"El gran arte no requiere de calificaciones ni estrellitas", me dijo Anthony Hopkins recientemente.

No se emocione, estimado lector; no he tenido (aún) el gusto de platicar con Anthony Hopkins o ya de perdida saludarlo de lejecitos. Hopkins me dijo lo anterior en un extrañísimo sueño que tuve hace unos días,
después de haber visto El Hombre Lobo (Johnston, 2010), donde el venerable inglés actúa. Las razones por las que mi subconciente me habló a través de la figura de Hopkins de manera tan clara, las ignoro, pero la frase me gustó para presentar esta nueva colección de reseñas, en que intentaré dar cuenta de las películas que iré viendo, no de estreno y definitivamente no en una sala de cine, sino en la comodidad de mi sala, básicamente empujado por
la estupidez de los destruibuidores de cine en México.

Viviendo en uno de los tantos ranchotes que tiene este país, donde unas 60 salas de cine apenas alcanzan para el millón de habitantes que me rodea, soy víctima de la oferta de las carteleras locales, que generalmente consiste de un par de películas hollywoodenses que tapizan, por semanas y hasta meses, la mayoría de las 60 pantallas, junto con unos tres o cuatro títulos más, hollywoodenses también, pero más bien "de relleno" y que duran a lo mucho un par de semanas. Eso no deja espacio para todo ese cine no hollywoodense que los cinéfilos quisiéramos ver pero que nunca llega a nuestros ranchos. Hombre, a veces ni siquiera buenos títulos producidos en Hollywood se ven por acá, aunque sí se hayan estrenado en el país (léase, en el D.F.).

Para no hacer el cuento más largo, he decidido saciar mi necesidad de buen cine, consiguiendo cada vez más, como y cuando vaya pudiendo, películas en DVD para disfrutar en solitario, instalado frente a mi tele, en mi sofá, tan a gusto como se puede estar en ese santuario personal: en calzones o, por qué no y para decir la verdad, en cueros. Bichi, como decimos en el noroeste de México.
Así, feliz, me podrá encontrar cualquiera de estos días o, si lo prefiere y el pudor no da para más, podrá leer aquí, en Joel vs. Los Monstruos, mis reportes de este ciclo personal. ¡Me Muero Bichi!