crimen del Cácaro Gumaro, México 2014) Clasificación ‘B’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ya he comentado en este espacio que el director Emilio Portes gusta de echar relajo en sus películas (Conozca la Cabeza de Juan Pérez, 2008 y Pastorela, 2011), lo cual le ha dado muy buenos resultados cómicos, pero al mismo tiempo ha provocado que en algún punto esas películas se le descarrilen y dejen de ser, ya no digamos buenas, sino algo peor: entre tanto relajo, dejan de ser divertidas. Lo bueno es que, en esas dos cintas, el desliz llega casi al final y no le da (tanto) al traste a todo lo bueno que se vio antes.

Pero hay un dicho que dice “la tercera es la vencida” y, pues para eso me gustaba Emilio Portes: en su tercera película, El Crimen del Cácaro Gumaro, el descarrilamiento ocurre desde el principio y lo que nos entrega es una mala serie de sketches bastante relajientos, algunos chistosos, la mayoría no, todo apenas hilvanado por una trama igualmente relajienta que nunca cuaja como comedia, a pesar de lo prometedor de la historia. Escrita por el propio Emilio Portes junto con el Güiri Güiri Andrés Bustamante y, de paso, con Armando Vega Gil, del grupo rockero Botellita de Jerez, ocurre en el ficticio pueblo de Güépez, donde el dueño del único cine deja como herencia el destartalado local a sus dos hijos, Archi y Gumaro, con instrucciones precisas y secretas para cada uno. Lo que sigue es hora y media de situaciones donde Archi (Alejandro Calva) y Gumaro (Carlos Corona) se dan literalmente en la torre el uno al otro, tratando de cumplir las últimas instrucciones que su padre les confió por separado y que parecen ser mutuamente excluyentes: Gumaro busca revivir el viejo cine mientras que Archi lo quiere tumbar para poner un Oxxo.

En medio del pleito de los hermanos (y alrededor también) están la voluptuosa enfermera Claudianita (Ana de la Reguera), novia de Archi y el pequeño  Memito (Oscar González), leal ayudante de Gumaro. Ambos toman partido y hacen lo que está en sus manos por que cada hermano cumpla su promesa al difunto. Echándole leña al fuego del pleito, tenemos a Don Cuino, presidente municipal de Güépez, interpretado por Andrés Bustamante en el estilo del clásico caudillo de pueblo provinciano, que podrán identificar los seguidores del monero Rius, como un clon de Don Perpetuo, de aquella historieta setentera Los Agachados, también llevada al cine en 1974 por Alfonso Arau en Calzonzin Inspector.

Y ya mencionado Don Perpetuo, empieza la cascada de referencias fílmicas nacionales con las que Emilio Portes decide vestir su relajienta película. Prácticamente cada escena contiene alguna cita a obras del cine nacional, algunas conocidísimas, como el overol y la camiseta de Gumaro, que recuerdan a Pepe El Toro y otras, no tanto, como la parodia de una película “de arte” de Carlos Reygadas, que se exhibe ante un dormido público en el rehabilitado cine de Gumaro. Otras parodias, algunas más, otras menos efectivas, están en los títulos de los pósters colgados en las paredes del cine o en las leyendas de las camisetas de Memito.

Estas referencias, fuera de ser curiosas, no resultan lo divertidas que podrían haber sido y eventualmente dejaron de interesarme, al igual que las continuas escenas de pleitos en los que Gumaro y Archi se atacan físicamente sin ninguna consecuencia cercana a la realidad, como si fueran personajes de caricaturas. ¿Cuántas veces se puede un personaje golpear, quemar, dejar caer, para tratar de hacernos reír? Aquí parece que no hay medida, ya que los intentos están ahí pero las risas del público, no. Aunque siendo justo, debo decir que estas escenas sí provocaron la risa de varios de los asistentes en la sala donde la ví, pero a medida que avanzaba la historia, noté que las carcajadas eran menos sonoras y más esporádicas.

Uno de los problemas de El Crimen del Cácaro Gumaro, creo, está en esa combinación de parodias y humor físico que ha sido explotada hasta el cansancio por series como las de Scary Movie, con un público muy definido, pero que al resto de los cinéfilos nos tiene sin cuidado o de plano, nos aburre soberanamente. Y el otro problema está en la gracia que puedan tener los actores para hacer este tipo de comedia. Carlos Corona y Alejandro Calva no están tan mal como los hermanos rivales, pero ninguno tiene el carisma suficiente para que nos encariñemos con ellos y nos riamos con todos sus dichos y todos sus tropezones. El Güiri Güiri sale bien librado como Don Cuino, pero estoy seguro que me he reído mucho más con algunos de sus personajes y sketches de televisión. Quien sí es todo un caso para reevaluar como actriz de comedia es Ana de la Reguera, que no parece ser capaz de entregar sus líneas de una forma que realmente lleve a la risa al respetable. El niño que hace de Memito tiene más gracia que de la Reguera, para acabar pronto.

Qué lástima que una película tan esperada haya resultado así de mala, a diferencia del corto que la anunciaba y que es genuinamente gracioso, aún después de verlo varias veces. Hombre, hasta el anuncio de Cinépolis en que Andrés Bustamante, interpretando a Don Cuino, invita al publico a ver cine mexicano, sirve como ejemplo de que sí se puede hacer reír al público con la misma idea y el mismo personaje.

jueves, 6 de marzo de 2014

12 Años de Esclavitud **

(12 Years A Slave, EUA/RU 2013) Clasificación México ‘B-15’/EUA ‘R’
Calificaciones ****Excelente ***Buena **Regular *Mala
Ya lo dijo Ellen DeGeneres el domingo pasado, en su monólogo cómico de la ceremonia de los Óscares: había dos posibilidades para premiar a la mejor película de 2013. La primera, que ganara 12 Años de Esclavitud, la trágica historia de un neoyorkino  de ascendencia africana que, en el siglo XIX, fue secuestrado en Washington y vendido como esclavo. Y la segunda posibilidad: que los miembros de la Academia fueran racistas…

Y es que, en cuanto a premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de los Estados Unidos se refiere, el director Steve McQueen tenía una apuesta segura para el Óscar a Mejor Película. Históricamente, ese Óscar ha ido a películas que tratan temas sensibles al público estadounidense, generalmente basados en hechos reales. Y la esclavitud de los negros es, ya se sabe, el tema sensible por excelencia para los primos del norte. Esto no es algo malo, es una característica de ese premio dado por la industria de cine hollywoodense, tal vez como una forma de legitimar su propia capacidad de producir proyectos serios e importantes social y políticamente, en medio de tanta basura en las carteleras.

La historia contada por el director británico McQueen es terrible. En 1841, el músico neoyorkino Solomon Northup fue secuestrado en Washington por traficantes de esclavos, que le robaron su identidad y lo forzaron a trabajar durante doce años en plantaciones de Louisiana, sufriendo la esclavitud legal de ese tiempo, igual que cientos de miles de descendientes de africanos. Nadie puede negar que una historia así merece ser contada. Sólo que no creo que el estilo escogido por McQueen sea el correcto.

Veo dos problemas en 12 Años de Esclavitud. El primero, el guión de John Ridley (adaptado del libro autobiográfico del propio Solomon Northup) parece más bien hecho para la televisión, de manera episódica, a ratos sin mucha continuidad entre unas escenas y otras e, incluso, salpicado de anécdotas pintorescas sin relación con el drama de Northup, de modo que los mentados doce años en la pantalla más bien parecen como un campamento de verano en que todo salió terriblemente mal. Revisando la experiencia de Ridley veo que es poca en cine pero tiene un extenso trabajo en televisión, lo cual confirma mi percepción de este problema de origen. Aunado a esto, los diálogos importantes de los personajes no suenan naturales, a veces rayando en lo melodramático y otras en lo poético, lo cual, al menos a mí, me impidió identificarme con lo que se decía.

El segundo problema está en la puesta en imágenes escogida por McQueen. La fotografía de Sean Bobbitt en 12 Años de Esclavitud es demasiado idílica para el tema tratado. Independientemente de que Louisiana tiene paisajes preciosos, las imágenes generalmente no corresponden a la brutalidad presentada. A mí, esta falta me hizo tanto ruido como esos diálogos acartonados.

Los puntos fuertes de la película están, definitivamente, en el trabajo actoral. Chiwetel Ejiofor en el papel de Northup, Benedict Cumberbatch y Michael Fassbender como dos ricos hacendados, Alfre Woodward como una madura esclava/ama de llaves que protege a la joven esclava interpretada por la multimencionada Lupita Nyong’o son, bajo mi punto de vista, la verdadera razón para ver 12 Años de Esclavitud. No obstante, tanto así como para pensar en que estoy ante una gran película, definitivamente no.